Presente continuo 9
VIERNES 25 Maleta Te despiertas cansado y con algo de jet-lag. Enseguida tocan al timbre: ha llegado la maleta que te habían extraviado. La abres para comprobar que está todo. Y enseguida adviertes el tremendo olor. Está todo, en efecto. Pero todo está empapado de ron. Una de las botellas, afortunadamente la más barata, no estaba bien cerrada y se ha derramado sobre la ropa. El olor te conduce a la hacienda Santa Teresa, aquel lugar en el que incluso las paredes olían a ron. Es como la magdalena de Proust, pero en versión etílica. El olor se te mete dentro, y el recuerdo se convierte en algo corporal. Es más que una evocación. Se trata de una sensación. Piensas que cada vez que abras el ron, cada vez que lo huelas, volverás a estar en Venezuela. A veces un olor condensa toda una experiencia. Y por alguna razón, la mañana que pasaste en la hacienda Santa Teresa, rodeado de amigos a los que ya echas de menos, se ha transformado en una imagen recurrente. En la maleta está el chá...