14/9/08

Lost in translation

Ahora que me puedo sentar a escribir con cierta tranquilidad, comienzo a hacer recuento de experiencias. Y pienso que, si me tuviese que quedar con una, esa sería sin duda la sensación de otredad que me ha acompañado durante todo el viaje. Aunque ciudades como Shanghai están tremendamente occidentalizadas y los avances en las comunicaciones supuestamente han abolido las distancias, he podido comprobar que el occidental aún es para muchos de ellos un ser extraño. Y si el occidental es grande, gordo y peludo, como es el caso de un servidor, lo extraño se convierte en exótico. En más de una ocasión se han quedado perplejos mirándome el vello corporal, y, como os dije, un taxista incluso me pidió que le enseñara los pelos del pecho. Parece ser que nunca había visto cosa semejante. Por primera vez, me he sentido el otro radical. Y eso, por encima de cualquier otra cosa, es una experiencia curiosa y necesaria. Una experiencia de desconocimiento substancial que, como una suerte de Lost in Translation, se intensificaba con la imposibilidad para comunicarse por medio del lenguaje en una gran parte de lugares, pues salvo en ciertos contextos muy concretos, la gente no habla otra cosa que Mandarín. Ha sido interesante comprobar lo indefensos que estamos sin el lenguaje, y lo difícil que es volver a acostumbrarse a las señas y el lenguaje no verbal. Según cuentan los que viven aquí, al final, el malentendido se vuelve común, uno se acostumbra a vivir con él y lo integra en su cotidianidad. Esta presencia de lo inentendible me ha hecho pensar en que quizá aquí nos entendemos demasiado, o parece que lo hacemos, pues al final, aunque compartamos una gramática y un vocabulario, decimos siempre cosas distintas.

6 comentarios:

ELENA dijo...

Nada como un poco de locura en el discurso para redescubrir significados. Bueno comienzo ir a la china :)

Ramón Monedero dijo...

Eso me recuerda un libro de un filosofo escocés Ian MacIntyre, "Tras la virtud". En el libro, MacIntyre jugaba con la hipotesis de que algo, a lo largo de la historia ha debido perderse para que el lenguaje haya cambiado como lo ha hecho. Según MacIntyre una palabra como "prudencia" podía significa algo así como "aplicar un concepto abstracto a una situación concreta" y dicho así, en una batalla, aplicar el concepto lealtad, podía implicar poner en riesgo tu vida para slavar de la tu compañero. Pero con los siglos, prudencia ha derivado a un "evita la ocasión y evitarás el riesgo", vamos, nada más lejos de un acto de lealtad en una guerra. De hecho, MacIntyre recordaba que en muchas ocasiones, cuando nos ponemos a discutir sobre cuestiones como la libertad o la justicia, siempre llgea un momento en el que tanto uno como otro tienen que detener la conversación y preguntarse el uno al otro, "pero a ver, ¿qué es para ti la libertad?" y generalmente las respuestas no coindicen. ¿Por qué? si una cosa significa una cosa no hay más vueltas que darle, no? Pues no, parece que la moral de cada individuo, de cada seno familiar, de cada comunidad y de cada país ha condicionado lo que significan las cosas de modo que cada uno, en función de su origen, interpreta las palabras a su modo. O dicho de otro modo, estamos condenados a no entendernos. Como en Shangai. A veces pienso que el lenguaje es un adorno precioso pero nada más.

Mery dijo...

Un amigo mio, en su viaje a China, comprobó cómo la nariz de los occidentales les llamaba la atención a las muchachas chinas. Ellas tan chatas y los españoles tan protuberantes.
Lo del vello es igual.
Por lo demás y como bien se explica Ramón Monedero, estamos condenados a no entendernos.

Paul Spleen dijo...

A Pessoa me habría gustado a mí verlo en Shanghái…

Antonio Rentero dijo...

Abundando en lo sabiamente expuesto por el querido Ramon... ¿y si en realidad no necesitasemos el lenguaje?

Un leve gesto, una mirada... podrian bastar para algo mas que sobrevivir, como habras hecho tu estos dias de "lostintranslationismo".

Por cierto, ¿hubo Scarlett?

Lilith, la Eternamente Libre... dijo...

Hola amigo, yo vivi esa experiencia con unas familias chinas en mexico, sentian una fascinacion casi enfermisa por los ojos grandes, se nos quedaban viendo horas enteras a los ojos, termina siendo algo incomodo, incluso ya hay cirugias en china y japon para agrandarse los ojos.