19/8/14

Presente continuo (Semana del 8 al 14 de agosto)

VIERNES 8 / Escritores de verdad
Despiertas temprano en Marbella. La ventana se quedó abierta y a las siete de la mañana todo el ruido del mundo ha entrado en la habitación del hotel. Te duchas, desayunas, metes el ordenador en la mochila y sales a dar un paseo. Te sientas en una cafetería frente al mar y allí intentas escribir el “Presente continuo” de la semana. Enseguida te quedas embobado viendo a la gente pasear y apenas puedes escribir unas cuantas frases.

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A las doce has quedado con R., el escritor que admiras, en el hotel. El resto de los ponentes de la mesa redonda ya han abandonado la ciudad y vosotros pretendéis hacer tiempo hasta que os recojan para ir al aeropuerto. Decidís caminar durante casi una hora por el paseo marítimo frente al mar. Aunque está lleno de veraneantes, la conversación es tan intensa que casi consigue que te abstraigas de la multitud. Habláis sobre literatura. Aprendes más en una hora que en varios meses. La temperatura es agradable. Coméis pescado frito en un chiringuito frente al mar y la conversación continúa. Escritores, libros, ideas, modos de plantear la escritura… percibes sinceridad en cada una de sus palabras. Sinceridad incluso cuando habla de tu novela y te deja claro que hay cosas que no le han gustado, que sigue esperando algo más, algo que está convencido que puedes dar. Es así como hablan los amigos, sabiendo que a veces la verdad no hiere, sino todo lo contrario. Eso es lo que más aprecias.
Ves en sus ojos el amor por la literatura. Lo ves cuando habla de escritores que admira. En un momento, cuando recuerda a David Foster Wallace, incluso se le humedece la mirada. Es un escritor de verdad. De esos que se toma en serio la literatura. De esos a los que algún día te gustaría parecerte. De esos que agradeces haber podido conocer.
Su avión sale un poco antes que el tuyo. Os despedís en la puerta de embarque con un gran abrazo. Te quedas un momento saboreando la situación, pensando en cómo han cambiado las cosas en el último año, en cómo este momento, esta sensación de “formar parte” –aunque sea una parte mínima y anecdótica– de un mundo que te fascina, todavía pertenece al dominio de los sueños.
En el avión hasta Madrid te da tiempo a terminar el “Presente continuo” en el iPad. Lo escribes con dificultad y estás convencido que va a llegar lleno de erratas. Mientras embarcas en el avión hacia Alicante pones punto y final y lo envías por correo.
En ese último vuelo comienzas a darle vueltas a la novela. Todo lo que te ha dicho R., todo lo que ya sabes. Sigues pensando en eso mientras conduces hasta casa, cuando, cansado del viaje, te acuestas y no puedes dormir, e incluso cuando R., tu mujer, se tumba a tu lado y tu cuerpo se despierta.

SÁBADO 9 / Estilo
Nada más levantarte comienzas las pruebas. Comienzas a cambiar la novela a tercera persona, más frío, menos empático. Pero no funciona. Eso lo descubres a las doce la noche después de estar todo el día encerrado. Cada historia pide ser contada de un modo. Aún así todo esto te sirve para estar alerta y fijarte en cosas que no funcionaban en Intento de escapada. Ahora pondrás más atención en el lenguaje, en el estilo, intentando evocar algo de lo que escribiste en Cuaderno […] duelo, aunque sin llegar al lirismo.
En los intermedios de escritura acabas de leer El palacio de la luna, que te acompañaba en las últimas semanas. Es una historia mítica, quizá la más típica de Auster. Pero las casualidades son excesivas. La semana pasada acabaste diciendo “el azar es una verdad poderosa”. Sin embargo hay un momento en que esa verdad, de tanto repetirse, se vuelve inverosímil o siniestra. Auster está en ocasiones en el límite de lo siniestro. De hecho, piensas que su uso del azar tendría más potencia si se alejase de lo maravilloso y dejara paso a lo terrible.
Por la noche ves Hannah Arendt, la película, y te hace pensar sobre la banalidad del mal. El mundo sigue repleto de burócratas anodinos del crimen. El mal está donde uno menos se lo espera.

DOMINGO 10 / Desafinado
Te levantas temprano y te pones de nuevo frente a la pantalla del ordenador. Desistes definitivamente de cambiar la forma de la novela y sigues con la revisión de lo que llevas escrito. Ahora es lenta. Te fijas en todos los detalles. A veces te gusta lo que lees. Otras sigues sin estar convencido y no sabes cómo vas a hacer que ciertos pasajes suenen bien. Todo es cuestión de tono, de sonido. Esa es la clave. Y lo que has escrito te sigue sonando demasiado sucio, desafinado, torpe. Vas a tener que volver sobre ello más veces de las que habías previsto.
Por la tarde viene tu suegra, tu cuñada y tu sobrino. Aunque te encierras al principio a escribir, al final el niño entra en la habitación y acabas jugando con él. Pintáis, escribís y luego tocáis un poco el piano. Todas las cosas son ahora nuevas, todas diferentes. Te gusta esa sensación. Pero P. es incansable. Su capacidad de volver a sorprenderse una y otra vez acaba siendo agotadora. Piensas que eso es lo que hace aburridos a los adultos, que las cosas nuevas dejan de serlo enseguida, cada vez más rápido.

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Después de la cena, vuelves a escribir hasta bien tarde. Antes de acostarte entras por casualidad en una tienda de e-books y descubres que ya están las primeras páginas de la traducción alemana de tu novela. Las descargas e intentas leerlas sabiendo que no vas a entender absolutamente nada. La dedicatoria es lo único que logras comprender. “Für Raquel, für alles”. R. se emociona. Tú duermes feliz.

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LUNES 11 / Ser injustos
Te levantas algo más tarde de la cuenta y trabajas. Cambias algunos párrafos. Pero no eres demasiado productivo. Por la tarde vas a comprar algunos libros. Coetzee, Vargas Llosa, Pamuk y McEwan. Los hojeas y ves que alguno está cerca del tono que quieres buscar.
Cuando vuelves, sales a andar por el río. Al final consigues correr un poco. Es la primera vez desde la operación. Notas que el cuerpo te responde. Regresas a casa contento.
En las noticias el ébola ha podido con el padre Miguel Pajares. En las redes sociales no paran las críticas al gobierno por haber gastado dinero en la repatriación mientras que el resto de los enfermos sigue muriendo. También proliferan los comentarios ácidos sobre cómo la muerte de un blanco, de un europeo, sale en las noticias con nombres y apellidos, mientras que la de los demás, los que mueren todos los días, apenas se convierte en un número sin rostro. Algo de eso hay, sí. Es cierto. Pero las cosas hay que reconocerlas. Miguel Pajares, como otros muchos, ha dedicado su vida a los demás mientras nosotros criticamos las ironías de la vida y los sinsentidos de este mundo desde internet, sentados en nuestro sofá y con el aire acondicionado a tope porque hace calor. Hay que tener algo especial –entre otras cosas, muchos cojones– para ir a combatir la pobreza y la enfermedad. Desde luego, es algo que a ti falta; lo tienes claro. Dar la vida por los otros, por las razones que sean –creer que serás recompensado en el cielo, o en la tierra, o en ningún lado–, está en el límite de lo humano –o quizá sea lo más humano–. Ése sí que es el espejo en el todos tendríamos que mirarnos. Es muy fácil criticar a la ligera. Pero es injusto. Al final, las noticias de la enfermedad y muerte del padre Pajares, esas que decimos que copan los titulares mientras mueren los anónimos, son apenas una anécdota, un fogonazo –como las de los propios estragos del virus–, frente a la absoluta importancia de la espalda de Neymar, las arcadas de Messi o la rodilla de Cristiano Ronaldo.
Por la noche lees los ensayos de un premio de crítica de arte del que eres jurado. Llevas ya un tiempo leyendo alguno en los ratos libres, pero la deliberación se acerca y se te echa el tiempo encima.

