10/12/08

Lágrimas

En los últimos días he releído De lágrimas y de santos, una de las obras más célebres de mi amado E. M. Cioran, el maestro rumano del pesimismo. Entre los muchos aforismos magistrales que tiene el libro, he encontrado una frase que define perfectamente la situación del sujeto contemporáneo: “cuando al final de su vida se quedó casi ciego, los médicos imputaron su mal a una sola causa: el exceso de lágrimas”. He pensado mucho en esto. Y he concluido que problemente hoy estemos cegados por las lágrimas. Hemos llorado tanto que apenas podemos ver el mundo. Las lágrimas nublan nuestra visión y no nos dejan ver aquello que sucede a nuestro alrededor.

En más de una ocasión he escrito aquí sobre la saturación de la mirada en la sociedad contemporánea. Hemos visto tanto que apenas podemos seguir viendo y emocionarnos con las imágenes. Estamos tan saturados que ya nada nos afecta. Pues bien, a la luz de la obra de Cioran, y en particular de esta frase, la saturación de las imágenes tendría que ver con un lagrimeo excesivo. Las lágrimas son muestras de un dolor que no podemos hacer palabra. Pero también son formas de catarsis, ejemplos de liberación. Se nos anima a llorar para no dejar nada dentro, para sacarlo todo, en una metáfora de la limpieza del alma. En los Evangelios, las lágrimas enjuagan los pecados y nos liberan del peso de los acontecimientos. Llorar, por tanto, produce un cierto placer. Y aquí está una de las claves de eso que Cioran llama el exceso de lágrimas y que nos lleva a la ceguera: que en el fondo nos gusta llorar, que nos excitamos con el llanto, que hay una sexualidad masoquista de las lágrimas a la que todos somos adictos.

3 comentarios:

Tigretón dijo...

Otro de los "pecados" de este país, en cierto modo nos gusta efectivamente plañir.

Con lo bonita (y optimista) que suena en cambio la frase de Tagore... : "Si lloras por no ver el Sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas". Bueno...

Nes dijo...

Si que ocurre.

ALBERTO dijo...

Hola Miguel, soy amantr tsmbien de la obra de Cioran, tengo casi todos sus libros (me faltan solo dos), y vuelvo a sus escritos siempre, ya que su efervescencia es estimulante.
Saludos!