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Vingt ans plus tard

Hay pocas cosas que me hagan más ilusión que ver mis libros en otro idioma. Por alguna razón, verlos en francés me produce un placer especial. Tal vez sea porque, a pesar de que mi francés es malo, malo, malo, mi cultura literaria y filosófica es bastante francófona. Barthes, Foucault, Carrère, De Vigan, Ernaux... son mis referentes. Creo, además, que es un contexto en el que lo que escribo puede ser entendido. Eso es lo que espero con la publicación próxima (el 6 de octubre) de El dolor de los demás. Aparecerá en Éditions Globe, una editorial centrada en la traducción y con una querencia particular por la no-ficción o los libros basados en hechos reales. Es un sello relativamente joven, pero sus publicaciones ya han conseguido algún que otro premio. Y sobre todo, sus libros son serios y contundentes. Así que no puedo estar más contento. Ahí aparecerá El dolor de los demás con el título de Vingt ans plus tard. Confieso que al principio me incomodó que no se respetase el título original

Tomar impulso

 Llevo unos días con un cansancio extraño. Más incluso de la cuenta (el nivel de inicio suele ser alto). Es una sensación como de aire pesado sobre mí, como de carga real sobre la cabeza. Hoy me visto arrastrando los pies por la universidad, como si estuviese en un viacrucis. Me lo ha dicho una compañera: hijo, parece que has salido del desierto. Supongo que es el inicio de curso, que me ha caído encima sin apenas preparación. Lo estoy viviendo como un guantazo en la cara. El 31 de agosto estaba con la novela a tope. En dos meses, a ese ritmo, tal vez la hubiera terminado. Pero el 1 de septiembre llegó la realidad. Y la realidad es, más allá de las clases, la gestión del departamento. El inicio de curso es una puta pesadilla. Gestionar bajas, sustituciones, plazas que no llegan a resolverse, rellenar informes..., hacer frente a peticiones varias. Y, claro, las clases. Al menos ahí disfruto.  Para continuar con la escritura de la novela y no posponerlo todo hasta navidad, la única soluc

Charla en el Instituto Cervantes de Berlín

 El pasado 26 de agosto, tuve la suerte de charlar virtualmente con el escritor y crítico cinematográfico Wolfgang Martin Hamdorf. El acto lo organizó el Instituto Cervantes de Berlín dentro de su ciclo "Autores en directo". Hablamos especialmente de Intento de escapada y El dolor de los demás, y también de Murcia, ciudad protagonista de una extraordinaria exposición en el Museo de Culturas Europeas de Berlín . Aquí os dejo el vídeo de la charla. Ojalá os interese. 

Contra Florencia

Como prometí en el post anterior, quiero que el blog vuelva a ser también una memoria de lecturas, al menos de ciertas impresiones inmediatas, particulares y no necesariamente exportables a otros lectores.  Este verano he leído menos que otros. Quizá porque las vacaciones han sido mucho más cortas y las he aprovechado para encerrarme en la escritura de la novela. Incluso en el viaje a Florencia me he llevado el ordenador y, todas las mañanas, antes de desayunar, he tratado de sacar unas horas para dedicar a la escritura.  Precisamente para ir haciéndome la cabeza a Florencia, esos días rescaté   Contra Florencia , el libro de Mario Colleoni que tenía en la estantería casi dos años, esperando el momento preciso de la lectura. Lo disfruté mucho. Y ha sido una de las lecturas que más gozo me han producido este verano. No es exactamente un libro de viajes, sino más bien de una serie de reflexiones y experiencias vinculadas con lugares y personajes de Florencia. Es una declaración de amor a

Lecturas por venir

Hubo un tiempo en que este blog era también un blog de lecturas. No tanto un blog de crítica como de impresiones de lectura. No soy crítico literario, ni lo pretendo, entre otras cosas porque no tengo formación. Lo que sí soy es un lector entregado y algo compulsivo. En los diversos "diarios públicos" que he tenido hasta la fecha ( Presente continuo, Diario de Ithaca, Aquí y ahora y Tiempo por venir ), no he cesado de dejar constancia de lo leído (también de lo visto, de lo vivido y de lo bebido). Ahora, mientras trato de descansar de esa presión de entregar una entrada del diario cada semana, he pensado en retomar aquí algunas de esas impresiones de lectura. Me resulta más fácil hacerlo aquí que en Twitter, donde uno tiene que buscar el adjetivo preciso para que quepa en el tuit, o en Instagram, tecleando en la pantalla del móvil y buscando el ángulo preciso de la foto.  Como he escrito en entradas anteriores, me he propuesto recuperar el blog, no dejarlo morir, dotándolo de

