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Entradas

Finalizando cosas

 Voy utilizando este blog últimamente como lo comencé a hacer en su origen, como una especie de cuaderno de cosas, un no(ha)lugar que recoge todo aquello que no cabe en otro lado. Cuento cosas, pero no todas, no con la obligación de un diario, al menos de los diarios públicos que he escrito y que se publicaban semanalmente. Por ejemplo, no he escrito aquí que he logrado poner fin a un borrador de la nueva novela. Subí la foto a Instagram, las poco más de 60.000 palabras, pero aquí no escribí nada.  Aunque mientras escribes una novela tienes momentos de todo (una montaña rusa de emociones), lo cierto es que estoy contento. Si no con el resultado (eso aún no tengo la distancia para juzgarlo), sí al menos con el hecho de haber conseguido terminarla. No las tenía todas conmigo, la verdad. He dudado mucho y he estado tentado a abandonar en más de una ocasión. Como he dicho ya más de una vez, esta novela me ha resultado especialmente difícil porque tenía que salir de la anterior. Pero tambié

Membrana: la novela como exposición

Viene bajo la forma de una novela –al menos, gana un premio de novela y se publica en una colección de narrativa–, pero lo que ha escrito Jorge Carrión es un libro inclasificable –tal vez novela sea, en efecto, el marco más amplio para entenderlo–. Un ensayo-ficción sobre el futuro que vendrá, pero también sobre el futuro que ya está aquí. El tiempo por venir, pero también el que ya ha venido, incluso el que vino hace algún tiempo. Es un libro de historia prospectiva. De historia fáctica, pero también de historia ficción. Es un catálogo de arte. De arte real, pero también de arte imaginado. Un libro de museología-ficción. Un discurso curatorial. El escritor como comisario. El escritor como museólogo. Es la imaginación en estado puro. Es un libro inteligente. Un libro red que en sí mismo cuestiona el libro y, a la vez, lo legitima como forma de transmisión. Un libro múltiple e inagotable.  Desde ya, ocupa un lugar fundamental en mi estantería de "novela/arte", el espacio en el

Tomar aire

 Me queda un capítulo para llegar al fin del segundo borrador de la novela (en realidad no es el segundo, es el cuarto, pero lo llamo segundo porque las otras dos versiones apenas fueron esbozos). Vengo sacando tiempo de donde no lo hay para escribir. Momentos robados, madrugones, tardes largas. Voy imprimiendo todo lo que escribo. Acaba un capítulo y lo imprimo. Es la manera de ver ir creciendo poco a poco el manuscrito. De ser consciente de lo que falta pero también de lo que llevo. Hoy, después de imprimir la página 260 y colocarla en la carpeta de anillas en las que voy encuadernando el manuscrito, me he quedado un momento viendo el grosor, las páginas escritas. Sé que es una tontería, pero me he llenado de satisfacción. No sé si esto llegará a buen puerto –si es mejor o peor novela que las anteriores–, pero ahora que emprendo la recta final –al menos la de esta versión– me he dado cuenta de todo el trabajo que hay detrás, del proceso constante, de desvelos y de cómo poco a poco se

El artista como juguetero (notas para una conferencia)

En septiembre de 2017, tuve la suerte de impartir una pequeña conferencia en la   Escuela de Verano Walter Benjamin  en Portbou.  Ese año el programa de la escuela giraba en torno a Infancia en Berlín hacia 1900 , uno de los textos más fascinantes de Benjamin, y yo planteé una reflexión preliminar sobre una posible relación entre esas memorias de la infancia, el arte y el mundo de los juguetes. Hace unos días, rebuscando en el disco duro, encontré el archivo con las notas para esa conferencia. Hay párrafos elaborados y muchas notas sueltas e intuiciones apresuradas. Me gustaría sacar tiempo algún día para desarrollar esas ideas y escribir algo más elaborado. Pero mientras tanto –tampoco sé si ese día llegará–, y aprovechando que hoy es 26 de septiembre y se cumplen ya 81 años del fallecimiento de Benjamin en Portbou ,  aquí os dejo estas notas apresuradas sobre la infancia, el arte y la nostalgia del paraíso.  Walter Benjamin es para mí una referencia central. Su pensamiento me ha infl

Vingt ans plus tard

Hay pocas cosas que me hagan más ilusión que ver mis libros en otro idioma. Por alguna razón, verlos en francés me produce un placer especial. Tal vez sea porque, a pesar de que mi francés es malo, malo, malo, mi cultura literaria y filosófica es bastante francófona. Barthes, Foucault, Carrère, De Vigan, Ernaux... son mis referentes. Creo, además, que es un contexto en el que lo que escribo puede ser entendido. Eso es lo que espero con la publicación próxima (el 6 de octubre) de El dolor de los demás. Aparecerá en Éditions Globe, una editorial centrada en la traducción y con una querencia particular por la no-ficción o los libros basados en hechos reales. Es un sello relativamente joven, pero sus publicaciones ya han conseguido algún que otro premio. Y sobre todo, sus libros son serios y contundentes. Así que no puedo estar más contento. Ahí aparecerá El dolor de los demás con el título de Vingt ans plus tard. Confieso que al principio me incomodó que no se respetase el título original

