16/4/14

Presente continuo (4 - 10 abril)

VIERNES 4 / Sick
Hoy es el día. Sick: vida y muerte de Bob Flanagan (supermasoquista). A primera hora de la mañana. Te conoces la película de memoria. Ya no puedes ponerla y mirar a tus alumnos sin que te posea el espíritu de Intento de escapada. Eres prisionero de tu propia ficción. Helena, Marcos y Montes vuelven una y otra vez. Cuando acaba, haces siempre la misma performance: enciendes la luz de golpe, los miras fijamente con los ojos humedecidos y dices “bueno, la semana que viene hablamos”. Percibes todos los años los resoplidos, el silencio y el bajón absoluto que se produce entre los estudiantes. Algunos ni siquiera saben qué decir. Otros, como I., prefieren no decir nada para no ofender. A veces piensas si es necesario poner estas cosas en clase. Lo dudas. Sick hace pensar; Bob Flanagan te obliga a posicionarte. A favor o en contra.

Cuando llegas a casa, ves en Twitter las pinturas de George W. Busch. Te parecen más dolorosas que las de Flanagan. Mucho más obscenas. Es curioso, a todos los grandes líderes les da por pintar, o por querer hacer alguna actividad artística. Quizá habría sido mejor que se dedicaran al arte. Si a Hitler lo hubieran dejado pintar, otro gallo nos hubiera cantado. Piensas que al revés también el axioma funciona. Si los artistas tomaran el poder, no sabes lo que podría ocurrir. Mejor que estén entretenidos con sus cuadros, o con sus libros e historias. Nada más peligroso que una república de las letras. Quizá por eso Platón expulsó a los artistas.


SÁBADO 5 / Amor
Boda en Valencia. Se casa L., gran amigo y antiguo compañero de universidad. Es una de las bodas más elegantes a las que has asistido. Hacen una pareja estupenda. Puedes percibir la felicidad y el amor. Y también la amistad. En vuestra mesa. Es una reunión de amigos. Un reencuentro. Un momento de felicidad.

Regresáis de Valencia algo cansados, pero con la libido por las nubes. Sexo brutal nada más llegar a casa, como si fuera una de las primeras veces. Después, mientras descansas, te preguntas si contarlo o no en este diario. Por qué hablar o no de sexo. Evidentemente no siempre escribes aquí todo lo que haces. Mil cosas que no cuentas. Pero hay momentos en los que un acto marca el día, momentos en los que es significativo. Sucede igual en tu narrativa. El sexo importa cuando significa, cuando tiene una importancia en la historia, cuando supone un antes y un después. Y hoy lo hace. La imagen de los tacones y las medias de R. se te mete en la cabeza y ya no se te va en toda la noche. Pocas cosas más bellas y excitantes. No puedes escribirlo sin sentir una palpitación en el pantalón.

DOMINGO 6 / Fronteras
Te levantas temprano y sales a correr para intentar bajar lo que has comido en la boda. Después, llegas a casa, te quedas solo y escribes toda la mañana. A veces necesitas la soledad incluso más que el silencio.

Por la tarde, en el Espacio Pático, Birraseries sobre Juego de Tronos. Habla R., que es una experta. Ha leído todos los libros y vive dentro de ese mundo. A ti te gusta la serie, pero no has llegado a ser fan. Después del evento, regresáis a casa, cenáis un kebab y luego leéis en el sofá con la tele de fondo. Tienes que dejar el libro porque las imágenes de los inmigrantes en el Monte Gurugú se te clavan en la retina. Por vez primera la masa humana tiene nombres y apellidos; son historias, son personas. Te quedas con el alma encogida. El espíritu de Marcos sigue perviviendo en ti.

LUNES 7 / Jugar
Temprano arriba para escribir. Poco a poco vas llenando páginas. Te sientes cómodo y disfrutas, aunque sabes que no podrás dedicarle mucho tiempo esta semana. Vuelves a tener clase en el módulo del máster.

A las dos, el partido de profesores contra alumnos de la fiestas de Filosofía. Eres el único profesor que juega. Marcas dos goles. No te lesionas, como suele ocurrir. Hace unos años, en las fiestas de Bellas Artes te fisuraste una costilla cuando caíste al suelo. Eres la torpeza hecha persona. Esta vez no.

Llegas a casa con el tiempo justo para ducharte y salir para la clase del máster. Organización de Exposiciones. Hablas durante dos horas seguidas, sin descanso, sobre el comisariado de exposiciones contemporáneas. Encuentras caras de interés. Disfrutas.

Por la noche, cansado, ves el capítulo de Juego de Tronos. Después, acabas Recado de un muerto, la última novela de Rafael Balanzá que has comenzado a leer el fin de semana. Te gusta. Balanzá maneja el tempo del thriller con magisterio. Parece un escritor nórdico, o francés. Es impresionante la generación de escritores murcianos que está surgiendo. Cada vez son más y mejores.

MARTES 8 / Intensidad
Te levantas con agujetas. Aunque corras de vez en cuando, el partido te ha dejado molido. Hoy es un día intenso. Por la mañana, clase de Últimas tendencias. Sigues con las cuestiones de género y el feminismo. Hoy toca Mary Kelly y el Post-partum Document. Y también Sophie Calle. Vas muy rápido, pero notas que cala, que estas cuestiones siguen interesando. Te das cuenta de que esas reivindicaciones de género que ya tienen un tiempo siguen estando vigentes en la actualidad. No hemos cambiado demasiado.

