25/10/14

Presente continuo (semana del 10 al 16 de noviembre)

VIERNES 10 / Cansado
Te levantas en Madrid con resaca. Como todos los viernes. Es el día del dolor de cabeza. Escribes rápidamente el “Presente continuo” mientras desayunas en La Central. Compras tres libros sobre Hopper para la conferencia del próximo martes. Acabas justo para llegar a la comida con L. en Sudestada. L. te había hablando tantas veces del restaurante que estabas deseando encontrar una excusa para almorzar allí. Merece la pena. Aunque pedís demasiado y salís cansados y hasta arriba de comida. También algo hasta arriba de Caipiriñas.
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Descansáis unos minutos en el hotel y asistís a la presentación del libro de A. en Tipos Infames. Allí te encuentras con A., N. y J. y más amigos. Tenías ganas de verlos. Y te alegra mucho estar con ellos. Pero rápidamente te das cuenta de que esta no es tu mejor noche. Estás cansado. Más de la cuenta. Tu cuerpo tiene límites. Tomáis unas copas  en La Realidad y después acabáis en el Wurli. De nuevo, te ves rodeado de barbas. N. dice que esto parece Islamabad. Y no le falta razón. Te vas pronto a la cama y antes de dormir te tomas una pizza que sabe a gloria.

SÁBADO 11 / Regreso
Despiertas bien. Conforme abres los ojos agradeces haber sabido irte temprano –las cuatro; temprano para ti– a dormir. Siempre te quedas hasta el final. Pero a veces también hay que saber irse. Al día siguiente el cuerpo lo agradece. Eso es lo que ocurre hoy. Apenas te duele la cabeza y estás pletórico. Desayunáis rápido y pasáis por el aperitivo de la editorial Salto de Página. Allí conoces a varios autores de la editorial. Coméis un sándwich rápido y tomáis el tren de vuelta a Murcia. En el trayecto lees de un tirón el libro sobre Hopper escrito por el poeta Mark Strand. Es un libro bello, que estaba esperando a ser leído en este momento. Tan bello como las obras de las que habla. Llegas a las nueve, sudado, cansado y con el tiempo justo para llegar a casa de tu hermano E. a una cena familiar con tus sobrinos y resobrinos. A las doce y media ya no eres persona. Cuando vuelves a casa caes redondo a la cama. Ni siquiera sueñas.
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DOMINGO 12 / Palacio de cristal
Por la mañana te cuesta abrir los ojos. Te pesas. Tres kilos más. Demasiada comida has metido al cuerpo estos días. Por la tarde lees. Sigues con Los huérfanos, de Jorge Carrión. Te gustan sobre todo las reflexiones sobre la memoria y la representación del pasado. Vas subrayándolo casi como si fuera un ensayo. Seguirás varios días más con él y escribirás aquí con más detenimiento.
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En la televisión, las noticias sobre el ébola han cambiado de signo. Ahora todo va a mejor. Al menos para España. Parece que el brote está controlado. Imaginas que en breve el ébola desaparecerá de las noticias, de Twitter y de las conversaciones. Y sin embargo seguirán muriendo miles de personas en África. Pero eso será una anécdota. Como siempre. Aquellos muertos duelen menos. O simplemente no duelen nada. Están lejos. Son invisibles. Sólo importan si nos afectan. Si son peligrosos. Si se acercan y trastocan el equilibrio perfecto de nuestro palacio de cristal.

LUNES 13 / Virus
Te levantas temprano y escribes. Consigues terminar la tercera parte de la novela. Por fin. Te ha costado más de lo que imaginabas. Ya te vas acercando más al final. Queda el treinta por ciento.
R. ha pillado un virus y no para de vomitar. Tiene que venir el médico a casa para atenderla. Mientras la trata haces un chiste y le dices que si no será el ébola. No parece hacerle ninguna gracia y te mira con mala cara. Poco a poco la fiebre le va bajando y el vómito se contiene. Y entonces empiezas tú. Diarrea y dolor de cabeza. Y también algo de fiebre. Duermes mal y tienes pesadillas que no recuerdas.

MARTES 14 / Dormitar
Te levantas con fiebre. R. está mejor y ahora eres tú el que se queda todo el día en la cama. No te duele demasiado el estómago, pero te duele todo lo demás, sobre todo la cabeza. Y no te concentras para hacer nada. Cancelas la conferencia sobre Hopper. No estás en condiciones ni de hablar ni de poder acabarla dignamente. Al llegar la noche te das cuenta de que el día de hoy ha sido absolutamente en blanco. Ni una línea de escritura ni de lectura. Acabas frustrado.

