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Entradas

Un niño gordo que sólo quería leer

[Hace una semanas te invitaron a escribir una Carta Blanca para El País Semanal. Enseguida pensaste escribirla a tu héroe de ficción preferido, el protagonista del libro que más te marcó como lector: Bastian Batasar Bux. Volviste a leer La Historia Interminable. Te volvió a emocionar. Y te sorprendió literariamente. Pura literatura postmoderna. También te llamó la atención algo que no sabías: el traductor del libro es Miguel Sáenz, el traductor de Thomas Bernhard. Sin saberlo, dos de tus libros favoritos (El malogrado y La historia interminable) los has traducido la misma persona. Pero de eso no escribiste en la carta blanca. Hablaste de Bastian, de la pasión por leer, del recuerdo del tiempo en que vivías dentro de Fantasía]


Querido Bastian Baltasar Bux:

Han pasado casi treinta años desde que leí por primera vez La Historia Interminable, pero todavía hoy soy capaz de evocar la agitación y el estremecimiento que sentí al llegar a casa y adentrarme en sus páginas, escondido bajo la col…

Despreocupación

Desde que empezó el año, eres un carro de lástimas. Nochevieja, te llevaron a urgencias. Creías que te morías. Un infarto, pensaste. En el hospital te dijeron que era la vesícula. Te operaron a toda prisa. Estaba a punto de explotar. Te cogieron a tiempo.

A la semana y poco, se te rompió una muela y comenzaste a ponerte los implantes dentales que tanto tiempo llevaban esperando. Te está costando acostumbrarte. Parece que llevas un regimiento de clics de Playmobil en la boca.

Entre los dientes y la vesícula, durante varios días no puedes comer. Al menos te sirve para bajar algunos kilos. Tampoco demasiados, porque también hace unos meses que te duele la rodilla derecha y no puedes hacer ejercicio. Esta semana, por fin, te hacen una resonancia. En unos días tendrás los resultados.

Mientras tanto, todas las noches, te sigues poniendo unas gafas húmedas que te ha recomendado el oculista para paliar el síndrome del ojo seco que hace se te inflamen los párpados y te salgan orzuelos con regu…

Sólo palabras

Regresas al blog. Otra vez. Así, de golpe, sin mucho que decir. Lo haces en segunda persona, y con la intención esta vez de no desfallecer tan rápido como las anteriores.

No recapitulas. En los últimos meses han sucedido demasiadas cosas. Todas ellas quedan fuera de campo. La vida es también eso. Esas elipsis, esos momentos que suceden y que no siempre tienen por qué ser contados.

¿Por qué regresas ahora? Tal vez porque estos días has echado de menos el blog y el diario. La escritura sin pretensiones. Las pinceladas rápidas sobre la realidad.

En unas semanas verá la luz en la editorial Fórcola Aquí y ahora, el diario que fuiste publicando en la web de Eñe mientras escribías El dolor de los demás. Al leerlo estos días para corregirlo, has sentido nostalgia del tiempo en que escribías todos los días y dejabas constancia del presente. Es un tiempo lleno, consciente, sentido a través de la palabra. Un tiempo has vuelto a vivir gracias a la literatura.

Por eso, también aquí y ahora, vuelve…

Entrevista en El Coloquio de los perros

La presentación de El dolor de los demás en la librería La Montaña Mágica, en Cartagena, a principios de julio de 2018, fue una especie de entrevista pública conducida por el poeta Juan de Dios García. Ahora, la transcripción de esa conversación ha aparecido en la revista literaria El coloquio de los perros.Podéis leer la entrevista completa en la web de la revista. Pero os dejo un fragmento en el blog:

—EL COLOQUIO DE LOS PERROS: Si leo las expectativas de cualquier revista o suplemento que recomiende El dolor de los demás, me provoca la atracción propia de leer una novela criminal al estilo Puerto Hurraco en la huerta profunda de Murcia, a una novela de intriga... Pero no es así. Y, en ese sentido, tiene algo de novela trampa, ¿no? Porque realmente no es una novela de intriga... ¿O sí?

—MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ: Es una falsa novela de intriga. De hecho, la novela es muchas falsas novelas. Fernando Marías, tras leerla, me escribió: «No sé si te habrás dado cuenta de que esto es una falsa…

El autor se confiesa

La revista El ciervo ha iniciado una sección en su blog la sección "El autor se confiesa", un espacio para reflexionar sobre los procesos de escritura. Aquí os dejo el que les envié sobre El dolor de los demás

"El dolor de los demás es una novela que reflexiona sobre su propia creación, de modo que mucho de lo que puedo decir acerca de su proceso de construcción está ya contado en sus páginas. Inicié la escritura en serio en julio de 2016, justo después de regresar de un curso académico en Estados Unidos. Ése fue el momento en que me senté frente al ordenador y me encerré en mi despacho durante varios, hasta terminar una primera versión muy preliminar en abril de 2017. Sin embargo, el libro comenzó a gestarse dos años y medio antes, mientras seguía enfrascado en mi segunda novela, El instante de peligro. En octubre de 2014, tras una conversación con Sergio del Molino, empecé a pensar seriamente en la posibilidad de escribir acerca de una historia que hacia casi veinte a…

