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Mostrando entradas de septiembre, 2008

Felicitaciones

Hoy he estado esperando todo el día una llamada que sabía que no iba a tener lugar. Es el primer día de San Miguel que mi madre no me puede felicitar. He tenido el ánimo dividido. Dividido entre el presente fugaz y el deseo de lo imposible. He intentado recordar su tono de voz al otro lado del teléfono. Y me he dado cuenta de que he comenzado a olvidar. Me he dado cuenta de que los sentidos han sido sustituidos por las sensaciones. O, incluso, por las evocaciones. Y ahora que intento escribirlo, me doy cuenta de que, en estos días, el lenguaje se me vuelve cuesta arriba y me siento torpe con la escritura. Me doy cuenta de que, en días como hoy, me conformo con acabar esta frase.

El sujeto literario [Notas sobre un dietario voluble]

En uno de sus múltiples estudios sobre la creatividad literaria, se preguntaba Sigmund Freud cómo las fantasías personales del escritor pueden llegar a ser de interés para un individuo ajeno que no tiene nada que ver con ellas. La alteridad absoluta no nos interesa, sostenía el autor vienés. ¿Por qué, entonces, leemos las historias, las cavilaciones o los pensamientos de los demás? Porque no son del todo de los demás, dice Freud, sino que, en cierto modo, nos pertenecen y están cerca de nosotros. Esto sucede, según Freud, porque el escritor no es el otro absoluto, sino que se hace un otro digerible y comunicable, presentando lo personal a través de lo común. La literatura, en este sentido, tendrá la misión de proponer puentes entre lo personal y lo común, entre el adentro y el afuera de la experiencia.

En cierto modo, Dietario voluble, el último libro de Enrique Vila-Matas, traza y construye ese tipo de puentes entre lo personal y lo social, entre el interior y el exterior, y lo hace a…

Recibido

Hoy he recibido un regalo anónimo, La Eva futura, de Villiers de l'IsleAdam, un libro mítico que, sin embargo, no he leído. Muchísimas gracias (seas quien seas). Prometo leerlo en los próximos días. Y comentarlo cuando quieras.

Asignaturas pendientes

Esta semana han comenzado las clases. Por razones de azar las tengo todas concentradas en el primer cuatrimestre. Si logro sobrevivir, a partir de febrero seré un hombre feliz y podré escribir con cierta tranquilidad. Si no, pues habré muerto en el intento y sortearán mis bienes en una rifa navideña. Mientras tanto, os copio aquí, por simple curiosidad, el programa de una de las asignaturas que me ha tocado en liza. Tenía que hablar de los temas tradicionales de la historia del arte, historias de santos, mitología... y lo he transformado en algo que no sé muy bien lo que es, a medio camino entre la tontería y la cultura visual. Pero el caso es que no estoy del todo descontento. Lo único que ocurre es que ahora no sé cómo voy a llenar los epígrafes. En fin, Dios dirá.

Fuentes Iconográficas de las artes plásticas (contemporáneas)

1. Hacia una historia transversal del arte contemporáneo.
2. Irse de putas: el arte contemporáneo y el mundo de la noche, de Manet a Jeff Koons.
3. La pe…

Melville y el Paco

Mientras leo emociado las últimas dos páginas del dietario de Vila-Matas, me saca de la concentración una voz que llega de la calle. Una chica habla por el móvil con tal griterío que comienzo a pensar que, en lugar de teléfono, utiliza megáfono. El caso es que, justo en el momento en el que Vila-Matas habla de la tumba de Melville, apenas tres párrafos antes de acabar el libro, tengo que frenar en seco mi lectura porque irrumpe en mi salón una frase que me deja totalmente descolocado: "oye, Inma, que me he tirado al Paco". Dejo entonces a Vila-Matas, a Melville, a HartCrane y a toda la historia de la literatura y me intereso por la supuesta amante del Paco. Dice que ha esperado para contarlo hasta estar segura de lo que había hecho. Pero que ahora ya lo tiene claro: "qué fuerte, tía, me he tirado al Paco".

Después de esto, me da por reflexionar sobre las relaciones entre vida y literatura. Y pienso que, al contrario de lo que habitualmente creemos (que la literatur…

Llegar

En la página 203 de Dietario voluble, leo que hay muchas formas de llegar y que la mejor es no partir. Me quedo un buen rato pensando. Decido entonces que es buen momento para regresar de mi largo viaje. Y permanezco inmóvil unos segundos, intentando volver al lugar desde el que emprendí mi marcha. Observo, sin embargo, que ese lugar nunca existió.