MIÉRCOLES 15 / Espeso
Aunque no estás del todo bien, vas a clase temprano y hablas sobre Winckelmann y los inicios de la historia del arte moderna. Estás espeso. Lo notas. Nada te sale. Después, varias tutorías y una entrevista en La Opinión sobre el premio Ciudad de Alcalá. Sientes que tampoco estás muy lúcido y hay ciertas cosas que dices que luego piensas que tendrías que haber dicho de un modo diferente. Te hacen fotos e intuyes que tampoco saldrán demasiado bien.
Comes solo en casa y duermes una siesta. Parece que te hubieran pegado una paliza. Te quieres poner a revisar la novela cuando te levantas, pero te das cuenta de que tienes que preparar las clases del día siguiente. Y lees varios libros sobre Winckelmann y su relación con el deseo homoerótico.
Ves un episodio de The Strain. A R. ya le ha cansado. A ti te sigue gustando. Es casi un guilty pleasure, pero te lo permites. Antes de dormir, lees unas páginas de El idioma materno, de Fabio Morábito y te quedas fascinado. Un descubrimiento de libro, lleno de reflexiones hermosas sobre la escritura y los libros.
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JUEVES 16 / Lo que a nadie le importa
Despiertas cansando y aún con algo de fiebre y pesadez en el estómago. Confías en que se pase a lo largo del día. A las nueve, dos horas de Teoría de la Historia del Arte. Te demoras en Wincklemann y observas cómo en un principio la subjetividad del historiador, su deseo, estaba presente en el texto y sólo más adelante fue eliminado progresivamente de la escritura, convirtiendo al historiador del arte en una especie de engendro mecánico objetivo. Abogas por una Historia del Arte subjetiva, afectiva, que incorpore el deseo y la nostalgia, que haga presente al sujeto que está detrás del texto. Hace tiempo que acabó el tiempo de la impostura. Hay que mostrar la cartas desde el principio.
Tras las clases, estás de tribunal en un trabajo de fin de grado que has tenido que volver a leer. Después, tienes varias tutorías de prácticas y atiendes varias solicitudes de alumno interno. Terminas a las doce y media y te encuentras con S., que presenta su libro esta tarde. Tenías muchas ganas de que viniera a Murcia y de volverlo a ver. Es uno de los escritores que más admiras. Y su último libro es gran literatura. Lo que a nadie le importa es una de las mejores novelas que se han escrito en este país en los últimos años. Así de taxativo te muestras. Porque sabes que es verdad. Conociste a S. en Venezuela después de haber leído La hora violeta y acabar con los ojos humedecidos y el corazón encogido –es un libro terrible y bello–.Y allí te pareció un gran tipo. Querías abrazarlo desde el primer momento. Inteligente, lúcido, divertido, buena gente de verdad. Te alegras de que los buenos libros los escriban de vez en cuando buenas personas. No siempre ocurre esto, pero cuando sucede es algo muy digno de celebrar.
Coméis con L. en el Pura Cepa y F. os prepara un arroz caldero tremendo. Tomáis un vino que probablemente es de lo mejor que has probado nunca. El Sequé. Delicioso. La botella cae como si fuera agua. Habláis de libros, premios, agentes y editores. S. es lúcido y fino. Aprendéis. Y también os dais cuenta de lo lejos que está Murcia del mundo de la literatura.
Después, S. sale a una charla previa a la presentación y tú vas a casa unos minutos a recoger el material para el evento. Es a las ocho en AB9. Te pones el chándal bolivariano como homenaje a S., a Venezuela y al papel que este bello país tiene en su novela. Hace calor, pero lo soportas. Todo sea por la performance.
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En la presentación te encuentras cómodo. Es más densa que en otras ocasiones, porque le formulas preguntas de contenido teórico y literario que no pueden ser respondidas a la ligera. Pero S. siempre llega a la respuesta precisa. Al final se te pasa la hora volando y cuando te vienes a dar cuenta ya hay que clausurar el acto. Tomáis después unas cervezas en la puerta con más amigos y cenáis en el Parlamento Andaluz. Se une al grupo más tarde B., que viene de Madrid para el congreso del Cendeac. Tras la cena, J. os lleva un momento a la Fundación Newcastle y disfrutas viendo a S. fascinado. Os tomáis allí unas botellas de vino y os dirigís a por las últimas copas al Bizz’art. R. os deja subir al reservado y allí, sin el bullicio de la música, seguís la conversación con la copa en la mano. Cuando os venís a dar cuenta el bar está vacío y están cerrando.
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Hoy el tiempo se pasa demasiado rápido en todo momento. Y sin embargo es denso; intentas apresarlo. Al despedir a S. también adviertes que todo ha sido un instante, apenas nada; pero que han quedado huellas, y que las huellas reverberan. Como todo lo que sucede después, en la nebulosa de la ebriedad, donde los tiempos y las imágenes se convierten en fogonazos que perforan la retina y se quedan ahí para siempre, en una especie de lugar mítico al que algún día quizás tengas que acudir para recordar que hubo tiempo en el que vivir mereció mucho la pena.

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13/10/14

Presente continuo (semana del 3 al 9 de octubre)

VIERNES 3 / Distopía
La cabeza te explota. Anoche mezclaste demasiado. El último vodka sobraba –quizá no sólo el último–. Como puedes te levantas y escribes el “Presente continuo” con las persianas bajadas, como si fueras un vampiro. Te cuesta horrores acabarlo y sientes que no estás nada lúcido.
Por la noche, en el Centro Párraga asistes a la inauguración de la exposición de Juanli Carrión. Es un trabajo sobre los espacios de memoria y la banalización y espectacularización del pasado. Una instalación brillante que muestra cómo la memoria acaba convertida en plató, en pura escenografía. El pasado como narración visual.
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Cenas con R. un pizza en una terraza y después ves Torrente 5. No te avergüenza reconocerlo. Las has visto todas. Y crees que esta, junto a la primera, es la mejor. Más allá del disparate de cameos y chistes fáciles, la visión distópica de la España del futuro te parece muy inteligente. Por momentos te recuerda a cosas que leíste en 2020, de Javier Moreno, sobre todo el momento en el que aparece el billete de 10.000 pesetas con la cara de Felipe y Letizia. Como en la novela, la película es una torsión temporal. El futuro se parece demasiado al pasado. Es una pura ruina que nos hace mirar nuestro presente como un tiempo en el que se está fraguando la gran demolición.

SÁBADO 4 / Premio
La noticia ya es oficial: tu novela ha resultado ganadora del Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa. Si ya era una gran alegría estar entre los finalistas, esto te supera. No puedes estar más feliz. Cuando comenzaste a escribir Intento de escapada no podías imaginar todas las alegrías que te iba a dar. Lo más extraño de todo es que no llegas a estar contento del todo con la novela y que ahora la escribirías de modo diferente. Puedes entender que tiene cosas que no están mal, pero aún te sigue sorprendiendo que haya llegado así a los lectores, que se traduzca o que reciba algún reconocimiento. Es algo que, lo confiesas, escapa a tu comprensión. Lo piensas sinceramente y ahora lo escribes: no es para tanto; no lo es.
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Intentas escribir pero con las felicitaciones apenas puedes hacer algo. Quieres continuar la mañana como si nada, escribiendo tu nueva novela, perseverando, pero es imposible concentrarse. Llegan tuits y comentarios a tu estado de Facebook. Enhorabuenas que tienes que contestar. Así que al final decides no agobiarte y disfrutar del momento, experimentar la alegría.
Vas con R. al gimnasio y mientas corres en la cinta comienzas a asumirlo todo, poco a poco. Por la tarde, veis el nuevo episodio The Big Bang Theory, una serie que os fascina desde que hace años os la descubrió L. En una escena, los personajes están comiendo una hamburguesa con patatas y os entra el antojo. Le dices a R. que esta noche, aunque sea rápido, os comeréis una en el Tommy Mel’s. Lo hacéis. Y la disfrutas, como si la visión primera en la televisión hubiera incrementado el deseo.
Después, te quedas solo y vas a la semifinal del Creajoven. M. toca el teclado y la batería en uno de los grupos y quieres acompañarla. Te sorprende lo que escuchas. Las canciones, las letras, la instrumentación y la propuesta. Tienen muchas posibilidades de ganar.
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Cuando acaba el concierto, os dais una vuelta y en el Trémolo os encontráis con más amigos. N. se ha recortado la barba. A., el chico de M., también lleva una gran barba. Miras a tu alrededor y te das cuenta de que eso del pelo en la cara es el denominador común. Barbas y camisas de cuadros. Llega E. y, más tarde, el estado de ebriedad lo sume todo en una nebulosa, en un aire denso que deja miles de imágenes borrosas. Imágenes que es difícil quitarse de encima. Imágenes, olores y sabores que te acompañan en tu regreso a casa. Mientras caminas, vuelve a tu cabeza el premio, estos días, estos meses, estos años, esta vida, y das gracias por todo, porque no puedes pedir más, porque todo esto te haya sido ofrecido como un regalo.

