Entradas

Propósitos presentes

El comentario de Emilio me da la excusa perfecta para el último post del año. Como bien dice Emilio, igual que las pastillas de sacarina, el tiempo, que a veces creemos infinito, también tiene su fin, al menos lo tiene para nosotros. Supongo que hay un momento en el que uno siente que se le va de las manos y que ya no hay manera de dejar las cosas para otro momento, porque comenzamos a desconfiar de que los momentos vuelvan a nosotros. Uno acumula cosas por hacer que al final nunca realiza del todo. Así que los fines de año se llenan de buenos propósitos. El 31 de diciembre es la fecha para soñar en el cambio, en que las cosas pueden comenzar a ir mejor. Esta vez, como Emilio, yo tampoco he hecho propósitos para el año nuevo. Aunque sea por motivos diferentes, ni siquiera me había puesto a pensar en que cambiamos de década. Por lo general uno piensa en lo que no ha sido o en lo que está por venir. Yo suelo ser muy melancólico, y el pasado siempre irrumpe. Me acuerdo de mis padres y de ...

El objeto infinito

Imagen
Hoy me ha pasado una de las cosas más sorprendentes en lo que lo llevo de año: se me ha acabado un bote de sacarina de los grandes. Al apretar el mecanismo para que salieran las pequeñas pastillas, nada ha salido de allí. He sufrido un vértigo tremendo. Aunque no os lo creáis, es la primera vez que me ocurre semejante cosa. Siempre he pensado que este tipo de productos no tiene fin. Esos botes están llenos de pastillas, tienen miles. Uno jamás pensarían que eso se pueda gastar. Pero ese inconsciente de infinitud se me ha venido abajo hoy al observar empíricamente que el bote estaba vacío. Siempre intento evitar estos momentos en que las cosas acaban agotándose y pierden por completo su utilidad. Mucho antes de que se acabe el bote ya he comprado otro. Cuando, al agitarlo, intuyo que hay menos de veinte pastillas, el terror se apodera de mi cuerpo y salgo corriendo a por otro bote, si es posible más grande. En ese momento, el anterior es relegado al armario y su contenido nunca se...

Déjà vu

Supongo que toca escribir sobre la Navidad. Lo suyo sería escribir sobre los mismos tópicos de siempre, las mismas anécdotas y los mismos argumentos: la banalización de la Navidad, la pérdida del sentido religioso y la conversión en una excusa para el consumo desaforado, o incluso la idea de la Navidad como un tiempo melancólico en el que recordamos a los que ya no están. La verdad es que, por mucho que uno quiera escribir sobre cosas nuevas, no puede dejar de caer en la repetición de lo mismo. Y, pensándolo bien, es precisamente esta idea, la de repetición, sobre la que se debería reflexionar en un tiempo como este. Aunque a veces observemos el curso del tiempo como una estructura lineal, que va desde el pasado al futuro, el mundo se repite constantemente. El tiempo cíclico de las fiestas nos recuerda que hay cosas que nunca cambian, que, por mucho que avancemos, siempre estamos en el mismo lugar. Lo cíclico y lo repetitivo nos sirve también para frenar el vértigo de la historia, el a...

No (ha) lugar entrevistado

Con el papeleo y los líos de las últimas semanas, se me ha pasado subir la entrevista sobre este blog que tuvo lugar en La fundación Chirivella Soriano el verano pasado, en el marco del décimo aniversario de Arte10 . La verdad es que lo pasé bastante bien en el encuentro, y creo que se llegó a conclusiones interesantes . Os dejo aquí también más información sobre el resto de participaciones y los demás encuentros en Málaga, Salamanca y Madrid.

Apocalipsis

Sigo pensando lo mismo que hace un año: "la Navidad se parece mucho al Apocalipsis. Más que un tiempo de alegría, parece el tiempo previo al Armagedón. Es el tiempo del gran banquete, de la orgía acústica y lumínica, el tiempo del gasto y el exceso. Comemos hasta reventar como si el mundo fuese a acabarse, cantamos villancicos hasta la extenuación como si estuviéramos espantando algún mal y bebemos hasta perder el sentido para intentar no pensar en lo que se avecina. Es como si lo peor estuviese a punto de ocurrir. Por eso nos aprovisionamos de víveres para varios meses y nos juntamos todos en la casa-búnker familiar, a la espera del momento de la gran demolición."

Noche comunal

La cosa tuvo su aquél. Aunque no estaba en mi mejor momento, al final el resultado fue más o menos digno. La verdad es que tocar después de un músico de verdad, me producía más que respeto. Pero como se ve que a esas horas la vergüenza se disipa, me puse manos a la obra como si tal cosa. Eso sí, advertí a los presentes que podían hacer de todo menos escucharme (hablar, mirar las imágenes, comer). La música debía tener el estatus de ruido de fondo. Y la verdad es que se lo tomaron en serio. Me atrevería a decir que demasiado en serio. No sé si alguien llegó a escucharme tocar. Pero el caso es que eso fue lo que me liberó para soltarme. Cuando fui consciente de que todos estaban "a lo suyo", me pude poner "a lo mío". Y creo que la cosa se me fue incluso un poco de madre. Tanto, que estoy convencido de que tuve la culpa de la accidental clausura del evento. Esto merecería un post especial, pero adelanto aquí algo. Después de mi actuación, llegó el turno de la guitarra...

Noche en blanco

Esta semana está viniendo cargadita de actos. El martes, la presentación de cuaderno. Ayer, la charla-presentación sobre la obra de Luis Fernández y el espacio topológico. Y, como no hay dos sin tres, esta noche me he vuelto a dejar liar para tocar el piano acompañando a las imágenes de Óscar Espín. Será en la Fundación José García Jiménez, a partir de las diez de la noche, más o menos, en el marco de su "Noche Blanca de Navidad" . De nuevo, lo que haré será improvisar de memoria las cuatro cositas que más o menos siempre toco. Si no tenéis otra cosa mejor que hacer un viernes por la noche (cosa que dudo), estáis invitados a cava e imágenes con música.