31/12/07

Año nuevo

Estamos llegando. Ya sabes lo que hay que hacer. Cierra los ojos y no hagas caso a nadie. Y sobre todo, oigas lo que oigas, no pares de correr.

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30/12/07

Los cinco libros de 2007

No me gusta demasiado hacer listas, pero esta semana El faro de las letras, el suplemento literario para el que escribo en Murcia, me ha pedido que establezca un ranking con los cinco mejores libros de 2007. Evidentemente, tal lista no ha podido escapar a mis gustos personales. En estos casos, la razón, por mucho que uno quiera, juega siempre un papel subsidiario. Por tanto, mi lista responde esencialmente a gustos e intereses personales, razonados, es cierto, pero asentados en la subjetividad más absoluta. Aquí la transcribo tal y como fue publicada el pasado viernes 28 de diciembre. Quedan muchas cosas fuera, pero cinco libros son demasiado poco para elegir.


1. Exploradores del abismo, de Enrique Vila-Matas (Anagrama). Aunque no es el mejor libro de Vila-Matas, la calidad de su escritura no admite cuestionamientos de ningún tipo. Ni un momento he dudado en situarlo el primero de la lista. Este libro, que supone el regreso del autor al cuento, uno de los géneros que más ha hecho evolucionar, es un peldaño más en el largo proceso de creación de un universo literario personal, el de un autor como Vila-Matas, quizá el escritor en lengua castellana más interesante y audaz del momento. Este año también ha visto la luz Vila-Matas portátil (Candaya), una antología de textos críticos sobre el escritor que no puede faltar en cualquier biblioteca vilamatiana que se precie.

2. Hilos, de Chantal Maillard (Tusquets). No suelo reseñar poesía; confieso que es algo que se me escapa. Sin embargo, los libros de Chantal Maillard poseen una dimensión que va más allá de los géneros. Son literatura en su máxima expresión. Cada palabra de esta autora es un mundo de significados. ‘Hilos’ da buena cuenta de este lenguaje preciso, expresivo y contundente, al borde del significado, casi en la frontera de lo real. Pocos escritores llegan a punzar con las palabras como lo hace Chantal Maillard, y muy pocos son capaces de transmitir tanto con tan poco.

3. El secreto del Mal, de Roberto Bolaño (Anagrama). Tras 2666, considerada por muchos la culminación de su escritura, Anagrama ha publicado este año otros dos libros póstumos de Bolaño: un compendio de su poesía, La universidad desconocida, y El secreto del mal, una colección de cuentos que muestra a las claras que Roberto Bolaño ha sido el escritor chileno más importante de la última década del siglo XX. Una prosa ágil y veloz, alejada de florituras estériles, que nos sumerge en un mundo de escritores contra todo y contra todos, bohemios, enfermos de literatura, personajes rechazados y, por encima de todo, insatisfechos con el mundo que les ha tocado vivir.

4. La coartada del diablo, de Manuel Moyano (Menoscuarto). Esta obra, con la que Moyano ganó el Premio Tristana de Novela fantástica, supone quizá la culminación del personal estilo de este autor, caracterizado por bordear con una soltura y diligencia extremas lo fantástico. En menos de 140 páginas, Moyano expone y resuelve una situación para la que otros habrían necesitado mucho más y, probablemente, no habrían contado ni la mitad. Aun sin introducir ninguna novedad sustancial en el género, el buen hacer del narrador hace que todo, con aparente sencillez, confluya en la creación de un obra que, sin duda alguna, deberíamos calificar de “redonda”. Un murciano entre los grandes.

5. La ofensa, de Ricardo Menéndez Salmón (Seix Barral). Este autor es una de las jóvenes realidades de la literatura española. En poco tiempo ha sabido promover un estilo propio, caracterizado por una escritura inteligente y culta, una prosa ágil pero meditada, plagada de referencias culturales, en el límite muchas veces del ensayo o la filosofía. ‘La ofensa’, novela sobre los traumas de la excesiva exposición al dolor y la violencia, lo ha consagrado en el panorama literario nacional. Pero también este año se ha publicado Gritar (Lengua de Trapo), una colección de cuentos magníficamente narrados que contribuyen a aumentar la sensación de que Menéndez Salmón ha emprendido una carrera imparable a la conquista de la “alta” literatura.

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28/12/07

Aniversario

Hoy, hace un año, nació No (ha) lugar. Se originó un día en el que no tenía nada que hacer (quizá el único día aburrido del año), y surgió como capricho más de navidad. El culpable principal (he de reconocerlo) fue Ángel y su Está la cosa muy mala, que me apasionó desde el primer momento. Su perspicacia y sentido del humor me siguen cautivando como el primer día. Luego descubrí que otros amigos, como Fernando Castro y Taun, habían iniciado el blog más o menos por la misma época que yo, y me convertí en un fiel seguidor de sus desvaríos.

Desde un primer momento, lo único que no tuve claro fue para qué iba a utilizar el blog, una duda que sigue conmigo y que difícilmente dejaré de lado, aunque, después de un año, quizá la respuesta que pueda dar es que un blog es un bloc, un cuaderno de notas, una bitácora de navegación que une dos realidades, la real y la virtual. Pero sobre todo, un blog es una herramienta de comunicación, un lugar para la creación de lo común. Responde, creo yo, a una de las necesidades fundamentales del ser humano, decir(se) al otro. A un otro para el que uno mismo es también un otro. Un otro desjerarquizado por el ciberespacio. Un otro que, al mismo tiempo, es un yo.

En este año han pasado muchas cosas. Evidentemente no todas han sido plasmadas aquí, pero sí la mayoría, al menos muchas de ellas. De alguna manera, el blog ha sido un lugar donde se ha hecho visible el transcurrir del tiempo. Ha sido una memoria del paso de los días.

Hoy he echado un vistazo muy rápido a los doscientos cincuenta y pico posts, y he tenido la sensación de que yo estaba allí de algún modo, de que, en esas entradas inmateriales que uno no sabe donde se encuentran realmente, estaba también una parte de mi mundo. Cada momento que he pasado sentado al ordenador pensando en lo que iba a escribir ha quedado aquí hasta no se sabe cuándo. Porque eso es otra cosa. No sabemos cuanto tiempo durará esto, no sabemos cuándo quedará obsoleto el sistema. No sabemos nada. Y sin embargo no paramos de escribir. No cesamos de comunicar nuestra visión del mundo. No dejamos de hacernos oír, aunque sea por medio de susurros.

En este año de experiencia me he vuelto un creyente. Un creyente en el poder de los nuevos medios para configurar el mundo. Es éste el nuevo espacio que debemos conquistar. Es todavía un no(ha)lugar, pero es aquí donde se están sentando las bases para lo que será el mundo del mañana. Tenemos la obligación de contribuir en la medida de nuestras fuerzas a esa construcción del futuro. Nadie sabe lo que puede cuerpo, escribía Spinoza. Nadie sabe lo que puede un blog, podríamos decir hoy, al menos de momento.

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26/12/07

Inteligencia narrativa

Ricardo Menéndez Salmón, Gritar. Madrid, Lengua de Trapo, 2007. 128 págs.