Por la tarde te divides para hacer todo lo que tienes que hacer. A las cinco, clase de Crítica de Arte en Bellas Artes. Hablas de Hal Foster y de lo abyecto. Nada fácil. Acabas muy cansado. Sin tiempo para respirar, coges la moto y a toda prisa bajas al campus de la Merced. En diez minutos llegas y comienzas la clase del máster. Estás espeso. Te aturullas y notas que vas dando bandazos de un lugar a otro. Estás cansado. El cuello vuelve a dolerte.

Acaba la clase y sales corriendo para llegar a ver al menos la segunda parte el Madrid-Dortmund. La cosa se pone difícil. Lo que iba a ser un trámite se convierte en algo casi traumático. Después del partido, te tiras a la cama como si te estuvieras cayendo al suelo. Vuelves sobre Lolita, que la tenías abandonada. Te había fascinado al principio, pero te había dejado de interesar. En la última parte vuelve a coger ritmo. Consigues acabarla. Y te prometes comenzar otra obra de Nabokov enseguida.

MIÉRCOLES 9 / Lo inesperado
Clase en filosofía. Surrealismo. Buñuel, Max Ernst, Freud y el concepto de lo siniestro. Después, el pregón y el concurso de sofística. Es extraño, te sientes muy a gusto en esa facultad. Luego, en el fiestódromo, a pleno sol, resistes lo que puedes. Ejerces de “profesor enrollado”. Guardas el tipo y departes con los estudiantes con una cerveza entre las manos. No paras un momento de hablar.

Del fiéstodromo bajas a la Merced a la clase del máster. Llegas cansado, pero casi ni se te nota. Hablas un poco y llevas a los alumnos a AB9. Consigues que I. les hable del proyecto y les comente las dificultades y posibilidades del espacio. Después, te llevas a los que resisten a la inauguración de la exposición de Carlos Schwartz en Art9. Es un artista que siempre te ha interesado. Su trabajo con la luz es fascinante. Y en este caso trabaja sobre Duchamp y el imaginario de lo aéreo. Son piezas increíbles. Te gustan. Te enamoras especialmente de la puerta, situada en una esquina. Da para escribir con mucho detenimiento. Prometes hacerlo en alguna ocasión futura.

Cuando llegas a casa ha ganado el Atleti al Barça, y en las elecciones a Rector ha salido José Orihuela. Los dos dan la sorpresa. Lo inesperado es siempre la mejor opción.

JUEVES 10 /Amistad literaria
Sales a correr temprano. Todavía tienes agujetas, pero corriendo se te pasan un poco. Después, escribes un poco y subes a clase de Crítica de arte. Es la última antes de vacaciones. Explicas las dimensiones del sujeto según Lacan. Después de explicar el concepto de “extimidad”, una alumna dice “qué guay” y tú te sientes realizado. Eso le da sentido a la semana. Para eso trabajas.

Justo después de clase te acercas un momento al fiestódromo otra vez. Hoy son las fiestas de Letras. Mucha más gente que en las de Filosofía. De nuevo ejerces de profesor joven y te integras bien con los alumnos. Algunos a los que aún no les has dado clase y que no te conocen te confunden con alumno. No dices nada. Ya se enterarán cuando lleguen a cuarto.

Vuelves a casa, te duchas y sales para la mesa redonda que tienes en AB9 con Leonardo Cano y Javier Gutiérrez. Vais a hablar sobre el proceso creativo en la escritura y no has preparado nada. Confías en que la inspiración venga y que el diálogo entre los tres lo solucione todo. Al final, el espacio se llena de público y la mesa sale incluso mejor de lo que esperabas. En el fondo, es una conversación entre amigos, como las que muchas veces habéis tenido en los bares. Estáis los tres muy a gusto. Cervezas, buen rollo y literatura. No se puede pedir más.

Nada más acabar la mesa redonda e inaugurar los trabajos de Javier García Herrero, vas a la cena de Filosofía. Disfrutas mucho entre los alumnos, sin parar de gastar bromas. Antes del postre, dejas la cena y sales al reencuentro con los escritores y más amigos. Esta noche estás dividido. Demasiados frentes. Al final, acabáis todos en el Musik. Te aplauden al entrar y te sonrojas. J. y L. son los mejores amigos. Te embarga la felicidad. Jamás habrías imaginado esto. Bebes demasiado. Incluso demasiado para ti. Vuelves a casa andando. Media hora. El tiempo se espesa. Todo tiene sentido. Era necesario.



9/4/14

Presente continuo (28 marzo - 3 abril)

VIERNES 28/ Infraleve
Por la mañana, Marcel Duchamp. Dos horas para explicar su obra. El deseo y el azar. El amor y la muerte. No todos están convencidos. Cuesta trabajo hacerles ver que Duchamp en realidad era un filósofo, un pensador que miraba el mundo de modo diferente y que veía problemas y soluciones donde el resto ni siquiera se había parado a mirar. Te demoras especialmente en el concepto de “infraleve”. Te fascinó desde la primera vez que lo leíste entre sus notas: lo más fino que lo fino, la distancia que separa a la sombra del suelo, el sonido de las uñas al crecer, el peso de las lágrimas…, lo que queda en el espejo cuando dejas de mirarte. Energías y distancias poéticas para pensar a la contra un mundo materialista y mecanizado.

Por la tarde, escribes el “Presente continuo” de la semana. Envías el texto y sales para el Teatro Circo a ver La vida resuelta. Lo confiesas, no eres muy de teatro. Esto es algo que deberías cambiar; lo dices siempre. Sobre todo porque al final, cuando vas, suele acabar gustándote, como hoy, que disfrutas muchísimo con la comedia. Los cinco actores están tremendos –Carlos Santos, por supuesto; y también el resto–. La historia es típica, pero funciona a la perfección. Te hace reír. Y pasas un rato muy agradable.

