31/12/08

Adiós

Se va, por fin, 2008. Año jodido, bueno en lo profesional pero terrible en lo familiar. No sé lo que deparará el futuro. Creo que sigue vigente el relato del último post del año pasado:

"Estamos llegando. Ya sabes lo que hay que hacer. Cierra los ojos y no hagas caso a nadie. Y sobre todo, oigas lo que oigas, no pares de correr."

30/12/08

Admiración

Como no podía ser de otro modo, he cogido la gripe, o algo que se le parece mucho. Es la excusa perfecta para no moverme de casa y seguir trabajando sobre Robert Morris. Para hablar de la suspensión en la visión, hoy he vuelto sobre los textos de Jonathan Crary acerca del problema de la atención en la modernidad. Cuanto más los leo, mejores me parecen. Elegancia académica en estado puro.

La verdad es que estos días vuelvo a descubrir el placer de la admiración. Un placer que encuentro con más frecuencia en los libros que en la vida exterior, que me decepciona día tras día.

Noche feroz

Día raro. Cansado, sin fuerzas, somnoliento. Llego a casa y, sin cenar, caigo rendido en el sofá. Me meto en la cama y, antes de apagar la luz, le echo un ojo a La noche feroz, una novela de Ricardo Menéndez Salmón que tenía esperando para hincarle el diente. No puedo evitar leerla de un tirón. Su escritura de nuevo me maravilla. Por eso me levanto y escribo esta entrada, conmovido por el uso de la palabra, la violencia contenida, la profundidad de lo que no se acaba de decir... Un gran escritor, sí señor. Envidia sana. Y admiración sincera.

28/12/08

Inocentada

Este ha sido un año colmado de felicidad. Por fin he podido dejar de lado la melancolía. ¿La familia? Bien, gracias. ¿La Navidad? Alegre, como todos los años. ¿El mundo? Todo paz y armonía.

26/12/08

Improductivo

Llevo unos días en los que apenas me puedo concentrar. La Navidad me está afectando más de lo que había pensado. Estoy melancólico y tengo la cabeza llena de pensamientos que me alejan del lugar en el que estoy.

Me siento ante el ordenador y no se me ocurre nada que escribir. Esta mañana he enviado la crítica de El faro de las letras y apenas he podido pasar de una página. Ahora tenía que estar acabando el texto para el Premio de Pintura de la Cámara de Comercio, pero no hay manera. Me siento unos minutos, le doy una vuelta y me levanto. Luego me siento al piano y, entre pitos y flautas, se me pasan las horas muertas. Hoy me ha dado por bajarme partituras de Coldplay. Ahora estoy con «Viva la vida», a la que ya le he cogido el tono (yo, y el vecindario entero, que se estará acordando de toda mi ralea).

En este estado de aburrimiento productivo, entre ayer y hoy he podido leer Lo infraordinario, una serie de notas magistrales de George Perec, y estoy acabando El boxeador polaco, un libro de relatos de Eduardo Halfon del que daré buena cuenta en los próximos días. Anoche también pude ver Blindness, la película de Fernando Meirelles basada en Ensayo sobre de la ceguera, de Saramago. No está mal. Sigue la novela al pie de la letra. Una novela que en su momento me fascinó, y aún en el recuerdo me parece mejor, sobre todo cada vez que se me ocurre acercarme a otras obras del escritor portugués, pesado donde los haya.

En fin, voy a ver si hay manera de hacer algo. Este estado me mata.

24/12/08

Navidad y Apocalipsis

Si uno lo piensa bien, la Navidad se parece mucho al Apocalipsis. Más que un tiempo de alegría, parece un tiempo previo al Armagedón. Es el tiempo del gran banquete, de la orgía acústica y lumínica, el tiempo del gasto y el exceso. Comemos hasta reventar como si el mundo fuese a acabarse, cantamos villancicos hasta la extenuación como si estuviéramos espantando algún mal y bebemos hasta perder el sentido para intentar no pensar en lo que se avecina. Es como si lo peor estuviese a punto de ocurrir. Por eso nos aprovisionamos de víveres para varios meses y nos juntamos todos en la casa-búnker familiar, a la espera del momento de la gran demolición.

23/12/08

Literatura express

Mientras finalizo un par de textos, intento acabar también con una de las peores novelas que he leído en los últimos tiempos, El corazón de la materia, de Ignacio García-Valiño. La verdad es que no sé por qué se me ocurrió comprarla. Creo que fue la portada, que me sedujo y dejó expuesta toda mi líbido bibliópata. También el argumento: un científico que trabaja sobre los quarks y, tras la muerte de su mujer, comienza a dudar de la fisicidad de la materia. Un mejunje pseudocientífico y paranormal que, aunque apuntaba maneras, podía dar para una obra entretenida. Pero lo que he encontrado en el interior no tiene nombre. Y me extraña bastante, sobre todo porque García-Valiño es un escritor serio, que lleva a sus espaldas una larga trayectoria. Sin embargo, el libro es una suma de tópicos que no se puede aguantar. Y, además, escrito a la carrera. Eso sí, se lee rápido, aunque sea por la urgencia de terminarlo cuanto antes para no tener la sensación de estar perdiendo el tiempo.

Pero no todo va a ser malo, y, como podía ser de otro modo, se me han acrecentado las ganas de escribir. Siempre me ocurre lo mismo, la mala literatura me inspira mucho más que la buena, que me deja sin argumentos, destrozado y sin posibilidad de mover un dedo. Por eso quizá tengo esa pulsión a revolcarme en el fango de los best-sellers y los thrillers salchicheros, porque así al menos puedo dormir tranquilo, con la ilusión de que "todo es ponerse", y que si uno no escribe es porque no quiere.

Pongamos que todos son tú

Pongamos que todos son tú. Que todos de los que escribes, en el fondo, son tú. O mejor: que tú eres escrito por ellos, por todos de los que escribes, por todos los que te acechan. Todos los que te escriben.

Tú eres en ellos. Pongamos que tú eres en ellos. O pongamos que ellos son tu yo. ¿Ellos? Ellos. Todos de los que escribes. Ellos. Los que están ahora ahí, rodeándote, acechándote, mirándote fijamente. Ellos, por supuesto. Todos de los que escribes. Los que te siguen en cada palabra, en cada línea, en cada punto y seguido. Ellos. Los que están ahí. Ahora. En este preciso momento. Ellos, por supuesto. Todos de los que escribes.

Pero ¿qué hacen ellos aquí?

Estaban ahí mucho antes de que osaras preguntarlo. Ellos, todos de los que escribes. Estaban ahí. Antes. Sentados a tu mesa. Antes de que tuvieras lengua para preguntar, antes de que se inventaran las preguntas. Mucho antes. Antes incluso de que hubiera luz sobre la tierra. Ellos ya estaban ahí. Esperándote. Esperando a ser escritos. Ahora. En tu cuaderno, con tu pluma recargable. Ahora. Esperando a ser escritos. En este preciso momento. Ellos, por supuesto. Todos de los que escribes.

Estás sentado a tu mesa y han venido a comer. Hoy no los esperabas. Pero han venido todos. ¿Quiénes? Por supuesto. Ellos. Están todos. Está el niño sin ojos. Se acerca, te agarra la mano, te muerde en el codo y te dice que lo mires. Pero no puedes hacerlo. No puedes mirarlo. Lo intentas, pero ya no está. Te muerde, pero ya no está. Lo miras pero no puedes verlo. Y no lo puedes ver porque él es también ellos. Es una parte de ellos. Es una parte de todos de los que escribes. De esos que esta noche, de nuevo, han venido a tu mesa.

El hombre mayor espera a que se siente el niño sin ojos. Y luego se acerca. Reconoces en él a tu padre. Pero también es el niño. Ahora miras y lo encuentras agazapado en una estantería, junto a los libros de Maurice Blanchot. Dice que no quiere salir. Que le da vergüenza que lo veas desnudo. Entonces cierras los ojos. Y en ese momento consigues verlo. Junto a Thomas el oscuro, totalmente desnudo. Al descubierto. Sin nada que hacer, sin nada que vestir. Y sientes lástima. De Thomas y de tu padre. Y también de Maurice, y por supuesto del niño. Sientes lástima porque ellos son, en el fondo, Ellos. Sí. Ellos. Todos de los que escribes.

21/12/08

Viajar en el tiempo

En el reparto de bienes, como es tradición en la huerta, a mí me tocó la casa de mis padres, la casa en la que viví hasta hace cuatro años. Es la casa que guarda la memoria de mi infancia y, por supuesto, el recuerdo de mis padres. Tuvieron que pasar casi siete meses para que me atreviese a entrar y a enfrentarme con el pasado. Pero me armé de valor y, al final, lo hice. Como relaté en un post anterior, allí me encontré sus cosas, las cosas de mi madre, esperándola, como si nada hubiese pasado. Fui consciente en ese momento de que nunca podría volver a vivir allí, en ese lugar entre dos tiempos. Tenía que traer la casa al mundo de los vivos. Y yo no podía hacerme cargo. Por eso la ofrecí a unos vecinos que buscaban un hogar. No la quería alquilar, sólo prestarla durante un tiempo indefinido. Lo único que les pedí fue que la cuidasen como si fuera suya. De esto hace unos meses, y lo cierto es que parece ser que están cumpliendo su palabra. La casa vuelve a estar viva. Y anoche tuve la oportunidad de comprobarlo.

Para celebrar el cumpleaños de mi sobrino, fui a cenar a la casa de mi hermano, a quien no veía también desde hacía unos meses, y para eso tuve dejar el coche frente a la casa de mis padres. Al pasar por delante de la ventana de la habitación de mi madre, vi la luz encendida. Y enseguida me dio un vuelco el corazón. Fue una sensación tremendamente extraña. Durante algo menos que una milésima de segundo, antes de que el cerebro racional me dijese que eran los inquilinos los que tenían la luz encendida, durante un instante imperceptible, creí que mi madre estaba en aquella habitación, que nada había ocurrido, que todo seguía como la navidad pasada. Fue un momento irracional, mínimo, infraleve, pero de tal intensidad que no consigo quitármelo de la cabeza. Un fogonazo que dotó de vida al pasado. Un momento de conexión entre dos momentos de la historia. Esto debe ser lo más parecido a un viaje en el tiempo. Un viaje breve e inmóvil, pero con un tremendo jetlag del que uno tarda varios días en poderse recuperar.

20/12/08

Cumpleaños

20 de diciembre. Otro día de añoranza. Mi madre cumpliría hoy setenta y cinco años. Llevo casi toda la semana soñando con ella y con mi padre. Supongo que es una forma de hacerlos presentes en estos días en los que la ausencia se hace más patente. Hace unos años, melancólico por un amor perdido, escribí un pequeño poema: "los recuerdos toman cuerpo y suplantan lo perdido. Yo prefiero seguir añorándote". Hoy prefiero dejarme llevar por el cuerpo de los recuerdos.