No hace tanto que en este lugar comenté La ofensa, la última novela de Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971). En aquella crítica, entre otras cosas, decía que esa novela era el comienzo de la consolidación de la trayectoria de este joven autor, que se situaba en un lugar de enunciación privilegiado en el panorama de las letras españolas. También aludí en aquella ocasión a una característica escritura inteligente y culta, una prosa ágil pero meditada, plagada de referencias culturales, en el límite muchas veces del ensayo o la filosofía, lugar, por cierto, del cual proviene el autor. Pues bien, se podría decir que todas esos comentarios, especialmente aquellos que tenían que ver con la versatilidad e inteligencia narrativa vuelven a ser puestos en obra en Gritar, una colección de nueve cuentos que contribuyen a aumentar la sensación de que Menéndez Salmón ha emprendido una carrera imparable a la conquista de la “alta” literatura.

En esta ocasión, el autor se aleja de la ataraxia descriptiva que desplegaba en ‘La ofensa’, y se implica de modo directo en las historias narradas, llegando en ocasiones a crear personajes que cuestionan la frontera entre autor, escritor y protagonista de la acción. Aunque cada cuento presenta una historia y un mundo diferente, y difícilmente se puede encontrar un denominador común a todos ellos, sí que es posible encontrar un elemento que parece hilvanar la colección, y es la presencia en todos estos nueve mundos de un elemento extraño irrumpe y perturba la rutina de lo establecido. Rutinas que, a partir de la irrupción de lo ajeno, se desarrollan hacia los territorios más insospechados, pero siempre con los pies en la tierra y, lo más interesante, volviendo en todo momento al punto de partida de “una cierta normalidad”. Se podría decir que de alguna manera estos cuentos normalizan la extrañeza. Y esa normalización tiene que ver mucho con la escritura cercana de Menéndez Salmón, uno de los aspectos que más llama la atención de sus textos. Una prosa que produce y provoca una tremenda sensación de intimidad que hace que cualquier extrañeza de la narración sea asumida por el lector como algo propio de la acción. Hay una sensación de potencialidad del lenguaje, de condensación de las palabras, de sutileza y medida en cada frase, que produce una cercanía entre lector y texto.

Aunque todos los cuentos son de una calidad encomiable, destaca por encima de todos el que da título al libro, ‘Gritar’. Un cuento que nos habla de la necesidad de desahogarnos, de buscar un sitio para sacar fuera nuestras tensiones y problemas. Pero también, y sobre todo, ‘Gritar’ se refiere a la imposibilidad del lenguaje para decirlo todo, pues hay cosas que no pueden ser dichas, y que es mejor gritarlas. En ocasiones sólo es posible gritar, pues el grito, además de ser una fractura del lenguaje, hace surgir en un mismo acto los miedos, deseos o pasiones que no es posible transmitir con palabras. Y cuando uno se acostumbra a gritar, cualquier lenguaje codificado le resulta demasiado estrecho para habitarlo, así que tiene que seguir gritando, y ya no puede parar.

[Publicado en El faro de las letras, Murcia, 7/12/07]

Expiación

Cada vez tengo más claro que la Navidad, en lugar de alegría y gozo, es un tiempo de expiación y consuelo. Bien pensado, las pantagruélicas comidas familiares no responden a otra cosa que a la máxima de “penas con pan son menos”. Nos consolamos comiendo hasta la extenuación, cantamos villancicos para espantar nuestro mal, nos emborrachamos para olvidar las desdichas del mundo y compramos regalos para sobrellevar nuestro complejo de culpa.


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24/12/07

Feliz Navidad

Como a muchos otros, la Navidad me vuelve melancólico. Ha sido siempre una época de pérdidas, un tiempo para mirar atrás y recordar a los que ya no están. Sin embargo, hay momentos, como hoy, en los que el desenfreno me impide sentir otra cosa que un futuro que no acaba de llegar. Cuando eso sucede, cuando tengo dificultades para recordar, busco deliberadamente la melancolía y me la autoimpongo como penitencia. La necesito para reconocerme en aquello que ha dejado de ser. Entonces leo a Cioran y me encuentro con aforismos como este: 

“Del recuerdo del tiempo en el que no hemos sido y del presentimiento del tiempo en que no seremos nace la sugestión de infinitud melódica de la melancolía” (El ocaso del pensamiento).

Y vuelvo sonrojarme cuando digo Feliz Navidad.

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22/12/07

Descanso

Semana de comidas y cenas, de copas y fiestas, de fines y confines. Pero también de clases, lecturas y, sobre todo, de Cendeac, cuya programación de 2008 ya está finiquitada. Tras dos días sin dormir, ayer me metí en la cama a las diez de la noche. Hoy no he hecho más que gandulear. El gobierno dice que hay que comer conejo, pero yo optaré estos tres días de fiesta por el género avícola, y me tocaré los huevos para ver si incuban. Tiempo de regeneración. Estoy mudando la piel. Siento realmente que algo nuevo está fraguándose.

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18/12/07

Economías del placer

Hoy es para mí un día feliz. Por fin el gobierno de España dice algo en condiciones. Además, algo con lo que estoy tremendamente de acuerdo. Para hacer frente a la subida de precios de navidades, se recomienda “comer conejo”.

Ya era hora de que un gobierno afrontase directamente la realidad de un país. Por fin se dicen las cosas a la cara. Comer pavo engorda, y el marisco está muy caro. Así que el día de nochebuena, una sopa, fruta, y a comer conejo toda la noche. Y en nochevieja, en lugar de cotillón, conejón, eso sí, con matasuegras incluido para paliar las deficiencias de la sin hueso. Seguro que al día siguiente nos levantamos con mejor cuerpo, sin resaca, y con la economía puesta a punto.

No sé de quién habrá sido la idea, pero desde aquí lo felicito. Buena táctica: convertir las recesiones en erecciones. Alquimia pura y dura (nunca mejor dicho). Economías del placer, capital libidinal y trabajo inmaterial. 

Quizá en otra cosa no, pero en eso, yo cumpliré como buen español y seguiré al pie de la letra los dos nuevos mandamientos: Comer conejo y No dejar propina en los bares. Una buena forma de hacer que no se pierda la tradición hispana. Para que luego digan que este gobierno quiere romper la nación.

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16/12/07

Leer

Llevo unos días sin apenas escribir. Y es que no he tenido un minuto para sentarme frente al ordenador. Hoy, primer día que me siento en casi una semana, miro los libros que he ido comprando estos meses y que estoy deseando leer. Se acumulan en varios montones, pero creo que con paciencia y ganas les podré hincar el diente. Estoy que me leo encima.

Las navidades serán un remanso de paz para poder leer con tranquilidad. Tengo ganas de estrenar la nueva capacidad lectora de mis ojos nuevos. Ojos que todavía siguen acuosos después del seminario de Alfredo Jaar. Su obra me ha devuelto la confianza en el arte.

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13/12/07

Aún

Después de volver a recordar el proyecto de Alfredo Jaar sobre el genocidio de Ruanda, sin saber a ciencia cierta por qué, me han entrado unas ganas terribles de escribir poesía. Lo he intentado esta noche, pero parece que no me encuentro en condiciones de hacerlo. Así que he rebuscado en lo que tenía. Y he encontrado poco, muy poco. Un pequeño poema escrito hace unos años, cuando también quería ser artista. Nada digno de ser leído. Nada que me satisfaga demasiado. Aún así, lo escrito, escrito está.