Después, con J., celebráis el cumpleaños de L. Treinta y siete. Tú también estás cerca de eso. Llegan sus amigos y tomáis unos gin-tonics en el Pura Vida. La noche se alarga –cómo no– y hacéis una pequeña ruta por el Trémolo y el Bizz’art en la que no paráis de encontrar amigos. Acabáis en el 12 y medio. Hacía muchísimo tiempo que no terminabas una noche allí. Pero hoy pinchan A. y C., y no os los podéis perder. L. y J. –al que has conocido esta noche pero parece que sois amigos de toda la vida– estudiaron con C.; tú tenías un pequeño grupo con A. Estáis muy a gusto allí, pero a las cinco y media vuestro cuerpo ya no puede más y decidís regresar a casa. Justo antes de salir, A. pincha “I Cry”, la canción de vuestro viejo grupo, Bartleby Club, ése que te gustaría algún día rescatar pero que nunca tienes tiempo para ello. Pones el Shazam en el móvil y ves cómo reconoce la canción. Haces una captura de pantalla, la tuiteas y subes la foto a Instagram. Esa tontería te hace feliz.

SÁBADO 29 / El viento
El sonido del viento te despierta. Parece que se vaya a caer la casa. Permaneces un tiempo despierto y acurrucado en la cama. Nada hay más placentero que quedarse bajo las sábanas cuando en el exterior todo se mueve. Es como volver al vientre materno.

En la televisión ves las noticias de una ONG que reparte comida sólo a españoles. Solidaridad xenófoba. Una contradicción que no acabas de comprender.

Por la noche, a las dos son las tres. El tiempo se evapora.

DOMINGO 30 / Ciencia ficción    
Te levantas temprano a correr. Quieres aprovechar el día y lo haces. Te encuentras a media Murcia corriendo por la mota del río. La fiebre del running se está yendo de las manos. Corres incluso tú, que en tu vida has hecho ejercicio. Desde luego, algo extraño está pasando. Esa misma sensación de extrañeza es la que tienen los habitantes de Orentes, el pequeño pueblo murciano al que van a llegar los extraterrestres en El absurdo fin de la realidad, la novela de Pedro Pujante que consigues leer casi de un tirón durante la tarde. Supuestamente es un libro de ciencia ficción, pero en el fondo es una anti-novela llena de reflexiones sobre la literatura. El protagonista del relato intenta escribir un discurso de bienvenida para los extraterrestres, y mientras éstos llegan, el texto se llena de autores y referencias a obras de ciencia ficción, pero también a clásicos de la literatura. Y al mismo tiempo, mientras la llegada no acaba de llegar, la realidad comienza poco a poco a descomponerse. El espacio y el tiempo, e incluso la voz del narrador, empiezan a confundirse y modificarse. Disfrutas mucho con la lectura, que por momentos se vuelve hilarante. Un descubrimiento.

LUNES 31 / Sobrevalorado
Empiezas la semana escribiendo. Pasas toda la mañana sin levantarte del escritorio. Sientes cómo fluye. Hay un momento en el que la historia empieza a salirte por las venas y tienes dos opciones: ralentizarla y escribirla poco a poco; o seguir tal y como está saliendo a toda prisa, casi poseído, para ver hacia donde te lleva. Te dejas ir. Y así llegas incluso al final de la historia. Acabas exhausto después de poner “fin”, aunque sepas que se trata de un fin altamente provisional. Pero has llegado. Sabes que ése es el lugar en el que quieres concluir. Es la vuelta de reconocimiento desde donde estabas, la avanzadilla para ver lo profunda que era la cueva. Ya hay fondo. Ahora es cuestión de seguir soltando cuerda.  

Para celebrarlo, sales a correr. Necesitas desentumecer los músculos que no se han movido en más seis horas de escritura continua.

Por la noche, acabas de ver True Detective. A lo largo de la semana has visto todos los episodios. Te costó trabajo entrar; después, durante un momento, te enganchó, y al final te ha decepcionado. Aunque decepción quizá no sea la palabra. Es una serie muy pretenciosa, manierista, formalista, llena de pose y efectos vintage. Tres capítulos habrían bastado. Te das cuenta de que ésa es una de las derivas de las series contemporáneas, la pose o, como se llama ahora, el “postureo”, el esteticisimo desbordado que en ocasiones puede incluso llegar a cargarse una historia aceptable. True Detective no es la peor serie que has visto, ni mucho menos –incluso hay cosas que te han gustado bastante, como por ejemplo la construcción de la historia–. Pero, desde luego, tienes claro que no es para tanto.


MARTES 1 / Cansancio
Esta mañana no tienes clase. Pero en el despacho no cesas de recibir alumnos como si fueras una especie de doctor. A las 13h has quedado con J.M. para hablar de literatura. Después de unas cervezas coméis juntos y seguís la conversación. Cada vez que hablas con él aprendes de su experiencia. Le insinúas sobre qué va tu nueva novela y le transmites tus inquietudes. En dos frases ya ha captado la idea y te da consejos que seguro que vas a utilizar. Es una suerte que en Murcia puedas encontrar interlocutores así.

Llegas a clase de Crítica con el tiempo justo. Hoy toca Hal Foster y la importancia del psicoanálisis como estrategia de escritura. Ves las caras de desidia y hastío de los alumnos; como si todo eso que cuentas no fuera con ellos. Y en un momento determinado decides explotar. Paras la clase y les echas un rapapolvo. Te vas creciendo conforme hablas y temes que se te vaya de las manos el enfado, aunque al final logras controlarte. Pero es que se trata de algo que nunca has entendido. Una carrera vocacional, una asignatura optativa, y que a nadie le interese lo que estás contando. No es que les transmitas el maná, claro. Pero te dejas la piel en intentar simplificar las cosas para hacerlas más fáciles. Te gusta la docencia. Pero cuando notas que la transmisión se ha cortado, que no hay comunicación entre emisor y receptor, te frustras. Es como hablar frente a un muro. No hay nada más descorazonador.

