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Finalizando cosas

 Voy utilizando este blog últimamente como lo comencé a hacer en su origen, como una especie de cuaderno de cosas, un no(ha)lugar que recoge todo aquello que no cabe en otro lado. Cuento cosas, pero no todas, no con la obligación de un diario, al menos de los diarios públicos que he escrito y que se publicaban semanalmente. Por ejemplo, no he escrito aquí que he logrado poner fin a un borrador de la nueva novela. Subí la foto a Instagram, las poco más de 60.000 palabras, pero aquí no escribí nada. 

Aunque mientras escribes una novela tienes momentos de todo (una montaña rusa de emociones), lo cierto es que estoy contento. Si no con el resultado (eso aún no tengo la distancia para juzgarlo), sí al menos con el hecho de haber conseguido terminarla. No las tenía todas conmigo, la verdad. He dudado mucho y he estado tentado a abandonar en más de una ocasión. Como he dicho ya más de una vez, esta novela me ha resultado especialmente difícil porque tenía que salir de la anterior. Pero también porque en mi cabeza late ya la historia de la siguiente, que busca ya comenzar. Eso nunca me ha sucedido. Que una novela quiera comenzar antes de acabar la anterior. Pero esta vez es así. Intuyo que lo que he escrito era necesario para cerrar algo anterior. Yo quería escribir una novela que se alejar de El dolor de los demás, pero en realidad lo que hace es retomarla y continuar explorando algunas cuestiones que ya estaban ahí latentes (especialmente, la reflexión sobre sobre la imagen última y la memoria). Así que en el fondo entiendo esta nueva novela como una especie de reverberación de lo ya escrito. Un coletazo antes de emprender algo que sí es (al menos si continúo la imagen que tengo en la cabeza) radicalmente diferente. 

No sé. Eso pienso ahora, cuando aún no está perfilada y queda todavía mucho trabajo. Pero ya hay algo. Y ahora lo que falta es pulir y corregir.

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