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Entradas

Pues ya

 –Oye, que decías que ibas a regresar a este blog y nos tienes abandonados. Otra vez. –Ay, lo siento, de verdad. Llevo unas semanitas... –Ya, pero es que si no cumples tus promesas, pues no las hagas. –Tampoco es eso, que dije que volvería a poner cosas poco a poco. –Y tan poco a poco. Vamos, que casi llevas un mes desde la última tontería. Para eso no te pongas, déjalo como estaba y fin.  Para poca salud, ninguna.  –Bueno, quizá tengas razón. Pero es que me daba tanta pena no volver aunque fuese un poquito.  –Sí, claro, como visitar a la familia lejana. La quieres mucho cuando vas, pero no vas nunca, así que no la querrás tanto. –Mira, tampoco te pongas así, que bastante que contesto a tus impertinencias. Tampoco tengo obligación de hacerlo. –¡Cómo que no! Quién crees tú que te hace escribir, ¿tu vocación? Pues no, soy yo, que siempre tiene que iniciar el texto. Si fuera por ti, no escribirías una línea. –Claro, como si tú teclearas algo. Aquí el que está moviendo los deditos sobre el

Medidas

No sé, me pongo a escribir sin saber muy bien de nada. Porque esa es la sensación que tengo –supongo que la tienen todos–, que nadie sabe nada de nada. Se toman medidas, se cierran comunidades y municipios, se imponen toques de queda... se piden sacrificios. Y uno lo respeta todo, o trata de hacerlo, confiando en que todo esto sirva para algo, convencido de que los que mandan saben algo y que algún sentido hay detrás de las medidas. Pero poco a poco, día tras día, uno comienza a desconfiar, a estar cansado de la aleatoriedad de todo. Porque todo suena a arbitrario, a que se hacen cosas porque sí, para probar, también para quedar bien y dar la sensación de que se sabe algo. Y con la ley se elimina muchas veces el sentido común.  El otro día caminaba solo por la calle. Antes de que se iniciara el toque de queda. Volvía a casa de madrugada por las calles de Murcia. No había un alma, las calles estaban desiertas... Y, sin embargo, cuando me bajaba un poco la mascarilla para respirar sentía

Libros gemelos

Por cosas del azar y de los ritmos editoriales, en un mes he publicado dos libros. Son dos libros diferentes y, a la vez, gemelos. El arte a contratiempo reúne los textos sobre arte y temporalidad que he escrito en los últimos diez años. El don de la siesta es un pequeño ensayo narrativo sobre la siesta como un arte de la interrupción que he escrito en unos pocos meses. Un ensayo en el límite de lo académico –por momentos denso y filosófico– y un ensayo ligero y breve que linda con la memoria y la confesión. Dos libros formalmente antagónicos pero atravesados por un mismo impulso y una intuición común: la necesidad de encontrar modos de experiencia alternativos a los ritmos impuestos por la temporalidad capitalista. El arte como resistencia al tiempo moderno. Y la siesta como una especie de arte de la detención. Cerrar los ojos y frenar el tiempo en mitad del día como una suerte de performance o acción que contraviene la lógica productiva del mundo moderno.  De alguna manera, El don

Volver, una vez más

¡Cuánto tiempo sin entrar por aquí! Casi un año hace ya de la última entrada. Ni siquiera subo las entregas semanales de mi diario en La Verdad. Y mira que lo prometí –no sé a quién, quizá a mí, pero el caso es que lo prometí–. No tengo remedio. Pero hoy, no sé por qué, llevo todo el día pensando en que voy a recuperar este espacio. No sé tampoco las veces que lo he dicho en los últimos tiempos. Que lo voy a recuperar, que empezamos de nuevo, que es una pena que este "no (ha)lugar" se pierda. Y esta va a ser una de tantas. Un nuevo comienzo. Otra vez más. También lo escribí aquí: estoy cansado de las redes sociales, del odio de Twitter, del diseño terrible de Facebook... añoro tanto aquellos inicios de la web... Sin megustas, sin reestricciones, sin esa saturación visual que te rompe los ojos, sin la publicidad constante cada tres posts, sin tanta mierda, la verdad. Tal vez sea por eso por lo que hoy me he levantado con ganas de resucitar esto y quitarle las telarañas. Y tamb

Abandono

Está el blog abandonado y desolado. Una vez más. Esto es ya una constante. Comienzo y, al poco, freno. Son demasiados frentes abiertos. Pero me resisto a que esto se acabe. Aunque siga funcionando como un zombi. Tendrá momentos de resurreción. Voy a ir poquito a poco subiendo todas las entradas de mi diario de escritura de La Verdad, para que al menos estén aquí recogiditas. Eso sí, dadme tiempo. Ahí, en esas entradas, se ve la locura que llevo entre manos.

