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Saturación

Estoy saturado. Apenas tengo tiempo para pestañear. Entre hoy y mañana he de finalizar textos para siglos. No debería ni siquiera entrar en internet. Sin embargo, es en estos momentos cuando no puedo dejar de escribir aquí, ver la tele, leer otras cosas, ordenar la habitación, cambiar los libros de sitio, salir de compras... es decir, todo aquello que me aparta de mis obligaciones. Son demasiadas cosas. Y no puedo con todas. Además, tal y como está la unión ciclista internacional, he descartado el doping, al menos el ilegal (café que no falte). No escarmiento. Siempre me ocurre lo mismo: hasta el último momento. Algún día me cogerá el toro. Espero que no sea esta vez. Y si lo es, me confiaré al espíritu de Luis Francisco Esplá. Otro que no parece escarmentar. ---

El tosedor

Me he tomado un momento de relax y me he escapado al concierto de Barbara Hendricks en el Auditorio de Murcia. Acabo de llegar fascinado con la señora Hendricks (no me esperaba menos) pero consternado con la cantidad de toses que he tenido que escuchar. Es algo que siempre me ha obsesionado. A veces pienso que hay gente que va a los conciertos sólo para hacerse notar, y espera a los pianísimos para tocar a los demás lo que no suena. Las toses de hoy me han recordado a un relato que escribí hace mucho y que tenía perdido en los archivos del antiguo ordenador. Es una cosa de juventud y está muy mal escrito. Pero al releerlo, he sentido que transmitía bien lo que ha sucedido esta noche. Como no tengo pudor alguno, y tampoco tengo tiempo ahora para ponerme arreglarlo, lo voy a colgar tal y como lo he encontrado. Ya me contáis qué os parece. El tosedor Nadie sabía la razón exacta que le impulsaba a toser en los conciertos, pero, al parecer, venía de largo. La primera vez que su madre lo lle...

Nominalismo migratorio

Hoy me han vuelto a llamar José María. Ha sido en una reunión. Todo había empezado bien: saludos, parabienes, sonrisas. Pero hacia el final, un señor se ha vuelto hacia mí y me ha dicho: Porque tú José María, como director del Cendeac ... No es la primera vez que me pasa. Durante un tiempo nadie sabía mi nombre. En la prensa y en los textos que escribía, solían cambiármelo o, incluso, eliminarlo directamente. Así, he firmado textos como A. Martínez Navarro, Miguel Navarro, Ángel Hernández , Miguel Ángel H., Miguel Antonio Hernández , y, el más increíble, Mariángeles Hernández . Era siempre el ausente de las fotos. Ese señor que aparece de relleno pero cuyo nombre nunca se sabe. Hoy, de nuevo, al escuchar que me llamaban José María, he decidido eliminar mi nombre. Comenzaré un proceso de nomadismo nominal y, en adelante, responderé a todos los nombres. Seré todos y nadie. Y si me llaman José María, diré: para servirle a Dios y usted. A estas alturas tendríamos que habernos acostumbrad...

Más madera

Como si se tratase del retorno de lo reprimido, las estéticas migratorias vuelven a erigirse centro de mis preocupaciones intelectuales. He aparcado la literatura basura por unos días para acabar la segunda parte del trabajo que comencé a principios de año. El problema es que en verano las neuronas están saturadas y doy lo justo. Además, creo que mi dedicación basuresca a la literatura de estos últimos meses me ha dejado seriamente perjudicado. Después de leer al hijo de Stephen King , me cuesta 'horrores' ponerme con las cosas serias. Es un proceso lento, pero poco a poco parece que la cosa va arreglándose y volviendo a la normalidad. De momento, estoy disfrutando como un niño con un libro no demasiado conocido de Michel de Certeau , Historia y psicoanálisis . Con una prosa envidiable, de Certeau va poniendo como nadie las cosas en su sitio. Creo que he aprendido más sobre Freud y el psicoanálisis en las breves páginas de este libro que en toda la literatura parapsicoanal...

Vila-Matas monumental (y portátil)

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Vila-Matas Portátil. Un escritor ante la crítica Edición de Margarita Heredia Editorial Candaya Sin duda alguna –al menos para quien escribe este texto–, Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es el escritor más sólido, lúcido, interesante e innovador de las letras españolas. Creo que es la primera vez que realizo una afirmación tan tajante. Y también la primera que estoy seguro de no equivocarme. Porque Vila-Matas es uno de los grandes. Una referencia en la historia de la literatura contemporánea, a la altura de Georges Perec, Italo Calvino o W.G. Sebald. Su literatura ‘transgenérica’, en la frontera del ensayo, la autobiografía y la ficción, se ha erigido en uno de los más brillantes ejemplos de eso que se ha dado en llamar ‘literatura posmoderna’. Una escritura que, a lo largo de los ochenta, apareció como una corriente de aire fresco en el rancio panorama literario español, y que ha ido creciendo y conformando un corpus textual que abarca ya veinticinco libros, entre novelas, ensayos...

Historias inacabadas

De nuevo, al despertarme, he dejado a medio una historia de amor. Y no he podido evitar preguntarme qué ocurre con todas esas vidas que se cortan de repente en los sueños. Esas que quedan suspendidas para siempre. ¿Dónde van a parar las historias que se cierran? ¿Esperan acaso a ser recuperados en algún lugar del limbo de los sueños? ¿Aguardará mi amada a que regrese con la respuesta a sus preguntas o se habrá desvanecido para siempre? Lo único claro es que los sueños nunca acaban del todo, y que siempre son insufientes. Un drama. Como la vida misma, supongo. ---

Noche de fiesta

El diario La Verdad me ha invitado a enviar un cuento de verano para la semana que viene. He intentado crear algo bonito y veraniego, pero, dado mi estado de ánimo, no ha habido manera. Antes de proceder al envío, os lo dejo aquí para que me ofrezcáis vuestras sabias opiniones. Esta vez las necesito como el comer. Noche de Fiesta Salí un poco mareado de la fiesta. Eran las cuatro de la mañana y no había un alma en las calles. Apenas podía tenerme en pie, pero quise regresar andando, para ver si se me pasaba la borrachera. De camino a casa no se me ocurrió otra cosa que pasar por un callejón largo y estrecho que siempre procuro evitar. Una decisión, sin lugar a dudas, equivocada, pues, nada más entrar, me encontré de bruces con lo que temía. Un grupo de adolescentes tenía acorralado a un mendigo al final del callejón. Observé cómo se reían de él, lo tiraban al suelo y comenzaban a darle patadas y puñetazos. Al ver aquella escena, se me revolvió el estómago. Pero sobre todo quedé complet...