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Adiós

Se va, por fin, 2008. Año jodido, bueno en lo profesional pero terrible en lo familiar. No sé lo que deparará el futuro. Creo que sigue vigente el relato del último post del año pasado: "Estamos llegando. Ya sabes lo que hay que hacer. Cierra los ojos y no hagas caso a nadie. Y sobre todo, oigas lo que oigas, no pares de correr."

Admiración

Como no podía ser de otro modo, he cogido la gripe, o algo que se le parece mucho. Es la excusa perfecta para no moverme de casa y seguir trabajando sobre Robert Morris . Para hablar de la suspensión en la visión, hoy he vuelto sobre los textos de Jonathan Crary acerca del problema de la atención en la modernidad. Cuanto más los leo, mejores me parecen. Elegancia académica en estado puro. La verdad es que estos días vuelvo a descubrir el placer de la admiración. Un placer que encuentro con más frecuencia en los libros que en la vida exterior, que me decepciona día tras día.

Noche feroz

Día raro. Cansado, sin fuerzas, somnoliento. Llego a casa y, sin cenar, caigo rendido en el sofá. Me meto en la cama y, antes de apagar la luz, le echo un ojo a La noche feroz, una novela de Ricardo Menéndez Salmón que tenía esperando para hincarle el diente. No puedo evitar leerla de un tirón. Su escritura de nuevo me maravilla. Por eso me levanto y escribo esta entrada, conmovido por el uso de la palabra, la violencia contenida, la profundidad de lo que no se acaba de decir... Un gran escritor, sí señor. Envidia sana. Y admiración sincera.

Inocentada

Este ha sido un año colmado de felicidad. Por fin he podido dejar de lado la melancolía. ¿La familia? Bien, gracias. ¿La Navidad? Alegre, como todos los años. ¿El mundo? Todo paz y armonía.

Improductivo

Llevo unos días en los que apenas me puedo concentrar. La Navidad me está afectando más de lo que había pensado. Estoy melancólico y tengo la cabeza llena de pensamientos que me alejan del lugar en el que estoy. Me siento ante el ordenador y no se me ocurre nada que escribir. Esta mañana he enviado la crítica de El faro de las letras y apenas he podido pasar de una página. Ahora tenía que estar acabando el texto para el Premio de Pintura de la Cámara de Comercio, pero no hay manera. Me siento unos minutos, le doy una vuelta y me levanto. Luego me siento al piano y, entre pitos y flautas, se me pasan las horas muertas. Hoy me ha dado por bajarme partituras de Coldplay. Ahora estoy con «Viva la vida», a la que ya le he cogido el tono (yo, y el vecindario entero, que se estará acordando de toda mi ralea). En este estado de aburrimiento productivo, entre ayer y hoy he podido leer Lo infraordinario , una serie de notas magistrales de George Perec, y estoy acabando El boxeador polaco , un li...

Navidad y Apocalipsis

Si uno lo piensa bien, la Navidad se parece mucho al Apocalipsis. Más que un tiempo de alegría, parece un tiempo previo al Armagedón. Es el tiempo del gran banquete, de la orgía acústica y lumínica, el tiempo del gasto y el exceso. Comemos hasta reventar como si el mundo fuese a acabarse, cantamos villancicos hasta la extenuación como si estuviéramos espantando algún mal y bebemos hasta perder el sentido para intentar no pensar en lo que se avecina. Es como si lo peor estuviese a punto de ocurrir. Por eso nos aprovisionamos de víveres para varios meses y nos juntamos todos en la casa-búnker familiar, a la espera del momento de la gran demolición.

Literatura express

Mientras finalizo un par de textos, intento acabar también con una de las peores novelas que he leído en los últimos tiempos, El corazón de la materia , de Ignacio García - Valiño . La verdad es que no sé por qué se me ocurrió comprarla. Creo que fue la portada, que me sedujo y dejó expuesta toda mi líbido bibliópata . También el argumento: un científico que trabaja sobre los quarks y, tras la muerte de su mujer, comienza a dudar de la fisicidad de la materia. Un mejunje pseudocientífico y paranormal que, aunque apuntaba maneras, podía dar para una obra entretenida. Pero lo que he encontrado en el interior no tiene nombre. Y me extraña bastante, sobre todo porque García - Valiño es un escritor serio, que lleva a sus espaldas una larga trayectoria. Sin embargo, el libro es una suma de tópicos que no se puede aguantar. Y, además, escrito a la carrera. Eso sí, se lee rápido, aunque sea por la urgencia de terminarlo cuanto antes para no tener la sensación de estar perdiendo el tiemp...