Seguir dibujando
aún
hoy
que ya no es posible
respirar
Seguir dibujando
todavía
cuando has muerto
desconsolada
y me miras con ojos prestados
de otros que murieron
con sangre en los párpados
Y yo te miro sin que me puedas ver
sin que tus ojos
con sangre de otro
se apiaden en mí
Por eso
y no porque hayas muerto
debo seguir dibujando.


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11/12/07

Non olet

Hace unas semanas, el artista madrileño Santiago Sierra (1966) inauguraba en la Lisson Gallery de Londres una exposición compuesta por veintiún módulos antropométricos en la línea de la estética minimalista: formas geométricas puras que se repiten formando un todo. Esta apariencia neutral cambia cuando leemos que esos módulos han sido construidos con excrementos humanos provenientes de las ciudades de Nueva Delhi y Jaipur. Excrementos que han sido recogidos por los trabajadores del Sulabh, lo más bajo de la sociedad de castas hindúes, obligados desde pequeños a trabajar llevando mierda de un lugar a otro para purgar los malos actos de su vida anterior. En la instalación, y debido a que los excrementos han sido tratados químicamente, nada de esto es percibido. Solo vemos unas formas abstractas y asépticas. Pero detrás de eso, se encuentra todo un sistema de explotación y sumisión frente al cual ladeamos la mirada.


Uno de los aspectos más relevantes de la obra han sido los numerosos problemas diplomáticos que han surgido para que los mencionados excrementos viajen de la India a Inglaterra. El gobierno hindú se resistía a dejar salir los excrementos de su país, pero es que el inglés de ningún modo quería dejar entrar las heces de la India, como si el fantasma del colonialismo acechase de nuevo en aquellos restos. Es la presencia de un fantasma que nos acecha, algo que está ahí, delante de nuestras “narices”, pero que no podemos percibir (ni por el olfato, ni por la visión), pues se trata de la sobra que hemos intentado exiliar para siempre. Algo que hemos expulsado, como cuando tiramos de la cadena y quitamos de nuestra vista el excremento, enviándolo a otro mundo del que nada queremos saber. Un mundo que, sin embargo, vuelve una y otra vez, ya que no se ha ido del todo. Por mucho que queramos evitarlo, la sobra nos constituye. Somos lo que tenemos, pero también, y sobre todo, lo que perdemos.

[Publicado en La razón, 7-12-07]

9/12/07

Te(le)ología

Al final, sobresaltado por la crudeza de las imágenes, el hombre de blanco no tiene más remedio que ladear la mirada y apagar la televisión. Antes de acostarse, se frota los ojos y reflexiona unos segundos sobre lo que ha visto: la gran explosión, el agua, los animales descomunales, el cataclismo... todo más o menos aceptable hasta el que el bicho peludo se pone a dos patas y logra decir ‘mío’. A partir de ahí todo va a peor. Lo más triste es que mañana ponen lo mismo.

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Tareas

Intento aprovechar el puente para ponerme al día. Me senté el jueves por la mañana al ordenador y apenas me he levantado. Son las dos y media de la madrugada del sábado y no le veo fin a esto. Las cosas atrasadas me acosan. He adelantado mucho, pero todavía me queda. Había demasiadas cosas esperándome. Me siento como Sísifo, pero cada vez me cuesta más trabajo llegar a situar la roca en la cima de la montaña. Y a veces me pregunto si no sería mejor dejar de intentar moverla.

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7/12/07

Sin rumbo

Subió al tren con la única intención de perderse para siempre. Al sentarse, leyó este cuento y meditó unos segundos. Bajó en la siguiente parada y regresó a casa. No necesitaba la distancia para errar eternamente.

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La llave de la literatura

José Carlos Somoza, La llave del abismo, Madrid, Plaza & Janés, 2007. 526 págs.

Aunque no es ninguna novedad, tras el éxito de El Código Da Vinci parece que la fórmula del bestseller se ha asentado entre nosotros. Y sobre todo, después de este fenómeno “literario”, parece que la literatura de entretenimiento ha entrado en un estado de práctica catatonia y acomodamiento a fórmulas establecidas, convirtiéndose en algo ramplón y aburrido. Los autores "a lo Dan Brown" han llenado las mesas de novedades de las librerías y aeropuertos hasta un punto casi nauseabundo. Libros y libros sobre las mismas cosas, muchos de ellos infumables y soporíferos, tanto que hoy en día, cada vez más, quien se arriesga con uno de estos mamotretos conspiranoicos es digno de ser elevado a los altares. Lo más triste del caso es que esa fiebre bestsellerista ha hecho caer en el mismo saco a obras y autores de calidad contrastada. Y lo más lastimoso: que parece haberse establecido una barrera insalvable entre la alta literatura y el entretenimiento, que, como agua y aceite, ya es imposible conjugar.

Sin embargo, hay vida más allá de las intrigas vaticanas y los misterios del papado. Sigue habiendo autores que crean historias bien construidas, sólidas e imaginativas, y sobre todo, que hacen que esa barrera entre alta y baja cultura sea dejada de lado. Uno de los exponentes de esa alta literatura de entretenimiento es, sin lugar a dudas, José Carlos Somoza (1959), autor de una obra literaria que abarca ya más de diez novelas, la mayoría galardonadas y algunas de ellas magistrales, como La Caverna de las Ideas, Clara y la penumbra o Zig Zag.

Dotada de un estilo elegante y depurado, la obra literaria de Somoza se caracteriza por combinar de modo sorprendente el suspense, la tensión psicológica, una imaginación desbordante y un terror latente que acecha en cada párrafo. Obras ejemplarmente tramadas, trabajadas con oficio y reflexión, construidas en la tradición de la buena novela policiaca y evolucionadas hacia el mundo de la ficción moderna.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra de Somoza es que cada libro, aparte de una historia apasionante que atrapa al lector desde el principio, propone una tesis sobre el mundo. Su imaginación ilimitada hace que en cada novela todo esté prácticamente por inventar. Casi como Philip K. Dick o Lovecraft (y no sé si podría decantarme por alguno de los dos), Somoza recrea el mundo cada vez que escribe: comportamientos, vestimentas, costumbres, relaciones... prácticamente el total de los aspectos de la narración son creados ‘ex nihilo’. La llave del abismo (Premio de Novela Ciudad de Torrevieja) es ejemplar en este sentido. Ambientada en un futuro incierto, la novela presenta la historia de un empleado ferroviario que se ve envuelto en una trama para encontrar "la llave del abismo", un objeto que tiene el poder de matar a Dios. Así dicho, el argumento no parece demasiado complejo, y puede recordar el clásico ‘relato de búsqueda’. Sin embargo, el modo en el que se desarrolla la trama, y la reconceptualización de todos los aspectos de ese futuro que no sabemos exactamente donde localizar, hacen de esta obra un texto magistral y, como siempre, adictivo. El futuro que muestra Somoza es el de un mundo de seres creados genéticamente. Seres humanos que ya no recuerdan su pasado de humanos. Un gran cataclismo, presente de modo sugerido a lo largo de todo el texto, eliminó los vestigios de la civilización, y ésta tuvo que comenzar de nuevo, con nuevas costumbres y nuevas religiones. Un mundo extraño, pero al mismo tiempo familiar. Pues incluso aún teniendo un punto de partida diferente, los caminos recorridos no difieren demasiado. La irónica sorpresa final deja al lector pensativo sobre los fundamentos sobre los que asientan las civilizaciones.