MARTES 12 / Dolor
Escribes desde bien temprano. Hoy sí que consigues avanzar algo más en la revisión. A finales de la mañana, vas al gimnasio. Vuelves después de dos semanas. Te sientes bien. No sabes aún que el dolor va a acabar regresando. Por la noche el abdomen se resiente y apenas puedes moverte. No aprendes.

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MIÉRCOLES 13 / Escritura pasajera
Reescribes y retocas los párrafos que supuestamente habías dejado acabados la noche anterior. Toda frase es ahora susceptible de ser eliminada. Toda palabra es pasajera. Tienes la sensación de que las páginas son dunas de arena. Cualquier cosa puede transformarse con un mínimo soplo de viento.
En la siesta el dolor es insoportable. Sin embargo, como por arte de magia –por arte de excitación, más bien–, desaparece durante el sexo. Vuelve de nuevo con fuerza al acabar.
Lees en las redes sociales que el Murcia sube de nuevo. Ya no sabes si alegrarte o no porque aún no es oficial. Prefieres esperar y ser prudente.
Por la tarde terminas de leer los ensayos del premio. Después, antes de acostarte lees Escribir, de Marguerite Duras. Sutil, delicioso, una pequeña joya.

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JUEVES 14 / Coetzee
Te levantas temprano para acabar de rellenar las planillas de evaluación del premio. A las cuatro y media es la reunión. Videoconferencia con Colombia. Tras dos horas y media dais por finalizada la deliberación. Respiras por fin. Te sientes liberado. Aunque apenas quedan quince días de agosto, sientes que sólo ahora han acabado tus obligaciones. Lo que resta del mes, lo dedicarás sólo a leer por placer y a escribir –también por placer–.
La tarde y la noche las pasas absorto leyendo La edad de hierro, de J.M. Coetzee. Tienes la sensación de que este escritor está a años luz del resto. Es inconmensurable. Todo lo que has leído de él te ha removido por dentro. Pero esta novela va incluso un paso más allá. Un mundo a punto de extinguirse, una mujer que ya no pertenece a ningún lugar, un amor áspero y agrietado. Es un libro terrible, tremendo, desolador. Lo cierras con el vello de la nuca erizado y con un extraño sabor a barro en la boca. Tomas algo de aire para respirar y apagas la luz. Las palabras siguen reverberando en tu cabeza hasta bien entrada la madrugada.

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11/8/14

Presente continuo (semana del 1 al 7 de agosto)

[Publicado originalmente en La Opinión]

VIERNES 1 / Agosto
Despiertas dolorido, una vez más. El abdomen te sigue molestando para todos los movimientos. Desayunas con J.A. en Murcia. Es agosto y todavía hay gente en la ciudad. Recuerdas cuando se vaciaba casi por completo y parecía un desierto. Te fascinaba esa sensación. Las calles solitarias, las plazas de aparcamiento vacantes, los bares sin clientes. Y sobre todo la experiencia de cruzarse con alguien, mirarlo con complicidad, con extraña solidaridad, y pensar “tú también estás aquí, en agosto, tú también sabes que ahora la ciudad es más sincera, que ahora nos pertenece un poco más”.

Aunque estás leyendo varias cosas a la vez y los libros se te amontonan en las estanterías, esta mañana no puedes evitar entrar a Expolibro y comprar algo, como si necesitases materializar el cambio de mes a través de la lectura. Te llevas a casa La larga noche, de Javier Mije, y la lees de una sentada. Te atrajeron mucho los relatos perturbadores de El camino de la oruga. Esta nueva novela te interesa por el desarrollo y el planteamiento (un escritor que recibe el encargo de escribir un guión sobre un episodio de la Guerra Civil). La idea de un escritor que escribe un libro acerca de cómo escribe un libro –o un guión– tiene que ver con lo que estás haciendo en tu novela. Es una fantasía literaria que te fascina, aunque quizá sea más lectura para escritores que para lectores. Ahora lees con gusto esta novela de Mije, aunque confiesas que la historia no se te mete tan dentro como lo hicieron sus relatos.

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Por la tarde, escribes el “Presente continuo” de la semana anterior. Acabas a última hora, como siempre sobre la bocina, cuando intuyes que ya están cerrando la redacción del periódico. La noche la dedicas a ver series.Extant y Utopía. Ambas siguen enganchándote.
 


SÁBADO 2 / Edad Media

Te levantas temprano para almorzar en El Yeguas. Es el primer almuerzo con tus hermanos tras la operación. A las diez de la mañana, tocino, carne a la brasa y vino. Los chistes, las gracias y comentarios de la huerta te sirven para recargarte. Hay una extraña sabiduría de la experiencia que no se aprende en los libros.

En la tele siguen los bombardeos sobre Gaza. Se está convirtiendo en el aciago fondo de pantalla del presente. Imágenes de niños muertos y agonizando que ya no te dejan indiferente. Se te agria la boca cada vez que aparecen en escena. El silencio internacional y la pasividad de los gobiernos te asquean. Bombardeos de colegios. Víctimas civiles. No está justificado de ninguna de las maneras. No hemos avanzado nada. Seguimos en la Edad Media.


Por la tarde lees de todo un poco. Saltas de un libro a otro sin pararte en ninguno. Buscas modos, estilos, maneras de hacer. Ves un capítulo de Utopía y después te encierras en a tu despacho. Comienzas esta noche la reescritura de la novela. Querías haberlo hecho el próximo lunes pero te come la impaciencia. Tu quedas escribiendo hasta pasadas las tres y media.

DOMINGO 3 / La palabra justa

Continúas con la reescritura. Aunque aún no es la vuelta de fijarse en lo pequeño, no puedes evitar ir cambiando palabras, buscando a través de los sinónimos el significado correcto. En algún caso sientes que has hallado la palabra precisa. En la mayoría, sin embargo, sabes que tendrás que regresar y revisar frase por frase, palabra por palabra, buscando el ritmo justo y la cadencia perfecta. Eso lo harás más adelante, aunque ahora no puedes evitar ir haciendo pequeños ajustes.


LUNES 4 / Describir

Sigue el dolor y ahora se concentra en la cicatriz. Anoche te costó trabajo dormir y esta mañana te has despertado con algo de pus en la herida. Un pequeño punto se ha infectado y ha comenzado a sangrar. Paradójicamente, en cuanto eso sucede, el abdomen comienza a dolerte menos.

Hoy, al revisar la novela, pones atención en las descripciones. Tanto en las de personas como en las de lugares. Sabes que es tu talón de Aquiles. Las tienes que trabajar y temes que se note la artificialidad. Miras cómo lo hacen los grandes. Y se te viene el mundo al suelo. Te cuestan demasiado. Cada rostro, cada habitación, cada rincón que aparece en la novela es un desafío. Hacer verlo, pintarlo, imaginarlo. Sientes que te falta técnica y oficio.
 


MARTES 5 / Palabras sanadoras

Sigues con la descripciones. Necesitas ver el rostro de tu protagonista. Quieres que sea una mezcla entre Jean Seberg y Anna Karina. Te pones delante varias imágenes e intentas llevarlas al papel como si fueras un pintor realista. Después tendrás tiempo de dejar tan sólo una pincelada, un detalle, quizá sólo una palabra.

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El dolor abdominal va remitiendo, aunque la herida sigue supurando. Por la tarde vas a la clínica y la cirujano te tranquiliza. La herida se ha formado por un punto que aún quedaba allí. El cuerpo expulsa aquello que no le pertenece. Cicatrizará de nuevo en unos días. El dolor abdominal también es normal: “te tiene que doler; tienes que acostumbrarte; poco a poco se te irá pasando”. Al salir de la consulta ya te sientes mejor. Las palabras también sanan.