Regresas a casa cansado y te tiras en el sofá a ver la Champions. Tenías previsto leer y escribir esta noche. Pero no puedes hacerlo.

MIÉRCOLES 2 / Libros
Te levantas temprano y escribes durante dos horas antes de ir a clase. Cierras el cuaderno y sales corriendo para Filosofía. Llegas justo. Hoy toca el surrealismo. Y te entretienes demasiado, te vas por las ramas y acabas contando chistes de psicoanalistas argentinos. Sin tiempo ni para un café, subes a Bellas Artes y continuas con Crítica de Arte. Acabas con Rosalind Krauss y la introducción del pensamiento de Georges Bataille y el concepto de lo “amorfo” en el arte contemporáneo. Un concepto, dices, que pretende ser la contrapartida al concepto de “forma” y las implicaciones ideológicas de control y sumisión que el formalismo acaba teniendo. No paras de escribir títulos de libros y referencias en la pizarra. Nada te satisface más que ver cómo apuntan esas referencias. Recuerdas que aquello te hacía feliz cuando eras estudiante. Te vienen a la cabeza las clases de Francisco Jarauta, la pizarra llena de conceptos, autores y recomendaciones bibliográficas. Y te ves tomando nota de todo aquello para salir corriendo a la biblioteca a conseguirlo y a leerlo por la noche o tras sacar un momento libre. Ese momento fue una especie de apertura de ojos. Nunca estarás lo suficientemente agradecido.

La tarde la pasas escribiendo. Vas cogiendo ritmo. Te has creado un calendario y te gustaría tener un primer borrador a mano –más allá de ese previo fin que habías escrito– para después de las vacaciones de semana santa. Probablemente no tendrás tiempo, pero si no te pones plazos el trabajo se eterniza. Tu vida es un constante no cumplir plazos, horarios y listas de tareas que tú mismo te autoimpones. Lo extraño de todo es que, aun a sabiendas de que jamás consigues llegar a los objetivos que te propones, te sigas empeñando en gastar tiempo en planificar. Probablemente tenga que ver con alguna pulsión masoquista.

Después, ves el Madrid contra el Dortmund. Qué fácil ha sido esta vez.

Por la noche, acabas la lectura de Agua dura, el libro de relatos de Sergi Bellver. Has ido leyendo los cuentos durante toda la semana, dosificándolos y buscando siempre el mejor momento para disfrutar de su prosa precisa y cuidada. Es curioso que casi todos los cuentos desprendan una bruma que casi te toca la piel, una atmósfera cargada –dura– que te lleva no sólo a imaginar, sino también a sentir la tactilidad y el misterio de lo contado. Y a pesar de que esa bruma no deje ver del todo la historia, que la fragmente y la diluya para que quede siempre algo no dicho, se trata de cuentos tremendamente
cinematográficos. Cuentos que te conducen al cine denso de los Cohen o a las historias y espacios de Stephen King. Si tuvieras que elegir entre los relatos de libro, te quedarías con la potencia de “Islandia” y con la inquietud de “El nudo de Koen”. Hay mucho oficio y solvencia literaria detrás de esos cuentos.


JUEVES 3 / Demasiadas cosas
Clase sobre arte y feminismo. Acabas reivindicando el papel de la mujer en la historia y la relación del arte y la vida con la política. Citas a Simone de Beauvoir, Linda Nochlin y Judy Chicago. Escribes en la pizarra: “lo personal es político”. Estás menos espeso que la última vez. Sin apenas tiempo para respirar, subes a Espinardo en moto y llegas justo para la clase de Crítica. Esta vez querías hablar de Foster y acabas hablando de lo que cobran los críticos y de las relaciones de poder. Te das cuenta de que a los estudiantes les interesan también estas cosas. No sólo de teoría vive el hombre.

Pasas casi toda la tarde sentado frente a la universidad, en La Toga, de reunión en reunión. Cuatro seguidas. Casi tienes que poner el cronómetro para cambiar de una a otra. Todos te piden consejo. Por alguna razón creen que tu opinión sirve de algo. Y eso es algo que te preocupa mucho.


Llegas ya tarde a casa. R. ha cenado. Te quedas un rato escribiendo y te acuestas tarde. Sueñas con extraterrestres y con el fin del mundo. Te despiertas sobresaltado en varias ocasiones. Entre sueños, recuerdas que hoy Esperanza Aguirre se ha dado a la fuga y ha tirado la moto de un agente, que Valcárcel ha dimitido después de diecinueve años y que ha habido elecciones a Rector en la Universidad. Todo te suena a eco y a murmullo. Demasiadas brumas. Sigues durmiendo.

