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The Artist

No puedo estar más cabreado con los Oscars que ha ganado The Artist . Ni siquiera ganas de argumentar tengo. Así que os dejo directamente lo que escribí hace varias semanas cuando vi la película. En más de una ocasión he hablado aquí de la fascinación por lo obsoleto de la cultura contemporánea. Uno de los últimos productos de esta retromanía es The Artist , la película de Michel Hazanavicius, que pretende emular la estética y la manera de narrar de las películas mudas de los años veinte contando una historia de amor que tiene como trasfondo la industria del cine y el paso del mudo al sonoro. Un homenaje al cine. Pero un homenaje que es tan sólo una repetición de tópicos, gestos, planos, historias y recursos. Es decir: un pastiche, esa forma privilegiada de la cultura postmoderna según la clásica visión de Jameson. La película no nos dice nada que no sepamos ya, y no lo hace mejor que los originales que «homenajea/fusila». Originales que el autor combina con una ligereza cronológica qu...

Duelo al blog

Lo sé, tengo el blog abandonado. Menos mal que a estas cosas no se les pega el polvo, que si no tendría telarañas en las esquinas y óxido en las pestañas. Ya lo he dicho en más de una ocasión, Facebook y Twitter lo están matando. Y es una pena tremenda, sobre todo porque, al final, Facebook y Twitter son puro presente sin memoria –por mucho que ahora Facebook introduzca la "Biografía", que pretende hacer algo de memoria con lo más efímero. Escribo esto sobre todo porque el artículo que Enrique Vila-Matas escribía hace dos días en El País me ha hecho pensar mucho. Tiene toda la razón. Hubo un tiempo en el que los blogs estaban de moda, y tener un blog era un signo de diferencia, casi de modernidad, un espacio privado/público donde poder decir y comunicar con total libertad. En ese momento, al principio, los blogueros eran gente rara. Y daba gusto escribir aquí porque, como digo, constituía una diferencia. Después, el blog se generalizó y todo el mundo comenzó a tener espacios ...

Apocalípticos y entregados

Uno de los problemas con los que nos tenemos que enfrentar constantemente los profesores de arte contemporáneo es el de la resistencia de los alumnos al arte contemporáneo. Todos los años, las mismas cuestiones: “eso no se entiende”, “eso lo hace un niño chico”, “pues yo lo miro y no me dice nada”, “qué poca vergüenza” o, directamente, “¿y si yo entonces me la saco aquí y digo que es arte, es arte?”. Se trata de una serie de mitos y lugares comunes en torno al arte contemporáneo que han calado tan fuerte en la sociedad que es casi imposible derribar. Lo que les digo es siempre lo mismo: el arte –y no sólo el contemporáneo– es algo que no se aprecia sólo a través de la mirada, sino que requiere una lectura atenta y una puesta en contexto –teórico, histórico y artístico– de lo que se está viendo. Si no, no nos enteramos de la misa la mitad. Para ver hay que leer. Por supuesto, hay emociones o percepciones estéticas que pueden ser experimentadas sin esa mediación, pero son las menos, y se...

Cuestión de Fe

Imagen
Estos días se ha llamado la atención sobre la copia de la Gioconda del Museo del Prado. Realizada por un discípulo de Leonardo, la obra parece ser contemporánea de la Gioconda verdadera. Y una frente a otra, la obra tiene su mérito. Lo único que pasa es que tenemos nuestra mirada acostumbrada a la Gioconda de verdad. Y sobre todo, sabemos que fue pintada por la mano de Leonardo. Pero ¿y si hubiera sido al revés? ¿y si la Gioconda del Louvre fuera la pintada por el discípulo y esta copia fuera la verdadera de Leonardo? ¿Se imaginan cuál sería nuestra reacción? No hace tanto que, con estudios fundados, se intentó demostrar que «El Coloso», una de las obras maestras de Goya, no fue pintada por el pintor maño, sino por un discípulo suyo. Y parece que nos resistimos a imaginar que una obra así no haya sido pintada por el genio. Todo esto, en el fondo, nos hace reflexionar sobre la contingencia del valor artístico, por un lado, y sobre el fetichismo del origen, por otro. En primer lugar, la ...

Inadecuación y cambio

En «El libro de los Pasajes», al analizar el modo en el que en las primeras construcciones de la modernidad y los nuevos materiales y técnicas se vinculaban a las viejas formas –los órdenes clásicos y las estructuras arquitectónicas del pasado–, Walter Benjamin observaba que la clave de esta inadecuación estaba en que el vidrio y hierro habían llegado demasiado pronto y que no se sabía cómo operar con ellos. Aludía allí a Ernst Bloch y a su idea del «todavía no es», –nunc stans–, para sugerir que aquellas formas eran la anticipación de un tiempo que estaba por venir y todavía no había llegado del todo. Por eso se preguntaba: «¿cómo y cuando los mundos de formas surgidos en la mecánica, en el cine, en la construcción de maquinaria y en la nueva física, que nos han subyugado sin ser nosotros conscientes de ello, nos mostrarán con claridad lo que les es de suyo natural?». Hoy estamos en medio de una de esas grandes inadecuaciones: Internet y las nuevas tecnologías informáticas. Nos encont...

Fin de un sueño

En «La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica», Walter Benjamin observaba que las nuevas tecnologías de reproducción de la imagen –por mucho que acabasen con el aura de las obras de arte singulares– tenían un nuevo potencial democrático y emancipador que podía servir para que el pueblo accediera a una serie de experiencias, conocimientos y emociones que estaban reservados a unos pocos privilegiados. Ese potencial, sin embargo, como el propio Benjamin advirtió, llevaba también aparejado un gran peligro: la posibilidad de dominación y control de las masas a través, precisamente, de la democratización. En efecto, el cine, la publicidad, las nuevas formas de cultura de masas… fueron utilizadas por los regímenes totalitarios como herramientas de identificación nacional –la manipulación nazi es un ejemplo–, pero también, y sobre todo, de manipulación, control, docilización y sumisión de los ciudadanos. Lo que observó Benjamin fue que la posibilidad de emancipación estaba siem...

Lenguaje velado

Probablemente sea percepción mía, pero de un tiempo a esta parte estoy convencido de que ha crecido el número de burdeles en la Región de Murcia. No hay más que asomarse a cualquier carretera para darse cuenta de la cantidad de carteles que anuncian todo tipo lugares para el placer –masculino, por supuesto–. Lo curioso del caso es que hay que fijarse mucho. Y hay que hacerlo porque es casi imposible distinguir la publicidad de un prostíbulo de la de una firma de moda, un perfume o una marca de helados. Es más, me atrevería a decir que los anuncios de estos lugares contienen mensajes sexuales menos explícitos que el resto de la publicidad contemporánea. Esto es así hasta el punto de que, si uno tuviera que guiarse por el imaginario de los carteles, probablemente entraría a una tienda de perfumes a preguntar por el precio del cuerpo de alguna señorita de esas que mojan sus labios y nos seducen –a los hombres; la mujer es un mero objeto de deseo y está privada de subjetividad–. Está claro...