Aunque no llega a la altura de la difícil de superar Zig Zag, esta novela consigue crear una tensión en el lector que muy pocos autores son capaces de lograr. Mediante las sorpresas de la trama, urdida casi milimétricamente, y la sutileza y el uso expresivo del lenguaje, el autor consigue meter al lector dentro de la acción y llevarlo de un lugar a otro, manejándolo a su antojo de un modo que sólo los buenos maestros saben hacer. Y es que Somoza es un maestro del thriller. Construye tramas complejas con una facilidad pasmosa, aunque lo que más me sigue llamando la atención en una literatura ‘supuestamente’ de entretenimiento es el elegante y efectivo uso del lenguaje.

Somoza logra moverte de la silla con apenas tres palabras. Muy pocos son los escritores que tienen ese poder de sugerencia. Sugerencia que el autor utiliza aquí, como en otras novelas anteriores, combinada con lo que, en principio, podría parecer su opuesto: lo cruento. Muchas son las ocasiones en las que su literatura transita directamente por el terreno de lo sangriento y lo terrorífico, llegando en ocasiones casi a lo gore. Pero la mencionada capacidad de sugerencia, hace que el dolor, la sangre y la violencia tengan el rango de actos sublimes: sugeridos e imaginados, pero nunca del todo, pues son tan terribles que no hay manera de hacerlos imagen.

[Publicado en El faro de las letras, 16/11/07]

6/12/07

Snow music

Fantástico el concierto de Michael Snow en el Cendeac. Una pena que la víspera del puente haya mermado la asistencia. Pocos, pero buenos. Snow se ha marcado una improvisación a piano como hacía mucho tiempo que no veía. Y luego nos ha enseñado uno de sus últimos vídeos. La verdad es que, aunque cueste un enorme trabajo la gestión, en momentos como estos uno se siente un privilegiado. Esta experiencias no se olvidan, y aumentan con los años.

[Piano Cendeac. by Manuel Saura]

De todos modos, lo más emociante de la tarde para mí ha sido poder sentarme un rato al piano de cola e improvisar durante unos momentos. Creo que lo he escrito ya en más de una ocasión, pero lo cierto es que cada vez que tengo un piano delante de mí, tomo conciencia de que, antes de cualquier otra cosa, soy un músico frustrado. Por mucho que escriba, siempre la música me acecha. A veces se me olvida, pero en ocasiones me vuelve a la mente el pensamiento de que la música puede lo que ningún otro arte. Luego reflexiono un momento y pienso que no es así. Que todo arte, al final, no puede escapar de las codificaciones a las que está sujeto, aunque eso cada vez me importa menos.

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5/12/07

El cumpleaños de womahn

Hoy ha sido el cumpleaños de womahn. Y ni siquiera he tenido un momento para estar con ella. Michael Snow se ha apropiado de su día. Ahora llego y la encuentro dormida, y, al mirarla, pienso que es la gran damnificada del CENDEAC, la que aguanta lo inaguantable y la que soporta cosas que están en la frontera entre lo humano y lo divino.

De todos modos, a womahn nunca le he dedicado un post, y probablemente nunca lo haré. Aunque quisiera, no encontraría de ningún modo las palabras para hablar de ella. Además, hay cosas que no necesitan ser escritas. Es, sin duda, la mujer perfecta. Esa que dicen que no existe. Y no es que no exista, es que duerme en mi misma cama (a veces).

Felicidades womahn.
Y gracias por todo.

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4/12/07

Vita brevis

Accidentado trasiego a Bruselas, la ciudad más aburrida del mundo. Dos días que han parecido tres semanas. Un maratón de avión y autobús que me ha hecho incluso perder la noción del tiempo. Tiempo eterno que he podido casi percibir en su espesor. Como dijo alguien que ahora no recuerdo, la vida es breve, pero hay días que se hacen interminables.

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2/12/07

Casi sin apenas tiempo

Casi sin apenas tiempo para deshacer la maleta tras el viaje anterior, salgo esta noche para Bruselas. Ya no controlo el espacio-tiempo. Estaba convencido de que el viaje era ayer y, si no llega a ser porque llamé para enterarme de la hora, me planto ayer a las tres de la mañana de camino al aeropuerto. Además, la confusión me ha partido en dos. El lunes tenía clase y apenas he tenido tiempo de avisar. El lunes por la noche, justo después de regresar, ya tenemos a Michael Snow en el Cendeac. Así que poco tiempo tendré de hacer algo en condiciones. De todos modos, estoy deseando escucharlo, tanto su conferencia como su improvisación al piano. Seguro que será una experiencia interesante.

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Asignaturas

Ayer elegimos asignaturas para el año que viene. La cosa no ha quedado tan mal, aunque he perdido la "Teoría e historia del arte", de primero de Bellas Artes. Me quedo entonces con el "Arte contemporáneo" de primer ciclo de filosofía, la segunda parte de "Arte del Mundo Contemporáneo" de cuarto de Bellas Artes, y "Fuentes iconográficas de las artes plásticas" de tercero de Bellas Artes. Total 16'5 créditos, que comparados con los 24 de este año van a suponer un alivio considerable en mi estrés.

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1/12/07

Peligro: Arte

En los últimos días ha saltado a la prensa la noticia de que Shibbolet, la obra de la colombiana Doris Salcedo en la Sala de Turbinas de la Tate Modern, ha provocado ya más de diez heridos, algunos de los cuales han demandado al museo. La obra consiste en una serie de grietas en el suelo de la galería. Unas grietas que dan la sensación de que algo terrible está a punto de ocurrir. Pues bien, como una profecía, lo terrible, en efecto, está sucediendo, pero en lugar de un gran cataclismo, el desastre es que la gente se tuerce los tobillos al caerse en las grietas. Y esto es así hasta el punto de que la Tate ha tenido que llenar la sala de carteles que alertan de la peligrosidad de la obra, advirtiendo al espectador que pise con cuidado y que no deje a los niños sin vigilancia.

Todo esto, que puede resultar hasta cierto punto divertido, me ha hecho reflexionar acerca de la equivocada idea de que el arte es algo bueno e inofensivo. A veces llevamos a los niños a los museos creyendo que allí se encuentra la panacea de la cultura, y no somos conscientes de que, tamizados por la pátina del tiempo, en el museo hay crímenes, señoras desnudas, tiranos, actos de dominación... es decir, lo peor de lo peor. El museo, el arte en general, aparte de enseñarnos la belleza del mundo, contribuye también a la perpetuación de estructuras de dominación y exclusión, de prejuicios y falsas creencias. El arte es peligroso. Siempre lo ha sido. Lo único que ocurre es que a veces nos olvidamos de ello. No sería, por tanto, descabellado pensar que, en el fondo, la célebre grieta de la Tate enseña que el arte puede provocar heridas, que una obra terrible nos puede agriar el día. Quizá vaya siendo hora de que en la entrada de todas las instituciones artísticas pongan un cartel con una advertencia. “Peligro: Arte”.

[Publicado en La razón, 30/11/2007]

30/11/07

Pensamiento débil

El nihilismo me la suda.

