23/12/08

Literatura express

Mientras finalizo un par de textos, intento acabar también con una de las peores novelas que he leído en los últimos tiempos, El corazón de la materia, de Ignacio García-Valiño. La verdad es que no sé por qué se me ocurrió comprarla. Creo que fue la portada, que me sedujo y dejó expuesta toda mi líbido bibliópata. También el argumento: un científico que trabaja sobre los quarks y, tras la muerte de su mujer, comienza a dudar de la fisicidad de la materia. Un mejunje pseudocientífico y paranormal que, aunque apuntaba maneras, podía dar para una obra entretenida. Pero lo que he encontrado en el interior no tiene nombre. Y me extraña bastante, sobre todo porque García-Valiño es un escritor serio, que lleva a sus espaldas una larga trayectoria. Sin embargo, el libro es una suma de tópicos que no se puede aguantar. Y, además, escrito a la carrera. Eso sí, se lee rápido, aunque sea por la urgencia de terminarlo cuanto antes para no tener la sensación de estar perdiendo el tiempo.

Pero no todo va a ser malo, y, como podía ser de otro modo, se me han acrecentado las ganas de escribir. Siempre me ocurre lo mismo, la mala literatura me inspira mucho más que la buena, que me deja sin argumentos, destrozado y sin posibilidad de mover un dedo. Por eso quizá tengo esa pulsión a revolcarme en el fango de los best-sellers y los thrillers salchicheros, porque así al menos puedo dormir tranquilo, con la ilusión de que "todo es ponerse", y que si uno no escribe es porque no quiere.

3 comentarios:

Antonio Rentero dijo...

Ahí le has dao.

Yo, que tb soy infatigable consumidor de literatura aeroportuaria, creo que son el mejor aliciente para animarse uno mismoa a escribir... "total, peor seguro que no me sale", piensa uno para sus adentros...

Marinto dijo...

Escribió Alvite un día en su "Almas del nueve largo" lo de: "en estos momentos lo original no es escribir una novela, sino evitarlo a toda costa".

O bien: "Hace algún tiempo se puso en contacto conmigo una editorial con la esperanza de que les entregase un puñado de folios con la garantía de que ellos pondrían el prólogo y las grapas. No les prometí nada pero me sentí halagado por la posibilidad de convertirme en novelista, pensando sobre todo en que una novela sería un magnífico pretexto para perder la reputación sin gastarme un céntimo en ello."

Genial Alvite, como siempre.

Leandro dijo...

Alvite es estupendo en las distancias cortas, pero hace bien en no escribir una novela.