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15/9/14

Presente continuo (Semana del 5 al 11 de septiembre)

VIERNES 5 / Reencuentro
Te cuesta trabajo abrir los ojos. Todo el cansancio del mundo ha caído sobre ti. Y ahora hay que volver a la normalidad. Vas por la mañana al gimnasio e intentas sacarte de encima alguno de los litros de cerveza que has bebido durante el viaje. Corres un poco en la cinta y sientes que el cuerpo te responde. La normalidad también llega a la biología.
Escribes el “Presente continuo” durante la siesta, lees un poco de La tía Julia y el escribidor y decides abandonar el libro. Lo pones junto al último de Pamuk. Quizá lo retomes más adelante. Por alguna razón, no tienes la paciencia suficiente para seguir.
Por la tarde llevas a R. al fisioterapeuta y, mientras está en la sesión, entras en la librería y compras La fiesta de la insignificancia, de Milan Kundera. Tiene pocas páginas y la letra muy grande. Eso te gusta. Sabes que es banal y prosaico fijarse sólo en la extensión. Pero ahora para ti el tamaño sí importa. No tienes en estos momentos la cabeza para demorarte demasiado tiempo en mundos ajenos. Ya volverán esos días. Los de ahora prefieres experimentarlos. Hay tantas cosas que tienen tu mente eclipsada que difícilmente te concentras en algo distinto al presente.
Cenáis con L. y M. en Murcia. Como siempre, la conversación es agradable y pasáis un rato muy a gusto. R. se resiente un poco del pie y la llevas a casa. Después, regresas a la ciudad y acompañas a L. y M. al Lemon Pop. Allí te encuentras con J. y con media Murcia. Escribes un tuit: “El Lemon  Pop es la vuelta al cole de los modernos”. Es un momento de música y reencuentro. En esta ocasión el reencuentro es real. Como dejaste Facebook a principios del verano, no sabías nada de la mayoría de amigos a los que saludas. No has visto las fotos de sus vacaciones, de sus libros, de las películas que han visto… Ese no saber te inquieta y al mismo tiempo te produce una nostalgia de los viejos tiempos, de esos en los que nadie sabía nada de nadie, en el que apenas conocías dos o tres cosas acerca de la gente con la que te encontrabas, esos tiempos en los que todos erais anónimos y desconocidos. Ahora ya nadie cuenta nada directamente. Tienen miedo de ser redundantes. No dicen “he ido de vacaciones a Madeira”, porque ya han colgado las fotos del viaje y si no las has visto te has perdido el momento en que esa experiencia fue compartida. Nadie ya cuenta nada en privado. Nadie repite al oído de los otros eso que ya han puesto en su estado de Facebook. Las experiencias ahora se recuerdan una sola vez, en público. Y nunca más.
En el festival querías escuchar sobre todo a The Pains of Being Pure at Heart. Su canciones han sido tu banda sonora durante la última semana y no te las sacas de encima. Sin embargo, en directo no llegan a emocionarte. Lo ves todo con distancia. De nuevo, estás fuera de la escena. Estás en otro lugar. En una luna que poco a poco comienza a situarse sobre la ciudad. Una luna que más tarde acompaña tu flânerie nocturna por las calles solitarias. Una luna que después se queda en tu retina incluso después de mil parpadeos.

SÁBADO 6 / Demasiados libros
Resaca importante. Dormitas por la mañana y mientras desayunas te ves desbordado por los suplementos culturales de los periódicos. Demasiados libros por leer. La réentrée te causa estrés y excitación.
Por la tarde, vuelves al gimnasio. Esta vez la carrera es corta. Los excesos de ayer te pasan factura. Con el cuerpo sudado y la cara roja, te encuentras con E. y habláis del viaje a Alemania. Y de Stoner. Y de lo que no está escrito.
Después, compras un kebab y te sabe a gloria. Ves un episodio de Extant y sigues fascinado con la serie. Antes de dormir, intentas leer algo pero se te cierran los ojos. El cuerpo también tiene sus límites.

DOMINGO 7 / Nostalgia
Comienzas hoy a escribir el texto sobre la pintura de Prudencio Irazábal. Es uno de los pintores que más te interesa, pero poner tu mente en “modo crítico de arte” te cuesta horrores y notas que lo que antes habrían sido unas horas, ahora va a ser más de una semana.
Por la tarde, lees los trabajos de fin de grado que evalúas mañana. Después, vas con R. a ver la reposición en pantalla grande de Cinema Paradiso. Casi empiezas a llorar desde los títulos de crédito. Es una película llena de recuerdos. Está en el límite de lo fácil, pero no puedes evitar que te toque directamente. Conforme avanza la película empiezas incluso a temblar en el sillón y a sollozar. Es la emoción por lo que ves, pero sobre todo por el recuerdo de la primera vez que te emocionaste al verla, una especie de nostalgia de la nostalgia. Te das cuenta de lo que has cambiado y de cómo algunas cosas a las que antes no diste importancia ahora te hacen arder por dentro. Ocurre sobre todo en la parte final, la del regreso, ocurre en los ojos del protagonista al volver a casa, en el avión, el reflejo de su rostro en el cristal, en la añoranza, en la imposibilidad de recobrar el paraíso perdido, en esa sensación de que algo del pasado permanece para siempre en el mismo lugar, y que nosotros siempre estamos partidos, divididos, escindidos entre eso que hemos llegado a ser y eso que se quedó allí, en ese lugar, varado para siempre. Son estos momentos los que ya no te sueltan en toda la noche. Especialmente, la escena final, la de los besos que no pudieron ser dados, que, en acción diferida, se consuman en el presente, como si la historia de amor con el cine acabase también con un beso; con un beso pospuesto, demorado, aplazado, sólo posible en un tiempo diferente. Pocos finales en la historia del cine tienen esa poesía y esa capacidad para cerrarlo todo. Cerrar la película, cerrar la historia, cerrar la distancia entre dos labios, cerrar ese vacío entre fotogramas que había quedado truncado como un hueco en el tiempo. Un anudamiento de la memoria que aparece bajo la forma del entrelazamiento entre dos cuerpos. Una historia de amor. 

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LUNES 8 / Inquieto
Tribunal de trabajos de fin de grado durante toda la mañana. No estás convencido de que sirvan para mucho. No tienes confianza alguna en este sistema universitario. Por la tarde terminas el texto de Irazábal para el tarjetón de la inauguración y lo envías. No sabes si estás contento con el resultado. Te ha costado encontrar el tono preciso.
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Conforme avanza el día te notas inquieto y ansioso. Abres el frigorífico cada dos por tres. Comes sin hambre. Es la luna, te dicen. La luna llena. Será eso, piensas. Eso y la vuelta a la normalidad, la vuelta a la rutina. Reuniones, trabajos, papeles…, y tú sólo quieres terminar tu novela.

MARTES 9 / Alterado
Sigues inquieto y alterado. No has dormido bien. Por la mañana, en el consejo de departamento, se te cierran los ojos. Al terminar, lees como puedes el trabajo de Fin de Máster sobre el diseño y la estética que tienes que evaluar por la tarde. Comes y rápidamente sales para el campus de Espinardo. El calor es insoportable. A la vuelta, visitas a E. y el tiempo se para durante un momento. Respiras y tomas aire.
Por la noche, comienzas a traducir tu curriculum para el proyecto de Cornell y preparar un archivo con una bibliografía previa para tu proyecto. Acabas de madrugada.

