24/10/08

Cosas que hacer

Acabo a la carrera, como todo lo que hago últimamente, el texto para la exposición de Mar Sáez en la sala de los Molinos del Río. Como siempre, se me quedan muchas cosas en el tintero. Supongo que habrá otra ocasión. Por otra parte, de aquí al viernes que viene tendré que enviar cuatro textos más para cuatro exposiciones diferentes (que no he comenzado ni a pensar), un capítulo de un libro sobre los museos globales que edita Hans Belting y una comunicación a un congreso sobre Robert Morris en Lyon. Esto aparte de las clases, los seminarios del Cendeac (con comida, cena y esparcimiento del conferenciante incluidos) y algunos marrones que prefiero no mencionar. Me quedan las noches para poder trabajar. Y todavía algunos me dicen que a ver si saco tiempo para tener un hijo, que si uno se pone a pensarlo no lo hace. Yo les digo que, conforme están las cosas, el problema ya no sería criarlo, sino poderlo hacer. Ya le he dicho a womahn que no tengo inconveniente alguno en que busque a alguien que se encargue de esto. Así pongo a prueba mi poliamor y, si tenemos suerte y damos con un manitas, lo mismo logramos que, por el mismo precio, nos arregle el grifo de la cocina.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Por qué ese ánimo de escribir lo ocupado que está uno y del poco tiempo disponible? Acaso uno necesita tiempo para escribir lo ocupado que está, y ese tiempo forma parte de un tiempo inexistente...

mahn dijo...

Tienes toda la razón del mundo. Uno gasta tiempo para escribir que no lo tiene. En mi caso, escribo estas cosas en mis momentos de frenada y minipausa para lo siguiente. Es como si necesitase tomar aire por momentos, gritar, y seguir corriendo. En cierto modo, me recuerda esto a un concurso que hace unas décadas había en la segunda cadena, "Si lo sé no vengo", en el que en concursante, cada cierto tiempo, entre tarea y tarea, tenía que subir al estrado y gritar "Si lo sé no vengo". Algo parecido me ocurre a mí. Y además, escribir que no tengo tiempo me sirve para simbolizar esa tiempo evanescente y, de algún modo, pararlo por momentos, aunque sea diciendo que esto es un desenfreno.

Leandro dijo...

Quizá deberías pararte diez minutos a pensar cuántas y cuáles de todas esas cosas son prescindibles. Qué miedo... ¿no?

Anónimo dijo...

Quizás estoy siendo demasiado malévolo con alquien que únicamente he visto dos o tres veces caminando por los senderos de la Pseudoiluminación. Gracias al anonimato me reservo el derecho de mostrar una de las muchas máscaras que guardo en mi ropero. Algunas ya casi rotas o degastadas por el tiempo.
Quizás sólo sea una excusa para llamar la atención (la suya, me refiero), ¿con cuál o tal motivo? De suerte que para uno mismo no se escribiría nada dirigido a captar la mirada de los demás. Amén de esta terrible Edad Individualista puedo comprender que, subconscientemente (no me atrevo a ser más malévolo), el egoísmo de los otros se convierta en el propio.

Violeta dijo...

bueno, bueno, este último comentario parece una microficción, por cierto, anónimo, me encanta que escriba pseudoiluminación con mayúscula!!