DOMINGO 5 / Miedos
La cabeza te explota, una vez más. Dos resacas demasiado seguidas. Por la mañana escribes un poema. Te das cuenta en ese momento de por qué abandonaste la poesía. Te falta ritmo, sonoridad, poesía. Aun así, la última frase te convence. En la siesta, sexo extraño, una vez más.
Por la tarde comienzas a ver The Strain. Te gusta tanto que ves varios capítulos e incluso te pierdes la segunda parte del partido del Madrid. Sueñas con vampiros, zombis e infectados. Te despiertas varias veces a lo largo de la noche. Es por la serie; lo tienes claro. Te ha devuelto a los miedos de la infancia. Ninguno mayor que el que sentiste al ver El misterio de Salem’s Lot. Aquel rostro blanco asomado a la ventana todavía te perturba.

LUNES 6 / Paranoia
Escribes por la mañana. No llegas a estar lúcido del todo pero vas completando etapas. Casi acabas la tercera parte. Después, vas al gimnasio e intentas ordenar la cabeza. Por la tarde, todo se eclipsa con el ébola. La sanitaria madrileña contagiada colapsa la red y las noticias de los periódicos. Se desata la paranoia. Enseguida se ponen en evidencia las negligencias cometidas, los protocolos obsoletos, el disparate de la cutrez española que, como no podía ser de otro modo, también está presente en el modo de abordar la enfermedad. Al principio, haces chistes con el virus, como si fuera algo lejano e imposible, pero al poco la cosa comienza a darte bastante miedo. Ha tomado realidad. El mundo lejano está a la vuelta de la esquina.

MARTES 7 / Estilo
Respondes mails uno detrás de otro, algunos atrasados varias semanas. No quieres ver las noticias ni leer los tuits sobre el ébola. Todo va a peor. Por la noche acabas de leer Así empieza lo malo, de Javier Marías. Te hace gracia que el título señale lo que está pasando con el virus: así empieza lo malo. Más allá de eso, la novela no te ha desagradado. No es su peor novela, pero está muy, muy lejos obras maestras como Corazón tan blanco. Se te hace algo larga y cuesta arriba, pero es indudable que Marías es un grande. Y eso lo ves en las digresiones, en cómo te “contagia” el modo de escribir o el modo de pensar mientras lo estás leyendo. Eso es algo que sólo pasa con los maestros.

MIÉRCOLES 8 / Arte doméstico
Te levantas temprano y vas al gimnasio antes de ir a clase. Sientes que esa rutina le viene bien a tu cuerpo y que llegas a clase con más fuerzas. Hoy hablas del concepto de genio y de la crítica marxista a una Historia del Arte que entiende a los artistas como seres excepcionales y separados de la realidad. Es necesario bajar al arte del pedestal. En un momento haces a los estudiantes pensar en Miguel Ángel defecando y limpiándose al culo antes de subir, con olor a sobaco, a pintar la Capilla Sixtina. El arte es algo mucho más doméstico de lo que parece.
Después de clase, recoges el traje que te has comprado para la entrega de premios. En fotografía es traje es precioso; en tu cuerpo parece otra cosa. Nunca te han quedado bien los trajes. Y esta vez no va ser la excepción.
Por la tarde, tomas aire, recargas las baterías, aunque sea un instante, y asistes a la inauguración de la exposición “Desapariciones” en la Fundación Newcastle. Está repleto de amigos. Te ilusiona el proyecto y no dejarás de apoyarlo en todo lo que esté en tu mano. J. es uno de esos locos necesarios para que las cosas funcionen. Sin locuras así, el mundo sería mucho más aburrido.
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JUEVES 9 / Felicidad
Sales a correr antes de tomar el tren para Madrid. Llegas justo para ducharte y vestirte. En el tren viajas con L. Intentas leer, pero al final apenas haces nada y se os va el tiempo en la conversación. A medio viaje, salta la noticia del Nobel de literatura. Patrick Modiano. Te alegras. Lo has leído y te encandila, aunque su nombre jamás se te había pasado por la cabeza para un premio así. Ahora lo releerás con más ganas.
En Madrid, coméis una hamburguesa en Alfredo’s. Está tan deliciosa que incluso perdonas la mala educación y la displicencia de los camareros. La comida os revive. Te das una ducha rápida y te pones el traje para la entrega de premios. Viajáis a Alcalá de Henares en taxi con F. y L. Al llegar, conoces a los premiados y os aleccionan sobre el protocolo de la gala. Conforme se acerca la ceremonia comienzas a ponerte nervioso. Estáis sentados en el escenario, frente al teatro a rebosar. La cosa es seria. Cuando te nombran y tienes que decir unas palabras te quedas en blanco. Improvisas algo, das las gracias al Ayuntamiento de Alcalá y a los miembros del jurado, y dedicas el premio a R. y a la memoria de tus padres. Quieres acabar con algo lírico pero sólo te sale un “muchas gracias”. Eres más elocuente en la página que en la realidad.
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Después del acto tomáis un vino en el parador de Alcalá. Llueve a mares. Tú sigues en una nube, absolutamente feliz. Quizá por eso todo te parece perfecto y maravilloso. La conversación agradable con los miembros del jurado, con los otros premiados, con todo el mundo. Te hacen mil fotos. Regresáis en taxi a Madrid y cuando llegáis te das cuenta de que estás reventado. L. está igual. Pasáis un segundo por el hotel y casi sucumbís a la tentación de iros ya a la cama. Sin embargo, dices que es necesario celebrar, aunque sea mínimamente. Estás feliz por el premio y hay que brindar en algún lugar. Decidís ir al Cock a tomar un Dry Martini. Siempre recuerdas allí a JLB. No puedes evitarlo.
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Después de dos copas, el cansancio se ha esfumado. Aun así pensáis en tomar una más e iros al hotel. Pero, de camino al José Alfredo para tomar la última, recibes la llamada de J. e inmediatamente sabes que la noche se va a hacer algo más larga. Se une a vosotros y llega con E. Os abrazáis con cariño y amistad verdadera. Tomáis varias más y después entráis al “Wurli”. L. se va al hotel y tú te quedas un poco más. El Wurlitzer te trae muy buenos recuerdos. Memorias dulces que se activan cada vez que entras. Aguantas allí media hora más. Regresas al hotel satisfecho, dando gracias de nuevo por todo esto, por los amigos, por la gente que te rodea. Te das cuenta de que eso –y no otra cosa– es el verdadero motivo de felicidad.