MIÉRCOLES 10 / Libros a su tiempo
Mañana de reuniones en la universidad. Casi no haces nada. Otra mañana en blanco. Tienes que aprender a dosificar el tiempo en el despacho.
Por la tarde vas al gimnasio. Acabas reventado y con agujetas.
Por la noche terminas de leer La fiesta de la insignificancia. Kundera nunca ha sido uno de tus autores. Es cierto que La insoportable levedad del ser te marcó la adolescencia. Nunca le has visto esas virtudes que otros describen. De adolescente, ese libro fue para ti como El lobo estepario, de Hermann Hesse, un libro generacional, que parecía escrito para ti en ese momento. No has vuelto a ninguno de los dos, pero tienes la sensación de que no te gustarían ahora. Cada libro tiene su momento. Y quizá se que este último de Kundera no te haya cogido en su momento. Es cierto que hay momentos de sabiduría, pero poco más.
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JUEVES 11 / Luna
Por fin, esta mañana escribes. Vuelves aunque sea momentáneamente a la novela. Planificas. Miras el calendario. Dos meses, quizá tres para tener una versión relativamente legible.
Tienes agujetas del gimnasio, pero extrañamente te han subido la libido. En la siesta, con R., no puedes reprimirlo.
Por la noche hablas de literatura con A., cenas con J. y luego dais una vuelta por la ciudad. Hace un calor tremendo y la belleza femenina te deja fascinado. Después os encontráis con N. y os tocáis las barbas. La tuya está en el límite de ser excesiva y ya va pidiendo un recorte. Pareces un oso, casi un hombre lobo. Antes de volver a casa, das un breve paseo por las calles de la ciudad. La luna sigue ahí arriba. La miras de reojo. Apenas unos segundos. Contienes la respiración. Ha comenzado a menguar y al final no te has convertido en lobo. O eso, al menos, es lo que crees. Aunque muerdas y arañes, tus colmillos son de leche.


Presente continuo (Semana del 29 de agosto al 4 de septiembre)

VIERNES 29 / Hamburgo
Sales para Alemania temprano. Hamburgo, Berlín y Dusseldorf. Tres ciudades en las que presentarás la edición alemana de tu novela. Estás nervioso, entusiasmado, inquieto y lleno de responsabilidad. En el viaje escribes el “Presente continuo” y lo envías desde Hamburgo. Nada más llegar, caminas hacia la librería en la que mañana será la presentación. Has quedado con el librero para dar una vuelta por la ciudad y preparar el evento. Por el camino te encuentras con una especie de feria cerca del Alster llena de gente comiendo salchichas y bebiendo cerveza. Parece una estampa típica que alguien ha puesto allí para ti.
La librería Sauttier + Lackmann es una especie de paraíso para perderse. Comienzas ya en ese momento a darte cuenta de la cantidad de libros en alemán que no han sido traducidos a ningún otro idioma. Todo un mundo de teoría e historia que quisieras leer. Te sientes absolutamente frustrado por no entender nada y empiezas a barajar la idea de estudiar alemán cuando vuelvas. Es falso que el inglés sea la herramienta para todo.
F. te da una vuelta por la ciudad y habláis del libro, del arte contemporáneo y de la situación de las librerías. Después de cenar te lleva al barrio de Sankt Pauli y te enseña los sitios míticos del underground. Intuye, por lo que ha leído en tu novela, que te interesan los lugares más oscuros y sucios. Y te muestra algunos de ellos. Cuando llegas al hotel, no cabe en tu cuerpo una gota más de cerveza.
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SÁBADO 30 / Lectura
Tienes la mañana libre. Das una pequeña vuelta por la ciudad, paseas en torno a esa especie de lago que parece formar el río Alster de camino hacia el Elba. Te sientas en un banco y una cabeza te interroga. Intentas leer pero no puedes. Tienes la mente distraída. Estás es una especie de luna de la que no quieres bajar.
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Por la tarde es la lectura. Antes, te entrevistan para un programa de radio sobre crímenes y literatura. Te hace gracia cómo la novela cambia de interpretación según el contexto. Para el entrevistador, Intento de escapadaes una novela negra sin cadáver.
Después, la lectura funciona bien. Lees unos fragmentos de la novela en español y F. lee otros en alemán. Luego, M. pregunta y traduce tus respuestas en el debate. Es un formato típico en Alemania. La gente paga una entrada para escuchar a un escritor leer trozos de su obra, casi como si asistiera a un concierto. Eso sería impensable en España. Ni gratis.
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Tras la lectura, cenas con J., J. y A. en un barrio cool de Hamburgo. Mientras lo hacéis, una manifestación pasa cerca de vosotros, comienzan a llegar coches de policía y por un momento temes que se vaya a montar algo peligroso. Al acabar la cena, te acercas a la Literaturhaus, donde se clausura “La noche de los libros”, el evento en el que has participado. Allí te encuentras de nuevo con F. y, antes de despedirse, dice: “tomamos la penúltima”. Bebéis varias cervezas junto al río. Se juntan dos alemanes más. Uno de ellos es un sindicalista importante. Bebéis por la amistad. Y en un determinado momento crees incluso comprender el idioma.

DOMINGO  31 / Berlín
Tomas el tren hacia Berlín. En el viaje intentas leer pero no puedes. Corriges un poco la novela, quitando erratas y poco más. Llegas justo para una entrevista con la radio. La haces en inglés. Un desastre. Afortunadamente sólo será el ruido de fondo, con el alemán superpuesto. La periodista ha leído el libro. Le han impactado las imágenes duras y tenía miedo de encontrarse contigo. Es curioso cómo muchas veces aún confundimos al escritor con sus personajes.
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Tras la entrevista, tienes apenas cuatro horas antes de la cena con tu editor. Decides ver una sola cosa: el Altar de Zeus en Pérgamo. Casi sufres un Stendhal. Aunque enseguida te sacan de ahí las multitudes sedientas. Es imposible andar, absolutamente imposible. Las cámaras de los móviles lo inundan todo. Lo más difícil en un museo es ahora no estar dentro del plano de una fotografía. Casi tienes más cuidado con eso que con tropezar con una escultura.
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Luego apenas dispones de unos minutos para ir al Reichstag y a la puerta de Brandemburgo. Aunque sea testimonialmente. Tienes que volver, sin duda.
Llegas justo a tiempo para la cena con M., el editor de literatura hispana de Wagenbach. Habláis de literatura y de libros, y de lo mal que está el negocio para las editoriales independientes en todos los lugares; no es algo propio de España. Hablas constantemente. Hablas demasiado. Quieres agradar y te das cuenta que estás en el límite de ser pesado. Te pellizcas en el muslo cuando te das cuenta.
Te quedas en el hotel relativamente temprano y das una pequeña vuelta solo. Es una manera extraña de estar en la ciudad. Cuando te acuestas intentas elegir la cabecera perfecta. Entre tantos cojines y cabeceras siempre te equivocas y conforme avanza la noche comienza a dolerte el cuello.