Tiempo por venir 39

[Publicado en La Verdad, 26/01/2020] Lunes 12 de enero Todo el día escribiendo, estructurando el librito sobre la siesta. Figuras de la siesta, ideas, notas. Lo difícil es ponerlo todo en orden.              Sigues buscando libros y artículos. Piensas que es muy probable que acabe yéndosete de madre porque ya tienes material para un ensayo largo. Pero eso no es lo que quieres hacer. Tendrás que contenerte. Sólo sales de casa para ir al fisio. Creías que estabas bien, pero en cuanto comienzas a caminar notas el dolor.             Llega una buena noticia. La oportunidad de traducción al francés de ‘El dolor de los demás’. Con ‘Intento de escapada’ fue todo más rápido y te emocionaste. Salieron traducciones en editoriales importantes, pero después no tuvieron el éxito que los editores habían imaginado. Así que nadie se atrevió con ‘El instante de peligro’. Y con ‘El dolor de los demás’ está costando. Es un arma de doble filo que te publique una grande. Ahora lo sabes. Te hi

Tiempo por venir 17

Lunes 12 de agosto  Despiertas en Cali a las cuatro de la mañana. Se te olvidó silenciar el móvil y el repartidor de Correos te pregunta si vas a estar en casa esta tarde. Me pilla algo lejos, contestas. Apagas el móvil e intentas volver a dormirte. Pero entre el jet-lag y la luz que comienza a entrar por la ventana ya no hay manera.              Pasas la mañana en el hotel y acabas de leer ‘El olvido que seremos’. No cesas de subrayar pasajes: “La felicidad está hecha de una sustancia tan liviana que fácilmente se disuelve en el mercado, y si regresa a la memoria lo hace con un sentimiento empalagoso que la contamina y que siempre he rechazado por inútil, por dulzón y en últimas por dañino para vivir el presente: la nostalgia.” “La cronología de la infancia no está hecha de líneas sino de sobresaltos. La memoria es un espejo opaco y vuelto añicos, o, mejor dicho, está hecha de intemporales conchas de recuerdos desperdigadas sobre una playa de olvidos.”. Tras cerrar el libro,

Tiempo por venir 16

Lunes 5 de agosto  Pasas la mañana preparando la conferencia de la próxima semana en Colombia. Recortas, pegas, adecúas al contexto, te cuesta trabajo escribir nada nuevo. Sientes que ya has dicho todo lo que tenías que decir sobre el arte de historia. Te cuesta trabajo escapar de la sensación de la impostura.              Ahora mismo quisieras hacer cualquier otra cosa menos preparar esta conferencia. Piensas en tu novela, en los textos que ya estaban encaminados y que ahora tienes que demorar. Te ha vuelto a suceder: dijiste que sí creyendo que no iba a llegar el día, y el día, como no podía ser de otro modo, ha acabado llegando. Por la tarde, barbería. Murcia está desierta en agosto y las calles queman.  Pasas por la librería y compras ‘La razón estética’, de Chantal Maillard. Lo necesitas para la conferencia y no lo encuentras por ningún lado. Sabes que debe de estar en alguna estantería, pero no logras dar con el libro. Cuando –si todo sale bien– te mudes a otra casa, te

Tiempo por venir 15

Lunes 29 de julio Alhama de Aragón. Balneario. Tranquilidad. Semana de agua y lectura. Pasas la mañana en el lago y comienzas a leer ‘Los crímenes de Alicia’, la novela de Guillermo Martínez que ganó este año el Nadal. Un thriller sin pretensiones. Entretenido, pero se le ven todas las costuras. Aun así, lo lees con mucho gusto.              Después de la siesta, llega un mail con las pruebas de imprenta de ‘Demasiado tarde para volver’. Al final parece que se va a acelerar la publicación y quieren sacarlo para septiembre. Lees de nuevo todos los cuentos. Hay muchos que se siguen sosteniendo. Otros, lo sabes, son hijos de su tiempo –once años atrás– y ahora no los escribirías. Pero todos han salido del mismo lugar y están cargados con las mismas obsesiones.              Antes de acostarte, miras pisos en Idealista. No puedes dejar de pensar en eso. Es puro vicio. Martes 30 de julio Nada más levantarte, vuelves a los pisos. No se te van de la cabeza. Te gustaría estar ya en

Regresa otra vez

Creo que ya nadie se pasa por aquí. Yo soy el primero que he dejado esto abandonado. Intento recuperarlo una y otra vez y acabo fracasando. No digo que esta ocasión va a ser la de verdad, pero voy a intentarlo de nuevo. Darle un poco de vida. De momento, he comenzado a subir las entradas –al menos, los links– de "Tiempo por venir", el diario que desde mayo he comenzado a publicar en La Verdad. Supuestamente es el diario de escritura de una novela, pero sucede que la novela no acaba de llegar y lo que escribo se ha convertido más en un medio de convocar la escritura que en otra cosa. Una sala de espera.  También voy a comenzar a subir poco a poco aquí las entrevistas y las cosas que vaya publicando online. He abandonado unos meses las redes sociales y creo que el blog se va a convertir en el repositorio de todas esas cosas que linqueaba en Facebook o Twiiter y luego se las llevaba el viento. Lo he escrito en más de una ocasión: creo que el blog tiene más memoria que las red

El autor se confiesa (Sobre 'El dolor de los demás')