19/12/08

Ubicuidad II

Otra noche de ubicuidad. Tres cenas y una entrega de premios. Y de nuevo carreras de un lugar a otro para conseguir llegar a tiempo. Menos mal que llevaba la moto y pude conseguir más o menos acabar con cierta dignidad. No sé cómo ocurre, pero siempre me las arreglo para que me sucedan estos solapamientos. Ayer me preguntaron que cómo lo hacía, que cómo conseguía estar en varios sitios a la vez. Y respondí sin pensar algo que, ahora, creo que no está demasiado alejado de la realidad: "no estoy en ningún lugar". La clave está en no acabar de estar en ningún lugar. Quizá más que de ubicuidad, tendría que hablar de desaparición. Uno sólo puede estar en tres sitios al mismo tiempo si no llega a estar del todo en ninguno de ellos.

18/12/08

Clifford

Excelente el seminario que James Clifford ha impartido en el CENDEAC durante esta semana. De nuevo, como suele suceder con los grandes maestros, un tipo genial. Buena gente en estado puro. Y sobre todo, lúcido y brillante. A través de tres estudios de casos, ha dado en varias de las claves para entender el lugar de lo indígena y lo auténtico en el mundo contemporáneo poscolonial. La historia del Ishi, el último indio de California, fue emotiva y reveladora. Pero la de la tribu esquimal de los alutiiq de Alaska ha sido fantástica: unos esquimales de religión rusa ortodoxa que cuestionaban toda relación esencialista con la autenticidad de lo indígena.

Siempre me ha interesado el punto de vista de Clifford. Y en este seminario me he cerciorado de ello. Es uno de los grandes, grandísimos de la antropología. Curiosamente, era la primera vez que intervenía en España, y por lo que poco que le gusta viajar, es probable que sea la última. Una lástima que hayamos sido tan poquitos. Antropólogos ni uno. A veces me pregunto si tiene sentido organizar estas cosas para los que vamos. Luego, tras meditarlo un poco, pienso que tiene que haber variedad. Y que aunque a veces seamos pocos, probablemente es que los demás no están interesado. En otros sitios se darían tortazos por poder entrar a los seminarios. Aquí tenemos que ir mendigando público. Y eso, tras cinco años de gestión, poco a poco va mermando el espíritu.

16/12/08

Camino

Resabiado con el mundo en el que había nacido, durante los noventa y cinco años que vivió, aquel hombre robó, violó, odió, asesinó, engañó, estafó y maltrató a todos sus semejantes. Sólo al final de su vida le fue revelado que, en realidad, era el Mesías y había venido a la tierra para redimir los pecados de los hombres. Supo entonces que había elegido correctamente su camino.

14/12/08

El arte de la prostitución

Durante estas semanas hemos trabajado en clase sobre la relación entre arte y prostitución. Aunque a primera vista pueda parecer que nada tienen que ver, si uno lo piensa bien, no es descabellado afirmar que el arte moderno nace en un burdel. Como se sabe, “Las señoritas de Aviñón”, obra fundacional del arte moderno, no representa a unas mujeres de la ciudad de Aviñón, sino a una serie de prostitutas del burdel del Carrer Avinyó, uno de los más frecuentados por Pablo Picasso. Pero incluso años antes, un gran número de artistas modernos vincularon sus obras al universo de la prostitución. Pensemos por ejemplo en algunas obras célebres de Manet como “El almuerzo sobre la hierba” o la “Olympia”. El arte moderno se encuentra indisolublemente unido a la prostitución y al mundo de la noche. Ya el arte tradicional había mantenido una relación constante con la prostitución. De hecho, casi el total de los desnudos femeninos de la historia del arte habían sido desnudos de prostitutas. La idea de una modelo profesional no existía, y la única forma de ver un cuerpo desnudo era ir a la morgue o al prostíbulo. Allí se podían ver cuerpos que luego eran representados como diosas, musas o alegorías. La gran revolución del arte moderno estuvo relacionada con el hecho de que el cuerpo desnudo de la prostituta fue también desnudado de todo contenido alegórico o narrativo. Y se presentó como lo que era, el cuerpo de una prostituta, y no el de una diosa. Es decir, el arte moderno mostró lo que había debajo de la historia de la representación; lo hizo evidente, como ocurre en “El origen del mundo”, la célebre obra de Courbet que muestra una vagina en primer plano.

A partir del siglo XIX, la prostitución tuvo un auge sin precedentes en algunas ciudades occidentales, especialmente en París. Como sugirió Walter Benjamin, la prostituta, junto al dandi, se convirtió en una de las figuras paradigmáticas de la ciudad moderna. Para los artistas modernos, desde la segunda mitad del siglo XIX, el mundo de las prostitutas representó una vía de escape a la sociedad racional, científica y normalizada creada tras la Revolución Industrial. La prostituta era ese ‘otro’ que, igual que el salvaje o el niño, representaba el más allá de los códigos culturales, y sobre todo, la subversión de la moral y la ética. Representaba todo aquello que no había podido ser bien asimilado en el proceso de modernización de Occidente. Y el arte moderno, que, desde sus inicios, se enfrentó a la sociedad emanada de ese nuevo orden racional, encontró en el universo de las prostitutas todo aquello que iba buscando.

Resaca

Resaca monumental. Segunda cena pre-navideña consecutiva. Quiero acabar temprano pero siempre al final me dejo liar. Anoche: incursión en los bajos fondos murcianos. A las cinco de la mañana me sorprendo a mí mismo en el cuarto oscuro de un antro gay intentando explicar teoría queer a unos individuos que se deleitaban con una escena de sodomía en una peli porno mientras ingerían todo tipo de sustancias. Material literario en estado puro. La condición humana es una fuente de inspiración inagotable.

12/12/08

After Dark: Leer en la oscuridad

Haruki Murakami (Kioto 1949) se ha convertido en la figura central de toda una generación de escritores que han llevado la escritura nipona a la contemporaneidad más radical. Un autor que ha sabido cartografiar como nadie la actual sociedad japonesa, una sociedad global y tremendamente contemporánea. A lo largo de su obra, Murakami ha presentado una sensibilidad extrapolable a las nuevas maneras de entender el mundo derivadas de la postmodernidad occidental. Con una escritura sencilla y rápida, Murakami aparece como un escritor que se mantiene en la frontera entre lo culto y lo comercial, en el equilibrio preciso que permite tener un apabullante número de lectores y, al mismo tiempo, comunicar intuiciones y problemas complejos.

After Dark, su última novela, es Murakami en estado puro. Hace algunos meses comentaba en estas páginas el estado de austerización en el que había entrado Paul Auster. Obras como Un hombre en la oscuridad son sólo para los amantes del escritor neoyorkino, que parece haber entrado en un bucle autorreferencial. En cierto modo a Murakami le ocurre lo mismo, aunque creo que sale ganando. After Dark parece liberar de todo lo transitorio a la novela para presentar casi en estado puro el proceso narrativo del autor japonés. Sin embargo no llega a caer en la simple enumeración y repetición de procedimientos, sino que este estado evolucionado de su narrativa se debe más al desarrollo lógico de su prosa que un proceso de estancamiento.

En el plano del contenido, After Dark relata una serie de historias o fragmentos que suceden en la oscuridad de la noche. Fragmentos que se articulan en torno a la figura de Mari, una chica que lee solitariamente a lo largo de la noche en un bar. A raíz de esto observamos una serie de escenas que siempre suceden en off: el sueño de su hermana y el ambiente siniestro que la rodea, la presencia de un músico que ensaya durante toda la noche, o lo que sucede en un “love hotel” en el que una chica ha sido maltratada. Esas historias componen una narración cuyo principal hilo de continuidad es el tiempo, el tiempo que, representado por un reloj, marca el paso de la noche desde las doce de la madrugada hasta las siete de la mañana.

Aunque sea la figura de Mari la que centre la articulación del libro, de alguna manera, se puede decir que el protagonista de After Dark es la lectura en sí misma, esa especie de cámara que recorre los ambientes y que se para en los detalles. Desde el principio, el acto de leer es lo que inicia la noche. Es el libro de Mari el que da lugar a la primera mirada del lector. Y esa lectura que se ve interrumpida una y otra vez es, en el fondo, lo que planea sobre todo el libro. Por tanto: la lectura y el lector. Un lector que se ha hecho cámara, un lector que mira, pero que también se interroga. En este sentido, hay que decir que la presencia del cine es esencial en la obra de Murakami, aunque su narrativa sea mucho más rica que el simple ojo de la cámara. No es nunca una mirada de superficie, sino una mirada reflexiva que se interroga por los objetos y las situaciones. El ojo de la cámara a través del que conocemos las cosas intenta llegar más allá de lo visible. Intenta traspasar el nivel epidérmico de las cosas para adentrarse en su vida íntima, casi en su espectralidad. Por eso las cosas en Murakami están cargadas de una presencia siniestra, un alma que el ojo del espectador-lector no llega a ver del todo, pero en todo momento (y este es uno de los logros de la escritura del autor nipón) es consciente de ello.

---

11/12/08

Aniversario

Cuatro años de felicidad. Sin duda, lo mejor que he hecho en mi vida.

Gracias womahn.

10/12/08

Lágrimas

En los últimos días he releído De lágrimas y de santos, una de las obras más célebres de mi amado E. M. Cioran, el maestro rumano del pesimismo. Entre los muchos aforismos magistrales que tiene el libro, he encontrado una frase que define perfectamente la situación del sujeto contemporáneo: “cuando al final de su vida se quedó casi ciego, los médicos imputaron su mal a una sola causa: el exceso de lágrimas”. He pensado mucho en esto. Y he concluido que problemente hoy estemos cegados por las lágrimas. Hemos llorado tanto que apenas podemos ver el mundo. Las lágrimas nublan nuestra visión y no nos dejan ver aquello que sucede a nuestro alrededor.

En más de una ocasión he escrito aquí sobre la saturación de la mirada en la sociedad contemporánea. Hemos visto tanto que apenas podemos seguir viendo y emocionarnos con las imágenes. Estamos tan saturados que ya nada nos afecta. Pues bien, a la luz de la obra de Cioran, y en particular de esta frase, la saturación de las imágenes tendría que ver con un lagrimeo excesivo. Las lágrimas son muestras de un dolor que no podemos hacer palabra. Pero también son formas de catarsis, ejemplos de liberación. Se nos anima a llorar para no dejar nada dentro, para sacarlo todo, en una metáfora de la limpieza del alma. En los Evangelios, las lágrimas enjuagan los pecados y nos liberan del peso de los acontecimientos. Llorar, por tanto, produce un cierto placer. Y aquí está una de las claves de eso que Cioran llama el exceso de lágrimas y que nos lleva a la ceguera: que en el fondo nos gusta llorar, que nos excitamos con el llanto, que hay una sexualidad masoquista de las lágrimas a la que todos somos adictos.