LUNES 1 / Historias vivas
Das una vuelta por varias librerías. De nuevo, el paraíso. Y de nuevo, la frustración. Todo en alemán.
A las doce M. viene a buscarte para llevarte a la editorial. Allí conoces a todo el staff. Conoces a S., la directora, a las chicas de prensa y a la gente de administración. Coméis en la propia editorial. Escuchas la entrevista en la radio y te hace gracia cómo pronuncian tu nombre. En todo momento tienes la sensación de estar en un lugar histórico, un espacio mítico de la edición independiente. Cuando ves tu libro entre los demás, se te saltan por un momento las lágrimas. Jamás habrías imaginado algo así.
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Por la tarde es la lectura. Sientes, mientras lees algunos fragmentos, que te gusta lo que hay escrito. Te emocionas con algunos pasajes. Es la primera vez que te pasa. La primera vez que crees que ahí hay cosas que quizá merezcan la pena. La primera vez que adviertes que las historias ya no te pertenecen y han tomado cierta vida. Lo percibes cuando te preguntan por Omar, por Montes, por Helena, por Marcos, por lo que ocurre en el libro. Sólo en ese momento te das cuenta de que escribir es crear mundos que a veces habitan lo real.
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MARTES 2 / Dusseldorf
Viajas con M. a Dusseldorf. Tardáis cuatro horas y media y habláis de literatura, de arte y de vida. Antes de la presentación tomáis unas cervezas en la plaza del mercado. Parece Murcia, repleta de gente en la calle a la hora del aperitivo.
La presentación también funciona bien. Firmas algunos libros sin saber muy bien en qué idioma hacerlo. R. os lleva a comer a un restaurante japonés y os dice que allí son tan típicos como los alemanes –no en vano, en la ciudad reside la mayor colonia de japoneses de Europa–. Despides a M. en el tranvía, le vuelves a dar las gracias por todo y le reiteras que para ti todo esto sigue siendo un sueño. Al llegar al hotel, entras un poco en Internet y compartes tu felicidad. Te duermes con la sensación de que esta experiencia es más de lo que mereces.
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MIÉRCOLES 3 / Vagar
Hoy es tu primer día libre. Te lo tomas con calma. Visitas museos sin ningún tipo de prisa, como si tuvieras todo el tiempo del mundo. En el K20 tienes una especie de reencuentro con el arte contemporáneo. Te emocionas delante de un cuadro de Pollock y te quedas casi una hora en la sala del expresionismo abstracto. Después, en el K21 también disfrutas de las obras y te sientas a experimentar Art must Be Beautiful de Marina Abramovic sin pensar en nada más.
Comes en una terraza. Llevas contigo un libro pero, de nuevo, no lo lees. Simplemente piensas, divagas, miras a la gente pasar. Repasas una y otra vez estos días. Quieres apresar todos los detalles, guardarlos en la memoria, retenerlos para poder evocarlos en el futuro, para ser consciente entonces de que un hubo un tiempo en el pasado en el que fuiste feliz.
Por la noche cenas con unos españoles. Te cuentan cosas sobre Dusseldorf y sobre los alemanes. Desmontan mitos. Aprendes. Te llevan al bar más antiguo de la ciudad y te hacen tomar un chupito picante que se clava en la garganta. Después, te quedas sólo y tienes que beberte varias cervezas para que se te vaya pasando el escozor. Paseas solitario por la ciudad con la cerveza en la mano, con extrañeza y familiaridad, como si lo que ves estuviera cerca y lejos al mismo tiempo, como si ese paseo fuera una rutina más de tu vida pero sabiendo, sin embargo, que va a ser muy difícil que lo vuelvas a repetir.
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JUEVES 4 / Regresar
Llegas al aeropuerto temprano. El viaje es cómodo. Logras salida de emergencia en los dos aviones. Lees un poco de La tía Julia y el escribidor, de Vargas Llosa. Te das cuenta de que es lo primer que consigues leer estos días. Tu cabeza vuelve momentáneamente a la normalidad.
De camino a casa, en el coche desde Alicante, sientes que poco a poco vas entrando en la realidad. Mañana se acaba el sueño y comienza la rutina. Mails, lecturas, textos, papeles. Lo necesitas también. La vida es eso. Te conformas pensando que los sueños hacen que todo lo demás se vuelva más dulce.
R. te espera y te enseña un fotograma de La gata sobre el tejado de zinc. No hacen falta las palabras. Después, habláis hasta más de medianoche. Hay tanto que contar y tantas cosas sobre las que meditar. Cierras los ojos tranquilo, feliz, reposado, con una conciencia de fin y de principio, con un sentido de “tiempo por venir” que se adueña ya tu presente.
Justo en ese momento, te acuerdas de que hace un año que comenzaste este “Presente continuo”. También estabas de viaje, en un congreso en Finlandia, y desde entonces esta escritura te ha acompañado todas las semanas. A veces te resta algo tiempo, es cierto, pero ya te has acostumbrado y se ha convertido en una especie de rutina de la que no puedes escapar. Ha modificado incluso tu visión del mundo, tu manera de experimentar las cosas. Ahora lo analizas todo, lo miras con cierta distancia pensando en escribirlo y dejar constancia de este presente. Sabes que cuando eches un vistazo hacia atrás encontrarás aquí la memoria de un año. El año que viviste continuamente. Un año del podrás reconstruir cada uno de sus días. No sabes cuánto más vas a poder seguir grabándolo todo. Quizá unos pocos meses, no más. Todas las vidas acaban por aburrir.

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5/9/14

Presente continuo (semana del 22 al 28 de agosto)

VIERNES 22 / Espacios innominados
Terminas temprano el "Presente continuo" de la semana y te pones directamente con la novela. Necesitas como sea acabar la revisión del capítulo que tienes atragantado. Le has dado todas las vueltas posibles y por fin hoy consigues sacarlo adelante. Cuando lo concluyes te sientes liberado, como si hubieras coronado una cima que se te resistía. Respiras un momento y tomas aire para continuar. El camino es largo y todavía te queda bastante tramo por recorrer. Y siempre, en todo momento, tienes en la cabeza el final, la última escena, la última frase incluso. La has escrito ya, sabes cómo acaba todo. Aunque hay un momento de vacío hacia final, un pequeño giro que aún no has pensado cómo solucionar. Ese espacio en blanco que media entre el lugar en el que estás ahora y el lugar al que quieres llegar es el que te guía, el que da fuerza para seguir, como si en el fondo escribieras para saber qué es lo que ocurre, cómo se soluciona todo. Escribir para descubrir, para conocer por qué la historia acaba en ese lugar que ya has escrito, por qué así y no de otro modo.

Por la tarde vas al gimnasio. Cada vez te sientes mejor. Aún miras tu cuerpo en el espejo y no acabas de reconocerlo del todo, aunque la mirada se ha acostumbrado antes de lo que imaginabas. Mucho antes que el tacto.

Por la noche ves la Supercopa en casa de L. Pierde el Madrid, pero no te afecta demasiado. Tienes la cabeza en otro lado. Por alguna razón estás eufórico. Es posible que sea el gimnasio, o que has superado el escollo de la novela, o quizá sea simplemente que comienzas a reconocerte, que regresas, que has vuelto a la normalidad.

Tras el partido, salís a dar una vuelta y os encontráis a M. y E. Percibes algo particular en el ambiente en Murcia, en los bares, en el alcohol, en la gente. Una alegría compartida, una sensación de fin y, a la vez, de regreso, de conmemoración de algo que no se sabe muy bien qué es.

La noche se alarga y te quedas con E. Cuando ya ha cerrado todo, os dejan entrar en un bar después de tocar varias veces a la puerta e inventar una excusa para convencer al portero. La conversación fluye. Libros, amistad, más que amistad, imágenes verdaderas e instantes de peligro. Bebéis y sin embargo la ebriedad es extraña, llega como a ralentí, a destiempo. Al menos a ti. Porque todo es distinto esta noche. Paradójico. Es como estar desdoblado y sin embargo presente. Y se todo se transforma en puro existir, mero estar, para nombrar vacíos que aún no habían recibido nombre, para habitar lugares que habían permanecido ocultos, espacios para detenerse, frenar el tiempo y convertir el presente continuo en elipsis, en imagen verdadera que no cesa de reverberar.