7/10/14

Presente continuo (Semana del 26 de septiembre al 2 de octubre)

VIERNES 26 / Intimidad 
Dormitas por la mañana. La noche de ayer fue larga. Escribes el “Presente continuo” antes de comer. Hoy te cuesta algo más. Estás poco lúcido. Hay semanas en las que se te atraganta. Estás viendo, a lo lejos, su fin.
Te encuentras en las redes con la noticia de que Intento de escapada está entre los finalistas del Premio Ciudad de Alcalá de narrativa. Simplemente estar ahí ya es importante. Más de lo que te habrías podido imaginar. Te alegra el día.
Por la noche, yincana cultural. Comienzas en la presentación del vídeo de Juanli Carrión en AB9. Es una obra sobre la teatralidad y la pomposidad de los grandes discursos políticos. Sutil e inteligente. Desde allí vas a la sala Verónicas a la inauguración de la exposición de Nico Munuera. Su pintura siempre te ha parecido elegante y bella. Iba siendo hora de que en Murcia tuviera una exposición como esta. Las obras funcionan tremendamente bien con el espacio. Llevarás a tus alumnos. Es un momento de reencuentro. Amigos y profesionales del arte. Antes de salir, el padre de M. dice que te lee los domingos y no sabe cómo se puede llevar eso de exponer tu vida al público. Él no viviría tranquilo. Tú le respondes que, al contrario de lo que pudiera parecer, contarlo todo es una manera de blindar tu intimidad, de crear una intimidad aún mayor. La transparencia absoluta es una ilusión; hay cosas que se quedan fuera, que no podrías decir, cosas que te callas, que te reservas para un espacio más íntimo, un presente alterno invisible.
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Desde Verónicas sigues la ruta con apenas tiempo de entrar a T20 y ver las obras de FOD. También es un artista que te interesa y que en ocasiones te sorprende. Te das cuenta de que entre ayer y hoy todo lo que se ha inaugurado en Murcia es pintura abstracta. La pintura y lo abstracto siguen vigentes y aún tienen muchas cosas que decir.
Acabas cansado, casi como si hubieras terminado un maratón. Cenas con R., L. y M. en el hindú de la Plaza del Cristo del Rescate. Tomáis de nuevo el picante agresivo. Y una vez más os deja sin palabras. R. prueba apenas la punta del tenedor y dice que estáis enfermos por comer eso. Es probable que tenga razón. Después, os tomáis una copa rápida y volvéis a casa en la moto.

SÁBADO 27 / Jugar
Pasas la mañana leyendo los suplementos culturales de los periódicos. Es un vicio. Lees las críticas de libros y pasas por encima de las críticas de arte.
Por la tarde vas con R. al gimnasio y compráis después unos regalos para vuestro ahijado en el centro comercial. Se te van los ojos detrás de los juguetes. Es de las cosas que echas en falta de no tener hijos, no poder comprar juguetes para jugar con ellos –no con los hijos, sino con los juguetes–. Te quedas prendado de todo tipo de chismes y cachivaches que te gustaría tener y utilizar. Sientes que nunca has dejado de ser niño del todo.
Llegáis a casa y cenáis una pizza. Intentáis ver varias películas y ninguna os satisface. Así que decidís leer, uno en cada lado del sofá. Ésa también es la felicidad del sábado por la noche. Tu comienzas Así empieza lo malo, de Javier Marías, y rápidamente te vuelve a poseer su forma de escribir, aunque, también enseguida, tienes la sensación de que es una novela menos potente que sus grandes obras.
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DOMINGO 28 / Nombrar
Escribes toda la mañana. No logras concentrarte del todo. Aun así avanzas algo la novela. Te dedicas a ser más realista y a revisar menos cantidad de texto. Por la tarde sigues leyendo a Marías y notas que su tono y sus divagaciones, su ritmo, acaba influyendo en lo que escribes –al menos tus retoques se hacen algo más líricos–.
A las doce la noche es tu santo. San Miguel. No importa el tiempo que pase, recuerdas que a esa hora siempre te llamaba tu madre. El nombre era importante para ella y para tu familia, más incluso que el cumpleaños. Lo escribiste el 29 de septiembre del año pasado en este mismo lugar y lo sigues pensando. Somos sujetos porque tenemos nombre, estamos “sujetados” a él, sea cual sea. Miguel, Marcos, Martín –seis letras, como los protagonistas de tus novelas–. Nombrar es reconocer. Nombrar tres veces, M., M., M.

