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Conferencia

En la más que interesante web nonsite han colgado la conferencia que impartí el pasado verano en Valencia durante el encuentro Periferies , un evento que, bajo la dirección de Rafa Tormo, intentaba romper las fronteras entre arte e institución para llegar al efecto real y a la conexión del arte con la vida. Por alguna razón, Rafa pensó que, junto con las interesantísimas ideas de Marina Garcés (todo un descubrimiento que sigo asimilando poco a poco), los argumentos de mi libro La so(m)bra de lo real podían venir bien para ciertas ideas que sobrevolaban el encuentro. Así que se planteó una especie de presentación-conferencia con la presencia de la psicoanalista Concha Lechón. Os dejo aquí el vídeo en tres partes por si a alguien le pica la curiosidad. La verdad es que mi intervención es titubeante y sigo sin dar bien en cámara. Pero bueno, como Internet no olvida, lo mejor es afrontarlo. Tímido, tartaja, alopécico y despistado. ¿Alguien da más?

Movilidad

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Como escribía en el post anterior, la luz artificial llegó a modificar por completo nuestra percepción del tiempo, introduciendo un ritmo de vida que ya no estaba vinculado con los tiempos naturales, sino con lo que podríamos llamar tiempo-máquina. Esa modificación del régimen cronológico de Occidente es la causante de gran parte de los problemas de sostenibilidad que acechan el “Primer Mundo”, entre ellos la cuestión de la movilidad. Esta semana que está acabando, precisamente, se ha reivindicado en todo el mundo la posibilidad de una movilidad sostenible, que apuesta por medios de transporte limpios y saludables cuyo ejemplo por excelencia es la bicicleta. Tal reivindicación nos tendría que llevar a pensar en algo más complejo y que está detrás de todo lo demás. El debate hoy se desarrolla en torno a la tensión entre el coche y la bici. Y dado el actual estado de cosas, la segunda opción parece la única viable para un futuro sostenible en la ciudades. Lo único extraño en este debate...

Luz artificial

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A veces no nos damos cuenta de la artificialidad del mundo que nos rodea. Salimos a la calle y no advertimos que lo que vemos tiene una historia y, sobre todo, que las cosas a las que estamos acostumbrados y sentimos como naturales no siempre han sido así. Eso ocurre, por ejemplo, con la iluminación de las ciudades, uno de los dispositivos más fascinantes de la vida urbana. Un dispositivo que ha modificado nuestra percepción y comprensión del mundo. Su paulatina introducción en las ciudades a lo largo del siglo XIX hizo trascender los ritmos naturales de luz/oscuridad y día/noche. La utilización primero de la lámpara de gas, luego de queroseno y, a finales de siglo, de la iluminación eléctrica reorganizó los modos de vida de los ciudadanos, trayendo consigo una nueva racionalización de los tiempos tanto de trabajo como de ocio. Todo ello, como ha observado Paul Virilio, cambió la temporalidad del sujeto y produjo en éste “un régimen de deslumbramiento permanente”. Un deslumbramiento pe...

eBook

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La tecnofilia me ha podido. Después de pensarlo cien veces, y tras escuchar miles de consejos y barajar millones de pros y de contras , al final me he comprado un lector de libros digitales. En alguna ocasión había tenido en mi mano el Kindle de Amazon , y la verdad es que la sensación había sido bastante buena, aunque, desde luego, la imposibilidad para leer otros formatos que no fuese el estándar de Amazon , amén de su precio, me hacía dudar mucho. Y sobre todo, apenas había posibilidad de interactuar con el libro, algo que considero fundamental: subrayar y tomar notas. Y todo eso, la posibilidad de leer prácticamente cualquier formato ( doc , pdf , txt … y por supuesto los destinados a ebook , como epub y lrf ), y la de subrayar y anotar en la propia pantalla, lo ofrece el nuevo lector de Sony , el PRS -600 , que acaba de salir a la venta, aunque aún no ha llegado a España. Desde que a finales de agosto leí la noticia, mi impaciencia patológica me ha hecho visitar un gran númer...

Trasiego

Después de tres días en Madrid impartiendo unas clases, llego a casa con el tiempo justo para cambiar las cosas de la maleta y salir para Ámsterdam . Lo que más me fastidia de este trasiego continuo es el desarreglo de horarios y, sobre todo, la ruptura de la rutina. Este verano había logrado acomodarme a la monotonía, y espero volver a recuperarla cuanto antes. Y es que no hay nada mejor para la productividad que la rutina, la automatización e interiorización de las tareas. Al menos, a mí me funciona de esta manera. Cuando viajo soy muy creativo, pero no me centro para hacer nada. Cuando estoy en casa, acomodado y tranquilo, aunque las ideas también se vuelven perezosas, las logro atrapar y hacer algo con ellas. La repetición y el aburrimiento, al final, son los mejores compañeros de la creación.

Juan Antonio Ramírez

Me entero por Salonkritik de la muerte de Juan Antonio Ramírez . Y no puedo reprimir mi sorpresa. Apenas lo conocí personalmente , aunque, curiosamente, fue la persona que clausuró el primer curso organizado por el Cendeac , Cartografías del cuerpo , en mayo de 2003. Mis encuentros con él se limitan a una cena, un viaje en coche a Alicante y algunas conversaciones esporádicas a raíz de su presencia en el encuentro sobre Estudios Visuales. Aunque nunca fue profesor mío, en nuestra universidad de Murcia, huérfanos de grandes maestros, su presencia era reclamada como una referencia a seguir. Su fugaz paso como alumno por Murcia y su amistad con algunos profesores del departamento de Historia del Arte nos sirvió para sentir su presencia como una realidad. A sus 61 años, era sin duda una de las referencias de la Historia del Arte en nuestro país. Algunos de sus libros abrieron un campo de estudio que aún está por explorar. Muchos nos hemos hecho historiadores del arte aprendiendo con sus...

Necesidades secundarias

Mucha gente se echa las manos a la cabeza cuando contempla las cantidades que los gobiernos gastan en cultura. Uno de los primeros argumentos que se suelen esgrimir es que se trata de un gasto innecesario, una necesidad menor que no se debería atender hasta que las necesidades primarias estén cubiertas. Hay una suerte de sentido común, por el que seguro que todos hemos pasado, que nos dice que es mucho más importante arreglar una acera y poner más camas en los hospitales que gastar en una exposición, un concierto o en restaurar una iglesia del siglo XV. Este pensamiento es fruto de una lectura cándida, pero bastante ingenua. Una lectura que piensa en el sector cultural como un «aparte» del sistema social, una especie de parásito que simplemente recibe sin aportar nada a cambio. Porque seguimos creyendo que el capital cultural es sólo capital simbólico, que aporta riqueza para el espíritu y el intelecto, pero poco más. Sin embargo, aparte de este capital no desdeñable, que ya posee un v...