Pasas la noche y la madrugada buscando información sobre material de cine, documentándote para la novela. En un momento de la acción, el protagonista maneja un proyector de 16mm y tienes que saber cómo funciona. Después de varias horas de lectura, tienes la sensación de haber descubierto un mundo. Ese conocimiento tiene que sustentar la escritura.

MIÉRCOLES 6 / Rostros

Terminas de leer Rostros, de Valentín Roma, un ensayo sutil y tremendamente lúcido sobre la imagen. Lo tenías ya hace algún tiempo en la estantería y aún no habías encontrado el momento idóneo para leerlo. Y ahora, en cuanto lo abres, te seduce. A través de rostros, gestos, instantes, ideas y obras, Roma construye una especie de teoría del arte no sistemática que se adentra en los momentos centrales del pensamiento crítico contemporáneo. Está escrito con precisión y cuidado. Y detrás de cada frase se percibe un conocimiento real sobre todas y cada una de las situaciones analizadas. Sin apabullar al lector con teorías y referencias excesivas. No hay impostura; esto es lo que más te llama la atención, que percibes claramente que se trata de un libro sincero. Una delicia.

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Por la tarde preparas la intervención para la mesa redonda que tienes mañana en Marbella. Escribes cuatro ideas para desarrollar si al final tienes tiempo.

JUEVES 6 / Más que un club

Primer viaje después de la operación. Alicante-Madrid-Marbella. Es cansado tener que pasar siempre por el centro.

De camino, te enteras de la noticia: se confirma el descenso del Real Murcia a Segunda B por no regularizar la situación con Hacienda. El corazón te da un vuelco. Tu Murcia querido, el equipo de tu vida. Es una decisión administrativa. Una empresa que no ha pagado sus deudas. Pero el problema principal es que un equipo de fútbol es mucho más que una empresa. Es memoria, historia, emociones. No entiendes tu historia sin el Murcia, sin los domingos en la Condomina, con tu hermano. Rescatas una fotografía tuya de pequeño. Una de las pocas que conservas. Tendrías cuatro años. Tu padre te abraza. Llevas una camiseta del Murcia hecha de modo artesanal. Una camiseta roja de cuello alto con un escudo cosido. Tienes la vaga imagen de tu madre cosiendo ese escudo en la máquina. También  recuerdas los pantalones cortos blancos, y los calcetines subidos harta arriba como si fueran unas calcetas. Y el balón. Han pasado más de treinta años. Y recuerdas todo eso. Porque el Murcia no es sólo una empresa.

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El problema último está más allá, es haber convertido un deporte y una pasión en un mero negocio. Puro capitalismo emocional. Por eso ahora estás entre la espada y la pared. Quieres que tu Murcia querido no desaparezca nunca, que juegue donde le pertenece. Pero por otro lado tampoco es justo que unos empresarios tengan trato preferencial. Sobre todo unos empresarios que no han hecho bien su trabajo, unos empresarios que han sacado provecho de emociones ajenas.

En Marbella te encuentras con Ricardo Menéndez Salmón, Javier Montes y Valentín Roma para hablar sobre las contaminaciones entre arte y literatura. Chema de Francisco ha organizado una mesa redonda sobre un tema que te apasiona y es un honor coincidir con escritores a los que admiras. Anotas ideas y referencias para seguir leyendo durante meses. Después de la mesa, alguien te comenta que sigue tu Presente continuo. Le dices que en la próxima entrega escribirás sobre este encuentro.


Cenáis en un lugar agradable frente al mar. La temperatura es espléndida y la compañía, inmejorable. Al finalizar la noche estás exhausto. El abdomen y la cicatriz te duelen un poco después de todo el día. Aun así no quieres irte a la cama sin tomar al menos un gin-tonic a la orilla del mar. V. te acompaña y continuáis la conversación sobre arte y literatura. Percibes una cercanía intelectual. Podríais seguir toda la noche. Pero cierran el bar y volvéis al hotel.

En la habitación abres el archivo de tu novela. Un comentario de R. te ha hecho replantearlo todo. Piensas en cambiar el estilo y el tono, recuperar la gravedad de Cuaderno [...] duelo. Te duermes a las cuatro de la mañana examinando la posibilidad y con una idea en la cabeza: ¿te imaginas que este viaje a Marbella y este comentario acaban cambiándolo todo, este azar, esta coincidencia, en este preciso momento? El mundo se configura a través de la concatenación de casualidades. El azar es una verdad poderosa.

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5/8/14

Presente continuo (semana del 25 al 31 de julio)

VIERNES 25 / Huellas
A las nueve de la mañana, tribunales de fin de máster. Cinco. Ninguno se aproxima a tu especialidad. Te sientes completamente ajeno para evaluarlos. Entre lo que tú haces y la Historia del Arte ha comenzado a abrirse un abismo que se agranda por momentos.

A mediodía llegas a casa cansado. Has ido en bici por intentar recuperar la normalidad tras el mes y pico sin moverte demasiado. Pero regresas reventado y con dolor en el abdomen. Y a eso se suman las agujetas del gimnasio. Parece que es aún es muy pronto para volver a ejercitarte. Y decides no ir esta tarde. Así que comienzas ya faltando el segundo día.


Por la tarde escribes el “Presente continuo” de la semana anterior. Te sale rápido. A veces se te atraganta algún párrafo, pero ya te has acostumbrado a la rutina. Escribir sin pensar demasiado, de modo espontáneo, intentando apresar los recuerdos de la semana. Si algún día sale de aquí un libro ya tendrás tiempo de revisar el estilo. Lo que ahora importa es ir dejando pinceladas. Escritura impresionista. Huellas. Manchas. Imágenes de la memoria.


Por la noche ves un capítulo de Extant. Te gusta cada vez más. Te recuerda, al menos en el espíritu, aExpediente X y a la ciencia ficción con extraterrestres y conspiraciones secretas. Esta es una de tu pasiones secretas. Y no dejas pasar película o serie que se adentre en ese territorio. Extant va ganando. Después, por supuesto, vuelves a soñar con invasiones extraterrestres que comienzan en tu casa de la huerta.


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SÁBADO 26 / Lo auténtico
Antes de desayunar terminas de leer En elogio de la verdad, la novela de Torngy Lindgren que comenzaste hace dos días. La has devorado con ansia. No habías leído nada de este escritor sueco. Pero este libro te ha interesado por mucho motivos. La fascinación por el arte, el modo en el que está contado –que tiene algo que ver con lo que estás escribiendo–, pero sobre todo la reflexión sobre la idea de autenticidad. Toda la novela gira en torno a La madonna de la daga, una supuesta obra maestra del pintor sueco Nils Dardel, y a la obsesión de un joven coleccionista por conseguirla y conservarla. Pero lo que atraviesa el libro es la cuestión de la verdad, de saber qué es un original, cómo una copia puede contener tanta verdad como lo auténtico y cómo estas ideas, que se aplican a las obras de arte, no son ni mucho menos ajenas a las personas. La identidad es una construcción; a veces sólo somos auténticos cuando fingimos, cuando somos otro. Porque el yo auténtico es una ficción. Una copia sin original.

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En las noticias, siguen los bombardeos en Gaza. Es una batalla desigual. Y hay víctimas y verdugos. La matanza de los inocentes. Una y otra vez.


Por la tarde lees de un tirón Monasterio, el último libro de Eduardo Halfon. De este escritor guatemalteco lo has leído casi todo. Te cautivó El ángel literario, que hablaba sobre los procesos de escritura. Pero te gusta todo lo que escribe, que siempre se lee con gran naturalidad. Tiene la virtud de, “como quien no quiere la cosa”, hacerte entrar en las historias y, cuando te vienes a dar cuenta, estás en medio de un mundo que ya te ha atrapado. Aquí cuenta su visita, o la de su personaje, a Jerusalén. Y la impresión en todo momento de una sociedad dominada por un fundamentalismo religioso regido por una ley inquebrantable que, si se piensa bien, está en el inicio de toda violencia. El personaje-autor del libro es un judío que no olvida sus orígenes pero que tampoco tolera ese mundo cerrado en el que se puede convertir una religión y casi una “raza”. De nuevo, es una reflexión sobre lo auténtico, la esencia, y también sobre la construcción de la historia personal. Buscar lo auténtico, lo original, conduce a lo “radical” –precisamente, de raíz–. Y ése es el origen de muchos de nuestros males.


