12/10/08

Impostar

Hace unas semanas que he comenzado las clases de la universidad, y, como cada año, me está costando un trabajo enorme mantener el presupuesto tono neutral del discurso académico. Siempre me pasa lo mismo. La seriedad me dura muy poco. No puedo evitarlo, las cosas del mundo de vida me vienen a la cabeza con la misma entidad e importancia que la materia que estoy impartiendo. Es como si lo que me rodease se inmiscuyera en la retórica y el proceso de construcción del conocimiento. Vamos, que se me va la pinza.

Por eso, para consolarme, lo primero que hago es pensar en cómo la historia intelectual de Occidente se ha construido sobre un proceso de cancelación del sujeto hablante, haciendo creer que quien habla y la cosa de la que se habla son lo mismo, que el enunciante y el enunciado pertenecen a universos semejantes. Como bien ha mostrado Peter Sloterdijk en su Crítica de la razón cínica, el discurso de la academia, pero también el de la política y las instituciones de saber y poder, se construye haciéndonos creer que el sujeto del habla es una “encarnación” de la institución o del discurso mismo, una abstracción. Y eso lo separa del mundo de vida, de su entidad corporal deseante. Sólo así puede sostenerse un discurso: cancelando al hablante. Y es que, por ejemplo, si uno imaginase los procesos fisiológicos a los que está sometido el cuerpo de un orador, la cosa cambiaría bastante. De ese modo, descubriríamos que tras las más sublime de las retóricas artísticas o políticas, junto a una voz “impostada” y proyectada, siempre hay un cuerpo aguantándose un pedo, un eructo, o cualquiera de esas cosas que, de surgir, arruinarían rápidamente el discurso.

Todo decir, pues, es un ejercicio de impostura: impostar la voz y fingir que nuestro cuerpo (y, por ende, nuestra vida) no están en ese lugar.

3 comentarios:

Leandro dijo...

¿Lo que?

Violeta dijo...

convertirte en un instrumento es una solución exigua, creo que es un ejercicio del que no tardarás en cansarte porque no es cuestión de disciplina... y cuando te canses y "se te vaya la pinza" probablemente se te agradezca el brote de naturalidad (aunque el tema de los gases ya es más complicado...)

supersalvajuan dijo...

Estar serio es aburrido.