LUNES 29 / Promesas incumplidas
Por la mañana llevas a R. al traumatólogo. La derivan al jefe del equipo. Esperas que por fin él encuentre la solución al enigma de sus brazos. Pasáis toda la mañana en el centro de salud. Te da tiempo a leer más de cien páginas del libro de Marías.
A la vuelta, os caláis enteros en la moto. Entráis a casa empapados. Nada más llegar, deja de llover. Después vas a arreglarte un poco la barba. Acabaste el último Presente Continuo diciendo que prometías no recortártela hasta que acabases las novela; aunque también decías que la vida está llena de promesas que uno no puede cumplir. Esta es una de ellas. Sales de la barbería contento y algo más cómodo. Has topado esta vez con profesionales de la barba. Es algo que admiras, la profesionalidad, la gente que es buena en lo suyo, la gente que conoce y ama su profesión.
Después, vas al gimnasio y acabas reventado. Llegas a casa ya casi sin fuerzas para comer y duermes la siesta. Te levantas y por la tarde escribes tremendamente inspirado. Hoy fluye el texto. Entras al tercer capítulo de la tercera parte. Justo la mitad de la novela. Y además, la escena más importante. Tenías ganas de volver a ese lugar y al mismo tiempo tenías miedo de que no funcionase como recordabas. Pero la relees y la retocas y acabas muy satisfecho con ella. Es una escena de sexo. Sin embargo es un sexo extraño que no logra excitar. En tu novela anterior las escenas de sexo sí que excitaban, al menos lo pretendían. Te recuerdas escribiéndolas y parando de vez en cuando para masturbarte; ésa era la clave para saber que funcionaban. En este caso, es un sexo mental, más sutil. Y la excitación es extraña. Desde luego, no conduce a la masturbación, aunque no deja de ser sexual. Llevas varios días con esas imágenes de la novela en la cabeza y adviertes que se mezclan con la realidad, con una realidad que era necesario vivir ahora. Es curioso cómo a veces la vida imita sin saberlo a la ficción.

MARTES 30 / Escribir
Escribes todo el día hasta finales de la noche. Después de cenar, comienzas a preparar las clases del día siguiente y del jueves. Te acuestas tarde .

MIÉRCOLES 1 / Novela
Vas al gimnasio sin desayunar y notas que tu cuerpo lo agradece. Te duchas allí y vas directo a clase. Sigues con Vasari y el método biográfico. Te sientes cómodo, aunque no seas experto en la materia. Después, mañana de tutorías y reuniones.
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Por la tarde, el tiempo se frena y la novela se transforma en realidad. O no sabes si es la realidad, que se está transformando en novela con el tiempo cambiado, al revés. Algún día lo contarás. Algún día lo entenderás.
Cenas, ves un poco el partido del Madrid y te duermes antes de que acabe. Te despiertas después, a las once –una hora después–, y comienzas a preparar las clases del día siguiente sabiendo que probablemente no vayas a utilizar todo lo que estás leyendo. Aun así, acabas a las tres de la mañana y te cuesta dormir.

JUEVES 2 / Libros extraños
Clases a primera hora. Acabas con Vasari y comienzas a analizar el concepto de “genio”. Estás construyendo la materia de modo transversal, utilizando referencias poco comunes para los historiadores del arte. Sabes que no es fácil y que quizá para muchos pueda resultar algo árido y cuesta arriba. Lo tienes en cuenta. Eres consciente del terreno en el que estás jugando. Tras las clases, de nuevo, tutorías y reuniones. Este año no te libras ni un segundo.
A las dos, comida con L. Entre otras cosas, celebráis algo de lo que aún no puedes hablar y por lo que estás rebosante de alegría. Al terminar, visitáis la Fundación Newcastle y te vuelves a quedar fascinado por cómo un espacio tan pequeño puede ser tan potente. Menos es más, desde luego. El tamaño no importa cuando la ilusión es tan grande. El arte es algo que también ocurre en lo portátil. Quizá sea ahí donde suceda lo más verdadero, en lo mínimo, en lo apenas visible, en la más pura intimidad de lo doméstico.
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J. se une a vosotros y tras tomar unas copas entráis al Plaza Tres en plan antropológico. El ambiente da para escribir varios cuentos. Lleváis con vosotros algunos libros y discutís sobre literatura. En un momento, una camarera se acerca y os dice que le llama la atención que tengáis libros, que si los habéis robado de una biblioteca o algo. Libros sobre la barra; es como un elemento subversivo en ese contexto. Tus amigos dicen que sois escritores y editores. Ella parece no creerlo hasta que ve tu foto en la solapa de uno de los libros que, además, está en alemán –la traducción de tu novela–. Se queda un momento sin saber qué pensar y le sale invitaros a un chupito de Jack Daniel’s. Es un momento absolutamente surrealista, “el encuentro de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de operaciones”, que decía el Conde de Lautréamont.
Después, lloviendo, vais a la inauguración de una exposición en la sala de la universidad. Se une más gente al grupo, cenáis y seguís un poco más. Acabáis al final L. y tú en el Bizz’art, cansados y casi sin poder pestañear. Recuerdas un tuit que escribiste antes de comer: “Jueves que a estas horas ya sabes que se te van a ir de las manos”. Un tuit profético. Regresas a casa feliz.

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30/9/14

Presente continuo (semana del 19 al 25 de septiembre)

VIERNES 19 / Metáforas que abren mundos
Mañana de resaca. Dormitas toda la mañana dando vueltas de un lugar a otro y con la cabeza aún en la luna. Logras leer algo, aunque no llegas a concentrarte del todo. Por la tarde llevas a R. al tren. Se va a Madrid a ver una exposición y te quedas el fin de semana solo en casa. A la vuelta de la estación escribes el “Presente continuo” y lo entregas a última hora. Cenas lo primero que encuentras y ves la segunda parte de Nymphomaniac. Te parece, como la primera, burda, zafia y fallida. En todos los sentidos.