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Más

Con el cansancio acumulado, las clases de hoy han sido un desastre. La de primero de bellas artes ha llegado incluso a un punto de surrealismo, cuando el sonido de la película que estaban viendo en la clase de al lado me ha anulado por completo y me ha imposibilitado para seguir hablando. Me ha quedado el recurso de hablar sobre los tratados de cocina de Leornado Da Vinci para comentar la Santa Cena, que he llamado la Santa Es-cena. Pero sobre todo me he dado cuenta de que necesito un descanso de verdad, de lo contrario quizá el descanso acabe siendo eterno.

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29/11/07

G.

Gracias a algunos comentarios del blog, he podido saber que mi adorado Vila-Matas ha comentado en una entrevista a paper de vidre que, entre otros blogs, se acerca a este no (ha) lugar de vez en cuando. Emocionado estoy. Y también extrañado. Sobre todo porque aquí hay poca cosa. Pero eso no se lo digáis a nadie.

G.

El malestar de la cultura

Regreso de Madrid hecho una lástima. Esta mañana me he levantado como si me hubieran pegado una paliza (cosa que, habida cuenta del lugar en el que me alojaba, aún no descarto; tengo marcas en los nudillos y sarpullidos por los brazos). La sensación de malestar ha sido tal que he tenido que cancelar la clase de la tarde. Y lo he sentido bastante, sobre todo por los alumnos. Aunque, bien pensado, creo que los he librado de una buena, una perorata sobre el cuadrado negro de Malevich y los orígenes antivisuales del arte moderno.

Antes de salir, por supuesto, he cargado en la librería del Reina. Entre pitos y flautas, y lo que me gasté entre el lunes y el martes, se me ha ido prácticamente lo que me pagan por las clases. Casi treinta libros. Pero merece la pena, sobre todo algunas cosas que es imposible encontrar aquí.

En las cuatro horas de regreso en tren, he leído el Ensayo sobre el cansancio, de Peter Handke. Era el libro apropiado para el momento, aunque no es ni mucho menos fiel a la realidad. Un cansancio sublimado que no me ha llegado a convencer. Sí que lo ha hecho, sin embargo, el último libro de Ricardo Menéndez Salmón, Gritar, una colección de nueve relatos, publicado por Lengua de Trapo, que también me he calzado en este viaje, y que vuelve a mostrar que este chico es uno de los escritores más interesantes y lúcidos del panorama literario nacional. Cuando tome algo de distancia libro, lo comentaré con paciencia.

Mientras tanto, me toca seguir preparando clases y acabando textos a los que no llego ni a la de tres. Cada vez más, el concepto de "fecha límite" comienza a significar "apocalipsis".

Demasiado para el cuerpo -y para la mente. Más que a otra cosa que se le hubiese pasado a Freud por la cabeza, es a esto a lo que habría que llamar "el malestar de la cultura".

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27/11/07

Ambiente sórdido

Escribo a la carrera desde un wifi que se ha colado en la habitación del hostal en el que me alojo en Madrid. Y lo de hostal es un eufemismo. No diré el nombre por no ofender, pero es, sin duda, el peor lugar en el que he estado en mi vida. Anoche tuve que poner la mesita de noche y el guardarropas apoyado a la puerta para que no la abriesen los rumanos de la habitación de al lado.

Cuando le contaba esto a womahn, se la llevaban los demonios. ¿Por qué siempre vas a ese sitio? Y la verdad es que no le falta razón. Me podía haber alojado en algún hotel de verdad. Tenía presupuesto para eso. Pero no sé por qué extraña razón cada vez que vengo a Madrid me quedo aquí. Es como una regresión a los años cuarenta. De algún modo, la sordidez de este sitio me inspira. Le tengo un extraño cariño. Siempre me voy cargado de historias curiosas y personajes extraños que dan para poblar más de un relato. Ayer, por ejemplo, estuve más de dos horas observando a un argentino borracho imaginando que se trataba de algún escritor atormentado, autor de una obra oculta que algún día sería descubierta.

Mientras imagino estas paridas, apenas tengo tiempo de preparar mis clases para el máster de la complutense que tengo impartir estos días. Cuatro horas seguidas durante tres días que me cogen en un momento de estrés difícil de igualar. Un momento que me va a hacer perder la cabeza. Sin ir muy lejos, me he venido pertrechado de libros y ropa, pero se me ha olvidado traerme calcetines. Tendré que comprar algo, o a lo mejor hago la machada. Espero sobrevivir.

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24/11/07

Lenguaje

Sin saber exactamente por qué, al llegar a casa después de un largo día, se me van los ojos al libro de Roland Barthes que más me fascina, Fragmentos de un discurso amoroso. Lo dejé sobre la mesa después de las páginas que le dedicó el sábado pasado ABC y aún no he logrado volverlo a esconder. Es un libro que releo una y otra vez casi como si se tratase de un evangelio. Y según el estado de ánimo en el que me encuentre, me suelo identificar con un pasaje determinado; a veces con ninguno. Esta noche, tras darle alguna vuelta, he caído en la página 82 y me he visto punzado por la sensación que me ha acompañado a lo largo de todo el día. La sensualidad del lenguaje y la pasión de las palabras: "El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo."

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23/11/07

Menos es Más

José María Merino, La Glorieta de los Fugitivos (Minificción completa)
Páginas de Espuma, Madrid, 2007. 240 pp. 15 €

Microrrelato, minificción, minicuento, ficción hiperbreve... no parece estar demasiado claro cómo nombrar este género literario que transita entre el aforismo, la poesía, el haiku y el relato llevado a su mínima expresión (y a su máxima condensación). Lo que sí parece cada vez más claro es que, de un tiempo a esta parte, su uso se ha extendido hasta límites insospechados. Quizá los ‘tiempos que corren’, rápidos y veloces, en los que apenas tenemos tiempo para sentarnos a leer, han contribuido al éxito de las fórmulas breves. Y quizá por eso muchos son los escritores que han comenzado a cultivar este género ya no de modo subsidiario, como un apunte o un divertimento, sino como un fin en sí mismo.

Uno de esos escritores es José María Merino (A Coruña, 1941), cuya preocupación por los géneros chicos de la narrativa es conocida desde tiempo atrás. Aunque también ha cultivado la novela, el cuento ha sido sin duda el arma privilegiada para Merino. Un arma que, durante un tiempo, ha tenido incluso el estatus de resistencia, pues, aunque parece que las cosas comienzan a cambiar, el cuento ha sido un género más que marginal en la literatura española, siempre a la sombra de la novela y la literatura ‘de verdad’. Esta situación cambiante, se debe a la labor de escritores como Merino, pero también, y sobre todo, a la de editoriales como Páginas de Espuma, cuya decidida apuesta por el cuento nunca podrá ser valorada en su medida.

La glorieta de los fugitivos, el último libro de Merino, cuya publicación coincide con su novela El lugar sin nombre (Premio Torrente Ballester) compila prácticamente toda la minificción de José María Merino. Y como suele ser habitual en la obra de este escritor, sus textos transitan por el umbral de lo extraño y la fantasía del mundo cotidiano. Con una imaginación que apenas tiene rival en nuestro país, Merino sabe narrar como nadie ese mundo inquietante que nos rodea y que no siempre vemos. El mundo de los sueños que se convierten en realidad, o de la realidad que se convierte en sueño, y el mundo inconsciente de los terrores que nos acechan y se mezclan con nuestras rutinas. La maestría de Merino en las distancias cortas se muestra en el uso de la condensación y el apunte como elementos creadores de la narración. Narración que muchas veces se reduce a una imagen o a una sensación, y sobre todo que trabaja con el fuera de campo, con aquello que está más allá de los límites de la escritura. Los relatos vienen de un lugar que tenemos que imaginar y caminan hacia otro que tenemos que construir. Al final, el lector tiene la última palabra para cerrar la historia, aunque la mayoría de las historias no pueden ser cerradas del todo. Y ésa es otra de las claves del hacer de Merino, el trabajo con la contradicción y con la idea de que las cosas no tienen por qué casar, que, como la vida misma, no todo tiene una explicación aceptable, ni recomendable.

