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Bolaño Póstumo

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En el marco de mi temporada de culpabilidad, me siento culpable por no haber leído antes nada de Roberto Bolaño. Al menos nada en profundidad, porque aunque leí algún que otro poema de Los perros románticos , por el período de mi vida en el que me cogió, no le hice demasiado caso. Desde hace una semana, sin embargo, no puedo parar de leerlo. He empezado por el final, sus dos últimos libros póstumos, El secreto del mal y La universidad desconocida . El primero cayó en un tarde. Y, aunque algunos son cuentos no pulidos del todo, me dio la impresión de que Bolaño podía hacer con la realidad y la ficción lo que le viniese en gana. El control y dominio de las situaciones narrativas me pareció fascinante. La ruptura de fronteras entre géneros y entre realidad y ficción me recuerda al mejor Vila-Matas. Pero lo que más me ha impresionado del libro es la magia del non finito, esa idea de que todavía falta un pequeño repaso, un último toque. Confieso que las obras no acabadas me atraen mucho má...

Para aburridos y hambrientos

Por la presente entrada (101), quedáis invitados a la presentación de mi libro La so(m)bra de lo real: el arte como vomitorio. El acto tendrá lugar el próximo jueves 26 de abril (es decir, mañana), a las 19'30 h. en el Museo de Bellas Artes de Murcia. Y en la presentación intervendrán: José Miguel Noguera (Director General de Cultura), Rosa María Rodríguez Magda (Directora de la Colección Novatores y de la revista Debats), Josep Carles Láinez (Escritor y artista), Higinio Marín (Ensayista y Vicerrector del CEU de Elche), Antonio Parra (Escritor y poeta) y un servidor (mahn, blogger). Más allá de las cuestiones de alto vuelo intelectual que allí se profieran, lo importante es que a la salida podremos gorronear del cátering de la interesante exposición La belleza devuelta: 10 años de restauración en Murcia , que se inaugura en el mismo museo a las 20 h. ---

100 [Posibilidades]

Celebro mi primer centenario. La entrada número cien. Aunque ha quedado claro que las paranoias numéricas no son lo mío, me gusta esa cifra; sobre todo porque, cuando hace poco menos de cuatro meses, comencé este blog, nunca pensé que durase más de una semana. Los que me conocen bien, saben que si algo me define es mi inconstancia, que comienzo las cosas con ilusión, pero luego las dejo abandonadas. Y lo cierto es que pensaba que esto me iba a ocurrir con el blog, pero, contra todo pronóstico, aquí sigo dando la murga. Y si lo sigo haciendo es gracias a todos los que os pasáis por aquí de vez en cuando. Durante estos primeros cuatro meses, el blog ha sido algo así como un diario privado-público que me ha servido como no(ha)lugar para liberar tensiones y obsesiones. Realidades, ficciones, comentarios, lecturas, momentos tristes y algunos no tanto, obsesiones, sueños con besos cuyo sabor aún conservo, deseos afortunadamente no satisfechos, temores, placeres... Me he desnudado tanto como...

Alejamiento

¿Y si al final no pudiera evitar amarla?, se preguntó minutos antes de alejarse para siempre. Cualquier respuesta posible lo hundiría aún más en la desesperación. ---

23

Para paliar mi desesperación y complejo de culpa, anoche fui a ver al cine “El número 23”. Y la verdad es que por momentos pude evadirme de la realidad. Sobre todo porque sentí que mi culpa era compartida y que había mucha gente, como el director de la película, que tenía razones para sentirse culpable. Lo cierto es que yo había puesto demasiadas esperanzas en esta película. El argumento, a priori, parecía interesante: un hombre que lee un libro en el que parece reflejarse toda su vida. Y, enseguida, la obsesión del personaje de la novela se traslada al personaje real, el de la película, Jim Carrey (que no lo llega a hacer mal del todo). El problema es que la obsesión es una soberana gilipollez, el número 23. A medio camino entre un pitagórico retrasado y un cabalista paranoico, el protagonista de la ficción comienza a ver que todos los hechos importantes de su vida han sido protagonizados por ese número. Lo que no llegué a comprender del todo es por qué se obsesiona. ¿Qué mal puede ha...

Represión

Paso del cielo a infierno, de la euforia al abismo, en cuestión de minutos. Ayer volví a sentir algo que creía completamente desterrado de mí, algo que había intentado por todos los medios alejar: la culpa. Durante los últimos años, me he esforzado en poner distancia con una sensación tan culturalmente cristiana como esa. Mis actos, la mayoría de ellos, y todos mis pensamientos, se han asentado en el sentido común, o en lo que yo creo que es lo “correcto”, más allá de la tradición, la historia, la cultura y no sé si también la moral. Ayer, sin embargo, cayó sobre mí el peso de la culpa, el peso de la equivocación, del error; el peso de una convicción equivocada. En estos años, me he asomado sin pudor (ni temor) al abismo, he estado cerca de la abyección, pero siempre con un pie en el otro lado. Cada vez que en este blog he hablado de hundimiento, he tenido cerca de mí el bote salvavidas. Pero ayer sentí que perdía pie del todo. Y que me hundía en el fango, sin posibilidad de salir. Sen...

Sin embargo

Hoy me han dicho que todas mis microficciones son iguales: presentan una situación entre cotidiana e incomprensible que, en el último momento, da un giro inesperado, resuelto con un manido y previsible “sin embargo”. Compruebo enseguida que tiene toda la razón. Sin embargo , no puedo parar de escribir así. ---