9/12/08

Web personal

Al final me he decidido a hacerme una web personal, algo más serio que el blog. Ahí colgaré materiales y textos que, por el formato o la extensión, no puedo subir aquí. De momento, la tengo en construcción y aún sin dominio. Iré subiendo cosas poco a poco, pero he pensado que voy a dejar ya aquí el enlace. Todos los comentarios serán bienvenidos. Para los curiosos, la estoy haciendo en iWeb, el programa de mac para la creación de webs.

http://web.me.com/mahernandez/

Entretenimiento

Llevo toda la mañana de liado con pruebas para hacer una web en mac. Tendría que estar acabando textos y estudiando. No tengo remedio.

Reencuentros

Hacía tiempo que no descansaba como lo he hecho este fin de semana. Tiempo de asueto. Leer, dormir, escribir y tocar el piano. Tiempo también de reencuentro con amigos y familia. Y tiempo de reencuentro conmigo mismo. Hacía meses que andaba perdido.

Ahora, tras el breve reencuentro, hay que ponerse de nuevo manos a la obra. Queda el último sprint del año. Como siempre, diciembre se presenta cuesta arriba. Mil cosas que entregar que hay que compaginar con mil compromisos que atender. Supongo que es lo que toca, aunque hablando de tocar, este fin de semana me ha hecho pensar de nuevo en la necesidad de encontrar tiempo para ejercer el noble arte de tocarse los huevos.

5/12/08

Ubicuidad

El superpoder que más envidio es el de la ubicuidad. Es curioso que en una serie como Héroes nadie lo tenga. Hiro Nakamura consigue detener el tiempo, pero nadie consigue desdoblarse y estar en dos sitios al mismo tiempo. Nadie... salvo yo mismo, que ayer comprobé que estaba cerca de poseer este don. En medio de esta vida loca, loca, loca, ayer me programaron dos conferencias al mismo tiempo. Y acepté estar en las dos. En otras ocasiones, había quedado con dos personas en sitios diferentes a la vez, o había llegado incluso a tener tres cenas programadas para la misma noche. Y siempre había conseguido salir airoso, aunque cenando tres veces y tomando tres cafés. Pero lo de las charlas me superaba. Tenía que comenzar una antes de tiempo y finalizarla corriendo, y empezar la otra algo más tarde. Y lo más importante: poder cambiar el chip de una a la otra, porque eran temas que nada tenían que ver entre sí. A la primera llegué con tiempo. Pero no pude empezar en hora. La gente se retrasó y yo no pude hablar más de quince minutos. Luego tuve que salir corriendo a la segunda. Llegué unos minutos tarde. Menos mal que la artista sobre la que tenía que hablar se retrasó también y eso me dio algo de tiempo para respirar, aunque no pude recuperar la voz, que después de cuatro horas de clase, la semiconferencia y la carrera, se había quedado por el camino. Comencé, pues, tarde y sin voz. Y como tenía una hora concreta para acabar, tampoco pude finalizar la conferencia. Así que al cerrar la tarde me encontré con que tenía dos medias conferencias (tres cuartos de la primera y un cuarto de la segunda) que no había conseguido presentar. Fue un día de mitades, trozos y fragmentos. Menos mal que conseguí llegar a casa de una pieza. Eso sí, he aprendido a dejar la ubicuidad para los santos. Al menos de momento.

4/12/08

Felicidades

Hoy es el cumpleaños de womahn, también llamada Athena. Como siempre, apenas tendremos tiempo de vernos. Cada vez más la nuestra es una relación a distancia, aunque nunca hemos estado más cerca el uno del otro. No hay nadie en el mundo con quien me sienta como con ella. Es, sin duda, la pareja perfecta. Y además consigue aguantarme. Qué más puedo pedir.

3/12/08

Moyano

Acudo a la presentación del último libro de Manuel Moyano, El experimento Wolberg (Editorial Menoscuarto). Un libro de relatos en el que el autor, según sus propias palabras, deja ver su cara más realista. Aún no lo he leído, aunque mañana lo compro sin falta. De todos modos, mucho tiene que cambiar la cosa para no encontrar ahí a un maestro del cuento. Un escritor al que admiro profundamente. No exagero si digo que es probablemente el mejor escritor que tenemos en Murcia. Un autor que en breve será uno de los grandes (para mí lo es). Os remito a lo que escribí de su último libro el año pasado (La coartada del Diablo).

Entre las cosas que he escuchado, me ha llamado mucho la atención un comentario de Moyano sobre el género del cuento que, curiosamente, yo siempre he pensado: que se trata de un género que sólo leen los escritores o aquellos que están pensando en escribir. Salvando algunas (muy pocas excepciones), el cuento es un género que no tiene un lector puro, como sí lo tiene la novela. Quizá por eso diga el escritor que quiere dejar de escribir cuentos y dedicarse a la novela. Como ha dicho alguien del público, lo echaremos de menos en el género chico. Eso sí, esperamos como agua de mayo su libro de microrrelatos en la colección Microfronteras.

30/11/08

Confusión

Hace unas semanas, desesperado por la cantidad de personas que me llaman al móvil habitualmente, decidí comprar un nuevo teléfono cuyo número no desvelaría a nadie más que a los más íntimos y cercanos amigos. Iba a ser mi secreto, y nadie que yo no quisiera me iba a molestar. Sin embargo, como si se tratase de un castigo de los dioses por querer ausentarme de la sociedad, este móvil no cesa de sonar. Y lo más extraño de todo: nadie pregunta por mí. Desde el día que lo compré, no para de llamar gente preguntando por personas a las que no conozco: Pascual, Antonio, y ahora por Fran. A Pascual lo llaman del departamento de ventas de El Corte Inglés. Por lo que se ve, hay algún error con su tarjeta, un dato o algo así que tiene que modificar para que le puedan cobrar el último recibo del mes. A Antonio lo llaman de la sección de traumatología del hospital de Alicante. Hay unas radiografías que tiene que pasar a recoger para llevarlas a la clínica en la que tiene que hacer rehabilitación. Pero lo más grave es lo de Fran. Desde anoche, ha recibido más de treinta llamadas y mensajes de su familia, avisándole de que su padre ha tenido un infarto y está en la UCI. Parece ser que se está mejorando, pero no obstante sería necesario que pudiesen localizarlo.

No sé el porqué de la confusión, pero lo cierto es que mi teléfono se ha convertido en un aglutinador de situaciones ajenas. Un lugar del desencuentro absoluto. Más que llamadas perdidas, se puede decir que mi teléfono se caracteriza por tener sujetos perdidos. Sujetos cuyas vidas me interesan cada día más y más. El caso de Fran es el que más dramático me parece. Lo ha llamado prácticamente toda la familia, desde Clari hasta María Luisa. Pero no sabemos dónde está.

Como esto siga así, estoy pensando seriamente en comenzar a fingir ser esos otros a los que buscan. No lo tendría demasiado difícil. Sobre todo porque cuando digo "no, no soy yo", siempre me responden: "¿estás seguro?". Y yo les digo, "por supuesto que sí". Sin embargo, en los últimos días, y con la persistencia de las llamadas, mi seguridad está comenzando a tambalerarse. Y no descarto presentarme en las próximas semanas a subsanar el problema que Pascual tiene con El Corte Inglés.

28/11/08

Despiste

Después de tres días intensos de sodomía, glosolalia y pulsión de muerte, hoy me he dado cuenta de que necesito un descanso. Al llegar a casa tras acabar la clase que imparto en filosofía los viernes por la tarde, me he percatado de que llevaba el jersey al revés, con todas las costuras y las etiquetas por fuera. Tres horas paseándome por la clase y escribiendo en la pizarra hecho un adefesio. Y es que hay jerseys a los que no se les nota demasiado, pero el que yo llevaba hoy se notaba a la legua, varias etiquetas en el exterior, en el lado, en la parte de atrás, la talla, las costuras, los botones del cuello al revés... vamos, que iba bonico. Ahora lo pienso y me da por reirme. Imagino a los pobres alumnos oyéndome hablar del masoquismo, el proyecto político de la sodomía y de la teoría queer mientras observaban que su profesor no sabía distinguir entre dentro y fuera. La verdad es que desde que recorrí un largo trecho andando con el casco de la moto en la cabeza, no había tenido despistes demasiado graves. Es una señal de la mente, que pide descanso. Tanto ano solar me ha deslumbrado.

26/11/08

Desinformación y sexo en vivo

Lo de la prensa española no tiene nombre. Esta tarde, mientras tenía lugar la primera conferencia de Ron Athey, los medios no han parado de llamar al Cendeac. Querían cerciorarse de que realmente iba a tener lugar allí un acto de sexo en vivo, y si iba a ser homosexual. En cuanto yo les decía que no, que sólo era una conferencia, la cosa perdía todo interés, por muy homosexual que fuera. Lo gordo del asunto es que algún medio escrito y radiofónico ha olvidado preguntar y cerciorarse antes de hablar. Y ya corren por Internet las acusaciones al gobierno regional por apoyar prácticas sexuales homosexuales en público. Hay que ver lo rápido que se mueven los bulos en este país de desinformados.

Lo que queda claro de todos modos, es que estamos en tierra de nadie, y que, hablando de sodomía, en el cendeac nos dan por todos los lados. Los de izquierdas, porque somos unos fachas del pp, y los de derechas, porque somos unos rojos progres. A mí me gustarían que se aclarasen, así también me podría aclarar yo mismo. Cada vez tengo menos claro en qué lado estoy. Si alguna vez lo supe, hoy desde luego lo dudo mucho. Quizá en tierra de nadie. Probablmente en un no (ha) lugar, en medio de una lucha que no es la mía.

24/11/08

Semana sessuarrr

Vuelvo de Lyon preparado para una semana intensa. Una semana en la que el artista californiano Ron Athey va a impartir en el Cendeac un seminario sobre el rol del performer contemporáneo en y su relación con la sodomía, la glosolalia y la pulsión de muerte. Por cosas del destino, coincide esto con las clases que comienzo mañana sobre la pulsión sexual en el arte contemporáneo. Así que ahora mismo tengo la mesa llena de libros no recomendados para menores de 18 años. Desde el Marqués de Sade a Bataille, rodeado por todas las perversiones que uno alguna vez se haya imaginado. Eso sí, todo con distanciamiento crítico. Esta tarde de comenzado con una especie de conceptualización de las prácticas de prostitución a lo largo de la historia, y me encontrado con la sorpresa de que la compensación sexual a cambio de protección o alimento es algo que nos viene de los primates. Al final va a ser verdad que es el oficio más viejo del mundo.

