30/11/08

Confusión

Hace unas semanas, desesperado por la cantidad de personas que me llaman al móvil habitualmente, decidí comprar un nuevo teléfono cuyo número no desvelaría a nadie más que a los más íntimos y cercanos amigos. Iba a ser mi secreto, y nadie que yo no quisiera me iba a molestar. Sin embargo, como si se tratase de un castigo de los dioses por querer ausentarme de la sociedad, este móvil no cesa de sonar. Y lo más extraño de todo: nadie pregunta por mí. Desde el día que lo compré, no para de llamar gente preguntando por personas a las que no conozco: Pascual, Antonio, y ahora por Fran. A Pascual lo llaman del departamento de ventas de El Corte Inglés. Por lo que se ve, hay algún error con su tarjeta, un dato o algo así que tiene que modificar para que le puedan cobrar el último recibo del mes. A Antonio lo llaman de la sección de traumatología del hospital de Alicante. Hay unas radiografías que tiene que pasar a recoger para llevarlas a la clínica en la que tiene que hacer rehabilitación. Pero lo más grave es lo de Fran. Desde anoche, ha recibido más de treinta llamadas y mensajes de su familia, avisándole de que su padre ha tenido un infarto y está en la UCI. Parece ser que se está mejorando, pero no obstante sería necesario que pudiesen localizarlo.

No sé el porqué de la confusión, pero lo cierto es que mi teléfono se ha convertido en un aglutinador de situaciones ajenas. Un lugar del desencuentro absoluto. Más que llamadas perdidas, se puede decir que mi teléfono se caracteriza por tener sujetos perdidos. Sujetos cuyas vidas me interesan cada día más y más. El caso de Fran es el que más dramático me parece. Lo ha llamado prácticamente toda la familia, desde Clari hasta María Luisa. Pero no sabemos dónde está.

Como esto siga así, estoy pensando seriamente en comenzar a fingir ser esos otros a los que buscan. No lo tendría demasiado difícil. Sobre todo porque cuando digo "no, no soy yo", siempre me responden: "¿estás seguro?". Y yo les digo, "por supuesto que sí". Sin embargo, en los últimos días, y con la persistencia de las llamadas, mi seguridad está comenzando a tambalerarse. Y no descarto presentarme en las próximas semanas a subsanar el problema que Pascual tiene con El Corte Inglés.

9 comentarios:

Paul Spleen dijo...

Conozco yo a uno a quien llamaban regularmente cerca de cuarenta lorquinos desaforados para encargar el número de señoritas que querían conocer bíblicamente esa noche, amén de establecer por vía telefónica el grado de familiaridad que pretendían crear con el ano solar de las respectivas en cada velada. Huelga decir que siempre fueron atendidos con premura glosolálica y amor por el detalle.

Antonio Rentero dijo...

Ya decia yo que tardaban mucho en avisarme de lo de mis radiografias...

Leandro dijo...

Esto era un cuento, y bueno. A lo mejor todavía estás a tiempo.

Anónimo dijo...

joajoajao!

Leyendo tus textos ! descubrí que me enamoré de ti como jamás me podría enamorar los propios profesores de mi carrera de Lic. en Arte.

Me hace gracia, trás esa suerte de amor y odio que enfrento con ellos, o de admiración y rencor... debes entender de todas maneras a que me refiero.

Ese papel secreto... tan a gusto!
Tan propicio en esta intimidad virtual.-

Saludos desde Chile

Ramón Monedero dijo...

Tio, me he reido mucho con esta entrada, es digna de una comedia, pero bien filmada eso si. Muy, muy bueno. Por cierto, dado que ese número lo conoce medio país, cual es ese número "secreto"? Dejálo aquí en los cometarios, no creo que a nadie se le ocurra tomar nota...

Mery dijo...

Esta entrada es genial, simple y llanamente, de los pies a la cabeza.
Mucho me temo que tu teléfono acabe siendo algo así como el teléfono de le Esperanza.
Un abrazo

Ana Gonzalez dijo...

Me encanta. Este cuento corto da para largo. Y si encima no es ficcion, estoy muy interesada por la historia.

Anónimo dijo...

juasjuasjuasssssssssssss

mahn dijo...

Sé que resulta difícil de creer, pero es la pura verdad. A más de uno ya les he mostrado hoy las llamadas perdidas y los mensajes en el buzón de voz.

De todos modos, la cosa da para un cuento o incluso algo más.