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Mostrando entradas de enero, 2012

Inadecuación y cambio

En «El libro de los Pasajes», al analizar el modo en el que en las primeras construcciones de la modernidad y los nuevos materiales y técnicas se vinculaban a las viejas formas –los órdenes clásicos y las estructuras arquitectónicas del pasado–, Walter Benjamin observaba que la clave de esta inadecuación estaba en que el vidrio y hierro habían llegado demasiado pronto y que no se sabía cómo operar con ellos. Aludía allí a Ernst Bloch y a su idea del «todavía no es», –nunc stans–, para sugerir que aquellas formas eran la anticipación de un tiempo que estaba por venir y todavía no había llegado del todo. Por eso se preguntaba: «¿cómo y cuando los mundos de formas surgidos en la mecánica, en el cine, en la construcción de maquinaria y en la nueva física, que nos han subyugado sin ser nosotros conscientes de ello, nos mostrarán con claridad lo que les es de suyo natural?».
Hoy estamos en medio de una de esas grandes inadecuaciones: Internet y las nuevas tecnologías informáticas. Nos encont…

Fin de un sueño

En «La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica», Walter Benjamin observaba que las nuevas tecnologías de reproducción de la imagen –por mucho que acabasen con el aura de las obras de arte singulares– tenían un nuevo potencial democrático y emancipador que podía servir para que el pueblo accediera a una serie de experiencias, conocimientos y emociones que estaban reservados a unos pocos privilegiados. Ese potencial, sin embargo, como el propio Benjamin advirtió, llevaba también aparejado un gran peligro: la posibilidad de dominación y control de las masas a través, precisamente, de la democratización.

En efecto, el cine, la publicidad, las nuevas formas de cultura de masas… fueron utilizadas por los regímenes totalitarios como herramientas de identificación nacional –la manipulación nazi es un ejemplo–, pero también, y sobre todo, de manipulación, control, docilización y sumisión de los ciudadanos. Lo que observó Benjamin fue que la posibilidad de emancipación estaba siem…

Lenguaje velado

Probablemente sea percepción mía, pero de un tiempo a esta parte estoy convencido de que ha crecido el número de burdeles en la Región de Murcia. No hay más que asomarse a cualquier carretera para darse cuenta de la cantidad de carteles que anuncian todo tipo lugares para el placer –masculino, por supuesto–. Lo curioso del caso es que hay que fijarse mucho. Y hay que hacerlo porque es casi imposible distinguir la publicidad de un prostíbulo de la de una firma de moda, un perfume o una marca de helados. Es más, me atrevería a decir que los anuncios de estos lugares contienen mensajes sexuales menos explícitos que el resto de la publicidad contemporánea. Esto es así hasta el punto de que, si uno tuviera que guiarse por el imaginario de los carteles, probablemente entraría a una tienda de perfumes a preguntar por el precio del cuerpo de alguna señorita de esas que mojan sus labios y nos seducen –a los hombres; la mujer es un mero objeto de deseo y está privada de subjetividad–.

Está claro…

Infraleve

Acabo de enterarme de que mi primer libro, Infraleve, está completo en Google Books. Es ya cosa viejuna y está lleno de pretensiones –las de un chaval que quería ser escritor y no sabía muy bien cómo hacerlo–. Aun así, le tengo cariño y me ha hecho ilusión verlo ahí. Por eso lo comparto ahora en este no (ha) lugar donde el tiempo a veces se retuerce.




[Leer Infraleve en Google Books]

Piratería legal

Lucía Etxebarría deja de escribir porque las descargas piratas de sus libros superan a sus ventas. La última novela de Ruiz Zafón estaba en la red una semana antes de su publicación. Hay dos maneras de ver esto. Botella medio vacía: que la cosa se va a pique porque la gente es una pirata y la industria cultural no puede subsistir si no se respeta la propiedad privada. Botella medio llena: que la idea de aquí no lee ni Perry Mason no es real y que, si existe el pirateo, será porque, en el fondo, algún interés habrá en leer.

Parece que hay una especie de esquizofrenia en los discursos sobre la piratería del libro digital y sobre los índices de lectura. Quizá en lugar de gastar dinero a espuertas en planes de fomento de la lectura que no acaban sirviendo para mucho, lo que habría que hacer es fomentar la piratería. La piratería legal –no aquella que pretende lucrarse–. Es decir: bibliotecas digitales. Si en lugar de ver a los usuarios como compradores o piratas, los viésemos como lectores…