2/4/14

Presente Continuo (21 - 27 marzo)

[Diario personal publicado cada domingo en La Opinión de Murcia

VIERNES 21 / Cuadrado negro
Te levantas con tierra en los ojos. La noche anterior, después de Loopoesía, hiciste el mal. Apenas has dormido y tienes tres horas seguidas de clase que intentas sobrellevar como puedes. En ese estado hablas de la abstracción. Te adentras en Kandinsky, Mondrian y especialmente en Malevich. Uno de los momentos que más deseas de esta asignatura es llegar al célebre “Cuadrado negro”. Hoy lo tienes que explicar casi sin tiempo. Te gustaría detenerte como la obra se merece y ahondar en lo que significó realmente. Hace casi cien años, en 1915, un icono desnudo condensaba el fin de una concepción del arte y la vida y el comienzo de una nueva era. En tu tesis dedicaste varios meses vida a estudiar cómo el cuadrado condensaba un mar de significados. Algo de eso escribiste aquí. Y ahora –pasa siempre, no es ninguna novedad– tienes que aguantar el clásico “esto también lo puedo hacer yo”. Una afirmación a la que siempre respondes con resignación: “sí, hijo, sí, ahora que lo has visto, cien años después”.



Acabas la clase exhausto y con dolor de cabeza, como si hubieras estado en una especie de combate de boxeo.

A mediodía, R. y tú tenéis comida con N. y P. Os conocisteis por Twitter hace algo más de un año y desde entonces quedáis para comer de vez en cuando –menos de vez en cuando que os gustaría, la verdad–. Aunque estás reventado, en cuanto te sientas en la terraza del Pura Cepa y te tomas la primera cerveza te entra el hambre y se te van todos los dolores. La comida es agradable y habláis, como siempre, de películas, libros y especialmente de series. El vino es excepcional. Y algo que te maravilla es el modo en el que el propietario os aconseja sobre qué comer y qué beber. Es una cosa que siempre te ha fascinado: la profesionalidad en todos los sentidos, el que uno sepa y disfrute con su trabajo. Eso te hace tener esperanza en el mundo, confiar en que hay gente que sabe de lo suyo, que conoce su territorio y que es capaz de conducir a los demás a través de él.
Después de la comida, tomáis el último gin-tonic en el Cuenta-Vinos. Te sabe a gloria. Estás tan a gusto que escribes al periódico para pedir una moratoria para el “Presente continuo”. Mañana lo envío si es posible, dices. No, mejor hoy, te contestan. Así que apuras y te vas a casa a escribir rápidamente el texto. Lo esbozas y sales para el fisioterapeuta. Tienes la última sesión. Mientras la fisio hunde sus garras en la carne de tu espalda habláis de Juego de Tronos y de otras series. Eso te distrae algo del dolor.

Llegas a casa con el tiempo justo para terminar de escribir el texto y enviarlo al periódico. En estado hipnótico post-fisio no sabes siquiera lo que sale. Envías lo que tienes. Esperas no haber cometido muchas erratas. Cuando son las once de la noche tu cuerpo ya no puede más y caes rendido a la cama. 

SÁBADO 22 / Violencia
Esta vez te levantas tarde. Es el primer sábado en tiempo que no tienes nada que enviar con urgencia. Y te demoras en el desayuno, en la lectura de la prensa y en el repaso a los canales de la tele –te quedas, como te ha pasado en más de una ocasión, hipnotizado en el proceso de zapping–. Cuando te vienes a dar cuenta ya es casi la hora de comer y lo único que has hecho ha sido perder tiempo. Lo piensas un momento y te parece necesario hacerlo de vez en cuando: echar una mañana a perder, no hacer nada, al menos nada productivo.

Por la tarde vas a Nueva Condomina a ver el Murcia. Llegas con el partido comenzado. Pierde tu equipo, aunque lo da todo y su comportamiento es irreprochable. Junto a ti hay un energúmeno que no para de increpar al juez de línea. Para no escucharlo, pones al máximo el volumen de tus auriculares. Pero la pila de la radio se agota y tienes que aguantar hasta el fin del partido a él y a otros que no cesan de insultar. Es lo que no te gusta del fútbol: la irracionalidad, la falta de sentido común, la violencia que a veces hace aflorar en los espectadores. Por supuesto, también está la afectividad, el sentido de comunidad, lo sublime de algunos momentos. Allí se dan cita emociones cercanas a la barbarie, excitación sin destilar. Y es que en el fondo también somos eso: bestias que han aprendido a hablar. Temes encontrarte con esa que late dentro de ti y que por lo general sueles mantener a raya.

Cuando llegas a casa, las noticias de las revueltas en las que ha acabado el 22M. Las marchas por la dignidad han terminado indignamente por la culpa de unos pocos. Unos miserables que logran arruinar –afortunadamente para el gobierno, porque es la excusa perfecta para deslegitimar las reivindicaciones– el impacto de una protesta pacífica y absolutamente necesaria. Y es que la noticia deja de ser la gran movilización y se convierte en la gran confrontación. Hay muchas cosas que no comprendes, pero, desde luego, la violencia –en cualquiera de sus manifestaciones– es aquello a lo que nunca llegarás a dar sentido alguno. Es algo que está más allá de tu capacidad de comprender el mundo. Y sabes que en ocasiones es necesaria, que las batallas no se ganan con pétalos de rosa, que hay cosas que no se consiguen si no es por la fuerza, que uno tiene que defenderse como puede. Lo sabes. Pero te incomoda y te produce mucha inquietud. Te pone nervioso. Te hace dudar de todo, perder pie, poner en cuestión cualquier certidumbre

Por la noche, te encierras en tu habitación a escribir. Avanzas poco a poco, pero avanzas. Lo sientes, lo percibes. La historia va cobrando vida. No importa ya el tiempo que tardes en darle forma. Sabes que ahí, debajo de las letras, camuflada entre las palabras, está la historia que tienes en la cabeza. Quizá no ha llegado al papel del todo, pero sabes que algo está sucediendo. Y eso te hace feliz.