Dietario

Estoy disfrutando como un niño con el último libro de Vila-Matas. Ya casi lo tengo acabado. Espero haberlo hecho para el próximo viernes, día en el que inaugura la Feria del Libro de Murcia con una conferencia a las 20 horas. En un momento del libro, el escritor alude una afirmación de Pascal según la cual "los mejores libros son aquellos cuyos lectores creen que también ellos podrían haberlos escrito". No puedo estar más de acuerdo con él, aunque esa creencia en la posibilidad de la escritura sea siempre imaginaria. Más que creer que yo podría haber escrito este Dietario, me gusta imaginarme escribiéndolo, usurpando el lugar de Vila-Matas, experimentando sus vivencias y reinventándome en cada frase, sujeto de una dieta literaria.

La noche oscura de la escritura

“Estoy solo en la oscuridad, dándole vueltas al mundo en la cabeza mientras paso otra noche de insomnio”. Así comienza Un hombre en la oscuridad, la última novela de Paul Auster. Y así también yo me acerqué a ella, "solo en la oscuridad", en medio de "otra noche de insomnio". Una noche en blanco que quise llenar con las mágicas historias del maestro de La música del azar o Leviatán, y que me tuve que conformar con pasar con el escritor manierista y atascado de Brooklyn Follies y Viajes por el Scriptorium.

Me gusta Auster, lo confieso. Me gusta demasiado. Pocos autores han sabido crear un universo tan inquietante y mágico como el que propone el escritor neoyorquino. Y aún menos han conseguido hacerlo con una prosa tan brillante y resuelta como la suya. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, Auster parece haber entrado en bucle. Desde Brooklyn Follies, sus historias y sus procedimientos se repiten una y otra vez, hasta un punto en el que uno tiene la sensación de est…

Mala gente

Ya estamos con lo de siempre. A veces querría vivir lejos, muy lejos de esta tierra rastrera. Saturno podría ser un buen lugar. La vileza y la inmundicia, sin embargo, acabaría al final encontrándome. 


Demasiado tarde para volver

Entre las cosas agradables que me esperaban a la vuelta de China, una de las que más me ha alegrado ha sido comprobar que ya ha salido mi librito de microficciones para la biblioteca del tranvía, de cuya presencia ya informé aquí hace unos meses. Aunque se trate de un libro mínimo, una pequeña tontería, lo cierto es que me hace ilusión. El libro, que va a ser regalado en los transportes públicos de la ciudad de Murcia, está compuesto por los microrrelatos que he ido publicando en el blog, la mayoría de ellos remozados y acicalados para la ocasión. El tono sigue, como no podía ser de otro modo, mi pesimismo habitual. Sólo espero que nadie se lo tome en serio. Aquí os dejo uno de muestra.

Déjà vu
Todo le recordaba a algo. Estaba harto de sentir siempre las mismas cosas, el mismo trabajo, los mismos bares, las mismas mujeres, los mismos problemas... La misma rutina, una y otra vez, el hastío más absoluto, el eterno retorno de lo mismo... la condena de algún dios perverso. Por eso se introd…

Lost in translation

Ahora que me puedo sentar a escribir con cierta tranquilidad, comienzo a hacer recuento de experiencias. Y pienso que, si me tuviese que quedar con una, esa sería sin duda la sensación de otredad que me ha acompañado durante todo el viaje. Aunque ciudades como Shanghai están tremendamente occidentalizadas y los avances en las comunicaciones supuestamente han abolido las distancias, he podido comprobar que el occidental aún es para muchos de ellos un ser extraño. Y si el occidental es grande, gordo y peludo, como es el caso de un servidor, lo extraño se convierte en exótico. En más de una ocasión se han quedado perplejos mirándome el vello corporal, y, como os dije, un taxista incluso me pidió que le enseñara los pelos del pecho. Parece ser que nunca había visto cosa semejante. Por primera vez, me he sentido el otro radical. Y eso, por encima de cualquier otra cosa, es una experiencia curiosa y necesaria. Una experiencia de desconocimiento substancial que, como una suerte de Lost in Tr…

