7/11/08

Obama-r

Como sigo liado con textos mil y en mil contextos, no he tenido tiempo aquí de hablar de Obama. Sin embargo, paradójicamente (y por cosas de trabajo), su elección me ha pillado leyendo un libro que tiene bastante que ver con él. Se trata de The Black Atlantic, el célebre ensayo de Paul Gilroy, uno de los más reputados intelectuales de color, en el que se describe la importancia de las travesías en barco a lo largo del Atlántico como una fuente esencial para comprender los modos de formación de la moderna identidad de la raza negra. Junto al surgimiento de los estados-nación, la Modernidad, sugiere Gilroy, también estuvo producida por una serie de desplazamientos intercontinentales que crearon una especie de subcultura al margen de las identidades nacionales. La identidad negra en América y Europa se formó a través de un proceso continuo de viajes e intercambios (vinculados con el trabajo y la esclavitud) a lo largo del Atlántico.

Entre las numerosas aportaciones del ya célebre trabajo de Gilroy, destaca sin duda la introducción de una especie de nuevo paradigma de análisis de la identidad, el de los flujos marítimos. Por lo general, tanto la antropología como la sociología han utilizado modelos de estudio vinculados a la tierra, lo fijo y lo estable. Sin embargo, Gilroy, a través de una reflexión sobre las interconexiones marítimas, observa la necesidad de pensar desde un modelo transfronterizo y móvil como es el del mar. Frente a las formas “espacializadas” y visibles de conocimiento, el agua representa una fluido móvil, temporal, sin forma y en continua transformación. En ese origen múltiple y cambiante de la identidad, Gilroy señala la pertinencia de una nueva metáfora, la del barco, que, en cierto modo, puede servir como un “cronotopo” de la identidad negra: el barco de esclavos que, como una especie de microsistema político, se desplazaba de un lugar a otro, modelando las estructuras sociales, pero también los imaginarios políticos y culturales.

Enfrascado, como he dicho, en esta lectura, un hombre de raza negra llega a la presidencia de los Estados Unidos. Y esto, por supuesto, me hace preguntarme si Obama representa el paradigma transfronterizo, móvil y desterritorializado del que habla Gilroy, es decir, si Obama puede ser, en definitiva, el principio de un modelo alternativo y contra-hegemónico. Durante un momento me ilusiono y pienso que sí. Pero enseguida pongo los pies en la "tierra" y observo que el nuevo presidente es menos hijo del Black Atlantic que de la sociedad del bienestar, fija, territorial y estable.

1 comentario:

Ramón Monedero dijo...

Demosle un voto de confianza hombre, un mínimo del que Bush nunca gozó, entre otras razones, porque no apuntaba maneras y de hecho, así está el mundo...