Segunda edición

Cuando comencé a escribir El dolor de los demás, no podía suponer que esa novela acabaría llegando a los lectores. Estaba convencido de que tenía que escribir lo que estaba escribiendo, pero dudaba mucho de que eso que estaba escribiendo fuera lo que los lectores querían leer. Sin embargo, por alguna extraña razón, aquellas palabras escritas en la intimidad casi a vuelo rasante, han ido poco a poco calando en muchas personas. Nunca me había pasado nada parecido con un libro. Nunca me habían escrito mensajes tan emocionantes para darme las gracias por escribir una historia, tampoco nadie se había acercado con los ojos llorosos a saludarme o a abrazarme por lo que las cosas que el libro había despertado.

Todo esto me llena de alegría y, en cierto modo, también me desborda. Muchas veces ni siquiera sé qué decir. Soy yo quien debe dar las gracias a quien lee con tanto cariño esta historia, dar las gracias a quien ha escuchado eso que tanto tiempo había estado guardando para mí. Sin la lec…

Del arte a la literatura: más allá de la caja blanca [Intervención Pechakucha]

[El pasado jueves 6 de septiembre, en la terraza de los Molinos del Río, participé en el Pechakucha Night de Murcia. En 6'40" hablé de mis libros amparado por 20 imágenes, cada una de las cuales duraba 20 segundos. Fue apenas un suspiro. Y, sin embargo, no resultó nada fácil prepararlo. Aunque allí improvisé, el día antes tuve que redactar un pequeño guion para no irme por las ramas. No sé si en algún momento subirán la intervención en vídeo a las redes. Mientras tanto, o en cualquier caso, aquí os dejo el guion con las veinte cosas que dije. No es mucho, pero intenta condensar algunas cosas que pienso sobre por qué, siendo un historiador del arte, decidí comenzar a escribir narrativa y dejar poco a poco de lado la crítica de arte. Espero que os interese.]


1. Hoy he venido aquí a hablar de mis libros. Y quiero hacerlo buscando lo que hay debajo de ellos, lo que los conecta, lo que en el fondo me ha llevado a intentar escapar del mundo del arte y encontrar amparo en la litera…

Los títulos de los demás

Titular es una de las cosas más difíciles que existen. Hay escritores a los que se le da muy bien. Y muchos otros que tienen serios problemas en encontrar un buen título. A mí se dan bien los títulos de artículos académicos, pero me cuesta encontrar los de las novelas. Intento de escapada se llamaba Iconostasis hasta que Herralde me dijo que así no la publicaba. Para El instante de peligro también barajé otros muchos títulos. Pero confieso que ninguna novela ha pasado por más títulos que El dolor de los demás. Los cuatro primeros borradores tienen cuatro títulos diferentes: Cabezo, El mar de niebla, Todos los llantos del pasado y El fin del mundo. Por distintas razones, ninguno de ellos cuajó. Hasta que un día Vicente Luis Mora me sugirió que titulase el libro como había titulado el capítulo central: "El dolor de los demás". Inmediatamente lo vi. Y le di las gracias. Porque ese título condensaba todo lo que quería decir. A partir de ese momento, la novela adquirió más reali…

La librería del pueblo

Ayer quedé a tomar una horchata con Emiliano. No nos habíamos visto prácticamente desde que acabé el instituto. Él tenía entonces un bazar en Beniaján y yo me gastaba ahí todo lo que me daban mis padres. Primero, en la consola Nintendo (bueno, "Nasa", la versión cutre) y, después, en todos los juegos que traía y que él me dejaba pagar poco a poco. Yo compraba mucha de mi ropa en la tienda de su madre. Y allí también adquiría algunas cintas que Emiliano grababa con la música de entonces (el Spotify de la época). Recuerdo haber comprado los Tubular Bells de Mike Oldfield y una recopilación de Pink Floyd (lo único que, más allá del siglo XIX, era música para mí en aquel tiempo).

Emiliano había leído la novela y decidimos vernos para charlar un rato y ponernos al día. Al principio quedamos en el Yeguas, pero en agosto estaba cerrado y cambiamos el plan por una horchata en la plaza de Alquerías. Yo no había vuelto al pueblo desde hacía más de diez años; quizá alguna vez lo había …

Lecturas de verano I: ciencia ficción

Me fascinan las películas y las series de ciencia ficción. Me meto en el cuerpo cualquier cosa en la que salgan extraterrestres, fines del mundo, viajes en el tiempo, universos paralelos, máquinas voladoras, invasiones alienígenas… y cualquier fenómeno paranormal. Es un vicio inconfesable. Si lleva marcianos, la veo seguro. Y si viajan en el tiempo, ya soy fan. Una serie o película con invasión extraterrestre, fantasmas y viajes en el tiempo ya sería lo más. Netflix lo sabe, y me recomienda toda la basura que produce y alberga, que yo consumo con avidez y emoción. La última, Extinción, que ya no se podía ni ver de lo mala que era, pero que disfruté como un crío. Sobre todo porque comenzaba con un sueño recurrente que suelo tener al menos una vez a la semana desde hace muchísimos años: nos invaden los extraterrestres (las naves aparecen siempre en el horizonte sobre los limoneros de la huerta) y tengo que huir para sobrevivir. Casi siempre pierden los humanos. Muy pocas veces formamos …