La nada es mía

A [Artículo publicado en  Almudí. Revista de cultura de Murcia,  nº 12, julio de 2021]  La noticia se hizo viral a finales del pasado mayo: el artista Salvatore Garau vendía por 15.000 euros una obra invisible.  Io Sono  era el título de esta escultura inmaterial que mostraba una idea, una emoción pura, una proyección mental del artista en un espacio vacío.  Varias semanas después, el artista el norteamericano Tom Miller demandó a Garau porque él ya había expuesto una nada de esas características en 2016,  Nothing , que fue “instalada” en una plaza de Gainesville, en Florida. Por si eso fuera poco, unos días más tarde, otro artista, el español Boyer Tresaco también denunció que él llevaba realizando este tipo de esculturas invisibles desde hacía años. Una de ellas,  2.200 decímetros cúbicos de Nada , se encuentra “expuesta” en la Fundación-Museo que el artista tiene en La Manga del Mar Menor. Vista desde fuera, esta situación parece una competición entre vendedores de humo. Pertenec

Una página menos

Desde que volví de Florencia, he tratado de encerrarme en el despacho a escribir. A la novela todavía le falta.   Corrección, reescritura e incluso escritura de nuevos capítulos. Esto es lo más me cuesta. Porque hay un momento en el que la mente se pone en modo editor y funciona para corregir, pulir, cambiar palabras, eliminar reiteraciones, aclarar, espesar..., pero no crear de la nada. Y en esta fase en la que estoy hay días en los que me dedico a esa tarea de espesar y editar y otros en los que tengo que introducir escenas o fragmentos de la historia que son necesarios para que todo funcione. Llevo prácticamente todo el verano para dos de ellos. Hoy acabo de terminar uno y ha sido como subir el Tourmalet. Buscaba las palabras y no llegaban.  Sin embargo, estos momentos de creación en medio de la edición –aunque ambas cosas formen parte, en realidad, del mismo proceso– sirven para introducirse con fuerza en la historia y hacer los personajes vuelvan a cobrar vida.  También estos días

La mirada anacronista

Una de las obras que más ganas tenía de ver en Florencia era La Virgen de las sombras , el fresco de Fra Angelico situado en un pasillo del convento de San Marcos. En realidad, quería ver el convento y las celdas decoradas por el pintor, pero me hacía especial ilusión encontrarme con esta obra que Georges Didi-Huberman sitúa en la base de su teoría del anacronismo. En la introducción de Ante el tiempo , el historiador del arte francés hace referencia a los años en los que escribía su tesis sobre Fra Angelico (publicada en 1990 como Fra Angelico: Dissemblance et Figuration y  que incomprensiblemente no está traducida al castellano).  Didi-Huberman relata su encuentro con esta obra y el modo en que, en uno de sus paseos, de reojo, uno de los mármoles representados en la parte de abajo de la composición le recordó a un dripping de Pollock. Es más, fue precisamente la memoria del dripping –la conciencia de haberlo visto– la que lo hizo fijarse en esta parte de la obra que habitualmente pas

Sostener la escritura

Por supuesto, he venido estos días a Florencia también con la intención de continuar escribiendo la novela. Me he traído el manuscrito impreso y los cuadernos y he tratado de levantarme todas las mañanas un poco antes que Womahn y escribir unos cuantos párrafos en el ordenador. Me ha costado bastante concentrarme, pero he podido terminar un capítulo nuevo y corregir algunos de los que ya tenía escritos. Aunque había planeado escribir más, con eso me contento. Lo importante era no abandonar del todo la novela estos diez días. Volver a entrar en ella después es siempre lo más difícil.  Tengo, lo confieso, ganas ya de volver. De sentarme en mi escritorio, con todas mis comodidades, y continuar el trabajo. Es una de las novelas que más me está costando escribir. Volver a la ficción después de tanta no-ficción está siendo un desafío –y también un poquito de pesadilla–. Cada vez que me salgo de la novela –por trabajo o compromisos varios– me cuesta horrores volver a entrar, recorrer de nuevo

Dedos sobre un teclado

¿Cómo es posible que siendo historiador del arte y con más de 40 años aún no hubieras visitado Florencia? Pues es posible. El viaje siempre pospuesto. Demasiado evidente. Florencia, la cuna del Renacimiento. Ya llegará el momento. Y el momento ha llegado. En plena ola de calor, pero ha llegado. Supongo que pasará un tiempo para que pueda procesarlo todo. No me cabe una obra de arte más en la cabeza. Comprendo ahora a Stendhal (aunque nunca sepa poner la h en su sitio). No era la belleza. Era la saturación. La imposibilidad de asumirlo todo. Quizá también por eso la necesidad de volver a escribir aquí. Para poner palabras a la experiencia, para ordenar algo esa masa de imágenes que se entrelazan ahora en la cabeza. Ahí se confunden museos, iglesias, frescos, esculturas, miniaturas y palacios. Y, claro, también calles, restaurantes, paninos y aperoles. Todo ahora mismo es una misma cosa.  Esa es también la razón por la que hoy hemos parado. Un domingo en Florencia sin apenas salir de cas