SÁBADO 23 / Cuerpo expandido
La resaca es monumental. Y sin embargo es mucho menor de lo que habías imaginado. Todo el día dormitas y divagas. Sigues ahí, en el mismo lugar. Por un lado está tu cuerpo y, por otro, tu mente, que intenta poner las cosas en orden sin demasiado éxito.

Poco a poco, a lo largo del día vas recuperando la normalidad. Y la normalidad entra a través de la novela. Comienzas a revisar el siguiente capítulo y te reencuentras en la escritura.

Por la tarde empiezas a leer Tocarnos la cara, de Belén Gopegui. Te interesa la idea de crear un espejo humano. Te recuerda por momentos a  La habitación oscura y a las novelas de Isaac Rosa. Sientes que ambos comparten un universo común, un interés por las emociones localizadas en lo social.

Extant sigue siendo tu serie favorita en estos momentos. Te gustan los dos nuevos capítulos. Por la noche, sueñas con extraterrestres y fines del mundo. Te despiertas sobresaltado y te vuelves a dormir. Y entonces sueñas que vuelas y puedes ver la tierra desde las alturas. Pero en el sueño no tienes cuerpo; no hay un lugar concreto en el que estés situado. Eres el viento, la atmósfera, las nubes, como si te hubieras convertido en pura consciencia, como si la materia se hubiera expandido y ya no hubiera dentro ni fuera, interior ni exterior, sólo un continuo infinito más allá de cualquier límite. Cuando despiertes lo recordarás todo. Y cuando lo escribas lo volverás a experimentar.


DOMINGO 24 / Historias de verdad
Escribes toda la mañana hasta la tarde. Es el cumpleaños de tu sobrino y lo celebráis en familia. Seis años ya. Apenas hace nada y, sin embargo, recuerdas aquel momento como perteneciente a un tiempo muy lejano. Han cambiado tantas cosas desde entonces… Algunas quizá regresen –ojalá– algún día; otras se han ido para siempre.

Después del cumpleaños, visitas a J. Está enferma y siempre te dice que no la llamas, que no vas a verla, que la tienes abandonada. Ella es como tu madre. Y tú siempre buscas excusas. Siempre hay tiempo para los demás, dice, para los libros, para el fútbol, pero no para ella. Y es verdad. En parte es verdad.

Te sientas en el patio junto a ella. Estás allí un rato. Le dices que la semana que viene te vas a Alemania. Y ella, como siempre que viajas a algún lado, no lo entiende. Que vengan a verte aquí, dice. ¿Es que no puedes dar la conferencia por teléfono?, pregunta. Te hace gracia su visión de las cosas. Pero quizá haya algo de razón en su ingenuidad. A veces hay que viajar, le dices. Hay que ir a los lugares. Estar allí es necesario, le explicas. Y le preguntas entonces por su gran viaje, cuando era joven. Tres años estuvo en Alemania, volviéndose los veranos. En tren. La primera vez que salía del pueblo, sin hablar ni una palabra de otra cosa que no fuera español, sin conocer ni siquiera el nombre del lugar al que iba, «sin saber nada de la vida, hijito».

Todavía relata el viaje como algo mítico. Y mientras lo cuenta con sus palabras, con sus propias metáforas, con sus giros, con sus elipsis, piensas que ahí también hay una historia. Una historia más potente que todas las que tú puedas contar, porque está llena de vida, porque es real. Porque es una historia verdadera. Y piensas entonces que todo el mundo tiene historias que contar, que no somos otra cosa que los relatos que nos damos, que la vida es pura narración, que la verdadera novela está siempre más cerca de lo que creemos.


LUNES 25 / Proyectos
Comienzas hoy el proyecto para solicitar una estancia en la universidad de Cornell para el año que viene. Un año académico. Si todo sale bien será un gran cambio en tu vida. Aún no lo tienes claro y, sin embargo, estás dispuesto a hacerlo, aunque al final no se dé la coyuntura para poder irte. Tienes que presentar un proyecto de investigación y el programa de una asignatura para un semestre. Pasas la mañana esbozando posibilidades e intentando concretar el tema. Sólo hay una cosa clara: tiene que girar en torno al tiempo. No se podría ajustar más a tus intereses.

Llega un regalo anónimo de Amazon. Un reloj de cocina. Te desconcierta. Piensas en que pueda ser una obra de arte. Y recuerdas las obras de On Kawara o las de Valcárcel Medina, la idea del arte como regalo, la idea de la vida como regalo. Sigue siendo extraño dar sin pedir nada a cambio. El don sigue siendo subversivo. Ofrecer, darse, entregarse. Te hace pensar. Te hace entregarte.

Las redes siguen llenas de gente tirándose cubos de agua en la cabeza. «Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha», o algo así. Qué lejos estamos de eso. La solidaridad y la publicidad son ahora  la misma cosa.


MARTES 26 / Distracción
Al gimnasio, temprano. Se te va la mañana en gestiones y compras. Por la tarde intentas escribir pero no te concentras demasiado. Tenías la cabeza en modo novela y ponerte ahora en «modo académico» te está costando demasiado. Mientras escribes el proyecto, notas que no funciona, que no avanza, que no hay manera. Demasiadas cosas por venir.

Por la noche ves el nuevo capítulo de The Leftovers y te reconcilias con la serie. Sólo al final ha conseguido remontar y tener sentido.


MIÉRCOLES 27 / Magia
Por la mañana, continúas con proyecto. Encuentras, al fin, la solución. Después de dar varias vueltas, optas por el camino más fácil: continuar con tu investigación sobre las prácticas de historia en el arte contemporáneo e intentar ampliarla hacia algunas cuestiones que te han interesado estos años y que están cerca de esa línea, la obsolescencia y el anacronismo. Así que eso es lo que planteas: anacronismos del arte contemporáneo. Comienzas a redactarlo. Te cuesta encontrar el lenguaje preciso y la estructura justa, pero consigues dejarlo trazado.

A mediodía te encuentras la sorpresa. Un ejemplar de Fluchtversuch, la traducción alemana de Intento de escapada, ha llegado por correo. Cuando abres el paquete y tomas el libro en tus manos sientes algo que no sabes realmente cómo expresar. Es tan especial, tan inimaginable, tan cercano a estar soñando, que paradójicamente lo experimentas con distancia, con frialdad, como si no fuera contigo, como si lo vieses desde fuera y te hubieses ido lejos para observarlo desde el otro lado. Luego, poco a poco, vas cayendo a la realidad y empiezas a ser consciente de lo que significa. Una especie de embriaguez extraña se apodera de ti y comienzas a estar de nuevo ahí, dentro del cuerpo, sintiendo la hechizo del instante. Hay algo de magia en todo esto, piensas. En esta vida, en estos momentos. Y en los que siguen. En que sean posibles, en que puedan ser experimentados, en que tengas el privilegio de vivirlos, de compartirlos, de habitarlos. Quisieras retener esta dicha para siempre. Algo permanecerá, sin duda. Algo tiene que quedar de este presente.

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JUEVES 28 / Preparación
Terminas el proyecto de investigación y el programa del curso y lo envías para traducir. El resto del día lo dedicas a planificar el viaje a Alemania: planchar camisas y pantalones, decidir qué meter en la maleta, ver dónde están los hoteles en los que te vas a alojar, apuntar cómo ir del aeropuerto a la ciudad, saber cuántas horas libres vas a tener para ver algo, cuándo y dónde son las presentaciones y las entrevistas, cómo vas a plantear las lecturas o qué libros vas a llevar contigo. Acabas, como siempre, a última hora. Ves un episodio de Extant, te tomas dos pastillas de Serenia y te vas a la cama. Te acurrucas junto a R. Mañana vuelve a ejercer de Penélope. Y tú vuelves a viajar solo, una vez más. Estás nervioso. Ilusionado y lleno de ganas, sí, pero muy nervioso. En el fondo sientes que todo esto te supera.