Tomar impulso

 Llevo unos días con un cansancio extraño. Más incluso de la cuenta (el nivel de inicio suele ser alto). Es una sensación como de aire pesado sobre mí, como de carga real sobre la cabeza. Hoy me visto arrastrando los pies por la universidad, como si estuviese en un viacrucis. Me lo ha dicho una compañera: hijo, parece que has salido del desierto. Supongo que es el inicio de curso, que me ha caído encima sin apenas preparación. Lo estoy viviendo como un guantazo en la cara. El 31 de agosto estaba con la novela a tope. En dos meses, a ese ritmo, tal vez la hubiera terminado. Pero el 1 de septiembre llegó la realidad. Y la realidad es, más allá de las clases, la gestión del departamento. El inicio de curso es una puta pesadilla. Gestionar bajas, sustituciones, plazas que no llegan a resolverse, rellenar informes..., hacer frente a peticiones varias. Y, claro, las clases. Al menos ahí disfruto.  Para continuar con la escritura de la novela y no posponerlo todo hasta navidad, la única soluc

Charla en el Instituto Cervantes de Berlín

 El pasado 26 de agosto, tuve la suerte de charlar virtualmente con el escritor y crítico cinematográfico Wolfgang Martin Hamdorf. El acto lo organizó el Instituto Cervantes de Berlín dentro de su ciclo "Autores en directo". Hablamos especialmente de Intento de escapada y El dolor de los demás, y también de Murcia, ciudad protagonista de una extraordinaria exposición en el Museo de Culturas Europeas de Berlín . Aquí os dejo el vídeo de la charla. Ojalá os interese. 

Contra Florencia

Como prometí en el post anterior, quiero que el blog vuelva a ser también una memoria de lecturas, al menos de ciertas impresiones inmediatas, particulares y no necesariamente exportables a otros lectores.  Este verano he leído menos que otros. Quizá porque las vacaciones han sido mucho más cortas y las he aprovechado para encerrarme en la escritura de la novela. Incluso en el viaje a Florencia me he llevado el ordenador y, todas las mañanas, antes de desayunar, he tratado de sacar unas horas para dedicar a la escritura.  Precisamente para ir haciéndome la cabeza a Florencia, esos días rescaté   Contra Florencia , el libro de Mario Colleoni que tenía en la estantería casi dos años, esperando el momento preciso de la lectura. Lo disfruté mucho. Y ha sido una de las lecturas que más gozo me han producido este verano. No es exactamente un libro de viajes, sino más bien de una serie de reflexiones y experiencias vinculadas con lugares y personajes de Florencia. Es una declaración de amor a

Lecturas por venir

Hubo un tiempo en que este blog era también un blog de lecturas. No tanto un blog de crítica como de impresiones de lectura. No soy crítico literario, ni lo pretendo, entre otras cosas porque no tengo formación. Lo que sí soy es un lector entregado y algo compulsivo. En los diversos "diarios públicos" que he tenido hasta la fecha ( Presente continuo, Diario de Ithaca, Aquí y ahora y Tiempo por venir ), no he cesado de dejar constancia de lo leído (también de lo visto, de lo vivido y de lo bebido). Ahora, mientras trato de descansar de esa presión de entregar una entrada del diario cada semana, he pensado en retomar aquí algunas de esas impresiones de lectura. Me resulta más fácil hacerlo aquí que en Twitter, donde uno tiene que buscar el adjetivo preciso para que quepa en el tuit, o en Instagram, tecleando en la pantalla del móvil y buscando el ángulo preciso de la foto.  Como he escrito en entradas anteriores, me he propuesto recuperar el blog, no dejarlo morir, dotándolo de

La nada es mía

A [Artículo publicado en  Almudí. Revista de cultura de Murcia,  nº 12, julio de 2021]  La noticia se hizo viral a finales del pasado mayo: el artista Salvatore Garau vendía por 15.000 euros una obra invisible.  Io Sono  era el título de esta escultura inmaterial que mostraba una idea, una emoción pura, una proyección mental del artista en un espacio vacío.  Varias semanas después, el artista el norteamericano Tom Miller demandó a Garau porque él ya había expuesto una nada de esas características en 2016,  Nothing , que fue “instalada” en una plaza de Gainesville, en Florida. Por si eso fuera poco, unos días más tarde, otro artista, el español Boyer Tresaco también denunció que él llevaba realizando este tipo de esculturas invisibles desde hacía años. Una de ellas,  2.200 decímetros cúbicos de Nada , se encuentra “expuesta” en la Fundación-Museo que el artista tiene en La Manga del Mar Menor. Vista desde fuera, esta situación parece una competición entre vendedores de humo. Pertenec