Muchas veces uno lee microrrelatos creyendo que su lectura va a ser fácil y rápida. Pero los de Merino, precisamente por dejar tanto fuera, obligan a pararse y reflexionar un poco, obligan al lector a reconstruir lo que ha leído, a darle un sentido. Por eso pueden llegar a engañar. Breve no significa rápido. Y en la mayoría de las ocasiones, como sugirió el arquitecto Mies van der Rohe, ‘menos es más’. En este sentido, las reflexiones sobre el género, que, en forma de minificciones, el propio Merino sitúa al final del libro, arrojan muchísima luz a la práctica y la teoría del cuento breve. Como muestra, un botón: ‘Si supierais lo que he menguado –dijo el relato, y terminó’.

[Publicado en El faro de las letras, 9/11/2007]

21/11/07

Miércoles noche

Todos los miércoles por la noche sucede lo mismo. Demasiadas cosas. Es sin duda la noche más atareada. Al ritmo habitual de trabajo, se suma preparar las clases del día siguiente (para filosofía y bellas artes), escribir la crítica de libros de El faro de las letras y la columna de cultura de La Razón. Además, el miércoles por la noche es el momento en el que ya se han descargado los capítulos de Héroes y Prison Break. Así que toca ración doble. Una cosa tras otra hace que, al final, practicamente no pueda pegar ojo. Lo peor son los días en los que uno ya está cansado de antemano. Como esta noche, que no sé cómo lo voy a hacer.

20/11/07

19/11/07

Mantra

Necesito más que nunca repetirme. Necesito más que nunca repetirme. Necesito más que nunca repetirme. Necesito más que nunca repetirme. Necesito más que nunca repetirme. Necesito más que nunca repetirme... Por momentos, el hastío se convierte en una sensación sublime.

18/11/07

Lío embarazoso

Para desconectar un momento de estos días de locura, no se me ha ocurrido otra cosa mejor que ir al cine a ver Lío embarazoso. Es aún más mala de lo que me esperaba. Virgen a los cuarenta al menos tenía su gracia. Pero esta es bazofia de la buena, un pastel de esos que se atragantan. Una verdadera parida. Recuperar la vista para esto... Esta noche prometo volver a Heidegger.

17/11/07

Efectos secundarios

Con el lógico nerviosismo de la primera noche, el hijo del sepulturero ayudó a su padre a colocar la lápida de una tumba. Mientras sostenía el mármol, escuchó golpes y gritos en el interior del panteón. Miró a su padre con el rostro desencajado por el terror. Pero la voz de la experiencia logró tranquilizarlo. "No te preocupes. Es normal. Enseguida se les pasa".

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16/11/07

Así que usted comprenderá

Claudio Magris (Trieste, 1939) estaba en todas las quinielas del Nobel de este año. Muchos eran los que pensaban que su obra merecía este galardón, aunque al final, la decisión fue otra. De todos modos ser o no premiado no cambia el rol central que el autor ocupa en la literatura contemporánea. Un papel esencial que juega en su faceta de ensayista y traductor, y, sobre todo, en la –no tan alejada– de creador. Tanto en una como en otra, Magris ha creado un universo literario particular muy vinculado con la literatura alemana de la primera mitad del siglo XX, reactualizando como narrador la tradición literaria y cultural que tan bien ha analizado como ensayista. Dotada de un lenguaje ampuloso pero preciso, lleno de referencias culturales y, en ocasiones, difícil de seguir, su obra se ha convertido, sin lugar a dudas, en una de las más respetadas y admiradas del panorama internacional.

En Así que usted comprenderá, un pequeño librito de apenas cincuenta páginas, Magris vuelve a las distancias cortas de La exposición o Las voces, y también a una especie de contaminación performativa con lo teatral. Porque esta última obra es, en el fondo, un monólogo. El monólogo de una mujer que prefiere permanecer en su retiro que volver a su vida. Conforme avanza el libro nos damos cuenta que esa mujer no es otra que Euridice, y que su amante, al que prácticamente deconstruye con análisis pormenorizados de su vida, es el mismo Orfeo, el ‘inventor’ del lamento y la melancolía.

Lo que hace Magris es reinventar y actualizar el clásico mito de Orfeo y Euridice, dando la voz ahora a Euridice, quien argumentará que en el fondo se queda en el Hades –ahora Casa de Reposo– porque así lo desea, que es ella quien provoca esa mirada de Orfeo que la hace regresar al reino de los muertos.

Esta mirada de la mujer, que a lo largo de las reinterpretaciones del mito siempre había sido silenciada, puede ser también entendida como la mirada de la musa, de la inspiradora de la poesía. En la visión de Magris, la musa se muestra rebelde, se queda en el reino de los muertos, porque sabe que fuera su presencia no tiene sentido. Además, ella está convencida de que si Orfeo baja al Hades no es para salvarla, sino para salvarse a sí mismo. El poeta, el escritor, es observado casi como una marioneta, un don nadie, manejado por los deseos de Euridice.

Por expreso deseo del autor, la versión española de Así que usted comprenderá ha añadido dos breves textos críticos de intelectuales italianos (Luca Doninelli y Ermanno Paccagnini) que presentan y analizan algunas de las ideas esenciales del libro. Entre ellas, destaca sobre todo la intuición de que esta obra es profundamente autobiográfica, que, como un escudo, esconde y al mismo tiempo muestra una historia de amor, la del escritor y su musa. Una musa que constata que el desencanto es el mismo en el reino de los muertos que en el de los vivos. Por eso, al final del libro, parece necesario hacerse una pregunta: ¿qué es eso que ‘usted comprenderá’, presente en el título? De manera menos elegante y sutil que Magris, podríamos responder: que para poca salud, ninguna. Que si hay que ir, se va, pero ir para nada es tontería.

[Publicado en El faro de las letras, Murcia, 13/10/07]

14/11/07

Ceguera

Se despierta sobresaltado creyendo que está ciego. La pesadilla ha sido terrible. Un hombre de luz cose sus párpados con hilo de cobre mientras lo amenaza con cortarle los testículos. Ahora nota su cuerpo bañado en un fluido caliente. No sabe si es sangre, orín o semen. No importa; no no podrá encender la lámpara para averiguarlo.

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12/11/07

Mas cosas

Llevo unos días desaparecido en combate. Regreso ahora de Barcelona de soltar de nuevo la perorata sobre las estéticas migratorias. Aunque quisiera cambiar ya de tercio, está visto que la cosa sigue su curso, y ahora otros lugares como Oslo y Belfast parece que quieren más madera.