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26/8/14

Presente continuo (semana del 15 al 21 de agosto)

VIERNES 15 / La conciencia
No te das cuenta de que es fiesta hasta que te lo dicen. En vacaciones todos los días son iguales. Y hoy, como cualquier otro, escribes. Sigues el ritmo casi obsesivo de toda la semana.
A finales de la mañana vuelves al gimnasio. Esta vez te lo tomas con calma. No quieres forzar de nuevo y que te duela el abdomen. Así que corres un poco sobre la cinta y haces algo de bicicleta. Sientes tu cuerpo más ligero y apenas te tira la cicatriz. Aún no estás curado del todo, pero cada día las sensaciones son mejores. Después del ejercicio, entras unos minutos al Spa y consigues relejarte. Llegas a casa como nuevo.
Por la tarde, escribes el “Presente continuo” y lo acabas justo antes de salir a cenar con R. Una pizza en una terraza, un helado, un paseo tranquilo y vuelta a casa. Murcia está vacía, pero la noche es agradable. Pequeños momentos de felicidad.
En la tele ponen la Lolita de Kubrick. Te quedas viéndola hasta la madrugada con un Jameson con hielo en la mano. Ninguna película podrá hacer justicia a la novela, al lenguaje rico y sensual de Nabokov. Hay un lugar al que llega la literatura y al que jamás podrá aproximarse el cine: la conciencia. No hay gesto, ni mirada, ni acción que logre comunicar el flujo de pensamiento.

SÁBADO 16 / Escenas maestras
Madrugas y continúas todo el día la escritura. Pasas una y otra vez sobre los párrafos, removiéndolo todo. Sigues anclado en la segunda parte, recortando, rehaciendo, intentando hacerla más fluida.
En los descansos, comienzas a leer La vida nueva, de Orhan Pamuk. El comienzo promete: “Un día leí un libro y toda mi vida cambió”. Sin embargo, te cuesta seguirlo. El lenguaje es preciosista y en ocasiones demasiado lírico.
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Por la noche ves El resplandor. Habías visto escenas, conocías la historia e incluso habías leído fragmentos de la novela de Stephen King, pero todavía no habías tenido la oportunidad de ver la película entera. Y esta noche la disfrutas. Hay escenas que son el precedente de mucho del vídeo arte contemporáneo. No puedes evitar pensar en Bill Viola cuando ves la catarata de sangre saliendo a cámara lenta por el ascensor. Y también escenas maestras, como la cámara siguiendo al triciclo del niño por los pasillos. Es puro esteticismo y formalismo. La cámara se mueve, es un personaje más. No es sólo una ventana que muestra una escena, sino alguien que nos conduce dentro de ella, que nos arrastra al interior. Es, en ese sentido, una película absolutamente barroca. Espacio coextenso y teatralidad.
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DOMINGO 17 / Inmersión
Por la mañana escribes. Y también por la tarde. No descansas. Ves a lo lejos el final de agosto y quieres aprovechar cada momento. Sabes que cuando comiencen las clases va a ser más difícil continuar con esta inmersión.
Hoy estás inspirado. Comienzas a intuir la forma de la novela. Hay ahora cosas que comienzan a gustarte. Una frase en condiciones es capaz de alegrarte el día.
Sigues leyendo La vida nueva, pero no sabes dónde va. Es demasiado repetitiva, demasiadas vueltas sobre lo mismo, demasiado alegórica. Se te hace algo pesada y decides dejarla para más adelante.
Sales a andar por el río antes de cenar y consigues correr un poco. Te activas y con la excitación no puedes dormir y decides levantarte a escribir. Se te hacen más de las tres frente a la pantalla.

LUNES 18 / Inspiración
Te cuesta trabajo despertarte. La novela se te metió anoche en el sueño y te has levantado cansado y con dolor de dientes, como si hubieras estado apretando las mandíbulas. Se te ocurrió un título nuevo y has estado rumiándolo inconscientemente. Crees que funciona. Aunque aún necesita la prueba del tiempo.
A finales de la mañana, vas al gimnasio y entras un rato en el spa. Te relajas y al mismo tiempo te despiertas. El cuerpo se vuelve a activar. Aunque la mente en todo momento sigue estando inmersa en la novela, en su mundo, en su forma, en su estructuras. Te ha poseído por completo. No hay un minuto libre.
Escribes, desde ayer, el capítulo en el que el protagonista pasea por el pueblo norteamericano en el que se desarrolla la acción y recuerda los lugares que habitó la primera vez que estuvo allí. Tú los recuerdas con él. Abres el Google Earth y recorres de nuevo Williamstown. Es como volver a pasear, pasear en la imagen y al mismo tiempo pasear con la memoria. El personaje y tú hacéis el mismo camino. Hay entre vosotros una especie de solidaridad espacial.
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A media tarde, dejas de escribir y comienzas a estar atento a Internet: las noticias sobre el Murcia son malas. La Liga no acepta la sentencia del juez y decide no inscribirlo en Segunda A. Sólo queda un último recurso, el jueves, pero la cosa no pinta bien.
Después de cenar, quieres leer, pero esta noche el capítulo sobre el pueblo te ha capturado. Estás tan inspirado que, por momentos, tienes que frenar para respirar. Es una sensación curiosa. Te ha sucedido otras veces. Hay un instante en que la creatividad es casi como la náusea de Sartre. Tienes que frenarla para poder administrarla. Es como si te diera miedo dejarla fluir, como si no fuera razonable. Y tienes que pararte y salirte un momento de ti, y mirarla, y escribir sobre ella, y decirte «qué inspirado estoy». Y entonces todo se frena y vuelve a la normalidad.

MARTES 19 / Imágenes que duelen
Mañana de recados. Correos, paquetes, gestiones en el banco. Después, comida con R. No la veías desde hace casi un año. Junto a vosotros está sentado un jugador del Murcia e intentas poner atención a lo que dice. Las noticias, como intuías, son malas. Y las esperanzas, justas.
Comienzas a leer Amor perdurable, de Ian McEwan. Tenías ganas ya de entrar en algo del escritor inglés. Y lo que lees te gusta. El tono te interesa. Es el que buscabas. Menos relamido que Pamuk, pero tremendamente reflexivo. Un análisis perfecto y lúcido de la paranoia y de las relaciones humanas. Otro escritor a seguir.
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En la tele y en las redes sociales, una y otra vez, aparece el vídeo del degollamiento del periodista James Foley. No puedes mirar las imágenes. No logras aguantar su obscenidad. Es mentira que ya no importen las imágenes. Al menos, para ti. Es cierto que has escrito en más de una ocasión que hemos visto tanto que ya no vemos nada, que ya somos insensibles, como decía Susan Sontag, ante el dolor de los demás. Sin embargo, esas imágenes te atraviesan, te cortan, te salpican, se vuelven tremendamente reales. Algo está cambiando en ti. Es como si tu umbral de sensibilidad hubiera comenzado a existir.
Por la noche ves la final de la Supercopa. Termina a horas imposibles. La realización de TVE mostrando el rostro de Casillas y acto seguido el de Keylor Navas en el banquillo es puro montaje ideológico a lo Eisenstein. Demencial. La realidad se convierte cada vez más en narración.