Una página menos

Desde que volví de Florencia, he tratado de encerrarme en el despacho a escribir. A la novela todavía le falta.   Corrección, reescritura e incluso escritura de nuevos capítulos. Esto es lo más me cuesta. Porque hay un momento en el que la mente se pone en modo editor y funciona para corregir, pulir, cambiar palabras, eliminar reiteraciones, aclarar, espesar..., pero no crear de la nada. Y en esta fase en la que estoy hay días en los que me dedico a esa tarea de espesar y editar y otros en los que tengo que introducir escenas o fragmentos de la historia que son necesarios para que todo funcione. Llevo prácticamente todo el verano para dos de ellos. Hoy acabo de terminar uno y ha sido como subir el Tourmalet. Buscaba las palabras y no llegaban.  Sin embargo, estos momentos de creación en medio de la edición –aunque ambas cosas formen parte, en realidad, del mismo proceso– sirven para introducirse con fuerza en la historia y hacer los personajes vuelvan a cobrar vida.  También estos días

La mirada anacronista

Una de las obras que más ganas tenía de ver en Florencia era La Virgen de las sombras , el fresco de Fra Angelico situado en un pasillo del convento de San Marcos. En realidad, quería ver el convento y las celdas decoradas por el pintor, pero me hacía especial ilusión encontrarme con esta obra que Georges Didi-Huberman sitúa en la base de su teoría del anacronismo. En la introducción de Ante el tiempo , el historiador del arte francés hace referencia a los años en los que escribía su tesis sobre Fra Angelico (publicada en 1990 como Fra Angelico: Dissemblance et Figuration y  que incomprensiblemente no está traducida al castellano).  Didi-Huberman relata su encuentro con esta obra y el modo en que, en uno de sus paseos, de reojo, uno de los mármoles representados en la parte de abajo de la composición le recordó a un dripping de Pollock. Es más, fue precisamente la memoria del dripping –la conciencia de haberlo visto– la que lo hizo fijarse en esta parte de la obra que habitualmente pas

Sostener la escritura

Por supuesto, he venido estos días a Florencia también con la intención de continuar escribiendo la novela. Me he traído el manuscrito impreso y los cuadernos y he tratado de levantarme todas las mañanas un poco antes que Womahn y escribir unos cuantos párrafos en el ordenador. Me ha costado bastante concentrarme, pero he podido terminar un capítulo nuevo y corregir algunos de los que ya tenía escritos. Aunque había planeado escribir más, con eso me contento. Lo importante era no abandonar del todo la novela estos diez días. Volver a entrar en ella después es siempre lo más difícil.  Tengo, lo confieso, ganas ya de volver. De sentarme en mi escritorio, con todas mis comodidades, y continuar el trabajo. Es una de las novelas que más me está costando escribir. Volver a la ficción después de tanta no-ficción está siendo un desafío –y también un poquito de pesadilla–. Cada vez que me salgo de la novela –por trabajo o compromisos varios– me cuesta horrores volver a entrar, recorrer de nuevo

Dedos sobre un teclado

¿Cómo es posible que siendo historiador del arte y con más de 40 años aún no hubieras visitado Florencia? Pues es posible. El viaje siempre pospuesto. Demasiado evidente. Florencia, la cuna del Renacimiento. Ya llegará el momento. Y el momento ha llegado. En plena ola de calor, pero ha llegado. Supongo que pasará un tiempo para que pueda procesarlo todo. No me cabe una obra de arte más en la cabeza. Comprendo ahora a Stendhal (aunque nunca sepa poner la h en su sitio). No era la belleza. Era la saturación. La imposibilidad de asumirlo todo. Quizá también por eso la necesidad de volver a escribir aquí. Para poner palabras a la experiencia, para ordenar algo esa masa de imágenes que se entrelazan ahora en la cabeza. Ahí se confunden museos, iglesias, frescos, esculturas, miniaturas y palacios. Y, claro, también calles, restaurantes, paninos y aperoles. Todo ahora mismo es una misma cosa.  Esa es también la razón por la que hoy hemos parado. Un domingo en Florencia sin apenas salir de cas

Recomenzar

Posteábamos ayer...  Igual que en ocasiones uno se despide a la francesa, supongo que es lícito también saludar del mismo modo. Actuar como si nada después de una larga temporada de ausencia. Aquí estamos de nuevo. Más de medio año después de haber pensado que iba a recomenzar a rescatar este blog. Porque recomenzar no se acaba nunca. Fracasa de nuevo, fracasa mejor. Viernes 13 de agosto, escribo desde Florencia. Hace casi dos meses que abandoné el diario público que publicaba en La Verdad. Me servía para dejar constancia de mi rutina, pero también de algunas ideas y experiencias, también de lecturas y reflexiones sobre la escritura. Necesitaba dejarlo –sobre todo la obligación de enviar todas las semanas 1400 palabras al periódico–, pero es cierto que lo echo de menos. También he dejado este verano, al menos por un tiempo, de postear en Facebook y en Twitter. Y a veces siento la necesidad de compartir pensamientos y me olvido de que tengo este no(ha)lugar y que debería regresar. Así q