Volviendo

26 horas después, llego a casa con las rodillas en una bolsa de mano. Me las tuve que quitar porque no me cabían en el asiento que me tocó en suerte, estrecho a más no poder. Para aliviar la sensación de hacinamiento, intenté dormir tomándome todos los somníferos que llevaba en el bolsillo, pero apenas me sirvieron para cerrar los ojos un par de veces. Así que me tuve que entretener digiriendo la comida china que nos daban en el avión y escribiendo historias tontas que nunca verán la luz. Al llegar a Alicante, como era de prever, Iberia me había perdido otra vez el equipaje. Hay que tener juego de muñeca para hacerlo con tanta precisión. La próxima vez ni siquiera voy a esperar la maleta. Nada más bajar del avión, pondré la reclamación y así gano tiempo.

Ha sido un viaje increíble, pero lo cierto es que tenía ya ganas de volver. Como en casa no se está en ninguna parte. Y sobre todo, aquí me esperaba Penélope-womahn, que ya no sé cómo aguanta estas ausencias. Resistiéndose todo lo que …

Ya os contaré, ya

El caso es que al final me va a acabar gustando Shanghai. Ya os contaré cuando vuelva y tenga disponible conexión a Internet. Me están pasando cosas para escribir siete novelas. De momento sólo os digo que ayer a un taxista tuve que enseñarle los pelos del pecho. Esto es un sindiós.

Shang

Aunque casi pierdo el avión, al final he conseguido llegar a Shanghai. Una ciudad extraña a más no poder. Nada que ver con Beijing, salvo que está llena de chinos. Pero esto es otro mundo. El capitalismo kitsch y el fetichismo occidental llevado a su máxima expresión. Time Square al lado del bund de Shanghai es la calle mayor de mi pueblo. Una locura y un espectáculo. Un espectaculo que no me gusta nada. Me impresiona la ciudad, pero no sería capaz de vivir aquí ni una semana. Sin embargo en Beijing, con todos sus inconvenientes, no me importaría pasar una temporadita. Mañana visitaré las galerías y el simposium de comisarios de la Bienal. Intentaré escaparme un poco para recorrer alguna callejuela que otra, aunque dudo que hasta el miércoles pueda sacar un minuto.

Cosas

Encuentro un segundo para pacer en el hotel y me da apenas tiempo a escribir estas líneas. Con el puñetero jetlag, y sobre todo, con las cosas sin terminar que me han acompañado a Pekín, llevo ya casi tres días dormir. Hoy, entre reunión y reunión, he podido sacar tiempo para ir a la gran muralla. En dos palabras: im presionante. De camino se ve la China real, y no la del Pekín artístico, que es la que estoy visitando. Una ciudad de grandes contrastes en la que me he contrado por un lado la gente que apenas tiene para comer y poco más, y por otro, el petardeo del mundo del arte, que es el mismo en todos los lugares. Hoy he estado en la inaguración de la Feria de Arte y me he encontrado a los mismos de siempre, con algunos más chinos de figurantes, pero más de lo mismo. Cada vez más este tipo de eventos se parecen a eso que Marc Augé llamó los no-lugares, aunque aquí el anonimato se transforma en exceso de nombre. Y a todo esto mañana temprano salgo para Shanghai donde temo que me enc…

Ya-toy

Reventado llego a Pekín después de un intenso día de viaje en el que mis renovados temores a los aviones han sido superados a fuerza de reiteración. Para comenzar, el Alicante-Madrid lo he hecho en un McdonellDouglas de Spanair. No os quiero comentar dónde se me han puesto los dos amigos de abajo durante el despegue. Luego, Madrid-Ámsterdam. De nuevo en la tierra de los tulipanes, como si fuera un déjàvu. Pero lo más duro sin duda ha sido el Ámsterdam-Pekín y las nueve horas y media hacinado en una cavidad fabricada para el hermano menor de David el Gnomo. Me ha dado tiempo a aprenderme el manual de Mandarín y a leer tres veces cada uno de los libros que me he traído. Con las estrechuras apenas he podido, como pensaba, sacar el ordenador para acabar los textos varios que tenía que entregar a la llegada. Llegada en la que casi me confunden con un deportista de los paraolímpicos, de los que esto está lleno. No sé si la obesidad entra dentro del espectro de minusvalías. Si lo está, lo mi…