DOMINGO 23 / Memoria y olvido
Muere Suárez. A medio telediario. Es curioso como todos tenían las necrológicas preparadas. Ahora todo el mundo sabe mucho de Suárez, y de la Transición. Todos saben de todo. Tú no tienes una percepción especial. Reconoces su papel en la Transición. Por lo que has leído, sabes de su centralidad. Pero hay muchas cosas que no se hicieron bien en aquellos momentos que ahora se venden como algo modélico. El pacto de olvido hizo que no tuviera lugar la labor de duelo necesaria para simbolizar lo ocurrido durante el franquismo. Es ahora, en estos momentos, cuando parece necesario revisar, volver a mirar, volver a recordar. Y no deja de ser irónico que una enfermedad como el Alzheimer, que afecta a la memoria, sea la que haya acabado minando a Suárez.

Siempre te han parecido peligrosas las entronizaciones, la visión del otro como héroe. Porque cuando hay héroes siempre se presupone que hay malvados. Cuando hay héroes, las historias se convierten en historias de buenos y malos. Las cosas son siempre más complejas. La historia hay que contarla de otra manera.

Las redes sociales se llenan de opiniones y noticias sobre Suárez. Ya casi nada habla de lo ayer, de las marchas por la Dignidad. La actualidad manda. Y esa misma actualidad hace que a las ocho y media la gente deje de tuitear sobre Suárez y comience a hacerlo sobre el “clásico”. El fútbol toma las redes y todas las conversaciones. Es curioso ver cómo los temas cambian y fluctúan como si fuera una gran conversación entre millones de personas. Durante dos horas, todo se paraliza para sólo hablar de fútbol. Pierde el Madrid. Que sea justo o injusto no te preocupa. El concepto “injusticia” aplicado al fútbol es algo que siempre te ha hecho mucha gracia.

Después del partido vuelves a la novela. Apagas la wifi y escribes hasta bien entrada la madrugada. Se te hacen más de las dos. Te acuestas con la historia en la cabeza. Sueñas con lo que ocurre en la novela. Poco a poco los personajes te van poseyendo. Es como un virus que se adueña de tu organismo. Y a ti te gustaría que no se fuera nunca de allí.

LUNES 24 / Otras memorias
Te levantas muy temprano y sales a correr antes de desayunar. Hoy tienes la mañana llena de reuniones. Eso sí que te hace sentir que desperdicias el tiempo. Eso, y las cuestiones burocráticas que te van a tener entretenido casi toda la semana. Tienes que hacer la memoria del proyecto de investigación del Ministerio. Recordar todo lo que ha hecho el equipo de investigación y justificarlo. Ahí se te van a ir tres días o más. Entre eso y las clases está claro que esta semana no escribirás una sola línea de la novela. La historia y los personajes que te habían poseído comienzan a desvanecerse.

MARTES 25 / Clases sin fin
Clase de Historia del arte por la mañana. Arte de acción. Acabas ya con la obra de Abramovic y te adentras en la de otros artistas que ponen su cuerpo al límite y que trabajan sobre la enfermedad. Hablas sobre Bob Flanagan y Ron Athey, y cuando lo haces –como siempre– no puedes evitar tener un momento “Intento de escapada”. Es curioso cómo la ficción ha logrado adueñarse de tu realidad.

Por la tarde, dos horas y media de crítica de arte en Bellas Artes. Rosalind Krauss y el concepto de “índice”. Para explicarlo te remontas hasta los fundamentos de la imagen cristiana. Se te va la clase haciendo mapas y líneas de ida y venida. La pizarra queda casi como si fueran los restos de una batalla. Haces una foto y la subes a las redes sociales. Un selfie docente.

Cuando llegas a casa, el cuello comienza a dolerte de nuevo. No con intensidad. Es un eco, como si te estuviera diciendo: cuidado, aquí estoy, baja el ritmo o volveré para angustiarte. Te duermes a medio capítulo de True Detective.  

MIÉRCOLES 26 / El amor y la escritura
Clase en Filosofía sobre el dadaísmo. Mientras en las trincheras, durante la Primera Guerra Mundial, la gente se mataba defiendo grandes ideales, los dadaístas llegaban a la conclusión de que no hay ninguna idea por la que merezca la pena matar o morir. “Si hay que ir, se va; pero ir pa’ná es tontería.” Puro nihilismo.

Por la noche, antes de acostarte comienzas a leer el último libro de Marina Sanmartín, El amor que nos vuelve malvados. Te bebes casi la mitad de libro en apenas una hora de lectura intensa. La locura, la depresión, el trauma, la memoria, y sobre todo el desamor, o ese amor extraño que nos convierte en seres que no creíamos que éramos transitan por las páginas de esta intensa novela llena de reflexiones lúcidas y contundentes. Reflexiones sobre cómo todo lo que uno creía inamovible se va al traste en el momento menos pensado. Tomas notas y apuntes, porque tu novela tiene mucho que ver con esto. Y el libro de Marina te sirve de ejemplo para ver cómo solucionar argumentos o cómo expresar emociones. Ya no puedes leer un libro sin activar la mirada de escritor. El lector inocente hace tiempo que desapareció.


JUEVES 27 / Ilusiones
Clase sobre arte y género en Historia del Arte. Estás espeso porque no has dormido bien. Después, con el tiempo justo para llegar al Campus de Espinardo, crítica de arte en Bellas Artes. Ahí estás mejor y más suelto.

Por la tarde inauguráis con 1er Escalón En estado físico, una selección de vídeo de artistas canarios que reflexiona sobre el cuerpo. Es la primera de las acciones que vais a llevar a cabo en AB9. El espacio ha quedado genial. Está un lugar privilegiado de Murcia. Y tiene unas posibilidades tremendas. Piensas en el futuro y te emocionas. A veces las cosas salen adelante. Con ganas, esfuerzo e ilusión todavía es posible. La clave es no quedarse quieto. Y la gente con la que trabajas sólo conoce el movimiento. No puedes estar mejor acompañado. La noche se alarga celebrando la amistad.