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Sales por la noche con R. y quedáis a cenar con L y M. en un japonés. Es la primera salida nocturna tras la operación. Después de la cena, caen algunos gin-tonics mientras ves el primer partido de la pretemporada del Madrid. El alcohol te anestesia, pero el dolor sigue igual que todo el día, creciendo en tu vientre como si hubieses hecho mil abdominales.


DOMINGO 27 / Leer y ver leer

Por la mañana lees El genuino sabor, la novela de Mercedes Cebrián. También la engulles de una sentada. Y de nuevo, te encuentras con una reflexión muy lúcida y aguda sobre la identidad y lo auténtico. La imagen de España proyectada desde el extranjero, pero también la imagen del extranjero a través de los ojos de la protagonista de la novela cada vez que llega a una ciudad para trabajar. Una novela sobre los estereotipos y la construcción cultural de lo genuino. Y también un libro que se lee con todos los sentidos alerta. Porque más allá de la meditación sobre las ficciones de la autenticidad, la escritura de Cebrián, fresca y llena de ironía perversa, te hace degustar, oler y tocar el mundo que describe, salivar en cada párrafo como si realmente estuvieras saboreando unos alimentos que abandonan su cualidad de objetos para convertirse en sujetos de la narración.

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Mientras tú lees, ves a R. en el sofá con el primer borrador de tu novela, ese borrador casi ilegible que sólo ella puede leer sin perderte demasiado el respeto. La miras de reojo buscando reacciones. Y no cesas de preguntarle: ¿Por dónde vas? ¿Se entiende esta idea? ¿Qué te parece este personaje? Estás lleno de inseguridades. Es el momento en el que aún no sabes si funcionan las cosas. Y la impaciencia te corroe.


Por la noche comienzas a ver la segunda temporada de Utopía. Es el capítulo donde se explica el origen del manuscrito y de los personajes de la primera temporada. Te fascina el uso manierista de lo vintage y el modo de trabajar con la historia reciente. La cultura televisiva, el imaginario nostálgico… el mejor capítulo que has visto de toda la serie.


Antes de dormir, lees un poco El palacio de la luna. Te das cuenta de que el tono de tu novela es muy Paul Auster y decides rescatar algunos libros que te quedan por leer. Ahora lees por empatía con lo que escribes.


LUNES 28 / Funcionamiento

Te levantas con el abdomen muy dolorido y no se te quita en todo el día. A veces se alivia un poco, pero se convierte en una molestia constante para cualquier movimiento.

Comienzas la revisión del primer borrador. La primera vuelta es para mirar la continuidad, la estructura, el ritmo, el modo en el que avanzan las cosas, sin entrar todavía en los pequeños detalles –que son miles–. Comienzas a anotar todos los fallos y haces una planificación del tiempo que te llevará revisarlo para comenzar un segundo borrador en el que las cosas funcionen mejor. La novela son cinco partes. Hoy revisas la primera. Es la que mejor funciona. Quizá la única.


A media mañana entra R. en el despacho con lágrimas en los ojos. Ha llegado al final de la novela y le ha emocionado. Te alegra el día y te da confianza para seguir. Es la sensación que quieres producir. Es mucho más emotiva que Intento de escapada. Al menos tú la sientes así. Y que R. haya experimentado eso te hace pensar que, bien trabajada, puede llegar a funcionar.


Por la tarde vas al gimnasio. Intentas sobreponerte al dolor de abdomen, pero está detrás de cada ejercicio y llegas muerto a casa. Ves un capítulo de The leftovers, que cada vez te convence menos, y caes rendido a la cama.


MARTES 29 / Organismo vivo

Las agujetas son bestiales. Ahora se junta el dolor abdominal con el del gimnasio.

Durante toda la mañana, lees y revisas los fallos de coherencia de la segunda parte. Es demasiado larga, piensas; y avanza demasiado lenta. Así que cortas dos capítulos y cambias fragmentos de un lugar a otro. Estás ante un organismo vivo.


Por la tarde, sigues con Paul Auster. Saltas de El palacio de la luna, que dejas reposar un momento, aLeviatán. Por alguna extraña razón creías que habías leído este libro. Te sonaba, y estabas convencido de haber leído la parte de María Turner. Incluso creías que el libro era azul cuando en realidad era rojo. La memoria te juega malas pasadas.


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Ahora lo ves todo con otros ojos. Cuando comienzas el modo revisión ya lo lees todo así, observando con cuidado la estructura, las partes, el ritmo, que todo cuadre… Todo se convierte en narración. Las series, las películas, los programas de la tele, las historias que te cuentan. Cualquier cosa es susceptible de ser analizada.


MIÉRCOLES 30 / El lugar real

Llagas en la lengua, agujetas en todo el cuerpo del gimnasio y el abdomen cada vez con más dolor. Eres un pupas. Andas casi como un robot, intentando reducir los movimientos del cuerpo al mínimo.

Todo el día lo pasas revisando la tercera y la cuarte parte de la novela. Es donde más tienes que cambiar. Investigas el lugar en el que ocurren los hechos que cuentas. Ahora documentas cosas que tienen que existir. Necesitas que todo sea verosímil. En el primer borrador el muro que ve el protagonista era un lugar al azar. Ahora encuentras algo que se parece bastante a ese lugar imaginado. Lo localizas con el Google Earth y buscas la historia que hay detrás. Todo coincide, casi por casualidad, como si ese lugar hubiese estado esperando a que lo encontrases.


Llegan los seis volúmenes de la Encyclopedia of Aesthetics, que publica Oxford University Press. Tardaste casi un mes en escribir la voz “Estética Migratoria”. Tuviste que revisarla más de diez veces para que se quedase como quería el editor. Pero al final ha merecido la pena. Una pica en Flandes.


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JUEVES 31 / Poseído

Por la mañana vas al gimnasio. Sigues dolorido, pero intentas moverte algo. Intentas nadar, pero no puedes aún estirarte del todo. Decides no volver a hacer nada hasta que hables con la cirujano. Quieres saber si el dolor es normal. Lo puedes aguantar. Pero te da miedo que algo no vaya bien. Sólo necesitas unas palabras para quedarte tranquilo: “te tiene que doler, no pasa nada”.

Por la tarde, acabas la revisión de la última parte. Retocas los dos últimos capítulos, que no funcionaban, cambias el orden de algunas secuencias, y llegas al final. La última frase sí que tienes claro que no se toca. Es lo único que te convence. Igual que la primera. El principio y el final. Ya es bastante.IMG_4272

Lo cierto es que estos días vives dentro de la novela. En la fase de revisión no tienes otra cosa en la cabeza. Va dentro de tu mente como si fuera una mapa que te ocupa todo el espacio. Incluso cuando te hablan estás ausente y en tu mundo.

Quedas por la noche con L. y J. Cenáis y os dais una pequeña vuelta. Entras al Bizz’art después de más de un mes. Lo echabas de menos. Pero el dolor no te deja disfrutar demasiado y a la una y poco vuelves a casa. En el trayecto, sigues dándole vueltas a la novela. Es como si se hubiera adueñado de ti. No existe otra cosa. No hay otro lugar ahora. Te embriaga esa sensación. Bendito virus de la literatura.