Antes de dormir, continúas con la lectura de Lo que a nadie le importa, de Sergio del Molino. Estás degustando el libro muy poco a poco, a pequeños sorbos, consciente de que se trata de una novela magistral, alta literatura, de las mejores cosas que has leído en tiempo. No cesas de subrayar. Cada frase es un mundo, cada metáfora abre un espacio para el pensamiento. Mientras lo lees te das cuenta de que jamás podrás escribir así, con esa lucidez y dominio del lenguaje, con esa potencia para crear imágenes que condensan experiencias. En el fondo, aunque no lo dices, lees el libro con una mezcla de admiración y desencanto. Admiración por ver algo extraordinario. Y desencanto por darte cuenta de que Sergio ya está a años luz del lugar al que tú puedes llegar. Su literatura muestra que hay cosas que son posibles y que tú sin embargo no sabes hacer, ni crees que puedas aprender. No acabas la lectura esa noche, sigues demorándola, como si no quisieras nunca que el libro se alejase de ti. Por la noche, las frases se meten en tu sueño. Te despiertas varias veces y una de ellas no sabes ni siquiera dónde estás.


SÁBADO 20 / Día completo
Te levantas temprano y sales a correr en ayunas. Sabes lo que le vas a meter al cuerpo y quieres hacerle sitio. Con L. y tus hermanos almorzáis en El Yeguas. El plato de morcillas, magra y morro es tremendo. Las morcillas están deliciosas. Como todo lo demás. Salís de allí cerca de las dos del mediodía, absolutamente doblados. Como podéis, llegáis el restaurante hindú de la plaza del Rescate e intentáis culminar allí la gesta. L. pide el plato más picante de todos. La camarera os mira raro y dice que ella eso no lo puede tomar. Durante unos minutos ni siquiera podéis hablar. Los ojos se te llenan de lágrimas y dejas de sentir la lengua. Pasarán varias horas hasta que la recuperes del todo.
Después de dormir un poco y hacer malabares para salir del pueblo entre el desfile de carrozas, te encuentras de con L. y M. y os dais una vuelta por Pérez Casas. Nada más llegar te das cuenta de que no vas vestido con propiedad. Tu look hipster guarro no pega de ninguna de las maneras. Os tropezáis con J. y P., que están de despedida, y se unen a vosotros. Cenáis un poco y seguís bebiendo. A las once y media pasáis por el cumpleaños de M. y ves allí a varios exalumnos que se han convertido en amigos. Intentas mantener el tipo pero ya no puedes seguir bebiendo. Estás tan cansado y has comido tanto a lo largo del día que ya ni siquiera estás borracho. A las tres y media, mucho antes de lo que esperabas, tu cuerpo te lleva al lugar en el que habitan los sueños, tu cama. Ha sido un día completo. De eso no cabe duda.

DOMINGO 21 / Pleno
Despiertas resacoso con un pasacalles a las nueve de la mañana. El pueblo sigue en fiestas y aquí no se respeta nada. La calle se llena de gente haciendo la ruta de la tapa y ya no puedes volver a dormirte. Te levantas y lees los periódicos mientras desayunas. Extrañamente no te duele la cabeza. Así que estás lúcido para contestar mails y continuar la escritura del texto sobre la obra de Prudencio Irazábal que tienes que entregar cuanto antes.

A mediodía ni comes. Tu estómago parece estar en huelga. Por la tarde recoges a R. del tren. Te gusta que te cuente el viaje. Te resulta curioso estar en el otro lado. Al llegar a casa, el cansancio desaparece durante un tiempo y el deseo hace acto de presencia. Sudas tanto que tienes que ducharte dos veces.


Por la noche veis el último capítulo de Extant. Fin de temporada. No puedes explicar las razones por las que te gusta esta serie, pero ha logrado convencerte y meterte dentro del juego. 
Antes de dormir, de nuevo surge el deseo. Tienes que dejar el libro sobre la mesilla y posponer la lectura. Duermes feliz, pleno, relajado, como si se hubiera dado fin a una semana memorable.

LUNES 22 / Buenos propósitos
Te levantas descansado y con ganas de hacer cosas. Dedicas la mañana a la novela y adelantas bastante, más de lo que habías previsto. Llevas a R. al médico en la moto y a la vuelta nos os pilla la tormenta por menos de un minuto. Aparcáis, y justo en ese momento comienza la lluvia torrencial. Mientras llueve, vas al gimnasio. Está lleno. A rebosar. Septiembre y principios de semana. Demasiados buenos propósitos. Cuando vuelves sigue lloviendo y comienzan los truenos. Apagas el ordenador, todavía crees que puede caer un rayo y romperlo todo si sigues trabajando. Así que te metes en la cama y lees un rato. Después te levantas y continúas la escritura del texto de Irazábal hasta la madrugada. Lo acabas. Es más extenso de lo que habías imaginado. Justo antes de dormir, accedes a un presente alterno y te excitas leyéndolo.

MARTES 23 / Belleza blanda
Escribes desde temprano. Decides poner imágenes en la novela. Lo habías barajado en varias ocasiones pero hasta ahora no lo habías tenido tan claro. A mediodía vas a la radio a hablar sobre la belleza de las mollas. Apenas hay tiempo para decir nada. Y dejas muchas cosas en el tintero. Querías decir, por ejemplo, que te encanta lo blando, que te pierde, que gusta morder y lamer la parte interior del muslo, las carne de las caderas, los mofletes, el antebrazo, la barriga, las nalgas, los pechos y los pezones. Y, por supuesto, la molla suprema. Tu madre llamaba así al órgano femenino, “la mollica”, “el repisco”. Te encanta pellizcarlo, asirlo, apresarlo. Te gusta hundir tus dedos en la carne, crear claroscuros en la piel como en El rapto de Proserpina de Bernini. Te cautivan las curvas, te fascina que el cuerpo de la mujer sea un lugar para perderse como quien se de adentra en un océano inmenso cuyo fin nunca puede conocer. Un cuerpo infinito, lleno de recovecos para guarecerse, un mundo para habitar toda la eternidad. Quizá sea un recuerdo de la infancia, de la plenitud de la madre, de aquel cuerpo que lo era todo y en el que uno estaba a salvo de cualquier peligro. Quizá sea esto, sí, quizá por eso para ti el cuerpo de la persona que amas es un refugio, un abrigo blando, suave, esponjoso, dúctil y maleable.