22/11/08

C'est finie

Con mi clásico y ya parece que inmutable acento murciano de la huerta, al final he conseguido conferenciar a los franceses sobre Robert Morris y las políticas de la ceguera. Por lo que he podido entrever, al final la cosa ha gustado, aunque se haya comprendido lo justito, pues creo que he metido el congreso en unos berenjenales filosóficos que no sé si venían demasiado a cuento. El pobre Morris no ha podido aguantar el día y se ha tenido que ir después de comer. Así que se ha perdido la charla, pero yo he respirado tranquilo. Quizá por eso la cosa ha salido mejor de lo que esperaba. De todos modos, tengo que comenzar a quitar hierro a estos asuntos. Al final preparo demasiado material y recursos que no utilizo, y me falta tiempo por todos lados. Tendría que estar ya acostumbrado. Sin embargo, me siento bien poniéndome nervioso. Constato que aún hay cosas que respeto, cosas por las que merece la pena una cierta inquietud. Este tipo de cosas, el arte y lo que decimos sobre él, como observó Robert Morris parasafraseando a Rauschenberg, o lo toma uno en serio o no hay nada que tomar.

19/11/08

Lyon

Con las prisas de estos últimos días, ni siquiera he tenido tiempo de escribir que no tenía tiempo de escribir que salía hacia un congreso en Lyon. Pero el caso es que ya estoy aquí, en la ciudad de los hermanos Lumière, en un apartamento de la Ecole Normal Superior de Letras y Ciencias Humanas. Después de dos noches sin dormir, he logrado acabar la ponencia que daré el viernes sobre Robert Morris y la antivisión. La verdad es que estas cosas me ponen nervioso. Sobre todo porque en la sala estará Robert Morris, a quien me hace mucha ilusión conocer, pero no tanta que me desmonte la argumentación. Vamos, un compromiso en toda regla. Y, como no tenía suficiente, la misma tarde en la que hablo, transmiten en directo la sesión para el Clark Institute en Williamstown (Massachussets). Una tontería si no fuese porque estoy pendiente de la resolución de una estancia de investigación de un semestre precisamente en ese centro. Es decir, que si la cosa sale bien, se plantea el mejor de los escenarios posibles, pero si me sale mal (y con mi inglés hay alguna probabilidad no muy remota de ello), la cagada es doble. En fin, Dios proveerá. Mientras tanto, esta noche, al menos, intentaré descansar.

18/11/08

El ojo de la época

A petición de la lejana Venezuela, dejo aquí un textito sobre Baxandall y el objo de la época. Es un capítulo del libro El archivo escotómico de la modernidad. Es el pdf antes de la corrección que salió publicada, así que alguna errata se habrá colado. He decidido subirlo de esta manera para comprobar también cómo funciona el sistema Scribd de visualización de documentos. Se puede ver a pantalla completa pulsando el botón de ampliación de la derecha. Para imprimirlo, simplemente hay que hacer click en "print". Y para descargarlo, lo mejor es pulsar en el enlace e ir directamente a la página de Scribd. En fin, espero que sirva de algo.

La Configuración Del Ver

15/11/08

Previsión

Confirmando el peor de sus temores, encontró la casa vacía. Nadie lo estaba ya esperando. Había pasado demasiado tiempo, tanto, que incluso le había costado trabajo recordar el camino de regreso. Sin embargo, todo estaba exactamente igual que el día en el que tuvo que partir a toda prisa. Nada había cambiado. Aunque lleno de polvo y desvencijado, todo estaba en su sitio, como si nadie más hubiera vuelto a pisar la casa desde entonces. Recorrió la casa en busca de alguna señal. Pero no había signos de vida. Nada, absolutamente nada. Le sorprendió encontrar, sin embargo, la nota que escribió para dejar constancia de su partida: "No me esperes despierta. Llegaré tarde. (Ulises)".

13/11/08

Sequía

Estoy de sequía creadora. Entre los mil textos académicos y de catálogos, no me queda espacio en la mente para escribir algún cuento en condiciones, y mucho menos para meter mano a la novela. Durante un tiempo, los microrrelatos me salvaron la vida. Pero desde que los publiqué en la biblioteca del tranvía, parece que los condenados se resisten a salir. Se ve que se temen lo peor, quedar aprisionados en otro libro. Yo les aseguro que nunca mais, que no se preocupen, pero me dicen que se lo están pensando. Quizá un día de estos vuelvan a venir como antes. Hoy, desde luego, no.

10/11/08

Cosas a medio

Día de ordenar y retomar cosas a medio. Antes de comenzar a preparar la ponencia que tengo que dar en Lyon la semana que viene, miro de reojo los libros que he comprado esta semana y me entran unas ganas terribles de comenzar a leerlos. La lista inmensa, pero los últimos son:

Jacques Rancière, Le spectateur émancipé (La frabrique); Maurizio Ferraris, ¿Dónde estás? Ontología del teléfono móvil (Marbot); Paul Gilroy, Después del Imperio. Emigración, xenofobia y diversidad cultural (Tusquets); Eloy Fernández Porta, Homo Sampler. Tiempo y consumo en la Era Afterpop (Anagrama).

No puedo contenerme. Y arremeto contra uno de ellos (el de Fernández Porta). Sólo necesitaba un poquito, unas cuantas páginas para calmar mi sed. Ahora estoy algo más tranquilo. Y puedo comenzar a trabajar en serio sobre Robert Morris y la antivisualidad. Dudo que tenga tiempo mental para otra cosa en las próximas semanas.

Periferia textual

Con dos semanas de retraso, consigo terminar por fin el texto Where is Art Contemporary, un libro sobre el futuro del arte global que edita Hans Belting. Como siempre me ocurre, cada vez que tengo que escribir algo importante me entra el miedo escénico y me bloqueo. Durante el proceso de escritura de este texto, que ahora lo miro y tampoco es para tanto, me ha dado tiempo a escribir la tira de "otros textos". Ha sido curioso: cada vez que me atrancaba con una página, lo dejaba un momento y me salían siete u ocho de otras cosas. Cosas en las que iba ensayando y puliendo los argumentos del texto que se resistía a ser escrito. La verdad es que, bien pensado, la construcción de mis textos académicos es siempre periférica, a través de otros textos tangentes y excursivos que acaban conformando aquello que temo afrontar. O lo que es lo mismo, pero más claro, que doy demasiadas vueltas para llegar a lugares que tengo frente a mí desde el primer momento.

7/11/08

Obama-r

Como sigo liado con textos mil y en mil contextos, no he tenido tiempo aquí de hablar de Obama. Sin embargo, paradójicamente (y por cosas de trabajo), su elección me ha pillado leyendo un libro que tiene bastante que ver con él. Se trata de The Black Atlantic, el célebre ensayo de Paul Gilroy, uno de los más reputados intelectuales de color, en el que se describe la importancia de las travesías en barco a lo largo del Atlántico como una fuente esencial para comprender los modos de formación de la moderna identidad de la raza negra. Junto al surgimiento de los estados-nación, la Modernidad, sugiere Gilroy, también estuvo producida por una serie de desplazamientos intercontinentales que crearon una especie de subcultura al margen de las identidades nacionales. La identidad negra en América y Europa se formó a través de un proceso continuo de viajes e intercambios (vinculados con el trabajo y la esclavitud) a lo largo del Atlántico.

Entre las numerosas aportaciones del ya célebre trabajo de Gilroy, destaca sin duda la introducción de una especie de nuevo paradigma de análisis de la identidad, el de los flujos marítimos. Por lo general, tanto la antropología como la sociología han utilizado modelos de estudio vinculados a la tierra, lo fijo y lo estable. Sin embargo, Gilroy, a través de una reflexión sobre las interconexiones marítimas, observa la necesidad de pensar desde un modelo transfronterizo y móvil como es el del mar. Frente a las formas “espacializadas” y visibles de conocimiento, el agua representa una fluido móvil, temporal, sin forma y en continua transformación. En ese origen múltiple y cambiante de la identidad, Gilroy señala la pertinencia de una nueva metáfora, la del barco, que, en cierto modo, puede servir como un “cronotopo” de la identidad negra: el barco de esclavos que, como una especie de microsistema político, se desplazaba de un lugar a otro, modelando las estructuras sociales, pero también los imaginarios políticos y culturales.

Enfrascado, como he dicho, en esta lectura, un hombre de raza negra llega a la presidencia de los Estados Unidos. Y esto, por supuesto, me hace preguntarme si Obama representa el paradigma transfronterizo, móvil y desterritorializado del que habla Gilroy, es decir, si Obama puede ser, en definitiva, el principio de un modelo alternativo y contra-hegemónico. Durante un momento me ilusiono y pienso que sí. Pero enseguida pongo los pies en la "tierra" y observo que el nuevo presidente es menos hijo del Black Atlantic que de la sociedad del bienestar, fija, territorial y estable.

3/11/08

Fantasmas

Durante estas semanas estamos trabajando en clase algunos aspectos de la relación entre arte y esoterismo. Es un tema que siempre me ha interesado, y este año, por fin, me he atrevido a introducirlo en el programa de una asignatura. Y lo cierto es que, cuanto más estoy profundizando en la cuestión, más fascinante me parece. Aunque en principio parezca mentira, es posible hacer toda una contrahistoria del arte moderno a través de su relación con el espiritismo, el ocultismo y la creencia en realidades más allá de los umbrales de la percepción. Es más, se puede decir que gran parte del arte moderno, de un modo u otro, se encuentra influido por esta serie de creencias ocultistas. Unas creencias que, a poco que uno mire con cuidado a su alrededor, siguen todavía vigenentes en nuestro mundo contemporáneo. Y esto no deja de ser curioso en un tiempo, como el presente, caracterizado por una racionalidad extrema y por un desarrollo extremo de la ciencia.

William H. Mumler, Moses A. Dow, Editor de Waverley Magazine, con el espíritu de Mabel Warren. 1871.

Este interés por el Más allá no es, ni mucho menos, algo nuevo que se deba a Iker Jiménez y su panda. El hombre siempre se ha interesado por las realidades trascendentes o daimónicas. Realidades con las que se convivía con toda normalidad hasta la Era de la Razón. Es precisamente a partir del siglo XIX cuando esas realidades se vuelven extrañas. El nuevo modelo de explicación del mundo (la ciencia) nos muestra un mundo racional y material, donde no tienen cabida las realidades inexplicables o no demostrables. Y es en ese mismo momento, como una reacción a la modernidad científica y racional, cuando se puede decir que nace la parapsicología moderna, vinculada desde un principio a las élites intelectuales (artistas, escritores o pensadores), que se resistían a aceptar un mundo transparente y sin misterio en el que todo pudiera ser explicado y racionalizado.

