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Fatiga

 Dos meses y medio sin escribir por aquí. Demasiado. Pero, bueno, nunca es tarde para retomar. Además, aquí escribe uno cuando puede, cuando le apetece, cuando lo necesita. Y ahora puedo, me apetece y lo necesito. O eso pienso. O da igual. Escribo y ya está. Creo que, aparte de mis cuadernos secretos, este es el espacio en el que con más libertad escribo. También en el que lo hago con más rapidez. Sin mirar un segundo hacia atrás a corregir erratas y sin planificar tampoco un segundo lo que me da por escribir.  Son días extraños estos. La locura de la guerra, por supuesto. Disparate incomprensible que acaba tiñéndolo todo de gris. Pero también días extraños en lo personal. La sensación de que todo se repite. De un acabamiento y también de vuelta a comenzar. Supongo que tiene que ver con que he vuelto a pillar el COVID. La segunda vez notificada (aunque por en medio hay más de una sospechosa). La primera fue hace justo ahora dos años, nada más comenzar el estado de alerta y el ...

Mis 10 libros de 2021

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Este año he leído muchos libros buenos. Antes llevaba la cuenta; un pequeño diario de lecturas. Luego lo dejé y me pasé a Goodreads; también lo dejé y subí fotos a Instagram, que funcionó como una especie de memoria. Pero ahora sólo subo algunas cosas y otras se me olvidan, o directamente no las subo para no dar la brasa. Así que solo me queda la memoria del buen sabor de boca que me han dejado algunos libros. Por eso, este año voy a escribir esta lista de memoria, con las cosas que he leído y recuerdo con un gusto especial. Por supuesto, no es una lista de lo mejor del año. Entre otras cosas, porque sale de lo que he leído. Y es cierto que he leído mucho, pero en comparación con lo que se ha publicado, es apenas una cata, algo anecdótico.  Me dejo fuera de la lista los ensayos. La lista entonces sería interminable.  1. Recuerdo haber disfrutado muchísimo con los diarios de Rafael Chirbes (Anagrama). Si me piden el libro del año, puede que diga que es ese. Al menos, para mí. E...

Finalizando cosas

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 Voy utilizando este blog últimamente como lo comencé a hacer en su origen, como una especie de cuaderno de cosas, un no(ha)lugar que recoge todo aquello que no cabe en otro lado. Cuento cosas, pero no todas, no con la obligación de un diario, al menos de los diarios públicos que he escrito y que se publicaban semanalmente. Por ejemplo, no he escrito aquí que he logrado poner fin a un borrador de la nueva novela. Subí la foto a Instagram, las poco más de 60.000 palabras, pero aquí no escribí nada.  Aunque mientras escribes una novela tienes momentos de todo (una montaña rusa de emociones), lo cierto es que estoy contento. Si no con el resultado (eso aún no tengo la distancia para juzgarlo), sí al menos con el hecho de haber conseguido terminarla. No las tenía todas conmigo, la verdad. He dudado mucho y he estado tentado a abandonar en más de una ocasión. Como he dicho ya más de una vez, esta novela me ha resultado especialmente difícil porque tenía que salir de la anterior. Pe...

Membrana: la novela como exposición

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Viene bajo la forma de una novela –al menos, gana un premio de novela y se publica en una colección de narrativa–, pero lo que ha escrito Jorge Carrión es un libro inclasificable –tal vez novela sea, en efecto, el marco más amplio para entenderlo–. Un ensayo-ficción sobre el futuro que vendrá, pero también sobre el futuro que ya está aquí. El tiempo por venir, pero también el que ya ha venido, incluso el que vino hace algún tiempo. Es un libro de historia prospectiva. De historia fáctica, pero también de historia ficción. Es un catálogo de arte. De arte real, pero también de arte imaginado. Un libro de museología-ficción. Un discurso curatorial. El escritor como comisario. El escritor como museólogo. Es la imaginación en estado puro. Es un libro inteligente. Un libro red que en sí mismo cuestiona el libro y, a la vez, lo legitima como forma de transmisión. Un libro múltiple e inagotable.  Desde ya, ocupa un lugar fundamental en mi estantería de "novela/arte", el espacio en el...

Tomar aire

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 Me queda un capítulo para llegar al fin del segundo borrador de la novela (en realidad no es el segundo, es el cuarto, pero lo llamo segundo porque las otras dos versiones apenas fueron esbozos). Vengo sacando tiempo de donde no lo hay para escribir. Momentos robados, madrugones, tardes largas. Voy imprimiendo todo lo que escribo. Acaba un capítulo y lo imprimo. Es la manera de ver ir creciendo poco a poco el manuscrito. De ser consciente de lo que falta pero también de lo que llevo. Hoy, después de imprimir la página 260 y colocarla en la carpeta de anillas en las que voy encuadernando el manuscrito, me he quedado un momento viendo el grosor, las páginas escritas. Sé que es una tontería, pero me he llenado de satisfacción. No sé si esto llegará a buen puerto –si es mejor o peor novela que las anteriores–, pero ahora que emprendo la recta final –al menos la de esta versión– me he dado cuenta de todo el trabajo que hay detrás, del proceso constante, de desvelos y de cómo poco a poc...

El artista como juguetero (notas para una conferencia)

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En septiembre de 2017, tuve la suerte de impartir una pequeña conferencia en la   Escuela de Verano Walter Benjamin  en Portbou.  Ese año el programa de la escuela giraba en torno a Infancia en Berlín hacia 1900 , uno de los textos más fascinantes de Benjamin, y yo planteé una reflexión preliminar sobre una posible relación entre esas memorias de la infancia, el arte y el mundo de los juguetes. Hace unos días, rebuscando en el disco duro, encontré el archivo con las notas para esa conferencia. Hay párrafos elaborados y muchas notas sueltas e intuiciones apresuradas. Me gustaría sacar tiempo algún día para desarrollar esas ideas y escribir algo más elaborado. Pero mientras tanto –tampoco sé si ese día llegará–, y aprovechando que hoy es 26 de septiembre y se cumplen ya 81 años del fallecimiento de Benjamin en Portbou ,  aquí os dejo estas notas apresuradas sobre la infancia, el arte y la nostalgia del paraíso.  Walter Benja...

Vingt ans plus tard

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Hay pocas cosas que me hagan más ilusión que ver mis libros en otro idioma. Por alguna razón, verlos en francés me produce un placer especial. Tal vez sea porque, a pesar de que mi francés es malo, malo, malo, mi cultura literaria y filosófica es bastante francófona. Barthes, Foucault, Carrère, De Vigan, Ernaux... son mis referentes. Creo, además, que es un contexto en el que lo que escribo puede ser entendido. Eso es lo que espero con la publicación próxima (el 6 de octubre) de El dolor de los demás. Aparecerá en Éditions Globe, una editorial centrada en la traducción y con una querencia particular por la no-ficción o los libros basados en hechos reales. Es un sello relativamente joven, pero sus publicaciones ya han conseguido algún que otro premio. Y sobre todo, sus libros son serios y contundentes. Así que no puedo estar más contento. Ahí aparecerá El dolor de los demás con el título de Vingt ans plus tard. Confieso que al principio me incomodó que no se respetase el título original...