24/12/08

Navidad y Apocalipsis

Si uno lo piensa bien, la Navidad se parece mucho al Apocalipsis. Más que un tiempo de alegría, parece un tiempo previo al Armagedón. Es el tiempo del gran banquete, de la orgía acústica y lumínica, el tiempo del gasto y el exceso. Comemos hasta reventar como si el mundo fuese a acabarse, cantamos villancicos hasta la extenuación como si estuviéramos espantando algún mal y bebemos hasta perder el sentido para intentar no pensar en lo que se avecina. Es como si lo peor estuviese a punto de ocurrir. Por eso nos aprovisionamos de víveres para varios meses y nos juntamos todos en la casa-búnker familiar, a la espera del momento de la gran demolición.

6 comentarios:

Leandro dijo...

Espera que pase el día de Reyes, y ya veremos si es cierto o no que lo peor está a punto de ocurrir. Entre tanto, mis mejores deseos de que paséis unos días tranquilos, y si puede ser, también felices, para todos los que frecuentáis este sitio. Saludos

Mery dijo...

Bien pensado: amén.
Feliz Navidad y no revientes mucho.
Un abrazo

Juanjo Rodríguez dijo...

A mi banco no han llegado todavía los calendarios de propaganda del 2009, y por la fecha en que estamos nos tememos que ya no llegarán.
Tenemos un gran servicio de estudios económicos que anticipa el futuro con bastante acierto. Quizá no haya 2009. Eso explicaría lo de los calendarios.

Me ha encantado el texto y me ha traído a la mente imágenes del Angel Exterminador.

mahn dijo...

Queridos todos, en efecto, el 2009 este año no vendrá. Y si viene, mejor salir corriendo para que no nos pille aquí. O que nos pille confesados. Como bien dijo un amigo, la gente ya está felicitando el 2010 porque del 2009 no espera nada bueno.

Ramón Monedero dijo...

Nunca había visto así el asunto, Pero bueno, no seamos tan pesimistas, al menos, este 2009, ya no tendremos a Bush...

Anónimo dijo...

A mí lo de la feliz salida y entrada me pareció siempre cosa de metisaca, conversación de penes antes de la cosa del coito. A los años hay que recibirlos con un respeto y una formalidad que se ha perdido. Y no sólo nosotros la pifiamos, sino que los años mismos llegan a la carrerilla y acelerados y no como antes, que se tomaban su tiempo y aparecían como reinonas que descienden de una escalera.