Frente a la luz de la ciencia y la razón, la sombra de lo oculto y la realidad más allá de la percepción comenzó a representar una vía de escape ante una realidad tan excesivamente material como la de la vida moderna.

Hoy, en clase, hemos hablado de los fantasmas y su relación con el paso del tiempo. El fantasma, como el muerto viviente o el zombie, es una entidad que no ha muerto del todo, que de alguna manera prolonga su pasado. Un no-muerto. Si el fantasma vuelve es porque hay algo en el presente que no lo permite descansar en paz (algo por solucionar o alguien por proteger). Y ese retorno de lo espectral rompe la sucesión del tiempo histórico: la resistencia a marcharse del fantasma es, en el fondo, la resistencia del pasado a desaparecer. Los fantasmas no vuelven de la muerte, sino que nunca se han ido del todo. Igual que el pasado, que no se va del todo, sino que mancha el presente con su 'presencia espectral'. Por eso se puede decir que los fantasmas 'difuminan' el tiempo.

El incremento de las apariciones y el interés por lo oculto durante todo la modernidad tendría que ver en el fondo con esta idea de la resistencia del pasado a irse del todo. Los fantasmas que vuelven una y otra vez son, en el fondo, los fantasmas de los tiempos antiguos, que retornan para manchar los tiempos modernos, científicos, racionales y materialistas. En estos tiempos modernos, la imaginación y la fantasía se sustituyen por el ilusionismo y el entretenimiento. El mundo se hace simple, se descomplejiza, se hace transparente y cognoscible. Y, en consencuencia, elimina toda su relación con las realidades daimónicas o inexplicables. Es entonces cuando vuelven los fantasmas. Y lo hacen para recordarnos que nunca se han ido del todo, o lo que es lo mismo, que hay un pasado que se resiste a cambiar, que hay cosas que, por mucho que nos empeñemos en dejarlas atrás, nos siguen a todas partes.

2/11/08

Materialidad

Pasar toda la tarde frente a una tumba y no sentir más que un extraño dolor de espalda. Saber a ciencia cierta que ya nada había allí. Mirar y ver que nada devuelve la mirada. Mirar y no ver nada. Volver con la sensación de que todo ha finalizado para siempre. Escribirlo desde un iphone blanco y admitir la contradicción.

31/10/08

Las manos pequeñas

Las manos pequeñas es la última novela de Andrés Barba, un escritor que, poco a poco, y casi sin hacer ruido, se ha ido convirtiendo en una de las voces más singulares y sólidas de la narrativa española contemporánea. Aunque nació en 1975, su obra no es asimilable a las nuevas narrativas de los autores de la llamada generación Nocilla, sino que su producción se ha caracterizado por un intimismo y una prosa cuidada y elegante que lo acercarían a otros autores también jóvenes como Ricardo Menéndez Salmón o, allende los mares, a figuras tan exquisitas como Alejandro Zambra.

En este librito de apenas cien páginas, Barba cuenta la historia de una niña, Marina, y su contradictoria relación con su cuerpo. Una niña cuyos padres mueren en un accidente de tráfico y tiene que aprender a vivir en un orfanato en el que es vista como un ser abominable. Es una historia de alteridad. El miedo y la desconfianza ante el otro, pero también la violencia empleada para paliar ese miedo. Es también la historia de una inadaptación. Y, al mismo tiempo, la historia de la crueldad de la inocencia. De una inocencia perversa aunque no maligna.

El libro nos acerca a las pesadillas, a los miedos y también a los deseos de la infancia. Unos miedos y deseos mostrados, por ejemplo, a través de un juego perverso ideado por Marina, el juego de la muñeca, en el que las niñas se hacen pasar por seres inanimados y quedan expuestas a la voluntad de los otros, que pueden, desde contarle sus secretos, a tomar su cuerpo como un campo de experimentación. Sin duda, eso nos trae a la mente el relato de Hoffmann sobre el que Freud elabora su célebre teoría de lo siniestro, en este caso entendido como esa contradictoria e incómoda relación que establecemos con esas cosas que están a medio camino entre lo familiar y lo extraño, entre lo animado y lo inanimado.

Pero por encima de cualquier historia, ‘Las manos pequeñas’ es un libro escrito con una prosa precisa y preciosa. Una prosa elegante que logra detener la mirada del espectador en cada palabra. Una prosa mínima que conduce en ocasiones a la inocencia del lenguaje infantil, pero también a la plenitud de ese lenguaje cargado de enigmas. Es lo que uno tiene la sensación de estar leyendo: un libro que por momentos parece escrito por la mirada de un niño. Pero no un libro para niños. Pues de todos es sabido que los universos menos recomendables para los niños son los universos infantiles.

No es un libro con moralina, ni una obra sensiblera. La prosa de Barba es siempre distante y nunca llega a lo emotivo, aunque sí a lo evocador. Y esto lo consigue a través de un trabajo brillante con el fuera de campo, con aquello que no se acaba de decir del todo, aquello que queda sugerido como posibilidad, lo no dicho, o lo no dicho del todo. Ese lugar no presente, esa ausencia, que es en el fondo la de la madre y el padre, es lo que configura toda la narración. Quizá por eso la niña repite una y otra vez: “mi padre murió en el acto, y luego mi madre en el hospital”. Un mantra constante que evoca un vacío imposible de llenar.

30/10/08

Colomina

Excepcional el seminario que está impartiendo Beatriz Colomina en el CENDEAC. Hoy (miércoles) ha hablado sobre el modo en el que la imaginería médica (en especial los rayos X) configura la arquitectura moderna. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con una conferencia. Las dos sesiones restantes (jueves y viernes) también parecen prometedoras: arquitectura de pantallas, y arquitectura en la era de la vigilancia. Un lujo que hace que, por momentos, esto adquiera cierto sentido.

28/10/08

Respirar

Hoy, mientras comenzaba a preparar mis clases sobre prostitución y pornografía en el arte moderno, en La ceremonia del porno, el magnífico libro de Javier Montes y Andrés Barba, me he encontrado con una argumentación de Linda Lovelace que me ha llegado al alma: "Hacía lo mismo que los faquires. La única diferencia radica en la forma del objeto engullido: se puede respirar a través de la espada, pero desde luego no hay manera de hacerlo cuando se tiene en la garganta un pene de tamaño considerable".

26/10/08

El transporte de la lectura

A petición de los que no pudieron estar el otro día en la presentación, os copio aquí la reseña que Rubén Castillo hizo el pasado viernes en El faro de las letras :

El transporte de la lectura

La editorial Tres Fronteras y la Biblioteca Regional de Murcia andan desde hace meses embarcadas en un proyecto llamado La Biblioteca del Tranvía, que consiste en publicar una serie de libros de pequeño formato y distribución gratuita, del que se acaban de lanzar los volúmenes 3, 4 y 5, que fueron presentados el pasado martes en la capital de la Región por el director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, Francisco Giménez Gracia.

La primera propuesta se titula ‘Demasiado tarde para volver’ y va firmada por Miguel Á. Hernández-Navarro, un hombre de arte al que se conocía por sus ensayos sobre Estética y por su volumen ‘Infraleve’, que editó hace unos años. Partiendo de un guiño irónico-filosófico (‘Todo lo que no he escrito’), nos regala con lenguaje de engañosa facilidad una serie de historias donde los desencuentros (‘Juego’), la tristeza de los adultos (‘Insomnio’), los matices agrios de la soledad (‘Timbre’) o el desasosiego más espeluznante (‘Visitantes’) nos obligan a maravillarnos ante sus habilidades de prestidigitador verbal. Las dos páginas de ‘Un cuento sin sentido’ las hubiera firmado con placer el José María Merino que escribió ‘No soy un libro’.

Paco López Mengual nos entrega ‘La mansión de los mutantes’, y se sitúa en la primera línea de la narrativa regional, después de novelas como ‘La memoria del barro’ (Nausícaä, 2005) y ‘El vuelo del Mosca’ (Editora Regional de Murcia, 2007). Los tres cuentos que recopila en este hermoso volumen (‘La mansión de los mutantes’, ‘La poza negra’ y ‘El cazador de sirenas’) demuestran por qué cierto sello de ámbito nacional se ha interesado por sus habilidades como fabulador. La fuerza argumental de sus narraciones y el estilo elegante y sólido con que las sabe construir son tan incuestionables como sorprendentes, y capturan con rapidez la atención de los lectores.

Y el tercer volumen, titulado ‘El sueño de Tántalo’ y firmado por Antonio Parra Sanz, está compuesto por cuatro deliciosas historias que nos hablan de los mil matices y amarguras que pueblan el ancho territorio del amor (‘Tras las cortinas’); de los curiosos meandros que se camuflan tras la muerte de un tragafuegos de baja catadura moral (‘Ícaro’); de lo inquietante que puede llegar a ser el rencor cuando se mezcla con el mundo de la cocina (‘Delicatessen’); y, sobre todo, del poder galvánico que logra inyectar en el alma de un hombre el amor tierno y absoluto por una mujer imposible (‘El sueño de Tántalo’). Antonio Parra Sanz es uno de nuestros mejores cuentistas, y lo demuestra en cada obra suya que sale a la luz, con incontestable asiduidad.

El arcipreste de Hita ya nos avisó sobre las ventajas de las cosas pequeñas, y sobre la belleza que atesoraban. Él lo aplicó a las flores, los perfumes y las mujeres, pero la Biblioteca del Tranvía es también una muestra.


[El faro de las letras, 24/10/08]

24/10/08

Cosas que hacer

Acabo a la carrera, como todo lo que hago últimamente, el texto para la exposición de Mar Sáez en la sala de los Molinos del Río. Como siempre, se me quedan muchas cosas en el tintero. Supongo que habrá otra ocasión. Por otra parte, de aquí al viernes que viene tendré que enviar cuatro textos más para cuatro exposiciones diferentes (que no he comenzado ni a pensar), un capítulo de un libro sobre los museos globales que edita Hans Belting y una comunicación a un congreso sobre Robert Morris en Lyon. Esto aparte de las clases, los seminarios del Cendeac (con comida, cena y esparcimiento del conferenciante incluidos) y algunos marrones que prefiero no mencionar. Me quedan las noches para poder trabajar. Y todavía algunos me dicen que a ver si saco tiempo para tener un hijo, que si uno se pone a pensarlo no lo hace. Yo les digo que, conforme están las cosas, el problema ya no sería criarlo, sino poderlo hacer. Ya le he dicho a womahn que no tengo inconveniente alguno en que busque a alguien que se encargue de esto. Así pongo a prueba mi poliamor y, si tenemos suerte y damos con un manitas, lo mismo logramos que, por el mismo precio, nos arregle el grifo de la cocina.