MIÉRCOLES 20 / Abrir puertas
Investigas al mismo tiempo que lo hace el protagonista de la novela. Es curioso cómo el proceso ficticio de escritura se equipara al proceso real de investigación. Sería interesante trazar esos lugares vacíos entre la novela y la realidad, esos espacios donde las fronteras se diluyen y todo se vuelve borroso. Y es que estos días, en el fondo, tú vives entre dos mundos, el real y el ficticio. Y los dos se contaminan mutuamente.
Por la tarde, llevas a R. a urgencias con un dolor en el tobillo. Un pequeño esguince. Nada grave. Pero más vale prevenir.
Te quedas escribiendo hasta bien entrada la madrugada. Estás atascado en un capítulo. Pasas varias horas intentando estructurarlo. Piensas sobre todo en el equilibrio, en qué viene antes y qué va después. Hay un extraño momento en el que la escritura se convierte en medida. Es puro contrapunto. Dosificación. Vacíos y llenos. Armonía. Proporción. Ritmo.
De lo que te das cuenta es de que al final la novela te va a tomar más tiempo del que habías pensado. Te has autoimpuesto una fecha tope para terminar y ahora ves que no vas a poder cumplirla. Durante un momento te sientes desasosegado. Pero enseguida te relajas. Y llegas a la conclusión de que esta escritura es de las pocas cosas en esta vida que no deberían tener plazos. No caduca, no hay prisa. Es el propio texto el que impone el ritmo. Por supuesto, quieres terminar cuanto antes. Pero no por publicar. No. Eso es ahora lo que menos te interesa. Si quieres acabar lo que estás escribiendo es por una sola razón: para que los demás lo lean. Para comunicar y compartir ese mundo en el que vives en los últimos meses y que sólo es habitado por ti. Necesitas dejar que la gente entre a ese lugar, invitarlos, abrirles las puertas. Estás cansado de tanta soledad.
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JUEVES 21 / Caer al fango
Madrugas y escribes unas horas por la mañana antes de almorzar en El Yeguas con tus hermanos. Visitas también de modo rápido el taller de tu hermano y ves cómo trabaja directamente con la madera, tallando incluso con motosierra. Comprendes que la escultura no tiene ya ningún secreto para él, que ve claramente lo que hay dentro del bloque de madera y lo saca a la superficie, que ha convertido en cotidiano algo que para los demás es absolutamente extraordinario y excepcional.
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La tarde la dedicas a reuniones con doctorandos. Recibes uno detrás de otro como si fuera la consulta de un médico. Después, tomas una cerveza con M. y le recomiendas que sea menos intensa y más payasa, que el secreto para superar la inseguridad es no tomarse en serio a uno mismo y tirarse alguna vez al fango. Una vez has caído ya sólo queda levantarse. Y todo es más fácil.
Cuando llegas a casa te enteras de que el Murcia definitivamente ha bajado a Segunda B. Sientes impotencia. Incluso lloras. Es tu Real Murcia. Os han jodido bien. De este fango sí que va a ser difícil salir.

19/8/14

Presente continuo (Semana del 8 al 14 de agosto)

VIERNES 8 / Escritores de verdad
Despiertas temprano en Marbella. La ventana se quedó abierta y a las siete de la mañana todo el ruido del mundo ha entrado en la habitación del hotel. Te duchas, desayunas, metes el ordenador en la mochila y sales a dar un paseo. Te sientas en una cafetería frente al mar y allí intentas escribir el “Presente continuo” de la semana. Enseguida te quedas embobado viendo a la gente pasear y apenas puedes escribir unas cuantas frases.

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A las doce has quedado con R., el escritor que admiras, en el hotel. El resto de los ponentes de la mesa redonda ya han abandonado la ciudad y vosotros pretendéis hacer tiempo hasta que os recojan para ir al aeropuerto. Decidís caminar durante casi una hora por el paseo marítimo frente al mar. Aunque está lleno de veraneantes, la conversación es tan intensa que casi consigue que te abstraigas de la multitud. Habláis sobre literatura. Aprendes más en una hora que en varios meses. La temperatura es agradable. Coméis pescado frito en un chiringuito frente al mar y la conversación continúa. Escritores, libros, ideas, modos de plantear la escritura… percibes sinceridad en cada una de sus palabras. Sinceridad incluso cuando habla de tu novela y te deja claro que hay cosas que no le han gustado, que sigue esperando algo más, algo que está convencido que puedes dar. Es así como hablan los amigos, sabiendo que a veces la verdad no hiere, sino todo lo contrario. Eso es lo que más aprecias.
Ves en sus ojos el amor por la literatura. Lo ves cuando habla de escritores que admira. En un momento, cuando recuerda a David Foster Wallace, incluso se le humedece la mirada. Es un escritor de verdad. De esos que se toma en serio la literatura. De esos a los que algún día te gustaría parecerte. De esos que agradeces haber podido conocer.
Su avión sale un poco antes que el tuyo. Os despedís en la puerta de embarque con un gran abrazo. Te quedas un momento saboreando la situación, pensando en cómo han cambiado las cosas en el último año, en cómo este momento, esta sensación de “formar parte” –aunque sea una parte mínima y anecdótica– de un mundo que te fascina, todavía pertenece al dominio de los sueños.
En el avión hasta Madrid te da tiempo a terminar el “Presente continuo” en el iPad. Lo escribes con dificultad y estás convencido que va a llegar lleno de erratas. Mientras embarcas en el avión hacia Alicante pones punto y final y lo envías por correo.
En ese último vuelo comienzas a darle vueltas a la novela. Todo lo que te ha dicho R., todo lo que ya sabes. Sigues pensando en eso mientras conduces hasta casa, cuando, cansado del viaje, te acuestas y no puedes dormir, e incluso cuando R., tu mujer, se tumba a tu lado y tu cuerpo se despierta.

SÁBADO 9 / Estilo
Nada más levantarte comienzas las pruebas. Comienzas a cambiar la novela a tercera persona, más frío, menos empático. Pero no funciona. Eso lo descubres a las doce la noche después de estar todo el día encerrado. Cada historia pide ser contada de un modo. Aún así todo esto te sirve para estar alerta y fijarte en cosas que no funcionaban en Intento de escapada. Ahora pondrás más atención en el lenguaje, en el estilo, intentando evocar algo de lo que escribiste en Cuaderno […] duelo, aunque sin llegar al lirismo.
En los intermedios de escritura acabas de leer El palacio de la luna, que te acompañaba en las últimas semanas. Es una historia mítica, quizá la más típica de Auster. Pero las casualidades son excesivas. La semana pasada acabaste diciendo “el azar es una verdad poderosa”. Sin embargo hay un momento en que esa verdad, de tanto repetirse, se vuelve inverosímil o siniestra. Auster está en ocasiones en el límite de lo siniestro. De hecho, piensas que su uso del azar tendría más potencia si se alejase de lo maravilloso y dejara paso a lo terrible.
Por la noche ves Hannah Arendt, la película, y te hace pensar sobre la banalidad del mal. El mundo sigue repleto de burócratas anodinos del crimen. El mal está donde uno menos se lo espera.

DOMINGO 10 / Desafinado
Te levantas temprano y te pones de nuevo frente a la pantalla del ordenador. Desistes definitivamente de cambiar la forma de la novela y sigues con la revisión de lo que llevas escrito. Ahora es lenta. Te fijas en todos los detalles. A veces te gusta lo que lees. Otras sigues sin estar convencido y no sabes cómo vas a hacer que ciertos pasajes suenen bien. Todo es cuestión de tono, de sonido. Esa es la clave. Y lo que has escrito te sigue sonando demasiado sucio, desafinado, torpe. Vas a tener que volver sobre ello más veces de las que habías previsto.
Por la tarde viene tu suegra, tu cuñada y tu sobrino. Aunque te encierras al principio a escribir, al final el niño entra en la habitación y acabas jugando con él. Pintáis, escribís y luego tocáis un poco el piano. Todas las cosas son ahora nuevas, todas diferentes. Te gusta esa sensación. Pero P. es incansable. Su capacidad de volver a sorprenderse una y otra vez acaba siendo agotadora. Piensas que eso es lo que hace aburridos a los adultos, que las cosas nuevas dejan de serlo enseguida, cada vez más rápido.