Compartir lecturas

Llevo más de un año sin escribir de los libros de los demás. Lo solvento todo con una fotografía en Instagram o con un comentario mínimo en Twitter y en Facebook. “Estoy leyendo esto”. “Me gusta”, “No me gusta”. A veces me quedo con ganas de decir algo más acerca de lo que leo. Este blog nunca ha sido un blog de reseñas –más allá de las que subía después de publicarlas en otro lugar–, pero sí de recomendaciones o comentarios; o, mejor, de impresiones lectoras. Así eran más o menos las impresiones sobre libros, películas y series en mis diarios. Y así serán a partir de ahora las que publique aquí. Porque como dije en un post anterior, voy a recuperar este espacio. Me resisto a que muera, arrinconado por el microblogging de Facebook y Twitter.

Creo que hay algo del blog que sigue siendo defendible: una limpieza de escritura y lectura. Continúa siendo un cuaderno digital, una bitácora, un espacio personal más individualizado que la estandarización de las redes sociales. Y por alguna razó…

Por la mañana fui a nadar

Cuatro días en el balneario. Escapada corta. Hace dos años estaba inmerso en El dolor de los demás. Me vine a desconectar y no pude hacerlo del todo. La historia me perseguía. El año pasado la historia también viajó conmigo. Aunque había terminado la primera versión de la novela, aquí reescribí algunos capítulos. Este año, por fin, he venido a descansar. Y aunque, por supuesto, algo nuevo comienza a aflorar y a abrirse paso en mi mente, he conseguido frenarlo. Dejarlo para después, para más adelante. Porque este año es tiempo para desconectar. Y sobre todo para nadar en el lago. Eso por encima de cualquier cosa. Y es que este año, aparte del año de la novela –y de mucho más, por supuesto–, lo recordaré especialmente como el año en que aprendí a nadar. Fue una de las propuestas que me hice en Nochevieja, mientras comía las uvas: de este año no pasa. Y no ha pasado.

No sabía nadar. No aprendí de pequeño. Mis padres no me llevaron ni a la playa ni a la piscina. Y cuando ya pude ir por mí…

Regresar

Cuatro meses han pasado desde la última entrada en este blog. Llegó la portada del libro y se hizo el silencio. Después llegó el libro, y ya no supe cómo romperlo.

Llevo unas semanas intentando hacerlo hacerlo, pero por alguna extraña no logro sentarme a escribir nada aquí. He llegado a pensar incluso en clausurar este no(ha)lugar antes de que salgan telarañas por las esquinas. Pero me resisto a hacerlo. Me da pena verlo convertido en un cadáver digital. Así que he decidido rescatarlo. No sé si de las cenizas, del fango o del olvido. Pero voy a intentar que esto no se muera.

Después de terminar El dolor de los demás, me quedé seco, como si no pudiera o no supiera escribir más. Supongo que es normal, pero nunca me había sucedido. No ha llegado al nivel de frustración que le sucede a la supuesta Delphine de Vigan en Basado en hechos reales, pero casi.

Durante estos meses no he cesado de tuitear, de subir fotos a Instagram y de compartir estados de Facebook. Escribir más de cinco líneas …

Portada

Y, entonces, llega la portada de tu novela y te vuelves a emocionar. Y lo primero que piensas es que te gustaría poder decirle a tu padre: "Mira, Papá, sales en un libro de Anagrama. Sí, eres tú, pasándome el brazo por detrás de la espalda. No te preocupes por las alpargatas; quedan bien en cámara".

Un mes

Hace tiempo que no escribo nada aquí. Llevo unas semanas bloqueado. Me cuesta trabajo incluso escribir e-mails. Comienzo este post y siento ya en esta línea la resistencia del lenguaje. Intento vencerla. Puntuar. Volver a hacerlo. Ganar así tres frases y parapetarme en la inercia, en la forma curva de la escritura que se mueve hacia delante sin saber muy bien cómo. 

Salto de párrafo y parece que siento un pequeño alivio. Últimamente sólo puedo escribir en cuadernos. Ahí, es cierto, no ceso de hacerlo. Escribir, por primera vez, para mí mismo. Me obliga la psicóloga a la que, desde hace varios meses, estoy visitando. Escríbelo para ti. Nárrate el mundo. Dale sentido a lo que te pasa. Cuéntate historias para afrontar la realidad. Invéntante un relato en el que las cosas sucedan por alguna razón. Un cuento donde los momentos tirados a la basura puedan ser reciclados y aprovechados. Un futuro en el que este dolor algún día te pueda ser útil. 

Con esos relatos, lleno cuadernos que nunca most…