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29/7/14

Presente continuo (semana del 18 al 24 de julio)

VIERNES 18 / Tecnología digital
Pasas toda la mañana intentando recuperar un ebook que descargaste hace unos años y que ahora no se abre porque el dispositivo para el que lo compraste ya no lo usas. Es un libro que necesitas para terminar el programa de la asignatura que impartes el año que viene y que tendrías que leer en este momento. Pero ya no está; se ha volatilizado. Y ya no puedes volver a descargarlo porque ahora los formatos han cambiado. Esto nunca habría ocurrido con un libro en papel. No se pasan de versión, se pueden abrir siempre. Las tecnologías digitales, sin embargo, se vuelven obsoletas casi de año en año. Quién sabe si todos esos ebooks que uno descarga serán legibles en un futuro. O habrá que volver a comprarlos y descargarlos de nuevo si alguna vez los necesitamos. Vivimos en tiempos móviles, donde todo cambia de la noche a la mañana. No es posible pensar que las cosas que hoy usamos podamos guardarlas para más tarde. Esta es una civilización del presente, no del futuro. Quizá por eso los libros en papel están en crisis, porque una vez utilizados, leídos, “consumidos”, ya no sabemos qué hacer con ellos. Si se piensa bien, el propio libro como objeto –casi igual que sucede con la obra de arte– es una forma de resistencia frente a esa obsolescencia continua de la mercancía. Porque el libro resiste, no se gasta, y por mucho que se lea, permanece en el tiempo, puede volver a ser experimentado y compartido. Y eso, en el fondo, atenta contra la lógica del usar y tirar.

Ves las noticias del avión derribado en Ucrania. Se te ponen los pelos de punta. Ahora todos buscan culpables. Nadie se hace responsable del error. En breve sólo serán datos, daños colaterales, como esos otros incidentes de los informa el telediario, los que han ocurrido otras veces y que ahora sólo son curiosidades. La tragedia se banaliza con el tiempo. Y también con la distancia.

Esta tarde has quedado con L. y J. a tomar una cerveza en Murcia. Es tu primera salida casi en tres semanas. Comienzas a andar hacia la parada de autobús y al llegar te ves con fuerza para continuar hasta la ciudad. Tras media hora, llegas cansado y empapado de sudor, pero con la sensación de que todo va cada vez mejor. La cerveza y la marinera te saben a gloria.

Luego, R. te recoge y vais al cine a ver El amanecer del planeta de los simios. Se te hace algo larga. Y sobre todo, no te crees nada. La idea de que sólo estás viendo personajes hechos por ordenador resta credibilidad a la historia. Es puro virtuosismo técnico. El cine se ha convertido en un trampantojo barroco. 

SÁBADO 19 / Autonomía
Te quedas solo en casa leyendo y escribiendo. Sientes autonomía. La normalidad va volviendo. Poco a poco. Comienzas a leer la tesis que tienes que evaluar el próximo martes. La combinas con varias novelas. Saltas de una a otra y no te centras en ninguna. Te ocurre lo mismo con la televisión. Descargas dos películas y dos episodios de series y al final, como no sabes qué ver, decides volver a la lectura.

Cuando llega R., sales a andar por el río. Hoy es más tarde y hay poca gente. A la vuelta, veis un episodio de la segunda temporada In the flesh, una serie sobre zombis donde los muertos vivientes se reincorporan a la sociedad. Por la noche, como no podría ser de otro modo, tienes pesadillas y vuelves a soñar con un apocalipsis zombi que comienza en tu casa de la huerta. 

DOMINGO 20 / Comprender
Te levantas temprano y escribes casi sin parar hasta el mediodía. Estás pasando a ordenador los cuadernos manuscritos. Acabas con dolor de muñecas. Pero vas sintiendo que llegas al final. Sin embargo, lo que lees no siempre te satisface. Hay momentos buenos. Frases, metáforas, imágenes y reflexiones que sientes que son dignas y te gustan. Pero el resto… mejor no pensarlo ahora. Ya llegará el momento de volver.

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En las noticias siguen los bombardeos a Gaza. Y tú sigues sin llegar a comprender del todo el conflicto palestino-israelí. Como otras muchas cosas. Por eso te dedicas varias horas a buscar vídeos y leer en internet las raíces históricas de lo que pasa en la franja de Gaza. Todo es demasiado maniqueo; es difícil encontrar la opinión justa. Lo único claro es que el conflicto tiene difícil solución. Es lo que ocurre cuando no se hacen bien las cosas y cuando todo depende de alianzas, juegos de poder entre bloques y remedios estratégicos. La clave está siempre en el pasado, en aquello que se hizo mal desde un principio. Pero ahora ya no se puede volver atrás.

Por la noche ves Headhunters, un thriller noruego sobre un cazatalentos que te recuerda a Bron/Broen. Cine negro nórdico. Siempre hay algo de insano en todas estas ficciones, igual que en la novela policiaca, como si fueran el reverso oscuro de una sociedad aparentemente ejemplar. Quizá por eso nos gusta, porque vemos que tras la prosperidad y la perfección está también la condición humana en su versión más perversa. 

LUNES 21 / Continuar
Escribes desde bien temprano. Continúas a un ritmo rápido. Las muñecas siguen resentidas. A media mañana, vas al centro comercial y te compras algo de ropa para la tesis de mañana. Tras la operación has reducido unas tallas, pero con la faja aún no sabes cómo quedará tu cuerpo. Aun así necesitas algo para estos días. Por la tarde acabas de leer la tesis y preparas la intervención para mañana. Después, cenas con los miembros del tribunal y regresas a casa antes de medianoche. 

MARTES 22 / Vida normal
A las diez y media os reunís para constituir el tribunal. Chaqueta y corbata. Con la faja y el calor no sabes si vas a resistir. Afortunadamente, aguantas bien. La lectura de la tesis discurre sin problemas. I. está algo nerviosa, pero todo sale bien. Has aprendido mucho leyendo sobre el NO-DO. Al final, lo mejor de las tesis es que uno acaba encontrándose con conocimientos a los que no llegaría de otra forma. Conocimientos que luego se quedan para siempre. El tribunal elogia la tesis y acaba dándole la máxima calificación. I. ya es doctora. Sabes el peso que se ha quitado de encima.Después, comida muy agradable, champán y gin-tonic. Es el primero que te tomas después de la operación. Y lo disfrutas. Hoy hace un mes. De hecho, por la tarde te toca revisión en la clínica. La cirujano te da una buena noticia: a partir de hoy, faja fuera. Estás contento. Y a eso contribuye también el personal de la clínica, que lo ha hecho todo mucho más fácil. Casi sientes una familiaridad cuando entras allí. Ya no significa enfermedad. Vida normal, dice J., la médico. En la medida de lo posible, claro. Y eso es lo que haces. Vida normal. Al llegar a casa te quitas la faja y la guardas para siempre. Por la noche tienes un sexo extraño. Tu cuerpo es diferente y las sensaciones también lo son. Es comenzar de nuevo. 

MIÉRCOLES 23 / Reconstruir el pasado
Sigues escribiendo. Acabas de pasar los cuadernos manuscritos. Ahora sólo quedan dos capítulos para llegar al final.

Te apuntas al gimnasio. Sabes que de momento no podrás hacer mucho, pero tienes que comenzar a moverte poco a poco. R. se ha animado y se apunta contigo. Las instalaciones del gimnasio os han deslumbrado y no lo habéis tenido que pensar demasiado. Ahí se os van a ir las vacaciones de verano. Habrá que aprovechar el SPA y la piscina.

Por la tarde terminas de leer el libro que te ha acompañado durante toda la semana: HHhH, de Laurent Binet, el joven escritor francés que ganó el Goncourt con esta primera novela. Es deslumbrante. Una reconstrucción de un acto heroico: la operación “antropoide”, el atentado que acabó con la vida de uno de los más temibles ideólogos del Holocausto, Reinhard Heydrich, el carnicero de Praga. Es una reflexión sobre el terror y la violencia, pero también sobre la resistencia y las posibilidades de enfrentarse a la maquinaria nazi. La novela es tanto un repaso por la historia como una meditación sobre la posibilidad de escribir acerca el pasado, sobre la dificultad de imaginar, de buscar la verdad; está llena de reflexiones que aluden al propio libro y que lo hacen una obra excepcional. De las mejores que has leído este verano.