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Después de la cena, vuelves a escribir hasta bien tarde. Antes de acostarte entras por casualidad en una tienda de e-books y descubres que ya están las primeras páginas de la traducción alemana de tu novela. Las descargas e intentas leerlas sabiendo que no vas a entender absolutamente nada. La dedicatoria es lo único que logras comprender. “Für Raquel, für alles”. R. se emociona. Tú duermes feliz.

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LUNES 11 / Ser injustos
Te levantas algo más tarde de la cuenta y trabajas. Cambias algunos párrafos. Pero no eres demasiado productivo. Por la tarde vas a comprar algunos libros. Coetzee, Vargas Llosa, Pamuk y McEwan. Los hojeas y ves que alguno está cerca del tono que quieres buscar.
Cuando vuelves, sales a andar por el río. Al final consigues correr un poco. Es la primera vez desde la operación. Notas que el cuerpo te responde. Regresas a casa contento.
En las noticias el ébola ha podido con el padre Miguel Pajares. En las redes sociales no paran las críticas al gobierno por haber gastado dinero en la repatriación mientras que el resto de los enfermos sigue muriendo. También proliferan los comentarios ácidos sobre cómo la muerte de un blanco, de un europeo, sale en las noticias con nombres y apellidos, mientras que la de los demás, los que mueren todos los días, apenas se convierte en un número sin rostro. Algo de eso hay, sí. Es cierto. Pero las cosas hay que reconocerlas. Miguel Pajares, como otros muchos, ha dedicado su vida a los demás mientras nosotros criticamos las ironías de la vida y los sinsentidos de este mundo desde internet, sentados en nuestro sofá y con el aire acondicionado a tope porque hace calor. Hay que tener algo especial –entre otras cosas, muchos cojones– para ir a combatir la pobreza y la enfermedad. Desde luego, es algo que a ti falta; lo tienes claro. Dar la vida por los otros, por las razones que sean –creer que serás recompensado en el cielo, o en la tierra, o en ningún lado–, está en el límite de lo humano –o quizá sea lo más humano–. Ése sí que es el espejo en el todos tendríamos que mirarnos. Es muy fácil criticar a la ligera. Pero es injusto. Al final, las noticias de la enfermedad y muerte del padre Pajares, esas que decimos que copan los titulares mientras mueren los anónimos, son apenas una anécdota, un fogonazo –como las de los propios estragos del virus–, frente a la absoluta importancia de la espalda de Neymar, las arcadas de Messi o la rodilla de Cristiano Ronaldo.
Por la noche lees los ensayos de un premio de crítica de arte del que eres jurado. Llevas ya un tiempo leyendo alguno en los ratos libres, pero la deliberación se acerca y se te echa el tiempo encima.

MARTES 12 / Dolor
Escribes desde bien temprano. Hoy sí que consigues avanzar algo más en la revisión. A finales de la mañana, vas al gimnasio. Vuelves después de dos semanas. Te sientes bien. No sabes aún que el dolor va a acabar regresando. Por la noche el abdomen se resiente y apenas puedes moverte. No aprendes.

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MIÉRCOLES 13 / Escritura pasajera
Reescribes y retocas los párrafos que supuestamente habías dejado acabados la noche anterior. Toda frase es ahora susceptible de ser eliminada. Toda palabra es pasajera. Tienes la sensación de que las páginas son dunas de arena. Cualquier cosa puede transformarse con un mínimo soplo de viento.
En la siesta el dolor es insoportable. Sin embargo, como por arte de magia –por arte de excitación, más bien–, desaparece durante el sexo. Vuelve de nuevo con fuerza al acabar.
Lees en las redes sociales que el Murcia sube de nuevo. Ya no sabes si alegrarte o no porque aún no es oficial. Prefieres esperar y ser prudente.
Por la tarde terminas de leer los ensayos del premio. Después, antes de acostarte lees Escribir, de Marguerite Duras. Sutil, delicioso, una pequeña joya.

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JUEVES 14 / Coetzee
Te levantas temprano para acabar de rellenar las planillas de evaluación del premio. A las cuatro y media es la reunión. Videoconferencia con Colombia. Tras dos horas y media dais por finalizada la deliberación. Respiras por fin. Te sientes liberado. Aunque apenas quedan quince días de agosto, sientes que sólo ahora han acabado tus obligaciones. Lo que resta del mes, lo dedicarás sólo a leer por placer y a escribir –también por placer–.
La tarde y la noche las pasas absorto leyendo La edad de hierro, de J.M. Coetzee. Tienes la sensación de que este escritor está a años luz del resto. Es inconmensurable. Todo lo que has leído de él te ha removido por dentro. Pero esta novela va incluso un paso más allá. Un mundo a punto de extinguirse, una mujer que ya no pertenece a ningún lugar, un amor áspero y agrietado. Es un libro terrible, tremendo, desolador. Lo cierras con el vello de la nuca erizado y con un extraño sabor a barro en la boca. Tomas algo de aire para respirar y apagas la luz. Las palabras siguen reverberando en tu cabeza hasta bien entrada la madrugada.

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11/8/14

Presente continuo (semana del 1 al 7 de agosto)

[Publicado originalmente en La Opinión]

VIERNES 1 / Agosto
Despiertas dolorido, una vez más. El abdomen te sigue molestando para todos los movimientos. Desayunas con J.A. en Murcia. Es agosto y todavía hay gente en la ciudad. Recuerdas cuando se vaciaba casi por completo y parecía un desierto. Te fascinaba esa sensación. Las calles solitarias, las plazas de aparcamiento vacantes, los bares sin clientes. Y sobre todo la experiencia de cruzarse con alguien, mirarlo con complicidad, con extraña solidaridad, y pensar “tú también estás aquí, en agosto, tú también sabes que ahora la ciudad es más sincera, que ahora nos pertenece un poco más”.

Aunque estás leyendo varias cosas a la vez y los libros se te amontonan en las estanterías, esta mañana no puedes evitar entrar a Expolibro y comprar algo, como si necesitases materializar el cambio de mes a través de la lectura. Te llevas a casa La larga noche, de Javier Mije, y la lees de una sentada. Te atrajeron mucho los relatos perturbadores de El camino de la oruga. Esta nueva novela te interesa por el desarrollo y el planteamiento (un escritor que recibe el encargo de escribir un guión sobre un episodio de la Guerra Civil). La idea de un escritor que escribe un libro acerca de cómo escribe un libro –o un guión– tiene que ver con lo que estás haciendo en tu novela. Es una fantasía literaria que te fascina, aunque quizá sea más lectura para escritores que para lectores. Ahora lees con gusto esta novela de Mije, aunque confiesas que la historia no se te mete tan dentro como lo hicieron sus relatos.

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Por la tarde, escribes el “Presente continuo” de la semana anterior. Acabas a última hora, como siempre sobre la bocina, cuando intuyes que ya están cerrando la redacción del periódico. La noche la dedicas a ver series.Extant y Utopía. Ambas siguen enganchándote.
 


SÁBADO 2 / Edad Media

Te levantas temprano para almorzar en El Yeguas. Es el primer almuerzo con tus hermanos tras la operación. A las diez de la mañana, tocino, carne a la brasa y vino. Los chistes, las gracias y comentarios de la huerta te sirven para recargarte. Hay una extraña sabiduría de la experiencia que no se aprende en los libros.