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24/3/14

Presente continuo (14 - 20 marzo)

VIERNES 14 / Llanto desconsolado
Te levantas cansado y casi sin haber dormido. La noche anterior fue larga. Ahora, dos horas de clase en Filosofía. Has empezado las vanguardias y te toca hablar de Las señoritas de Aviñón, el comienzo de la verdadera modernidad en arte, la fractura más decisiva. Hablas del primitivismo, de la ruptura del espacio ilusorio de la perspectiva, del corte respecto al naturalismo… Y luego acabas hablando del contenido: unas señoritas en un burdel. Dejas caer esa frase que dices todos los años y que ya se ha convertido en un clásico: “el arte moderno nace en una casa de putas”. Piensas en Manet (Olympia), por ejemplo, y comentas el significado del burdel para el arte moderno. Por supuesto, se trata de una perspectiva masculina, en la que el hombre es el sujeto deseante y la mujer el objeto del deseo. Aun así, las señoritas de Picasso, como la Olympia, no ceden al deseo, se muestran literalmente “impenetrables”, y al mismo tiempo se exponen directamente, sin mediación. Es un cuadro, dices, sobre Eros y Tánatos, sobre el amor y la muerte, sobre la cercanía entre esas dos ideas sobre las que el arte ha reflexionado constantemente.



La muerte está siempre acechando. En todos los lugares. Y la muerte es precisamente la responsable de que acabes un poco antes la clase. A las once es el funeral de la madre de M.T. Llegas con el tiempo justo y ya encuentras allí la escena. Los tres nietos, vestidos de negro riguroso, y un primo al que no conoces, cargando el ataúd hacia el interior de la iglesia mientras suena una música que se ya comienza a emocionarte. Por alguna razón, durante toda la misa vas cayendo poco a poco en la tristeza. Cuando la misa acaba y sacan el ataúd, de nuevo la escena te conmueve. Te has intentado aguantar las lágrimas durante todo el tiempo. Pero justo en el momento en el que ves a P. y te abrazas con él, comienzas a llorar. A llorar desconsoladamente. Luego te abrazas con M.T. Casi te avergüenzas del momento. Pero no puedes parar. Es como si se te hubiera soltado por dentro algo y ahora ya no supieras como cerrarlo. Imaginas que es la emoción del momento y que enseguida se te pasará. Pero cuando subes al coche para regresar a casa empiezas a llorar con sollozos, desconsoladamente. Tienes incluso que parar el coche para secar las lágrimas y poder ver algo. No lo comprendes. No sabes por qué es exactamente ese llanto, de dónde proviene.

Tanto que has escrito y leído sobre las lágrimas… y ahora no sabes por qué lloras. Sólo sabes que es bueno, que libera, aunque no sepas de qué te está liberando. Está claro que hay algo dentro que quiere salir, aunque no sepas exactamente lo que es. Será la primavera, que está a punto de llegar. O quizá sea otra cosa. No lo sabes. Solo lloras. Ahora. Durante todo el día –incluso en la noche–. Sin saber muy bien por qué.

Por la noche te quedas en casa poniendo en orden las cosas. Respondes mails y planificas trabajo por hacer.


SÁBADO 15 / Un cuerpo es un cuerpo
Desde bien temprano retomas la revisión de la traducción del libro de Mieke Bal sobre Doris Salcedo. Estás prácticamente todo el día sin levantarte de la silla. No te queda demasiado. Ya ves el final.

A media tarde vas al cine con R. para ver Ocho apellidos vascos. Está llena de tópicos fáciles, pero te ríes. Después de tanto llanto, necesitas reír. Más tarde, compras unas hamburguesas en el bar del pueblo al que no habías entrado en casi diez años. Se pueden comer. Casi sin tempo, te despides de R. y asistes con L. y J. al concierto de Yuck. Es un grupo que te gusta. Fue parte de tu banda sonora en Cornell hace dos años. Y el concierto no te decepciona. Aunque ciertamente no llega a todo lo esperado. Le falta ahora algo de punch. Pero es innegable su elegancia pop.



Salís de la sala de conciertos y volvéis al centro. Allí te encuentras con N. y más tarde coincides con M. y una amiga suya canadiense. Estáis hasta bien tarde hablando de la admiración por la inteligencia. Después te das cuenta de que sigue siendo sólo un discurso. Un cuerpo es un cuerpo. La historia se repite. Te sientes muy Marcos. No sabes aún que esta semana tu novela va a volver a tu imaginario, por varias razones.

DOMINGO 16 / Victimizar
Todo el día con la traducción. De hoy no pasa. Apenas te levantas para comer y poco más. Por la noche, ves en la tele el documental sobre la artista mexicana Teresa Margolles. Es curioso, lo tienes de fondo mientras revisas el libro sobre Doris Salcedo. Las dos hablan sobre las víctimas de la violencia. Pero mientras que en la obra de Margolles la violencia se vuelve obscena y la víctima vuelve a ser victimizada, las obras abstractas de la artista colombiana intentan salvar a la víctima de una nueva muerte: son sutiles, elegantes, abstractas, y sin embargo potentes y perturbadoras. Te está costando más de lo previsto esta traducción, pero te has enamorado de la obra de Salcedo.

LUNES 17 / Fin
Te levantas con sueño. Y acabas por fin la traducción. Han sido varias semanas de trabajo duro. Juras que nunca más harás algo así. Y sales a correr para cerrar una etapa. Hace calor. Un sol de justicia. Vuelves casi deshidratado.