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JUEVES 24 / Cuestión de tiempo
Te levantas dolorido. Mucho. Sin faja han vuelto las molestias. Cuando andas te notas inseguro. Sin la compresión estás desprotegido; todo te roza, todo te tira, todo te duele. Tienes que acostumbrarte. Es cuestión de tiempo.

Escribes durante todo el día, casi sin descanso. Y a media tarde llega el momento más deseado: punto y final. Terminas el primer borrador. Doscientas sesenta páginas que imprimes y pones sobre la mesa para poder tocar el resultado de todo este tiempo de trabajo. Sabes que están llenas de cosas por cambiar, que es sólo primer paso, pero te hace feliz. Lo has logrado terminar. Hemingway decía que la única virtud del primer borrador es precisamente “que se acabe”. Y eso es lo que has conseguido. Él los llamaba “excrementos”. Y mucho de eso también hay aquí, claro. No sabes lo que conservarás en la versión final. Pero es el primer paso. Ahí está toda la historia en bruto. Es la imagen saliendo del mármol. Ahora es cuando empieza lo que más te gusta: reescribir, mover, cambiar, resituar. Es la parte del montaje una vez que se han filmado las escenas. Sin duda, es la que más disfrutas. No tienes prisa. Has llegado. Has trazado el camino. Ahora hay que poner baldosas, pintar, iluminar, señalizar, adecentar, cuidar, podar. Y eso es cuestión de tiempo.

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Al final del día te das cuenta de que es el aniversario de la muerte de tu padre. R. te lo dice. ¿Es hoy?, dices. Quizá ayer, piensas. Sí, 23 de julio. ¿O fue 24? Hace once años ya. Pero el tiempo lo cura todo. Pocas noches más aciagas que la que pasaste en el hospital sujetando su mano cuando sabías que ya sólo cabía esperar. Creías que no te ibas a recuperar de aquello. Y ahora no recuerdas si fue ayer o es hoy. Once años ya. Sí, todo es cuestión de tiempo.


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23/7/14

Presente continuo (semana del 11 al 17 de julio)

VIERNES 11 / El libro tachado
Por la mañana temprano, reunión de departamento. Al final no tomáis ninguna decisión y tienes la sensación de haber perdido toda la mañana. Hay en la universidad una pulsión de reunión que no logras comprender.

Cuando regresas a casa, terminas la lectura de El libro tachado, el ensayo de Patricio Pron que te ha acompañado durante estos días y que has degustado poco a poco, desando que no se acabase nunca. Pron es uno de los escritores que más admiras. Cuando leíste El comienzo de la primavera sentiste que habías encontrado por fin el escritor que andabas buscando. No has parado de recomendar esa novela desde entonces. Y desde ese momento lo has seguido y lees con entusiasmo todo lo que escribe. El libro tachado, sobre el que probablemente vas a escribir con más detenimiento, se adentra en territorios que están muy cerca de tus intereses: la desaparición, el silencio o el ocultamiento. Dedicaste tu tesis a hacer algo parecido pero en el ámbito de la artes visuales, y allí llegaste a la conclusión de que tachar la visión, frustrar la mirada, lejos de ser una senda extraña al arte moderno, es su camino más preciso. Al poner en escena su desaparición, el arte se preserva; sólo vive en tanto que se muestra como moribundo. Las reflexiones de Pron sobre la literatura tienen que ver con esta idea. Escritores desaparecidos, suicidas, censurados, represaliados, anónimos, bloqueados, plagiadores, falsificadores…, estrategias para anular la figura del escritor que acaban sirviendo como tácticas de resistencia para preservar la literatura. Con inteligencia y rigor y con un conocimiento apabullante, Pron cartografía la literatura por el otro lado del espejo.

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Por la tarde, decides ir a la graduación de los estudiantes de Filosofía. Te eligieron como padrino pero tuviste que declinar la invitación porque no sabías si ibas a llegar en condiciones. La verdad es que te habría gustado acompañarlos todo el tiempo. Son la primera promoción a la que diste clase después de volver de Estados Unidos. Y pocas veces te has sentido tan cómodo en un aula. Te hizo mucha ilusión que pensaran en ti. Y antes de salir de casa pensabas que habrías podido decir que sí. Pero enseguida te das cuenta de que aún no estás bien del todo y las dos horas y media que estás en el salón de actos se te hacen demasiado largas; no encuentras la postura adecuada y las molestias no te dejan disfrutar del acto como se merece. El cuerpo sigue teniendo sus tiempos. 

SÁBADO 12 / Cotidianidad
Por la mañana, retomas La muerte del padre, el libro de Karl Ove Knausgård que te recomendó C. cuando estuviste en Lund. Habías leído bastantes páginas, pero aún no te habías puesto en serio con él. Es una radiografía de la memoria. Una vida entera, casi sin elipsis, un experimento narrativo para dar cuenta del yo del escritor; todo lo contrario del sujeto tachado del que hablaba Patricio Pron. Aquí se trata de un sujeto excesivo, que cuenta todo, que no deja apenas nada fuera de su visión. Por supuesto, el mérito no está en la importancia de lo que cuenta; es una vida como cualquier otra. La clave es el modo de contarlo. Consigue crear una empatía en el lector, que rápidamente se identifica con ese hombre cualquiera y con todas sus preocupaciones cotidianas. Consigue hacer que lo íntimo aparezca como universal; esa era la clave de la literatura para Freud. Aun así, el texto está en el límite. La segunda parte del libro roza el exceso y lo íntimo se transforma en mera domesticidad. La rutina continua de cómo limpia la casa o cómo cocina llega en ocasiones al tedio. Es curioso que seas tú quien dice esto, y que lo digas precisamente en el marco de un diario como este, donde la cotidianidad se hace omnipresente y lo íntimo se confunde con lo doméstico.

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Por la tarde sales a andar con R. Cada vez lo haces más erguido y por momentos te olvidas de la faja y la cicatriz. Cuando llegas, ves el partido por el tercer y cuarto puesto. Brasil vuelve a perder. Tienes la sensación de que es uno de los peores equipos del Mundial.

DOMINGO 13 / Error
Hoy escribes. Por fin. No demasiado, pero sí algo. Un pequeño capítulo. A mano. Tres horas. Lo justo para entrar en modo de escritura. Durante todos estos días percibes el cuerpo de un modo diferente. Hay momentos en los que sientes algo en la piel y, al tocarte, no encuentras el lugar de origen de la sensación. Tu sensibilidad cutánea ha cambiado por completo. Tienes que intentar encontrar el punto en el que te duele o te pica, volver a recorrer tu cuerpo como si fuera el cuerpo de otro. Ya no es automático. Hay un pequeño delay, un error de coordenadas, necesitas un tiempo para encontrar el lugar. Y eso te hace reconocer tu cuerpo desde fuera, perder pie, desconfiar de los estímulos nerviosos. Ahora necesitas mirar dos veces, tocar dos veces, sentir dos veces. Ya no das nada por sentado.

Por la noche ves la final del Mundial y te alegras con el triunfo de Alemania. Se lo merece. El reconocimiento a Messi como mejor jugador es de vergüenza. 

LUNES 14 / Escribir
La normalidad va llegando. Por la mañana tienes un examen. Después, varias reuniones con doctorandos. Te despides de M., que se va a Londres a buscar trabajo después de siete años en España.Por la tarde, en casa, escribes. Ya has conseguido instituir la rutina. Terminas el tercer capítulo de la quinta parte, la última. Te demoras en la escena de sexo que culmina el libro. No sabes si al final la pondrás. Aún así la escribes. Ahora es momento de escribirlo todo. Ya habrá tiempo de quitar, tachar y reescribir. 

