Retomo el blog con las mejores lecturas del año que acaba. Es siempre muy difícil y, claro, depende mucho de lo que ha leído uno. No he llevado la cuenta, pero más de 100 títulos han caído seguro. Y ha habido de todo. Mucho abandono, muchos ni fu ni fa. Muchos "demasiado ruido para esto". Todo eso me lo salto. Y me quedo con los libros que realmente me han marcado y he tenido días en mi cabeza. Libros importantes para mí, que no tienen que serlo para los demás. 1. Olga Tokarczuk, Refugio , Museo del Prado. Es un relato largo. Pero me vale como libro. Como uno de los mejores de este año. Un cuento sobre un futuro terrible y una esperanza a través del arte. De los cuatro volúmenes que lleva esta iniciativa del Museo del Prado ( Escribir el Prado ), es, sin duda, el mejor. Mejor que Coetzee, que Aridjis, y mucho mejor que el de John Banville (el más flojito). Refugio me ha parecido una obra de arte. Una novelita en off que parece una hermana pequeña de Las tempestálidas , de Go...
Por lo menos eso es mejor que lo que hizo mi hermana, que se compro el piano Yamaha (de pared) y a los pocos meses lo dejo ahi, en el angulo oscuro de su dueño olvidado y cojiendo polvo. Supongo que en el fondo todos somos musicos frustrados: yo siempre quise tocar el violin. Esperemos que el nuevo juguete de mi hermana, una flauta travesera, dure mas que el anterior pero no lo suficiente como para alterar mis horas de sueño.
ResponderEliminarA mí ya me ha pasado con el violín, entre otras muchas disciplinas musicales. Y no en plan "cómo me gustaría", sino con seria tentativa de gastarme quinientas mil pelas de las antiguas (no de las de ahora) en una viola da gamba.
ResponderEliminarPor no hablar del canto...
queridos ángel y taun: muchas gracias por hacerme saber que se trata de una experiencia compartida. De todos modos, no puedo quedar reconfortado. Hubo un tiempo en que la música lo era todo para mí. Durante mi adolescencia llegué a aporrear el piano, a patalear el órgano, a arañar el violín y a escupir el trombón de varas (y en menor medida, la flauta y el saxo). Pero, al comenzar la universidad, la puñetera historia del arte me succionó. Y la música quedó a un lado. Además, como dicen en mi tierra, "oficial de mucho, maestro de nada". Y eso me pasó a mí, que al final no sé tocar nada bien (nada que suene). Pero me que he quedado con el ansia de hacerlo. Y los instrumentos me fascinan.
ResponderEliminarNo me compraré el piano, pero, por si acaso, hoy he tomado medidas en la sala de estar. Y mañana preguntaré en la tienda si tienen pago aplazado.