Por la noche, comienzas a leer Es un decir, la última novela de Jenn Díaz. Es una escritora joven que ya te cautivó con Belfondo. A esta novela le tienes ganas. Muchas.



MARTES 18 / Organización
Dos horas de clase en Historia del Arte sobre Marina Abramovic. Recuerdas cuando estuvo en el CENDEAC. Primero, Ulay y después, Marina. Los dos. Lo piensas. Has sido muy afortunado. Recuerdas especialmente un viaje en coche con Abramovic hacia Cabo de Palos. Una noche entera contando chistes verdes. Recuerdas que le contaste el chiste célebre de la orgía. El de “organización, organización”. Y te viene a la cabeza la voz intensa y grave de Marina –“organizzazione… organizzazione …”– y su risa perversa. Pocas veces has estado más cerca de tocar el cielo. De ella también te enamoraste. Fue una experiencia intensa como pocas.


Sales corriendo para la radio: territorio G. Los nombres del sexo. Dices “Yo soy muy de conejo”. Y te paran antes de que se te vaya la cosa de las manos –más bien, de la boca–. No tienes vergüenza. Ninguna.

Por la tarde, dos horas y media de Crítica de arte en Bellas Artes. Sólo vienen cinco alumnos de treinta matriculados. Es extraño hablar para tan pocos. Te cuesta trabajo ponerte en situación. Es una pena, piensas. La mejor asignatura.


MIÉRCOLES 19 / Es un decir
Día del padre. Ni por arriba, ni por abajo. Ni tienes, ni eres. Recuerdas al tuyo. Más de diez años ya sin poder felicitarlo. Y un padre también es un padre. También se ama. También se añora. También duele. Aunque nunca logre ser una madre.

Hoy, por fin, retomas la novela. Desde ARCO no has escrito una línea. Vuelves a leer parte del cuaderno; la última parte. Necesitas volver a coger el tono. Escribir es como tocar música; es necesario afinar el instrumento. Y la lectura te sirve como diapasón. Vuelves a oír la voz. Vuelves a sentir que late. Está ahí. Es cuestión de tiempo que vuelva a surgir de tus dedos.  

Mientras comes, ves en el telediario las imágenes del “gran salto”. Son tremendas. Nunca llegas a entenderlas del todo. “Entrar en España o morir”, escuchas decir a un inmigrante. Te quedas sin palabras. Los medios hablan de “amenaza”. Las imágenes de los inmigrantes en la valla los hacen parecer animales. Objetualización, animalización… el otro como una masa informe. Ahí nadie tiene un nombre. Son sólo inmigrantes. No llegan a ser personas. No aún. Quieren entrar en Europa. Quieren tener lo que nosotros tenemos. Y eso no puede ser; no todos somos iguales. Eso parecen decirnos las vallas, las leyes, las fronteras.  Es, lo confiesas, lo que más asco e incomprensión te produce.

Por la noche, acabas la lectura de Es un decir. Lo lees casi de una sentada. Está escrito como si alguien te susurrara al oído una historia. Está claro que Jenn, a pesar de su juventud, es una contadora nata de historias. Una escritora que ha logrado una voz, un tono –uno como ese que tú buscas desesperadamente– justo y preciso para lo que tiene que ser contado. La voz de Mariela, la joven protagonista de la novela, se queda reverberando en un tu mente después de cerrar el libro; su voz, sus giros, su modo de decir y de ocultar. La novela fluye como si hubiera sido escrita de un tirón, es una flecha, una historia de amor y muerte –de muerte extraña, fría, distanciada–. La historia de hombres que no hablan y de mujeres que ceden ante su destino aciago. Pero también la historia de una niña que necesita saber. Saber para no repetir. Saber para poder ser.

Acabas la lectura justo después de medianoche y sales en moto a recibir a J., que acaba de llegar en tren desde Barcelona y mañana actúa en el Centro Párraga. Tienes previsto tomarte una copa con él y volverte rápidamente, pero la noche se alarga hasta las cinco y pico de la madrugada, y acabáis con unos amigos en La vie en Rose. Querías llevarlo allí porque ese bar en tu novela se llama Rrose Selavy, como el personaje andrógino
de Duchamp. Y te apetece que un duchampiano como él conozca en profundidad la noche murciana. Como primera cata está bien.

JUEVES  20 / Loopoesía es amor
Te levantas con algo de resaca y continúas en clase con la obra de Abramovic y Ulay. Acabas con The Great Wall Walk, su última acción conjunta, en la que los dos representan su ruptura como pareja artística y real. Es una acción emocionante que no puedes ver sin que se te salten de nuevo las lágrimas.

Justo después de la clase, subes al “fiestódromo” del campus de Espinardo y pasas allí unas horas celebrando las fiestas de Bellas Artes. Este año regresas pronto a casa. Estás cansado y tienes varias cosas por entregar.


A las nueve, en primera fila, Loopoesía en el Párraga. Jordi Corominas urde un espectáculo divertido y memorable. Lo notas a gusto, entregado. El espacio está lleno. Disfrutas. Y te alegras mucho por él. Después, como no podía ser de otro modo, la noche se alarga. Te encuentras a varios alumnos desperdigados por los bares. Habláis de literatura, de ciudades y de mujeres –es un tema común–. J. se inclina por la teoría del doppelgänger. A última hora, un tapón de ron acaba con tu estómago masoquista. La noche termina tarde, aunque no tanto como preveías. Desde las doce es el día internacional de la poesía. Ha entrado la primavera. Y sólo tienes clara una cosa: Loopoesía es amor.