22/10/08

Dolorido

Sin dos muelas y dolorido asistí anoche a la presentación de los libros del tranvía. A pesar de que había demasiada gente y de que estábamos entre amigos, el acto fue interesante, y tanto Antonio Parra como Paco López, y por supuesto Paco Giménez, dijeron cosas interesantes. El único que desentonó creo que fui yo, enchaquetado, de negro y tartamudeante. Al llegar a casa, el Madrid perdía con la Juve. Y yo no tenía fuerzas para seguir trabajando. Si llego vivo al 15 de noviembre lo consideraré todo un logro. Hasta entonces tengo tantas cosas que terminar que el sólo hecho de enumerarlas me pone nervioso.

20/10/08

Demasiado tarde... para presentar

Para aquellos que mañana martes por la tarde no tengan nada que hacer: a las 20:00 horas, en la cafetería del Archivo Regional de Murcia, tendrá lugar la presentación los últimos libros de la Biblioteca del Tranvía: La mansión de los mutantes, de Paco López Mengual, El sueño de Tántalo, de Antonio Parra Sanz y Demasiado tarde para volver, de un servidor de ustedes.

En el acto estaremos los autores y el Director General del Libro, Francisco Giménez. Diremos alguna tontería que otra y regalaremos libros a los asistentes. Vamos, un plan interesantísimo. Así que, si no tenéis nada mejor que hacer, y no estáis fuera de Murcia, es posible que sea buen momento para encontrarnos. Quizá demasiado tarde. Sólo Dios lo sabe.

19/10/08

La Arcadia que nunca estuvo allí

En estos días de inmersión en el pasado, curiosamente, el azar me ha seguido sumergiendo en una peculiar búsqueda del tiempo perdido. Por cosas de la casualidad, la plataforma Murcia en bici me encargó a principios del verano que les hiciera una ruta guiada por las Torres de la huerta, una de las manifestaciones arquitectónicas más interesantes de la huerta murciana. Esto me quedaba más que alejado de mis intereses actuales, pero accedí (no sin ciertos reparos) a realizar el trabajo. Y con la tontería, para preparar bien la ruta, me compré una bici (y otra para womahn) antes del verano y rescaté de la memoria unos años huertanos en los que la bici era el medio de transporte por excelencia.

Hoy hemos realizado la ruta con casi cincuenta personas, y ha sido una experiencia más que agradable. Hemos pasado por algunas de estas torres, muchas de ellas amenzadas de muerte. De entre todas, sin duda, la más bella sigue siendo la de Almodóvar, frente a la que he vivido hasta que dejé la huerta hace casi cuatro años.


Por momentos, mientras transitaba por los carriles de la infancia, me he vuelto a sentir huertano de pura cepa y mi mente se ha poblado de instantes de una Arcadia perdida que, en su momento, no consideré como tal. Durante el tiempo en el que he explicaba cómo los niños robábamos las mandarinas a la condesa de Almodóvar o nos subíamos a los árboles, he visto pasar el tiempo a una velocidad inimaginable. De esto no hace más de veinte años, y, sin embargo, las imágenes llegaban a mi cabeza en blanco y en negro, o en sepia, como las fotografías antiguas, como si el pasado, al alejarse, también perdiese color y viveza.

Hoy, en cierto modo, he vuelto a dotar de color el pasado amarillento. Y de nuevo lo he traído al presente. Ha sido fugaz, apenas unos instantes, como un fogonazo. Pero un fogonazo cargado de experiencias casi tangibles. Ha sido entonces cuando he tenido que trazar puentes entre lo que fui y lo que estoy siendo, entre el niño de origen humilde que, gracias al sacrificio de sus padres, pudo estudiar, y en el ser excesivamente cultural en el que me estoy convirtiendo. Y por un momento, también breve, quizá aún menos que un fogonazo, he sentido envidia de lo que fui.

Luego lo he pensado tranquilamente, y he concluido que, de algún modo, todo aquello configura eso en lo que, día a día, estoy deviniendo. No creo que nada se pierda del todo. Pero, desde luego, las cosas ya no se recuperan de la misma forma. El pasado reaparece en cada evocación. Y cada evocación es, por definición, una construcción. Es así que construímos e inventamos nuestro pasado, siempre desde el presente, pues todo acto de memoria es producto del tiempo que habitamos.

Y tras la filosofía de la historia de Walter Benjamin, el tiempo se ha parado realmente. A lo lejos he visto mi casa, la casa donde viví. Y he seguido pedaleando, sin mirar atrás, como si nada hubiese sucedido. Sin embargo había algo que tiraba de mí hacia atrás, una fuerza extraña de la que aún sigo sin saber si quiero escapar.

17/10/08

Obscena materialidad

Esta semana apenas he podido sentarme frente al ordenador unos minutos. Las clases y los eventos del Cendeac, amén de otros líos varios, me han tenido alejado de la pantalla del ordenador y de la escritura. Sin embargo, la experiencia de las cosas de la que hablé en el post anterior ha seguido escribiéndose en mi mente. Tengo aún clavada la imagen de los zapatos de mi madre situados exactamente igual que la noche anterior a su muerte, esperando ser usados el día siguiente. Un día siguiente que no llegó. Y unos zapatos que ya nunca más fueron usados. Porque, ahora que recuerdo, en el lecho de muerte, sus pies estaban desnudos. Ya nunca más necesitó los zapatos, como ya nunca más necesitó de las cosas. Cosas que, sin embargo, seguían esperando.

Recuerdo que, cuando revolví el pasado, tuve esa sensación de espera incluso con las cosas que estaban allí antes de su muerte. Me encontré cubiertos, manteles, ropa, radios… objetos que seguían dispuestos s ser utilizados. Y fue entonces cuando tomé conciencia de que aquella inmersión en el pasado era en el fondo una inmersión en el futuro. Durante todo el tiempo en el que estuve ordenando el pasado, más que con cosas inservibles e inútiles, me encontré con futuros nos cumplidos, con cosas emplazadas a un tiempo por venir. Me di cuenta que ahondar en el pasado es enfrentarse a todos los futuros que no llegaron a cumplirse, es darse de bruces con cosas que no pertenecen al tiempo que ocupan, cosas que deberían cumplirse en el mañana.

Al ver aquellas cosas allí dispuestas, llenas de posibilidades y, sin embargo, inertes, me acordé de esa idea de Walter Benjamin según la cual el pasado se compone de miles de futuros incumplidos. En ese momento me sentí como un comerciante de trapos que trae al presente los futuros no cumplidos del pasado. Quise entonces recomponer esa historia frustrada, dar vida a esos objetos-en-espera, pero me di cuenta de que había allí una imposibilidad insalvable, que esos objetos no eran sólo objetos, que esas cosas no eran aún meras cosas, y, sobre todo, que allí faltaba un cuerpo, y que nada tiene sentido sin el cuerpo, por mucho que la obscena materialidad de las cosas se posicione frente a nuestros ojos.

12/10/08

Sus cosas

Después de siete meses, esta mañana me he armado de valor y he comenzado a limpiar la casa mis padres. Ha sido como caminar a través del tiempo, y como si el tiempo fuese una cuchilla afilada y yo anduviese descalzo con una herida abierta en la planta del pie. Sin embargo, mi rostro ha permanecido imperturbable, en estado de ataraxia, como si estuviese realizando algún tipo de ritual que me impidiese gesticular.

En la casa ya no había muerte, como la última vez que estuve. Entonces había un cuerpo tendido. Un cuerpo vacío de vida pero lleno de sentido. Hoy no había ni cuerpo ni sentido. Hoy no había nada. Y sin embargo estaba todo. Todas las cosas, allí, inmóviles, quietas, tranquilas, como si nada hubiese sucedido, como si no se hubiesen enterado de nada. Las cosas, tan llenas de memoria y tan vacías de entendimiento.

Desde el punto de vista de las cosas, mi madre aún estaba allí. Las cosas aún no la habían perdido, aún no se habían convertido en meras cosas, aún seguían siendo sus cosas. Parecía que todavía esperasen su regreso. Ha sido al darme cuenta de esto, que las cosas siempre nos esperan, cuando se me ha ocurrido una historia que me ha destrozado por dentro, un cuento que algún día escribiré y que hoy podría resumirse en una ficción hiperbreve: “Cuando regresó, sus cosas todavía estaban allí”.

He deseado entonces convertirme en objeto, quedarme inerte y hacerme pasar por cosa, permanecer allí para siempre, esperando el regreso de aquello que sólo como humano sé que ya no volverá jamás. Luego me ha vuelto la humanidad (o quizá lo más inhumano) y no he tenido otra opción que comenzar a meter sus cosas en cajas y en bolsas para darlas a la beneficencia.

Lo inservible he tenido que tirarlo a la basura. Ha sido en ese momento cuando el dolor ha comenzado a atravesarme como una espada oxidada. Al arrojar sus zapatos viejos y su ropa interior al contenedor, he sentido que yo también me iba de allí para siempre, que de alguna manera me estaba desalojando del lugar que siempre he habitado.

Lo más curioso de todo es que, como si realmente hubiese devenido cosa, durante el tiempo en que he estado limpiando, no he derramado una sola lágrima. Tanto he temido la llegada de ese momento de confrontación, que parece que he desarrollado algún tipo de barrera emocional capaz de frenar las embestidas del recuerdo.

Quizá por eso escribo ahora estas palabras, para romper hechizo y dejar por un momento de ser cosa. Y mientras lo hago, siento cómo el muro se derrumba y la pantalla se vuelve borrosa, como si se hubieran abierto las compuertas de una presa que ya no puedo contener.

Impostar

Hace unas semanas que he comenzado las clases de la universidad, y, como cada año, me está costando un trabajo enorme mantener el presupuesto tono neutral del discurso académico. Siempre me pasa lo mismo. La seriedad me dura muy poco. No puedo evitarlo, las cosas del mundo de vida me vienen a la cabeza con la misma entidad e importancia que la materia que estoy impartiendo. Es como si lo que me rodease se inmiscuyera en la retórica y el proceso de construcción del conocimiento. Vamos, que se me va la pinza.

Por eso, para consolarme, lo primero que hago es pensar en cómo la historia intelectual de Occidente se ha construido sobre un proceso de cancelación del sujeto hablante, haciendo creer que quien habla y la cosa de la que se habla son lo mismo, que el enunciante y el enunciado pertenecen a universos semejantes. Como bien ha mostrado Peter Sloterdijk en su Crítica de la razón cínica, el discurso de la academia, pero también el de la política y las instituciones de saber y poder, se construye haciéndonos creer que el sujeto del habla es una “encarnación” de la institución o del discurso mismo, una abstracción. Y eso lo separa del mundo de vida, de su entidad corporal deseante. Sólo así puede sostenerse un discurso: cancelando al hablante. Y es que, por ejemplo, si uno imaginase los procesos fisiológicos a los que está sometido el cuerpo de un orador, la cosa cambiaría bastante. De ese modo, descubriríamos que tras las más sublime de las retóricas artísticas o políticas, junto a una voz “impostada” y proyectada, siempre hay un cuerpo aguantándose un pedo, un eructo, o cualquiera de esas cosas que, de surgir, arruinarían rápidamente el discurso.

