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Mostrando entradas de agosto, 2013

Fin de un mundo

Después de estar todo el verano soñando con Apocalipsis zombis, invasiones extraterrestres, ataques terroristas, guerras mundiales y fines del mundo varios, hoy he soñado que se me perdían las bandejas del desayuno y emprendía una búsqueda sin cuartel por las acequias de la huerta intentando encontrarlas. La sensación de angustia era terrible. Mi madre era quien las había perdido. ¿Por qué había sido tan descuidada? ¿Como iba a poder yo ahora seguir desayunando? El fin del mundo estaba cerca. Al menos, el fin de un mundo. Me he despertado sobresaltado y todavía estoy asimilándolo.

Textos, idiomas y más lecturas

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Por fin he podido acabar el texto sobre Xu Bing y su Background Story. Era de los últimos encargos que había recibido. El año pasado. Uno acepta estas cosas que vencen a los siete u ocho meses creyendo que nunca llegará el plazo. Pero al final siempre llega. Todo llega. Y llega siempre en el peor momento, cuando uno menos se lo espera o cuando uno quiere descansar o cuando uno está en otras cosas. Sea como sea, siempre te pilla con el paso cambiado. Y el caso es que al final uno aprende. Por que, si no, ¿de qué otro modo me iba a haber yo puesto a leer con intensidad sobre el arte chino contemporáneo? Ha sido una forma de ampliar horizontes. Y la obra me ha gustado. Muy inteligente. Y muy sutil su crítica de la tradición y de la banalización a la que la somete el mundo global y el discurso de la alteridad.



En cualquier caso, una cosa hecha. Mesa limpia, libros colocados en sus estanterías –cada texto en el fondo es un viaje de los libros de la estantería a la mesa–, y a por lo siguien…

Londres

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Una semana en Londres. Esas han sido mis vacaciones. Mis vacaciones de no hacer nada, digo. El resto del tiempo, aunque no tenga clase, sigo sin parar del todo escribiendo textos pendientes cuya fecha de entrega venció hace mucho tiempo. Muy pocas veces me he ido de viaje sin acabar lo que tenía que hacer. Por lo general, los veranos anteriores me angustiaba hasta el último momento. Y cuando entregaba las cosas pendientes y terminaba el trabajo, entonces me planteaba descansar. Este año ha sido diferente. Sabía que no iba a haber manera de terminarlo todo. Así que decidí irme in media res, con las cosas a la mitad. Y ha tenido su gracia. Ahora las retomo con más gana después de la semana de desconexión.

Por alguna razón, Londres no me gustaba. No sé por qué, apenas había estado allí antes, pero tenía la sensación de que era una ciudad que me daba grima. Sin embargo, después de esta semana larga de relax, creo que me he enamorado de la ciudad. Casi, casi al nivel de París. Aunque sigue…