El dolor de los demás  es una novela que reflexiona sobre su propia creación, de modo que mucho de lo que puedo decir acerca de su proceso de construcción está ya contado en sus páginas. Inicié la escritura en serio en julio de 2016, justo después de regresar de un curso académico en Estados Unidos. Ése fue el momento en que me senté frente al ordenador y me encerré en mi despacho durante varios, hasta terminar una primera versión muy preliminar en abril de 2017. Sin embargo, el libro comenzó a gestarse dos años y medio antes, mientras seguía enfrascado en mi segunda novela,  El instante de peligro . En octubre de 2014, tras una conversación con Sergio del Molino, empecé a pensar seriamente en la posibilidad de escribir acerca de una historia que hacia casi veinte años que había estado posponiendo –el crimen que mi mejor amigo cometió una nochebuena–. Sentí que había llegado el momento. En primer lugar, porque, como sujeto, ya tenía la distancia suficiente para plantar cara a un traum

Tiempo por venir 14

Lunes 22 de julio Te despiertas con la noticia terrible. Ha muerto el hijo de un amigo escritor. Lo ha vuelto a azotar la tragedia. Por un momento tratas de ponerte en su cabeza y te das cuenta de que es imposible hacerlo. Ningún dolor es comparable al de la pérdida de un hijo. Tú, afortunadamente, no lo has vivido. Pero intuyes que nada debe de doler más que ver morir a quien has dado la vida.  Durante todo el día no puedes dejar de pensar en eso. En el sinsentido, en que la vida se hace trizas en un instante y entonces de nada sirve todo lo demás. Aunque no logras concentrarte, lees por la tarde a Georges Didi-Huberman para el texto sobre Hamilton. 'Remontajes del tiempo padecido'. ¿Cómo hacer que las imágenes vuelvan a significar algo para nosotros, las imágenes, como las del Holocausto, que tantas veces se han mostrado y ya han perdido su fuerza? Según el historiador francés, la clave está en el contexto, en volverlas a montar y hacer emerger su detalle, su singulari

Tiempo por venir 13

Lunes 15 de julio  Aunque sigues de baja, te acercas a la universidad. Tutorías sobre tesis que acaban y tesis por venir. Después, elección de horarios. Te queda relativamente bien el cuatrimestre. No puedes evitar ya comenzar a pensar en el curso próximo y establecer rutinas para todo el año. Días de trabajo en la universidad, días de trabajo en casa, investigación, docencia, lectura, escritura... Sabes que todo se desmoronará en cuanto empieces y que no cumplirás nada de lo propuesto. Pero aun así lo necesitas. Listas de tareas y horarios pautados. Puntos de apoyo a los que regresar cuando todo se descontrole. Te acercas a Diego Marín y compras varias novelas de ciencia ficción. Nada más llegar, comienzas a leer 'El velo del sol', de Johanna Sinsalo. Lo venden como un cruce entre Margaret Atwood y Kurt Vonnegut. Un futuro distópico, un Estado totalitario, una sociedad en la que ciertas mujeres solo son objetos sexuales. Tomas rápidamente la idea. Pero lo aguantas menos d

Tiempo por venir 12

Lunes 8 de julio  Dentista y barbero por la mañana. Están cerca y últimamente sueles combinar la visita. En uno callas, en el otro no paras de hablar.  Por la tarde, el traumatólogo te quita los puntos de la rodilla. En unas semanas estarás como nuevo. Pasas por la universidad, corriges los exámenes de julio y haces tiempo para la presentación de la novela de Francisco Díaz Klaassen. Lo conociste en Ithaca y rápidamente congeniasteis. Aún recuerdas las tardes convertidas en noches, las conversaciones sobre literatura y vicios inconfesables y las cantidades industriales de cervezas ingeridas. Y también los regresos etílicos a casa, subiendo la colina entre la nieve desde el Downtown. 'En la colina', la novela que ha publicado Candaya, te conduce a ese tiempo que aún guardas como un sueño. Para el protagonista del libro, sin embargo, esa ciudad universitaria norteamericana es una pesadilla. Y la novela se despliega como una carta de desamor y reproche, una caída al fango, un

Tiempo por venir 11

Lunes 1 de julio Te levantas temprano y comienzas la novela. Por fin. Durante toda la mañana, ensayas tonos y puntos de vista. Es, sin duda, lo más difícil. Tienes la historia. Esquemas y mapas. Una fotógrafa en crisis que recibe el extraño encargo de realizar el retrato de un difunto. Hoy, en pleno siglo XXI. A partir de esa premisa has esbozado los personajes, los escenarios, los conflictos y el posible desarrollo del relato. El esqueleto de la historia. Tienes en la cabeza el principio, los puntos de giro e incluso el final. Sobre todo, el final. Un final aproximado. Pero te falta lo más importante. Quién cuenta, desde dónde y cómo lo cuenta. La voz, el tono, la perspectiva. El narrador. Pruebas una tercera persona, pero no acaba de funcionar. Tampoco una primera. No sabes entrar en la mente de la fotógrafa. Prefieres que sea un personaje cerrado.  Pasas horas y horas dándole vueltas y al final acabas llegando a una conclusión: necesitas un narrador testigo. Es el que mejor sab