MARTES 15 / Alma
Continúa la escritura. Te aproximas al final. Pero antes de eso, antes de llegar, quieres pasar a ordenador todo lo que llevas escrito a mano. Aún hay un cuaderno que tienes que mecanografiar. Lo haces poco a poco, casi automáticamente, cambiando apenas dos o tres palabras, dejando el sentido original, precario, de la escritura manuscrita.Por la tarde, masajes en la clínica y cita con la cirujano. Te dice que todo va bien. Notas que la hinchazón va remitiendo y la cicatriz está cada vez más cerrada. Quizá la semana que viene te puedas quitar la faja. Sales de allí más erguido.

Lees casi en estado de trance La sonata a Kreutzer, de Tolstoi. Una justificación del asesinato, una puesta en cuestión del amor romántico y una visión pesimista y espeluznante de la naturaleza humana. Tolstoi entra en la mente del asesino, del misógino, del misántropo. Y uno nunca sabe cómo posicionarse ante esa voz que ha logrado encontrar la justificación a su crimen y que ha racionalizado la violencia. Un libro brutal, terrible, tremendo, absolutamente necesario. Lo acabas por la noche casi sin respiración y decides que vas a dormir en la cama después de tres semanas de sillón. Te cuesta trabajo poder estirarte, y aún no lo consigues del todo, pero tienes que hacer el esfuerzo.

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 MIÉRCOLES  16 / Citas que dicen lo que quisieras decir
Sigues escribiendo. Ahora ya no hay pausa. En los descansos, para alimentar tu prosa, lees a Javier Marías.Negra espalda del tiempo, el libro en el que habla de la recepción de su novela Todas las almas, es una autobiografía extraña que ya merece la pena aunque sea por una cita que te toca directamente y que no te resistes a transcribir ahora: “Cuando alguien falta nos damos cuenta de la transmisión perpetua y calla entre las personas y las cosas, y así éstas cobran vida vicaria y se hacen testigos y metáforas y emblemas y se erigen en el hilo de la continuidad a menudo; y parece entonces que encierren las vidas imaginarias y las no cumplidas y las malogradas, o acaso es que son los objetos lo único que concilia y nivela presente y pasado, y hasta el futuro si duran y no son destruidos. Precisamente porque siguen viviendo sin añorarnos no cambian, y en eso nos son leales.”

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JUEVES 17 / La Azotea
Por la mañana, reunión para elegir horarios. En el primer cuatrimestre, dos días de clase. Entras a primera hora. Vas a tener que madrugar. Aun así, no sale demasiado mal. Comienzas a preparar la guía docente de Teoría de la Historia del Arte. Es el primer año que la vas a dar y quieres prepararla bien. Pero te das cuenta de que ya te has comprado demasiados libros y que va a ser imposible que te dé tiempo a todo. Las clases son la manera de aprender sobre cosas que creías que sabías. En cuanto profundizas un poco te das cuenta de que apenas sabías nada. Esta es de las cosas que más te gusta de la docencia, que enseñas para aprender.

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Por la tarde, paseo por el río. Se ha convertido ya en una rutina agradable antes de la cena. Cuando llegas ves una nueva serie, Extant. El primer capítulo te deja intrigado.Antes de dormir, casi de casualidad, te dicen que ha cerrado la Azotea y que hoy hacen una especie de fiesta de despedida. Sin redes sociales y encerrado no te enteras de nada. Ni siquiera de estas noticias tristes para la cultura. La Azotea ha sido en los últimos años un lugar de referencia para la cultura murciana, un ejemplo de autogestión y de promoción del arte, la literatura, la música y mil cosas. Has asistido allí a presentaciones de libros, conciertos, encuentros, tertulias…, de todo. Es una pena que tenga que cerrar. Pero no se le puede pedir a la gente que haga más sacrificios de los que han hecho. E. y F. se han dejado la piel en el proyecto, sin ayudas institucionales de ningún tipo. Y lo que han hecho es un ejemplo y una vía para que otros sigan haciendo cosas. La cultura murciana tiene que estar agradecida por la labor de estos años. Y esperar que haya una segunda etapa, que el futuro sea propicio y que la Azotea regrese y llene de nuevo ese vacío que ahora deja. De momento, gracias por todo. 

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14/7/14

Presente continuo (Semana del 4 al 10 de julio)

VIERNES 4 / Masaje
Despiertas temprano. A las siete ya no puedes seguir durmiendo. Dos semanas y media en el sillón ya comienzan a cansarte y el cuerpo se resiente de mantener día y noche la misma posición. A media mañana comienzan los masajes sobre las partes operadas. Llegas a la clínica, te subes como puedes sobre la camilla y la enfermera conecta una máquina de la que sale un dispositivo extraño que se posa sobre tu cuerpo. El ruido te recuerda al de los drones de las películas de ciencia ficción. El dolor ya es otra cosa. La piel está aún sensible y notas las vibraciones como si fueran pellizcos y pequeños bocados. Es necesario para que baje la hinchazón, dice. El dolor es bueno, te convences.
Antes de eso, te ha pinchado varias veces en el abdomen para ver si quedaba líquido tras la operación. Parece que todo va bien, pero debes seguir llevando la doble faja. La que tienes ahora y que apenas te deja respirar la ve demasiado holgada; necesitas más compresión.
Sales de la clínica algo más erguido de lo que has entrado. Compras la nueva faja, te la pones y aguantas la respiración todo lo que puedes. Va a ser duro encontrar la postura para poder hacer algo en condiciones.
Al llegar a casa, te sientas en el sillón y tardas un rato en acomodarte. Al final, te acostumbras. No hay más remedio. En esa posición acabas de leer La fotografía, de Penelope Lively. Te parece un gran libro. Al final, la fotografía encontrada al principio no es más que un mcguffin para hablar de los celos, la memoria y las relaciones de pareja. Prometes leer todo lo que encuentres de esta escritora.
Por la tarde te cuesta horrores encontrar el modo de escribir el “Presente continuo” de la semana anterior. Tienes que hacerlo en el iPad y a ratos cortos. Estas semanas la lírica se evapora. Escribes como puedes y ya es bastante que pueda salir algo en condiciones.
Después, bajas a la calle a andar la media hora que te ha recomendado la cirujano. La cicatriz y los músculos te queman y tienes que volver antes de tiempo. Compras helado como postre para celebrar que, dentro de lo que cabe, todo parece ir bien. Cenas un sushi insípido que traen de un asiático al que has llamado por teléfono. Es la última vez que llamas ahí.

SÁBADO 5 / Eros
Hoy la nueva faja te mata. Te inhabilita por completo para concentrarte en cualquier cosa. Por la tarde sales a andar un poco y te la tienes que quitar a la vuelta porque ya no la soportas.
Ves los cuartos de final. De nuevo te decepcionan. Este mundial es aburrido. Mucho. Antes de que acabe el partido, te sumerges en la lectura. Es lo único que te sigue distrayendo a pesar de todo. Te bebes Rituales cotidianos. Cómo trabajan los artistas, de Mason Currey. Está lleno de anécdotas de escritores, músicos y pintores. Algunos son excéntricos: beben, se drogan, fuman de todo, escriben en la cama con los rituales más extraños; otros son metódicos y obsesivos: siguen un orden estricto como si se tratase de una especie de régimen militar. Pero para todos el arte o la escritura es lo más importante, cuestión de vida o muerte, nada que ver con un mero entretenimiento. Crees que cada día estás más cerca de esa visión.
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El dolor, la incomodidad y las molestias no han conseguido eliminar la libido. No has preguntado a la cirujano cuándo puedes tener sexo. Miras en internet antes de proponer nada. A las dos semanas se puede intentar algo, dicen, calmado y sin brusquedad. Por la noche, no puedes aguantar más y haces lo que puedes, con cuidado extremo y poniendo atención a cada uno de los movimientos, casi como si fuera un ritual tántrico. Cuando acabáis, te sientes revitalizado, como si esa energía erótica te hubiese recargado por dentro. El sexo te da soberanía sobre tu cuerpo, te lo hace reconocible, te lo devuelve, convierte la carne herida en potencia de vida.