La última vez que parlamenté en Barcelona me quedé con mala sensación, ayer, sin embargo, creo que la cosa salió bien. Hubo un ambiente agradable y multicultural, y comenzaron a fraguarse nuevos proyectos. Además tomé conciencia de ser un ser global. Coincidí en el simposium con un coreano que vivía entre Nueva York y Pekín y que sólo después de tres días se dio cuenta de que yo era español. Como me había visto en Amsterdam y en Karslruhe estaba convencido de que venía de Berlín. Mi inglés, de nuevo, produce confusiones.

De todos modos, estoy otra vez sobrepasado por el trabajo. Y lo peor es lo que viene. En el Cendeac, mañana llega Dan Graham. La semana que viene Kaja Silverman. A la otra Michael Snow, y a la siguiente Alfredo Jaar. Muy bonito, pero hay que aguantarlo. Y sobre todo combinarlo con las clases, las críticas de arte, las de libros, los artículos, las exposiciones... y todo aquello que ni siquiera tiene nombre. Cosas para parar un tren. Así que de vez en cuando desapareceré de la red. Pero que nadie se preocupe. Cada uno tiene lo que quiere. Me gusta que me peguen.

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7/11/07

Malas sensaciones

Pasó mucho tiempo hasta que me di cuenta de que estaba muerto. Desde el infarto, yo me veía más blanco, y, por mucho que me arrimase al fuego, mi cuerpo siempre estaba frío como el hielo. Mis articulaciones comenzaron a entumecerse. A veces incluso me costaba trabajo moverme sin parecer un robot. Pero seguía yendo al trabajo, comía en restaurantes, salía de copas, la gente me saludaba por la calle con normalidad y mis amigos quedaban conmigo como si nada hubiera pasado. Todo era aparentemente normal. Pero yo intuía que algo no iba bien. Y lo tuve claro cuando comencé a notar que mi mujer me echaba demasiado perfume, que la gente se tapaba la nariz en mi presencia y que unos gusanos amarillos bullían en mis intestinos y se comían mi piel. Después de un tiempo, lo único que me molesta es que nadie haya querido aclararme la razón de su hipocresía.

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5/11/07

Tantra textual

Parece que voy viendo un poco mejor y que oficialmente puedo pasar algún tiempo frente a la pantalla. Pero sin abusar. Lo que peor llevo es no poder leer con intensidad, pero sobre todo no poder escribir. Y en estos días sin sentarme al ordenador se me han acumulado unas tremendas ganas de darle al teclado. Como no tenía otra cosa que hacer, he seguido madurando argumentos para libros y artículos. Cada vez son más, y, en consecuencia, cada vez tienen menos posibilidades de hacerse realidad. Será cuestión de selección natural. Muchos morirán, pero los más fuertes podrán convertirse en letra impresa (o virtual). De hecho, algunos están a punto de salir a la luz, lo intuyo.

Ahora, al tocar el teclado del ordenador, siento bajar la escritura por los brazos hacia la punta de los dedos. Percibo ese placer casi como el del orgasmo, una energía que se desplaza de un lugar a otro, que quiere salir a la superficie, pero que aún no encuentra el modo. Supongo que no tardará en ver la luz. Aunque ahora me debato entre seguir las leyes del Tantra textual o dejar que la energía se plasme en forma de letras. Mejor aguanto un poco más. Solo un poquito. Algo me dice que el placer será mayor.

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31/10/07

Luces y sombras

Violando los protocolos, me demuestro que puedo estar frente al ordenador aunque sea sólo unos segundos. Todo es nuevo ahora. Parece que realmente hubiese recuperado la visión total, como si en estos años no hubiese visto realmente. Me fijo ahora en todos los detalles. Los estímulos del mundo me saturan. Aunque la luz aún me incomoda un poco. Lo peor, sin duda, son las luces por la noche y los halos que desprenden. Es como si estuviera en una ensoñación continua. Aunque de momento estoy mejor en la oscuridad. Es lo que necesitaba para convertirme al fin en un escritor de sombras.

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30/10/07

Veo

Veo. Pero escribe womahn. Yo, hasta dentro de unos días, no podré sentarme frente a la pantalla. Aunque ahora no puedo abrir los ojos, he comprobado que la operación ha salido bien. Me he mirado en el espejo y por fin, tras quince años, he visto mi rostro sin gafas. Me he dado cuenta de que los cristales estaban trucados. Ya sé por qué me ladran los perros.

Ahora estoy como el ciego de Diderot, descubriendo el mundo de nuevo. Ya os contaré.

Nota de la transcriptora: me tengo el cielo ganado.

29/10/07

(Lá)Ser o no ser

Mañana me opero de los ojos. Una intervención láser en la que, si todo va bien, me quitarán la miopía y astigmatismo que me han hecho ver el mundo con la barrera de las gafas durante toda mi vida. No se trata de estética. Me gusta llevar gafas. Me dan el toque intelectualoide que necesito para ser moderno. Pero soy tan dependiente de ellas que últimamente me las tengo que poner incluso para cosas que mejor no digo. No es desconfianza, sino que me gusta ver con quién estoy. Y eso a veces no se entiende bien. El colmo es que ya me las pongo hasta para ir al baño con la luz apagada. Si no, me agobio y me orino encima. Así que ha llegado el momento. Me he armado de valor (y de unos cuantos miles de euros) y mañana me enfrento al láser. Dicen que es rápido e indoloro. Pero que la recuperación lleva su tiempo. Varios días sin ponerme frente a la pantalla del ordenador y sin ver la tele. Y lo que es más grave, varios días sin leer ni escribir. Eso sí que me va a matar. No sé si lo resistiré. Por si acaso, esta noche estoy leyendo El sabor del mundo (Una antropología de los sentidos), de David Le Breton. Y antes de acostarme, le echaré otra mirada al capítulo sobre el tacto.

El médico dice que la operación no es nada, un mero trámite. Diez minutos y ya está. Yo me lo creo. Pero siempre hay un come come que uno no se puede quitar de encima. Y el caso es ue ahora que me lo planteo en serio, comienzo a ponerme un poco cardiaco. Confieso que me da cosica. En fin, ya veremos. O al menos eso espero.

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Finde

Al menos una vez al mes, me toca quedarme un fin de semana en casa de mi madre. Es un momento de regresión a la más tierna juventud. La vida en la huerta, los tiempos lentos, pero también los dolores de cabeza y la completa anulación intelectual. No sé si será cuestión de energías encontradas o corrientes subterráneas, pero lo cierto es que cada vez que me quedo allí me entra hambre y sueño.

Son fines de semana en los que no puedo hacer otra cosa que comer y dormir. Comer, dormir y, por supuesto, ver la televisión con mi madre. Este fin de semana llegué a la bajeza más absoluta y me tragué una película de Marisol, incluyendo comentarios de Carmen Sevilla,una joven promesa del rejoneo y un fulano rubio con pinta de peluquero. Cabriola, obra maestra de Mel Ferrer, homenaje a la rejoneadora Conchita Cintron, sin duda una de las peores cosas que he visto en mi vida. Cosa mala de verdad.


Como no me pareció suficiente, me vi también todos los programas cutres de las televisiones autonómicas, incluso tres misas de popular tv, que según mi madre, es de lo mejor que se ha inventado. Y tiene razón. Las misas de popular tv son puro espectáculo: con una estética de resistencia que merece la pena ser estudiada, parecen hechas en plena persecución de los romanos. Con el alma en vilo estuve, esperando que en cualquier momento entrase alguien para interrumpir tan sublime acto y los llevase a todos a los leones.