En la tele siguen los bombardeos sobre Gaza. Se está convirtiendo en el aciago fondo de pantalla del presente. Imágenes de niños muertos y agonizando que ya no te dejan indiferente. Se te agria la boca cada vez que aparecen en escena. El silencio internacional y la pasividad de los gobiernos te asquean. Bombardeos de colegios. Víctimas civiles. No está justificado de ninguna de las maneras. No hemos avanzado nada. Seguimos en la Edad Media.


Por la tarde lees de todo un poco. Saltas de un libro a otro sin pararte en ninguno. Buscas modos, estilos, maneras de hacer. Ves un capítulo de Utopía y después te encierras en a tu despacho. Comienzas esta noche la reescritura de la novela. Querías haberlo hecho el próximo lunes pero te come la impaciencia. Tu quedas escribiendo hasta pasadas las tres y media.

DOMINGO 3 / La palabra justa

Continúas con la reescritura. Aunque aún no es la vuelta de fijarse en lo pequeño, no puedes evitar ir cambiando palabras, buscando a través de los sinónimos el significado correcto. En algún caso sientes que has hallado la palabra precisa. En la mayoría, sin embargo, sabes que tendrás que regresar y revisar frase por frase, palabra por palabra, buscando el ritmo justo y la cadencia perfecta. Eso lo harás más adelante, aunque ahora no puedes evitar ir haciendo pequeños ajustes.


LUNES 4 / Describir

Sigue el dolor y ahora se concentra en la cicatriz. Anoche te costó trabajo dormir y esta mañana te has despertado con algo de pus en la herida. Un pequeño punto se ha infectado y ha comenzado a sangrar. Paradójicamente, en cuanto eso sucede, el abdomen comienza a dolerte menos.

Hoy, al revisar la novela, pones atención en las descripciones. Tanto en las de personas como en las de lugares. Sabes que es tu talón de Aquiles. Las tienes que trabajar y temes que se note la artificialidad. Miras cómo lo hacen los grandes. Y se te viene el mundo al suelo. Te cuestan demasiado. Cada rostro, cada habitación, cada rincón que aparece en la novela es un desafío. Hacer verlo, pintarlo, imaginarlo. Sientes que te falta técnica y oficio.
 


MARTES 5 / Palabras sanadoras

Sigues con la descripciones. Necesitas ver el rostro de tu protagonista. Quieres que sea una mezcla entre Jean Seberg y Anna Karina. Te pones delante varias imágenes e intentas llevarlas al papel como si fueras un pintor realista. Después tendrás tiempo de dejar tan sólo una pincelada, un detalle, quizá sólo una palabra.

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El dolor abdominal va remitiendo, aunque la herida sigue supurando. Por la tarde vas a la clínica y la cirujano te tranquiliza. La herida se ha formado por un punto que aún quedaba allí. El cuerpo expulsa aquello que no le pertenece. Cicatrizará de nuevo en unos días. El dolor abdominal también es normal: “te tiene que doler; tienes que acostumbrarte; poco a poco se te irá pasando”. Al salir de la consulta ya te sientes mejor. Las palabras también sanan.

Pasas la noche y la madrugada buscando información sobre material de cine, documentándote para la novela. En un momento de la acción, el protagonista maneja un proyector de 16mm y tienes que saber cómo funciona. Después de varias horas de lectura, tienes la sensación de haber descubierto un mundo. Ese conocimiento tiene que sustentar la escritura.

MIÉRCOLES 6 / Rostros

Terminas de leer Rostros, de Valentín Roma, un ensayo sutil y tremendamente lúcido sobre la imagen. Lo tenías ya hace algún tiempo en la estantería y aún no habías encontrado el momento idóneo para leerlo. Y ahora, en cuanto lo abres, te seduce. A través de rostros, gestos, instantes, ideas y obras, Roma construye una especie de teoría del arte no sistemática que se adentra en los momentos centrales del pensamiento crítico contemporáneo. Está escrito con precisión y cuidado. Y detrás de cada frase se percibe un conocimiento real sobre todas y cada una de las situaciones analizadas. Sin apabullar al lector con teorías y referencias excesivas. No hay impostura; esto es lo que más te llama la atención, que percibes claramente que se trata de un libro sincero. Una delicia.

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Por la tarde preparas la intervención para la mesa redonda que tienes mañana en Marbella. Escribes cuatro ideas para desarrollar si al final tienes tiempo.

JUEVES 6 / Más que un club

Primer viaje después de la operación. Alicante-Madrid-Marbella. Es cansado tener que pasar siempre por el centro.

De camino, te enteras de la noticia: se confirma el descenso del Real Murcia a Segunda B por no regularizar la situación con Hacienda. El corazón te da un vuelco. Tu Murcia querido, el equipo de tu vida. Es una decisión administrativa. Una empresa que no ha pagado sus deudas. Pero el problema principal es que un equipo de fútbol es mucho más que una empresa. Es memoria, historia, emociones. No entiendes tu historia sin el Murcia, sin los domingos en la Condomina, con tu hermano. Rescatas una fotografía tuya de pequeño. Una de las pocas que conservas. Tendrías cuatro años. Tu padre te abraza. Llevas una camiseta del Murcia hecha de modo artesanal. Una camiseta roja de cuello alto con un escudo cosido. Tienes la vaga imagen de tu madre cosiendo ese escudo en la máquina. También  recuerdas los pantalones cortos blancos, y los calcetines subidos harta arriba como si fueran unas calcetas. Y el balón. Han pasado más de treinta años. Y recuerdas todo eso. Porque el Murcia no es sólo una empresa.

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El problema último está más allá, es haber convertido un deporte y una pasión en un mero negocio. Puro capitalismo emocional. Por eso ahora estás entre la espada y la pared. Quieres que tu Murcia querido no desaparezca nunca, que juegue donde le pertenece. Pero por otro lado tampoco es justo que unos empresarios tengan trato preferencial. Sobre todo unos empresarios que no han hecho bien su trabajo, unos empresarios que han sacado provecho de emociones ajenas.

En Marbella te encuentras con Ricardo Menéndez Salmón, Javier Montes y Valentín Roma para hablar sobre las contaminaciones entre arte y literatura. Chema de Francisco ha organizado una mesa redonda sobre un tema que te apasiona y es un honor coincidir con escritores a los que admiras. Anotas ideas y referencias para seguir leyendo durante meses. Después de la mesa, alguien te comenta que sigue tu Presente continuo. Le dices que en la próxima entrega escribirás sobre este encuentro.


Cenáis en un lugar agradable frente al mar. La temperatura es espléndida y la compañía, inmejorable. Al finalizar la noche estás exhausto. El abdomen y la cicatriz te duelen un poco después de todo el día. Aun así no quieres irte a la cama sin tomar al menos un gin-tonic a la orilla del mar. V. te acompaña y continuáis la conversación sobre arte y literatura. Percibes una cercanía intelectual. Podríais seguir toda la noche. Pero cierran el bar y volvéis al hotel.

En la habitación abres el archivo de tu novela. Un comentario de R. te ha hecho replantearlo todo. Piensas en cambiar el estilo y el tono, recuperar la gravedad de Cuaderno [...] duelo. Te duermes a las cuatro de la mañana examinando la posibilidad y con una idea en la cabeza: ¿te imaginas que este viaje a Marbella y este comentario acaban cambiándolo todo, este azar, esta coincidencia, en este preciso momento? El mundo se configura a través de la concatenación de casualidades. El azar es una verdad poderosa.

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