Todo decir, pues, es un ejercicio de impostura: impostar la voz y fingir que nuestro cuerpo (y, por ende, nuestra vida) no están en ese lugar.

10/10/08

Llegadas

Llegué de Barcelona cargado de libros. Después de los dos días en Liber con los dientes largos (allí no se venden libros), me tuve que ir a librería La Central a ponerme como el tato. Cargué todo lo que pude (lo que me dejó la master card).

Sin apenas haber dormido una hora, me fui a clase a dar la perorata sobre el arte contemporáneo. Y después, aún sin haber descansado, se me ocurrió jugar un partido de fútbol que acabó a la una de la madrugada. Así estoy esta mañana, hecho cisco. Pero mentalmente renovado. Eso sí, el teléfono lo sigo cogiendo cada vez menos.

6/10/08

Una voz y nada más

A las seis de la mañana salgo para Barcelona. Liber, la feria internacional del libro. Esta vez sólo serán tres días los que esté fuera de casa. Y hablando de días, ya son prácticamente cuatro los que tengo el móvil apagado. Les pido disculpas a todos los que esperen mi llamada o quieran localizarme por teléfono. Creo que he desarrollado una patología extrema ante la voz telefónica. De tanto usar el móvil he llegado a un momento de saturación que me hace odiar todo lo relacionado con el teléfono. Hablar por teléfono, que en otra época fue la cosa más reconfortante, cada vez más se está convirtiendo en un suplicio. Es como si una especie de fonofobia se hubiese apoderado de mí. Una fonofobia que hace que la voz de los otros, su timbre y su textura, se me haga incómoda al oído. Es el silencio lo que reconforta mi oído. El silencio o cierta música silente, como la de Satie. Lo demás me perturba tremendamente.

Son procesos, supongo. Mientras se me pasa, me deleito con el libro de Mladen Dolar, Una voz y nada más (Manantial), una de las más lúcidas aproximaciones a esa cosa extraña que sale de lo más oscuro de nuestro cuerpo, un resto, una excrecencia, un objeto siniestro.

5/10/08

Y queda escribir

Escribir como un ser para la muerte. Es lo único posible en estos momentos. Escribir por el mero hecho de escribir. Con los ojos cerrados, sin ni tan siquiera mirar el teclado. Hacer frases en la mente. No importa equivocarse, no importa nada. Importa sólo el recuerdo. El recuerdo que se va, que parece llegar, pero que con las mismas sale volando, el recuerdo que llega como un fogonazo. Escribir mirándose las manos en el teclado, sin mirar a la pantalla del ordenador. Escribir como si sólo fuese manos, o qué se yo. Escribir mientras lo único que importa se ha ido para siempre. Escribir cuando ya no queda otra cosa. Escribir cuando lo único que resta es escribir. Y nada más. Imaginar que ya no hay nada más. Perder el tiempo en lo accesorio. Y seguir perdiéndolo para siempre. Vivir: perder tiempo. Perder el tiempo en los otros. Como si los otros no fueran más que excusas. Eso es quizá vivir. Eso y poco más. Vivir se trata de tiempo. De tiempo perdido, de tiempo que resiste a quedarse. Hoy pienso todo esto y me pongo a escribir. Escribir como si esto fuese lo único que puedo hacer ante la pérdida. Escribir como única salida.

Es ahora cuando improviso. Como si estuviese al piano. Música. Al teclado. Mis dedos se mueven y lo único que me importa es simplemente el sonido de las teclas. El sonido de las teclas al escribir. No quiero mirar. Quizá la solución sea no mirar a la página. La historia de la escritura ha sido la historia de mirar a la página. Mirar a la pantalla ahora. Quizá vaya siendo hora de mirar sólo al teclado. La escritura como un proceso, como algo de lo que no queda huella, una huella que se desvanece. Un proceso de escritura radical y nada más, quizá eso sea lo único que resta decir después del día. Después del sueño. Después del sueño en el que todo ya se ha perdido. Escribir con la noche. Escribir con la muerte. Escribir hacia lo oscuro, en la propia oscuridad, preñado de sombras. Repleto de tristeza. Quizá eso es lo único que me queda para escribir. Sólo las manos recorriendo el teclado. Poseídas por algún tipo de espíritu que se resiste a dar su nombre. Esperando a que algún espíritu conduzca sus manos. Alguien cercano. Alguien que quiera decir algo a través de la pantalla. El mundo de los muertos y el mundo de los vivos encadenado a través de la escritura.

Realmente no sé si lo que quiero hacer es lo que quiero hacer. No sé nada. No sé nada de lo que quiero hacer. Y sin embargo es el día de la autoafirmación, enecistao autoafirmamen [sic].
Descubro que la mejor manera de escribir es cerrar los ojos. El mejor modo para no mirar a la pantalla. Luego vendrá la coerción. La coerción es lo de menos. Ahora no importa demasiado. La coerción ya vendrá. Lo hará un día. Y es siempre lo de menos. Aunque a veces se lo lleva todo. A veces demasiado. Escribir en la sombra del teclado. En la ceguera de las manos y no en lo luz de la pantalla. De espaldas a la mirada. La mirada es lo de menos. La mirada se va, hay que ladearla. Las manos no. Las manos quedan allí para siempre. Como una caricia. Cercanas, cálidas, rugosas. Durante un instante prolongado en el tiempo. Para siempre. Sobre el teclado. Donde escribo estas palabras sin sentido. Palabras sin sentido. Nada más que eso. Nada menos que eso. Palabras. Desorden. Escritura. Oscuridad.

4/10/08

Soy vila-matasiano

Anuntio vobis gaudium magnum, Enrique Vila-Matas ya tiene página web. Un motivo de alegría para sus seguidores, entre los cuales, sin ningún género de dudas, me encuentro. Vila-Matas ocupa un lugar destacado en mi canon literario, junto a Beckett, Bernhard y Blanchot. En los últimos tiempos, con ninguna otra lectura he conseguido disfrutar más que con sus libros y artículos. Como ya dije aquí hace unas semanas, en un lugar de su Dietario voluble, comenta Vila-Matas que los mejores libros son los que uno cree que podría haber escrito. Habla para escritores, es cierto, pero el caso es que con sus libros me ocurre exactamente eso, que siento que los podría haber escrito yo. Esto, por supuesto, es imposible, pues difícilmente puede uno manejar la prosa inteligente e irónica de Vila-Matas. Se trata más bien de la sensación de habitar un mundo completamente empático, de compartir unos modos, unas maneras y unos afectos hacia la vida y la literatura.

Desde aquí, a voz en grito, me declaro vila-matasiano (o como quiera que se pueda decir). Y lo hago como quien se declara budista o ecologista. Pero no como una profesión de fe ante un mesías que nos habla de lo desconocido, sino más bien como una actitud en la que me reconozco por completo. Una actitud que conduce hacia un mundo en el que desearía vivir. Un mundo poblado por escritores Bartlebys a los que la banalidad de lo existente les lleva a desaparecer o hacer como que desaparecen, a decir lo justo o a no decir nada. Un mundo infraleve de azares y casualidades, donde el silencio o el susurro sustituye al ruido exasperante de nuestra contemporaneidad.

2/10/08

Reconfortado

Hoy el dentista me ha abierto las encías sin apenas anestesia. Allí, frente a la luz cegadora de la lámpara y al ruido ensordecedor del aspirador quirúrgico, en medio de un dolor creciente, me he sentido reconfortado. Una tranquilidad sin igual se ha apoderado de mí. He recordado entonces el aforismo de Cioran con el que anoche me dormí: "En este momento estoy solo. ¿Podría desear algo mejor, existe dicha más intensa? Sí, la de oír, a fuerza de silencio, cómo se agranda mi soledad".

Luego he querido mirar al cielo, dar un grito y decir "se ha cumplido". Desafortunadamente, la tortura ha acabado pronto y me he dado de bruces con la realidad. En el móvil tenía diez llamadas perdidas. Las he borrado todas y he jurado odio eterno al teléfono.

1/10/08

Ontología del tedio

De nuevo Cioran y la exasperación de lo humano: "No son los males violentos los que nos marcan, sino los males sordos, los insistentes, los tolerables, aquellos que forman parte de nuestra rutina y nos minan tan meticulosamente como el Tiempo".

O lo que es lo mismo: "Devastado por el tedio, ese ciclón al raletí..."

Magia de la decepción

El hastío del mundo me está venciendo poco a poco. Cada vez aguanto menos a mis semejantes. Comienzo a tener claro que sólo tengo en común con ellos el hecho de estar sostenido por dos piernas. Por eso he decidido batirme en retirada, escapar de esta batalla antes de que acabe conmigo. Escapar, salir, ocultarme... aunque sea en el fondo de mis intestinos. Y por eso también esta noche vuelvo a mi amado Cioran: "Decepcionados por todos, es inevitable que acabemos siéndolo por nosotros mismos; a no ser que hayamos comenzado por ahí".

29/9/08

Felicitaciones

Hoy he estado esperando todo el día una llamada que sabía que no iba a tener lugar. Es el primer día de San Miguel que mi madre no me puede felicitar. He tenido el ánimo dividido. Dividido entre el presente fugaz y el deseo de lo imposible. He intentado recordar su tono de voz al otro lado del teléfono. Y me he dado cuenta de que he comenzado a olvidar. Me he dado cuenta de que los sentidos han sido sustituidos por las sensaciones. O, incluso, por las evocaciones. Y ahora que intento escribirlo, me doy cuenta de que, en estos días, el lenguaje se me vuelve cuesta arriba y me siento torpe con la escritura. Me doy cuenta de que, en días como hoy, me conformo con acabar esta frase.

28/9/08

El sujeto literario [Notas sobre un dietario voluble]

En uno de sus múltiples estudios sobre la creatividad literaria, se preguntaba Sigmund Freud cómo las fantasías personales del escritor pueden llegar a ser de interés para un individuo ajeno que no tiene nada que ver con ellas. La alteridad absoluta no nos interesa, sostenía el autor vienés. ¿Por qué, entonces, leemos las historias, las cavilaciones o los pensamientos de los demás? Porque no son del todo de los demás, dice Freud, sino que, en cierto modo, nos pertenecen y están cerca de nosotros. Esto sucede, según Freud, porque el escritor no es el otro absoluto, sino que se hace un otro digerible y comunicable, presentando lo personal a través de lo común. La literatura, en este sentido, tendrá la misión de proponer puentes entre lo personal y lo común, entre el adentro y el afuera de la experiencia.