DOMINGO 5 / La mujer justa
Despiertas mucho mejor. Lo notas. Te duchas y por primera vez reconoces tu cuerpo en el espejo. Por un minuto no recuerdas lo que había allí antes de la operación. Y empiezas a sentir la cicatriz más como una parte del cuerpo que como una sutura foránea que se había cruzado en tu camino.
En la televisión ves un documental sobre el dopaje de Lance Armstrong. Coincide casi con el inicio de Tour de Francia. Hablan del significa de hacer trampa, de la ambigüedad de la mentira y de la necesidad de ampliar la capacidad del cuerpo cuando es puesto al límite. El ciclismo siempre te ha parecido una locura. Lo extraño es que no se dopen todos.
Te calzas las deportivas y sales a dar una caminata con R. Os pasáis de la media hora y vuelves cansado. La cicatriz te tira un poco y el ombligo te escuece. Debes ser consciente de que aún falta para la recuperación.
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Por la noche terminas de leer La mujer justa, de Sándor Marái, que te ha acompañado estas semanas. Te lo recomendó J.M. y lo has ido degustando poco a poco. Es un grandísimo libro. El primero que lees del escritor húngaro. A través de tres monólogos, Marái se introduce con un magisterio sólo al alcance de los más grandes de la literatura en los sentimientos, el amor, el abandono, el miedo. Un análisis del alma humana. Lleno de sabiduría contextualizada. Cada personaje es sabio según sus circunstancias que dan pie a su historia. Una historia que, más allá de las emociones, se adentra en el espíritu de la lucha de clases. El fin de la burguesía, el complejo de culpa, el dinero, el sentido de la cultura. Y sobre todo, el desmoronamiento del mundo del pasado durante la primera mitad del siglo XX. En el fondo es de esto de lo que trata, de cómo un modo de habitar, unas costumbres, una cultura, desaparece, y de la melancolía y sentimiento de pérdida se apodera de aquellos que sienten que ese mundo, que daba sentido a su existencia, se desvanece.
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LUNES 6 / Más lecturas
En cuanto te levantas vas a la clínica. Se te han infectado los puntos del ombligo. Nada grave. Pomada durante una semana y se curará sin problemas. Lo que sí que te duele es el cuello. Dada la postura en la que estás durmiendo, lo raro es que el dolor no hubiera aparecido antes. Pero hoy ya se hace insoportable. Pides cita con la fisio y te da para mañana.
Antes de comer acabas de leer El arte de volar, el cómic de Antonio Altarriba y Kim. Te emociona la historia. Y te da ideas para lo que quieres escribir. Intentas incluso sentarte al ordenador para ponerte con tu novela, pero al final es imposible. Entre el cuello y la doble faja no encuentras la posición.
Por la tarde lees de un tirón Cartas a un joven novelista. Lo confiesas, solo has leído de Vargas Llosa ensayos. Y te entusiasma su prosa. Aquí es sagaz. Y te hace aprender. No haces estos días otra cosa que aprender. Pones sobre la mesa de lectura La ciudad y los perros. De este verano no pasa.
Todas las noches, antes de dormir, sigues con la segunda temporada de Bron/Broen. Cada vez se pone más interesante. Todo está calculado y meditado a la perfección. Las piezas van encajando y ya esperas la sorpresa final.

MARTES 7 / Primera salida
Hoy vas por primera vez a la universidad. Es tu primera salida a la vida después de la operación. Reunión de departamento para pedir asignaturas. No te sale exactamente como pensabas y vas a tener que prepararte una asignatura nueva. No puedes coger Arte del siglo XX ni Últimas tendencias y tienes que quedarte con Teoría de la Historia del Arte. Te gusta, pero se te viene encima demasiado rápido. Y sobre todo te va a entorpecer la escritura de la novela. Al terminar la reunión, sales para la fisioterapeuta. Sin bajarte la faja y sentado en una camilla hace lo que puede con tu cuello. Ya no sientes el dolor.
Por la tarde te quitan los puntos de la cicatriz y te vuelven a dar un masaje con la máquina. Te duele menos que la otra vez, el masaje. La cirujano te dice que todo sigue bien y que te puedes quitar ya la segunda faja. Sientes un alivio tremendo. Te quedan dos o tres semanas para poder quitarte la otra y dejar de sentir la presión. Pero así ya te puedes sentar frente al ordenador y comenzar a moverte con mayor normalidad.
Ves el 7-1 de Alemania a Brasil y te alegras secretamente. Siempre has ido con Alemania. La primera camiseta que te compraste fue la de Lothar Matthäus, un mito durante tu infancia y tu adolescencia. Además, el juego de Brasil en este mundial era soporífero. No se merece ni el cuarto puesto.
Antes de dormir te enganchas a El país de las últimas cosas, uno de los pocos libros de Paul Auster que te faltaba por leer. No te llega a convencer del todo, aunque acabas devorándolo y casi logras acabarlo antes de apagar la luz.
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MIÉRCOLES 8 / Nostalgia
Por la mañana, nada más levantarte, terminas las páginas que te faltaban del libro de Auster. Desde luego, no es el mejor del escritor, pero su imaginario te sigue fascinando y estás tan agradecido por los buenos momentos que te ha hecho pasar su literatura que se lo perdonas todo.
Por la tarde ves el final de la segunda temporada de Bron/Broen. Es magistral, aunque se queda para una tercera y no sabes cómo vas a poder esperar a septiembre de 2016.
Después, sales a andar con R. por la mota del río. Hace una temperatura agradable y mantenéis un buen ritmo. Cuarenta minutos es para ti ahora todo un récord. Os adelantan muchos corredores y sientes envidia y nostalgia. Al regresar, ves la semifinal entre Argentina y Holanda y te sirve de somnífero. Duermes feliz, sintiendo que te vas encontrando poco a poco.
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JUEVES 10 / Tiempo de escritura
Te levantas algo dolorido tras la noche. Pero se pasa enseguida. R. te lleva a la universidad para poner el examen de Crítica de arte. Va volviendo la normalidad, aunque todo te cueste el doble y aún tengas dificultades para atarte los cordones de los zapatos.
Al llegar, te sumerges en Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrente, que tantas veces te ha recomendado L. Por fin ha llegado el momento. Y la novela no te decepciona. Te absorbe de tal manera que casi te olvidas de comer. Tienes la sensación mientras lees de que es así como quisieras escribir, que alguna vez te gustaría publicar un libro así, sincero, directo, lleno de verdad y de buena literatura. Junto a La invención de la soledad, es el mejor libro sobre un padre que has leído hasta el momento. Una oda a la memoria, a la escritura, al amor, a la vida.
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Tanto te llega, que cuando lo acabas, en lugar de intentar seguir con tu novela, que esta semana se te ha resistido, comienzas a escribir el principio de la siguiente, la que pretendes dedicar a la reconstruir la historia de tu abuelo paterno, a quien nunca llegaste a conocer. Escribes diez páginas como poseído por la energía de lo que acabas de leer. Te gusta tanto que estás tentado a continuar y aplazarlo todo. Pero al final el sentido común acaba regresando y lo dejas como esbozo de algo que retomarás cuando acabes lo que estás escribiendo ahora. Te das cuenta de que lo que tienes que recuperar es la intensidad y el deseo por continuar con tu novela. Por alguna razón esta semana aún no has podido volver. Pero ahora mismo sabes que ya ha llegado el tiempo. El tiempo de escritura. No hay más excusas. Te puedes sentar frente a la pantalla y ya has tenido dos semanas de lecturas y descanso. La historia llama a tu puerta. Te falta la última parte. Tres o cuatro capítulos para acabar el primer borrador. Y ya se ha demorado bastante. Es tiempo. Tiempo de escritura.

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