MIÉRCOLES 24 / Acontecimiento
En ayunas vas al gimnasio. Creías que no ibas a encontrar a nadie a las siete y media pero está repleto. A las nueve ya lo tienes todo hecho y llegas a clase pletórico, con la moral por las nubes. Acabas la introducción a la disciplina con una especie de arenga contra la Historia del Arte tradicional y en defensa de una Historia del Arte crítica y posicionada, realizada desde el presente, en constante movimiento, más allá de lo disciplinar y lo supuestamente científico. La Historia del Arte como narración afectiva. Un acontecimiento en el presente.

Después, tienes la mañana llena de reuniones con doctorandos que te piden consejo para organizar el trabajo. De nuevo, confían demasiado en tu criterio. Conforme avanza el día, comienza a llegar el cansancio y el cuerpo empieza poco a poco a apagarse. La tarde con E. pasa en un suspiro. El tiempo se vuelve a expandir. Allí eres otro tú, un tú diferente, aunque no ajeno, un tú del otro que, sin embargo, sigue siendo tú. Eres más consciente que nunca de que los sujetos son seres múltiples y la autenticidad es una construcción. Lo que sucede es auténtico en la medida en que sucede, en que está ocurriendo. Buscar debajo de eso una verdad absoluta no tiene sentido. Lo único que importa es que las cosas suceden. Ésa es la única verdad innegable, la del acontecimiento irrepetible que tiene lugar en el presente.


JUEVES 25 / Esbozos
Por la mañana escribes. Has comenzado la tercera parte de la novela y tienes que volver a escribir unas páginas para completar algo cuya forma no te gusta del todo. Decides volver al cuaderno y la pluma. Es curioso, en ocasiones te sale todo directamente frente al ordenador, y otras veces tienes que esbozar y escribir a mano. Te das cuenta de que el cuaderno, en este estado de la novela, se ha quedado para arranques de escritura. Bosquejos, frases, búsquedas del tono preciso hasta que saltas al ordenador. Si alguien llegase a mirar esos cuadernos en el futuro se daría cuenta de que esas páginas son en el fondo trampolines para el salto, afinadores de tonos de escritura, pequeños fracasos, espacios de transición.


Por la tarde asistes a la inauguración de la exposición de Prudencio Irazábal en Art Nueve.  Es uno de los pintores que más admiras. Estás familiarizado con su obra, no sólo porque hayas escrito sobre ella, sino porque su concepción de la pintura, como un proceso de descubrimiento y como una plataforma de relación, se encuentra muy cerca de tu visión del arte. En la inauguración te encuentras de nuevo con amigos que hacía tiempo que no veías. Una vez más, todos hacen referencia a tu barba. Es excesiva, lo sabes. Has hecho la promesa mental de no recortártela hasta que acabes la novela. No sabes si vas a poder cumplirlo. Como tantas otras cosas. Vivir, en el fondo, es prometer cosas que nunca pueden ser cumplidas. Es intentar llegar a lugares imposibles. Es fracasar, una y otra vez. Aunque cada fracaso sea un pequeño logro, un paso adelante hacia otro fracaso mejor. Por supuesto, resuenan aquí las palabras de Beckett. Es su “fracasa otra vez, fracasa mejor”. Por alguno de esos fracasos, por alguno de esos presentes inesperados ante los cuales no sabemos muy bien qué hacer, merece la pena vivir, sentir, experimentar un ahora que ya jamás volverá a repetirse.

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22/9/14

Presente continuo (semana del 12 al 18 de septiembre)

VIERNES 12 / Espacios de libertad
Tribunal de fin de grado por la mañana. Tienes que evaluar un trabajo sobre las estrategias de la postpornografía contemporánea. La pantalla se llena de penes, vaginas y posturas imposibles. La sala está casi llena. Nadie mueve un músculo de la cara. Habláis y discutís sobre sexo, deseo, normalidad y hegemonía. Hay mil cosas que cambiarías de la universidad, es cierto, pero en días como este te das cuenta de que sigue siendo uno de los pocos espacios para la libertad y el conocimiento. Hay momentos en los que estás orgulloso de formar parte de ese lugar.
Acabas en Espinardo y bajas a Murcia a celebrar que L. ha leído el trabajo de fin de master y todo ha ido bien. De camino te encuentras a E. y se suma a la celebración. Poco a poco va uniéndose gente. Os sentáis en La cueva de la cerveza y pruebas por primera vez la Martin’s. Te enamora. Después de varias jarras, todo fluye. También las miradas cómplices y la conversación. A media tarde entráis en el Parlamento y os tomáis unos gin-tonics. No todos los días se lee un trabajo así. Allí llega más gente. Otros se van. Estáis en una nube. Flotáis. Se percibe en el ambiente.
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A las nueve recoges a R. con el tiempo justo para cenar un pastel de carne en la confitería y del pueblo y salir hacia el cine a ver El niño. El pastel te sabe a gloria, la película la sufres. Es pretenciosa y fallida. Luchas durante una hora y media para no quedarte dormido. Cuando llegas a casa caes rendido a la cama y todo te da vueltas.

SÁBADO 13 / Crecer
Escribes el “Presente continuo” por la mañana. Tenías que haberlo hecho ayer pero con la celebración no tuviste un minuto libre. No sabes cómo poner ciertas cosas. La escritura alegórica y codificada se hace cada vez más difícil.
Por la tarde quedas con J. y L. en el Parlamento a ver el partido. Pierde el Madrid. Cenáis rápidamente una hamburguesa, cogéis el autobús y llegáis al B-Side justo cuando acaba de comenzar la actuación de Love of Lesbian. Te cansan. Tú quieres escuchar a Dorian. Disfrutas del concierto tarareando casi todas las canciones. Volvéis en taxi a Murcia y ya están cerrándolo todo. Pedís una pizza casi más por ritual que por otra cosa y acabáis tirándola porque no tenéis hambre. Vuelves a casa andando y te encuentras amigos por la calle cada dos o tres esquinas. Todos te dicen algo sobre tu barba. Decides seguir dejándola crecer unas semanas más.
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DOMINGO 14 / Sudar
Te despierta por teléfono tu vecina J. temprano para decirte si quieres que te haga de comer. La cabeza te explota. Intentas volver a dormir. Y a la media hora un remolque lleno de altavoces se pone bajo tu ventana con la música haciendo temblar incluso los cristales. Son las fiestas del pueblo. El estruendo no se va en toda la mañana. Se te clava en las sienes.
Por la tarde sales a correr por el río hacia la ciudad. A mitad del recorrido te encuentras con la feria. Comienzas a cruzarla creyendo que encontrarás la posibilidad de salir por alguna esquina, pero enseguida te ves atrapado por una multitud de algodones de azúcar, tómbolas, niños con peluches y padres con carricoches, un gentío que apenas te deja moverte. Además, has salido sin gafas y ya no sabes si la gente te saluda, te mira mal o simplemente se pone allí para hacerte tropezar. Cuando consigues salir sientes una extraña liberación y corres como si huyeras de algo, buscando algún lugar para refugiarte de ese conato de pesadilla. Llegas a un espacio blanco. Sientes entonces el cuerpo sudado, el agua recorriendo la piel y las piernas temblorosas. Las imágenes tardan tiempo en desaparecer.