En cierto modo, Dietario voluble, el último libro de Enrique Vila-Matas, traza y construye ese tipo de puentes entre lo personal y lo social, entre el interior y el exterior, y lo hace a través de la toma de conciencia de que el yo sólo se narra desde la distancia, a través de la experiencia del otro. Una experiencia que, en este caso, es esencialmente literaria. Este cuaderno de notas y apuntes, que tiene lugar entre el año 2005 y los primeros meses de 2008, aunque el propio autor confiesa que lo ha acompañado desde 1963, de nuevo pone en marcha la estrategia literaria de Vila-Matas, que juega con todos los tópicos, géneros y formas institucionalizadas de la escritura para proponer un texto híbrido, a medio camino entre la narración, el ensayo, el aforismo o la biografía.

Bajo la forma de un dietario, Vila-Matas nos ha entregado un libro inclasificable que transita por todos los lugares y géneros posibles. Un texto “degenerado” en el más puro sentido de la palabra. O un texto “posgenérico”, casi se podría decir “queer” (en el sentido otorgado al término por Judith Butler), un texto móvil, fluyente, imposible de atrapar y fijar en cualquiera de los estándares normativos de la tradición literaria. Un texto cuyo único apelativo podría ser el de “literatura”. Y es que si algo ha quedado claro de la propuesta (apuesta, cabría decir) de Vila-Matas es que, por encima de cualquier otra cosa, la literatura consiste en la propia experiencia literaria.

Dietario voluble puede ser entendido como una tentativa de autoconocimiento a través de la escritura. El proceso introspectivo de Vila-Matas no es, sin embargo, solipsista. En lugar de partir del interior, el autor se piensa desde el afuera. Se trata de un proceso autobiográfico realizado desde la toma de conciencia de que sólo el otro (el gran Otro, que diría Lacan) puede pensarnos. Toda autonarración requiere un afuera que conforme el adentro. En este caso, el afuera, el gran Otro, es la literatura, que ejerce casi el papel que para Lacan tenía el lenguaje, el de preceder al sujeto y a su formación. Como si fuese consciente de eso, este dietario se sitúa en el entremedio. En un momento, Vila-Matas alude a Leyendo escribiendo, una obra de Julien Gracq que le sirve para afirmar que “la escritura se origina en la lectura, se escribe porque otros antes que nosotros han escrito y se lee porque otros antes que nosotros han leído”. Si se piensa bien, esta declaración remite a esa ruptura de la relación original con la subjetividad. Hay un afuera que nos precede, y ese afuera es el que da forma a nuestro interior. No hay, pues, posibilidad de relacionarnos con nosotros mismos si no es a través de las formas de relación instituidas por el lenguaje y, en este caso, por la literatura. Es aquí donde cabría hablar de la crítica al realismo y a la escritura de las vísceras que falsamente cree en la posibilidad de relación con el yo y en la expresión de una subjetividad pura y no mediada.

Frente a este realismo de lo inmediato (ya sea el de la realidad o el de lo Real lacaniano), Vila-Matas responde con la interposición de la cita como medio de conocimiento. La cita, en sentido literal, en tanto que las frases de los por otros, pero también, y sobre todo, la cita entendida en un sentido más amplio, como esa serie de experiencias producidas con anterioridad al sujeto. Es en este sentido en el que se debe entender, creo yo, la relación de Vila-Matas con la literatura, como una cita constante con el otro, un encuentro, una relación, una conversación, un entre-dos.

Entre las múltiples lecturas que uno puede realizar de este dietario, la de “libro de viajes” no sería, ni mucho menos, descabellada. A través de las 275 páginas del libro, nos encontramos con un Vila-Matas “en tránsito”, de un lugar para otro, en medio de un viaje cuyo centro siempre es el hogar. Un hogar que a veces está mucho más alejado que el más distante de los lugares. Como dice en alguna ocasión, hay muchas formas de llegar y la mejor es siempre no partir. Se habla, pues, de viajes, pero sobre todo de regresos. De viajes sin distancia y de distancias sin viaje, como si se aboliesen las diferencias entre el lejos y el cerca, el dentro o el fuera. Esto es así porque el espacio por el que transita Vila-Matas es, ante todo, un espacio mental, el espacio literario. Un espacio que transforma por completo los lugares convirtiéndolos en espacios de experiencia literaria. En este sentido, la experiencia espacial de Vila-Matas puede ser vista casi como una psicogeografía, una cartografía personal de espacios y lugares connotados. Lugares que, más que lugares, habría que llamar “sitios”, tal y como lo entendió hace algunas décadas el artista Robert Smithson, quien distinguió entre un lugar físico (place) y un lugar de memoria (site). Los espacios que aparecen en este dietario, las ciudades, calles, hoteles, iglesias, cementerios… son, de este modo, lugares de memoria, sitios preñados de significado. Espacios que, aunque vacíos en el presente, han sido clave en las vivencias de los otros. Unos otros que aquí, como no podría ser de otro modo, son los otros de la literatura, o mejor, los prójimos de la literatura. Cuando Vila-Matas se enfrenta a un espacio, se enfrenta al espacio del otro, ya sea a la Verona de Kafka o incluso a la ficticia Finlandia de Kaurismäki. El viaje, pues, aparece como una arruga espacio-temporal de entrecruzamiento de experiencias.

Si uno lo piensa bien, esta psicogeografía conduce a Vila-Matas por un camino cercano al transitado por Magris en “El infinito viajar”, sobre todo en el sentido del viaje circular como un rodar continuo sin centro aparente. Un rodar en torno a un vacío que se desplaza con nosotros incluso cuando no llegamos a partir. Pero “Dietario voluble” no es un libro de viajes. Es también una cartografía del mundo moderno. Puede llegar a leerse como un ensayo fragmentario de sociología contemporánea. Como ocurre con sus libros de ensayos, Vila-Matas se muestra aquí como un sagaz observador de los modos de vida contemporáneos. Su mirada, irónica y desencantada, nos presenta una sociedad, como ya comenzase a ver Flaubert, en proceso de barbarización y banalización. Un proceso que va desde el síndrome del hikokomori de los jóvenes japoneses al imperio de la tontería, instalado en su mayor parte en nuestras clases dirigentes y en el mundo de la cultura establecida.

[Publicado en El faro de las letras, 26-09-08]

26/9/08

Recibido

Hoy he recibido un regalo anónimo, La Eva futura, de Villiers de l'Isle Adam, un libro mítico que, sin embargo, no he leído. Muchísimas gracias (seas quien seas). Prometo leerlo en los próximos días. Y comentarlo cuando quieras.

Asignaturas pendientes

Esta semana han comenzado las clases. Por razones de azar las tengo todas concentradas en el primer cuatrimestre. Si logro sobrevivir, a partir de febrero seré un hombre feliz y podré escribir con cierta tranquilidad. Si no, pues habré muerto en el intento y sortearán mis bienes en una rifa navideña. Mientras tanto, os copio aquí, por simple curiosidad, el programa de una de las asignaturas que me ha tocado en liza. Tenía que hablar de los temas tradicionales de la historia del arte, historias de santos, mitología... y lo he transformado en algo que no sé muy bien lo que es, a medio camino entre la tontería y la cultura visual. Pero el caso es que no estoy del todo descontento. Lo único que ocurre es que ahora no sé cómo voy a llenar los epígrafes. En fin, Dios dirá.

Fuentes Iconográficas de las artes plásticas (contemporáneas)

1. Hacia una historia transversal del arte contemporáneo.
2. Irse de putas: el arte contemporáneo y el mundo de la noche, de Manet a Jeff Koons.
3. La persistencia de lo sagrado: espiritismo, ocultismo y prácticas esotéricas.
4. La ciudad que nunca duerme: el nuevo espacio de la contemporaneidad, de Baudelaire a myspace.
5. El hombre-máquina: de Picabia a Stelarc.
6. Nada de nada: poéticas de la desaparición.
7. Este es mi cuerpo: placer, dolor y fluidos corporales.
8. Tácticas de escape: Houdini, Predator y Andy Warhol.
9. El mundo de los otros: Estrategias de alteridad de Gaugin a Perdidos.
10. Ver la catástrofe: la responsabilidad del testigo
11. No somos nadie: identidades móviles y políticas queer.
12. La era del peluchismo: los idiotas y el retorno de lo real.

24/9/08

Melville y el Paco

Mientras leo emociado las últimas dos páginas del dietario de Vila-Matas, me saca de la concentración una voz que llega de la calle. Una chica habla por el móvil con tal griterío que comienzo a pensar que, en lugar de teléfono, utiliza megáfono. El caso es que, justo en el momento en el que Vila-Matas habla de la tumba de Melville, apenas tres párrafos antes de acabar el libro, tengo que frenar en seco mi lectura porque irrumpe en mi salón una frase que me deja totalmente descolocado: "oye, Inma, que me he tirado al Paco". Dejo entonces a Vila-Matas, a Melville, a Hart Crane y a toda la historia de la literatura y me intereso por la supuesta amante del Paco. Dice que ha esperado para contarlo hasta estar segura de lo que había hecho. Pero que ahora ya lo tiene claro: "qué fuerte, tía, me he tirado al Paco".

Después de esto, me da por reflexionar sobre las relaciones entre vida y literatura. Y pienso que, al contrario de lo que habitualmente creemos (que la literatura nos aparta de la vida), es la vida la que nos molesta y nos saca de la literatura. La vida, que aunque se reduzca a "tirarse al Paco", consigue apartarnos de la más increíble de las escrituras.

Llegar

En la página 203 de Dietario voluble, leo que hay muchas formas de llegar y que la mejor es no partir. Me quedo un buen rato pensando. Decido entonces que es buen momento para regresar de mi largo viaje. Y permanezco inmóvil unos segundos, intentando volver al lugar desde el que emprendí mi marcha. Observo, sin embargo, que ese lugar nunca existió.

22/9/08

Dietario

Estoy disfrutando como un niño con el último libro de Vila-Matas. Ya casi lo tengo acabado. Espero haberlo hecho para el próximo viernes, día en el que inaugura la Feria del Libro de Murcia con una conferencia a las 20 horas. En un momento del libro, el escritor alude una afirmación de Pascal según la cual "los mejores libros son aquellos cuyos lectores creen que también ellos podrían haberlos escrito". No puedo estar más de acuerdo con él, aunque esa creencia en la posibilidad de la escritura sea siempre imaginaria. Más que creer que yo podría haber escrito este Dietario, me gusta imaginarme escribiéndolo, usurpando el lugar de Vila-Matas, experimentando sus vivencias y reinventándome en cada frase, sujeto de una dieta literaria.