21/12/08

Viajar en el tiempo

En el reparto de bienes, como es tradición en la huerta, a mí me tocó la casa de mis padres, la casa en la que viví hasta hace cuatro años. Es la casa que guarda la memoria de mi infancia y, por supuesto, el recuerdo de mis padres. Tuvieron que pasar casi siete meses para que me atreviese a entrar y a enfrentarme con el pasado. Pero me armé de valor y, al final, lo hice. Como relaté en un post anterior, allí me encontré sus cosas, las cosas de mi madre, esperándola, como si nada hubiese pasado. Fui consciente en ese momento de que nunca podría volver a vivir allí, en ese lugar entre dos tiempos. Tenía que traer la casa al mundo de los vivos. Y yo no podía hacerme cargo. Por eso la ofrecí a unos vecinos que buscaban un hogar. No la quería alquilar, sólo prestarla durante un tiempo indefinido. Lo único que les pedí fue que la cuidasen como si fuera suya. De esto hace unos meses, y lo cierto es que parece ser que están cumpliendo su palabra. La casa vuelve a estar viva. Y anoche tuve la oportunidad de comprobarlo.

Para celebrar el cumpleaños de mi sobrino, fui a cenar a la casa de mi hermano, a quien no veía también desde hacía unos meses, y para eso tuve dejar el coche frente a la casa de mis padres. Al pasar por delante de la ventana de la habitación de mi madre, vi la luz encendida. Y enseguida me dio un vuelco el corazón. Fue una sensación tremendamente extraña. Durante algo menos que una milésima de segundo, antes de que el cerebro racional me dijese que eran los inquilinos los que tenían la luz encendida, durante un instante imperceptible, creí que mi madre estaba en aquella habitación, que nada había ocurrido, que todo seguía como la navidad pasada. Fue un momento irracional, mínimo, infraleve, pero de tal intensidad que no consigo quitármelo de la cabeza. Un fogonazo que dotó de vida al pasado. Un momento de conexión entre dos momentos de la historia. Esto debe ser lo más parecido a un viaje en el tiempo. Un viaje breve e inmóvil, pero con un tremendo jetlag del que uno tarda varios días en poderse recuperar.

3 comentarios:

Tigretón dijo...

Sabes que para ese "reparto" legalmente (no de hecho, como creo que es ese reparto, cuentas y contabas conmigo (y para cualquier otro asesoramiento jurídico, en la medida de mis posibilidades), aunque nunca me gusta en estos casos, con nadie (y mucho menos contigo) ser pesado ni desagradar en absoluto.

Y lo que cuentas de la luz encendida, pues... es muy "fuerte", no sé si yo he tenido alguna sensación similar

Marcelo L. Cambronero dijo...

Un fuerte abrazo, Miguel Ángel.

Antonio Rentero dijo...

Ese Tigre ahí siempre al pie del cañón de la fe publica ;-)

Querido mahn, aun con el calor en el cuerpo del abrazo de esta mañana junto al Romea, debo reconocer que tus alabras muestran no solo un viaje en el tiempo sino entre las dimensiones.

Para algunos resultaría complicado ser capaces de captar el significado rofundo de esos momentos de desconcierto cotidiano, en los que algo que dábamos por sentado material y conveptualmente, por un instante, se tornan en revoluciones cuánticas.

En tu caso lo consigues con asombrosa rotundidad, imagino que fruto de la intensidad de lo vivido y de esa facilidad para trascender conceptos y vivencias en mensaje accesible al lector.

Gracias por compartirlo. Ánimo para sobrellevarlo.