LUNES 15 / Cielo
Despiertas contento, con lágrimas en los ojos. Has soñado con tus padres. Tu padre estaba muerto pero no sabía cómo salir del lugar en el que se había perdido, como si estuviese vagando por una especie de limbo infinito. Tú llegabas para ayudarlo y encontrabas allí a tu madre. Recuerdas perfectamente tus palabras: “llévate al papá al cielo que no sabe que está muerto”. Después de intentar convencerlo de varias maneras, ella conseguía sacarlo del lugar en el que estaba varado y los se elevaban en una luz amarilla hacia las nubes, desapareciendo en la lejanía. Tú te quedabas mirándolos y comenzabas a llorar desconsolado. Y en ese momento escuchabas la voz de tu madre: “no te preocupes hijo, el cielo es maravilloso, están dando chocolate”. Entonces tus lágrimas dejaban de ser tristes y te sentías liberado, como si algo se hubiera cumplido. Has despertado feliz, pleno, rebosante de gozo. Es sólo un sueño, lo sabes, pero la sensación de bienestar no se va en todo el día. Además, si el cielo existe, probablemente estén dando chocolate y seguro que tu madre tendrá una taza en la mano.
Por la tarde continúas la escritura de la novela. Todo se ha ralentizado. Pero aun así consigues terminar la revisión de la segunda parte. Son cinco. Aún te queda camino por recorrer.

MARTES 16 / Llueve
Por la mañana vas al gimnasio. Hoy comienzas una nueva rutina de ejercicios y sientes que has metido más peso de la cuenta en las máquinas. Intuyes lo que va suceder al día siguiente. Por la tarde llueve. La Fuensanta ha obrado el milagro. Llueve de varias maneras. Y caen también varios muros. Por la noche comienzas a leer Lo que a nadie le importa. La escritura de Sergio del Molino te fascina desde la primera página. Está llamado a ser un grande de la literatura; no tienes la menor duda.
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MIÉRCOLES 17 / Agujetas
Te levantas con unas agujetas terribles. Apenas puedes mover los brazos. Te vistes como puedes y sales para la universidad. Hoy empieza todo. La asignatura. “Teoría de la Historia del Arte”. La presentas. Te gusta, aunque sabes que es árida. Textos, textos y textos.
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Tras la clase, tienes varias tutorías por la mañana. De nuevo, la gente confía en ti más de la cuenta. Si te conocieran realmente no lo harían. Después encuentras a E. y tomáis un café mientras habláis de distancias, respiraciones e imágenes. Comes con L. M. y J. y te quedas toda la tarde con L. en el Parlamento. Allí te llaman “profesor” y eso te gusta.
Llegas a casa reventado y después de cenar caes en la cama. A las dos horas te despiertas y te das cuenta de que no has terminado de preparar la clase del día siguiente. Te levantas y lo haces. Te acuestas a las cuatro de la madrugada y ya no eres capaz de conciliar el sueño.

JUEVES 18 / Escribir
Has dormido apenas dos horas. Las agujetas son tremendas.
En clase estás bastante espeso. Dos horas seguidas. Los ojos se te cierran. Tienes momentos de lucidez y momentos de cansancio extremo. Pones el atril como si fueras un cura o un político. Te gusta hablar de pie y apoyado. El dolor desaparece mientras estás frente a los estudiantes, pero todo vuelve al bajarte del estrado.
Después, sin dormir y al límite del dolor, regresas al gimnasio creyendo en la absurda leyenda urbana de que las agujetas se quitan volviendo a hacer ejercicio. Al acabar de hacerlo eres consciente de que te has equivocado y casi no puedes mover los brazos. En la siesta no paras de quejarte y gemir. Imaginas que los vecinos –sobre todo los que leen este presente continuo– pensarán que estás teniendo sexo salvaje. Pero esta vez no es así. Al menos no del todo. Te duelen hasta las pestañas.
Te levantas de la cama incluso con algo de fiebre y vas a la inauguración del ciclo de vídeo que organizas con 1er Escalón en AB9. Cuando estáis a punto de poner los vídeos, I. se da cuenta de que los ha dejado en casa. Falta media hora para la inauguración y sólo es posible llegar si vas en moto y a toda prisa. T. se sube en el asiento de atrás y te guía hasta el Espinardo. Llegáis justo a tiempo cometiendo todo tipo de infracciones y con el motor de la moto a punto de explotar. Luego, en la sala te encuentras con amigos que no veías desde el verano. Es grato, aunque todo te sigue doliendo. Afortunadamente, la cerveza contribuye a que las agujetas desaparezcan durante un momento. El alcohol es, como no podía ser de otro modo, el analgésico más eficaz. Después, una vez más, la noche se alarga.
Inventas cuentos, frases y poemas pero no los escribes, como el cuento de dos amantes que se respiran mutuamente y acaban convirtiéndose en aire. Lo piensas, lo dices, lo compartes, pero no lo escribes, al menos no en ese momento. Quizá algún día. Seguro. Algún día. Porque sientes que escribir es también demorar, esperar, dilatar la experiencia del presente y convertirla en literatura. Sentir es escribir. Pasear es escribir. Mirar es escribir. Recordar es escribir. Escribir una escritura posible, transformar la vida en obra de arte.