Recomenzar

Posteábamos ayer...  Igual que en ocasiones uno se despide a la francesa, supongo que es lícito también saludar del mismo modo. Actuar como si nada después de una larga temporada de ausencia. Aquí estamos de nuevo. Más de medio año después de haber pensado que iba a recomenzar a rescatar este blog. Porque recomenzar no se acaba nunca. Fracasa de nuevo, fracasa mejor. Viernes 13 de agosto, escribo desde Florencia. Hace casi dos meses que abandoné el diario público que publicaba en La Verdad. Me servía para dejar constancia de mi rutina, pero también de algunas ideas y experiencias, también de lecturas y reflexiones sobre la escritura. Necesitaba dejarlo –sobre todo la obligación de enviar todas las semanas 1400 palabras al periódico–, pero es cierto que lo echo de menos. También he dejado este verano, al menos por un tiempo, de postear en Facebook y en Twitter. Y a veces siento la necesidad de compartir pensamientos y me olvido de que tengo este no(ha)lugar y que debería regresar. Así q

Pues ya

 –Oye, que decías que ibas a regresar a este blog y nos tienes abandonados. Otra vez. –Ay, lo siento, de verdad. Llevo unas semanitas... –Ya, pero es que si no cumples tus promesas, pues no las hagas. –Tampoco es eso, que dije que volvería a poner cosas poco a poco. –Y tan poco a poco. Vamos, que casi llevas un mes desde la última tontería. Para eso no te pongas, déjalo como estaba y fin.  Para poca salud, ninguna.  –Bueno, quizá tengas razón. Pero es que me daba tanta pena no volver aunque fuese un poquito.  –Sí, claro, como visitar a la familia lejana. La quieres mucho cuando vas, pero no vas nunca, así que no la querrás tanto. –Mira, tampoco te pongas así, que bastante que contesto a tus impertinencias. Tampoco tengo obligación de hacerlo. –¡Cómo que no! Quién crees tú que te hace escribir, ¿tu vocación? Pues no, soy yo, que siempre tiene que iniciar el texto. Si fuera por ti, no escribirías una línea. –Claro, como si tú teclearas algo. Aquí el que está moviendo los deditos sobre el

Medidas

No sé, me pongo a escribir sin saber muy bien de nada. Porque esa es la sensación que tengo –supongo que la tienen todos–, que nadie sabe nada de nada. Se toman medidas, se cierran comunidades y municipios, se imponen toques de queda... se piden sacrificios. Y uno lo respeta todo, o trata de hacerlo, confiando en que todo esto sirva para algo, convencido de que los que mandan saben algo y que algún sentido hay detrás de las medidas. Pero poco a poco, día tras día, uno comienza a desconfiar, a estar cansado de la aleatoriedad de todo. Porque todo suena a arbitrario, a que se hacen cosas porque sí, para probar, también para quedar bien y dar la sensación de que se sabe algo. Y con la ley se elimina muchas veces el sentido común.  El otro día caminaba solo por la calle. Antes de que se iniciara el toque de queda. Volvía a casa de madrugada por las calles de Murcia. No había un alma, las calles estaban desiertas... Y, sin embargo, cuando me bajaba un poco la mascarilla para respirar sentía

Libros gemelos

Por cosas del azar y de los ritmos editoriales, en un mes he publicado dos libros. Son dos libros diferentes y, a la vez, gemelos. El arte a contratiempo reúne los textos sobre arte y temporalidad que he escrito en los últimos diez años. El don de la siesta es un pequeño ensayo narrativo sobre la siesta como un arte de la interrupción que he escrito en unos pocos meses. Un ensayo en el límite de lo académico –por momentos denso y filosófico– y un ensayo ligero y breve que linda con la memoria y la confesión. Dos libros formalmente antagónicos pero atravesados por un mismo impulso y una intuición común: la necesidad de encontrar modos de experiencia alternativos a los ritmos impuestos por la temporalidad capitalista. El arte como resistencia al tiempo moderno. Y la siesta como una especie de arte de la detención. Cerrar los ojos y frenar el tiempo en mitad del día como una suerte de performance o acción que contraviene la lógica productiva del mundo moderno.  De alguna manera, El don

Volver, una vez más

¡Cuánto tiempo sin entrar por aquí! Casi un año hace ya de la última entrada. Ni siquiera subo las entregas semanales de mi diario en La Verdad. Y mira que lo prometí –no sé a quién, quizá a mí, pero el caso es que lo prometí–. No tengo remedio. Pero hoy, no sé por qué, llevo todo el día pensando en que voy a recuperar este espacio. No sé tampoco las veces que lo he dicho en los últimos tiempos. Que lo voy a recuperar, que empezamos de nuevo, que es una pena que este "no (ha)lugar" se pierda. Y esta va a ser una de tantas. Un nuevo comienzo. Otra vez más. También lo escribí aquí: estoy cansado de las redes sociales, del odio de Twitter, del diseño terrible de Facebook... añoro tanto aquellos inicios de la web... Sin megustas, sin reestricciones, sin esa saturación visual que te rompe los ojos, sin la publicidad constante cada tres posts, sin tanta mierda, la verdad. Tal vez sea por eso por lo que hoy me he levantado con ganas de resucitar esto y quitarle las telarañas. Y tamb