Entre misa y misa, intentaba releer Las aventuras de la vanguardia, un libro de Juan José Sebreli sobre los orígenes irracionales del arte moderno. Pero no había manera. La otra opción era el renovado Babelia. Un despropósito: más grande, más fotos, peor. Así que decidí dormirme en la mecedora, con el murmullo del señor ten piedad.

Soñé que era un emperador chino que soñaba que era una mariposa. Y me desperté con un dolor de cabeza que aún me acompaña.

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El dolor de la contención

Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971) es uno de esos escritores que, sin hacer demasiado ruido, poco a poco ha ido fraguando una obra sólida, seria e inteligente. Después de una serie de novelas y colecciones de relatos publicados en pequeñas editoriales, el salto a una editora como Seix Barral es sin duda un paso decisivo y necesario en la trayectoria de un escritor no convencional como es el caso de Menéndez Salmón. Un autor que, desde un principio, ha dado muestras de una escritura intelectual, plagada de referencias culturales, en el límite muchas veces del ensayo o la filosofía.

En La ofensa (Seix Barral, 2007), esta escritura inteligente y sutil configura una novela que pausadamente va creando un universo de sensaciones incómodas que hace que el lector, casi sin darse cuenta, acabe con un regusto amargo. Una sensación producida también por una escritura distanciada, que narra la catástrofe casi desde la ataraxia, con la misma indiferencia que el protagonista desarrolla ante el dolor. De ese modo, con una escritura no implicada o no empática, los hechos adquieren peso por sí mismos, y lo narrado se dota de un cuerpo físico y psíquico que hacen de un libro de menos de ciento cincuenta páginas un libro pesado, en el buen sentido de la palabra. Un libro que, bajo la apariencia de la liviandad que proporcionan los capítulos breves y la supuesta rapidez con la que uno lo lee, esconde un universo que vuelve al lector una y otra vez, durante y después de la lectura.

La ofensa es la historia de una resistencia, la de volver a ver la catástrofe. Cuenta la historia de un sastre alemán que, como otros muchos alemanes, durante la Segunda Guerra Mundial, tuvo que presenciar de primera mano las más dramáticas atrocidades. Atrocidades que acaban por hacerlo insensible a las emociones. En un momento, el dolor que presencia es tal que su mirada parece saturarse. Lo que ve supera lo que espera ver, y su cuerpo no puede asimilarlo. En cierto modo, la historia es una metáfora de los desastres de la guerra, pero también de la responsabilidad de aquellos que los presencian. La responsabilidad del testigo.

La historia de Kurt Crüwell es extrapolable no sólo a sus contemporáneos, sino a cualquier persona que, ante el desastre, queda inmovilizado. Es, probablemente, extrapolable a todos nosotros, que mostramos muchas veces la misma insensibilidad que el sastre alemán cuando, mientras comemos, contemplamos escenas de decapitaciones, mutilaciones o asesinatos. Como si hubiésemos visto demasiado, parece que, de algún modo, nuestra mirada también se ha saturado y ya no podemos ver más. Del mismo modo que Kurt, se podría decir que hemos perdido la sensibilidad.

[Publicado en El faro de las letras, Murcia, 12-10-07]

26/10/07

Prodigios

A mi padre le abrieron la cabeza de un golpe seco. Por eso todos se extrañaron cuando comenzó a brotar agua de su cerebro. Yo sólo puedo contarlo en los días fríos; en los calurosos, me evaporo.

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Metáforas de la creación

Después de ‘Viajes por el Scriptorium’, vuelve Paul Auster a las librerías. Pero en esta ocasión no con una novela, sino con un guión. El guión literario de su primera experiencia como director de cine. Ya antes había realizado incursiones en el guión, algunas tan interesantes como ‘Lulu on the Bridge’ y sobre todo ‘Smoke’. Ahora, sin embargo, se embarca en una aventura en solitario que, a tenor de los muchas críticas recibidas, parece más que fallida.

No he visto la película, pero el guión es realmente decepcionante. Sin duda, los más austerianos disfrutarán de lo lindo, porque, igual que los inmediatamente anteriores viajes por el escritorio, el guión explora el propio universo creativo del autor. En este sentido, ‘La vida interior de Martin Frost’ retoma de nuevo la formación del mito del escritor con el que Auster ha trabajado desde un principio, reforzando esa idea heredada del escritor solitario que se enfrenta a sus miedos y sus recuerdos en una habitación, aislado del mundo, sólo con su máquina de escribir o su cuaderno rojo. De alguna manera, casi el total de la obra de Auster ha jugado con esta noción social del escritor, hasta el punto que se pueda decir que, más que sobre ninguna otra cosa, su obra es acerca de la escritura, y sobre todo del sujeto que escribe. O lo que es lo mismo: sobre él.

En este guión, Auster nos pone frente al escritor agotado tras la finalización de la novela. Un escritor, Martin Frost, el escritor fantasma de ‘El libro de las ilusiones’, que ahora se encuentra el propio origen de la creación literaria: la musa. En una casa de campo solitaria, la musa se le aparece como una bella admiradora de la que el escritor inmediatamente se enamora. Y su historia de amor es, al mismo tiempo, la historia de la creación literaria, hasta el punto que se pueda afirmar que la casa, la musa y lo que allí sucede es, de algún modo, una metáfora de lo que ocurre en la mente de Frost, y, en cierto modo, en la de Auster. Su vida interior. La vida interior de un escritor. Una representación del proceso creativo de un escritor.

Como digo, no he visto la película, y tampoco creo que llegue a nuestras pantallas. Pero la historia difícilmente da para más de un corto de quince minutos. De hecho, como explica el propio autor en la entrevista que precede al guión, ése fue el origen del guión, una microhistoria para un cortometraje. Y eso se nota demasiado. Sobre todo porque uno tiene la sensación de que la historia se alarga innecesariamente. Y realmente no pasa apenas nada.

Admiro profundamente a Auster. Es uno de los escritores más importantes de nuestros días, uno de los representantes más firmes de eso que se ha dado en llamar literatura posmoderna. Un escritor que conjuga a la perfección la reflexión culta sobre el propio acto de escribir y la creación de historias impresionantes, accesibles y contadas como nadie. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, se advierte en su obra un profundo agotamiento. Un agotamiento visible sobre todo en la repetición de clichés y en la vuelta una y otra vez a las mismas cosas, no ya con la pretensión de crear nuevos discursos o hacer evolucionar la narrativa sino con la de reiterar un universo que ya está creado e instituido.

Si ‘Viajes por el Scriptorium’ era un acto de onanismo radical, ‘La vida interior de Martin Frost’ lo supera de largo. Lo que pasa es que el universo de Auster es tan increíble y absorbente que enseguida nos incorpora al él, nos hace formar un mismo cuerpo, una misma carne, compartir un lenguaje y unas inquietudes. Por eso cuando Auster goza y se enamora de su propia escritura, nosotros también gozamos. Por eso cuando el autor se masturba, el placer que siente el lector –el lector ‘incorporado’, hecho cuerpo en el autor– no tiene límites. Me reconozco entre aquellos que gozan, pero no dejo de pensar si esta circularidad del placer sigue teniendo sentido.

[Publicado en El faro de las letras, Murcia, 19-10-2007]

23/10/07

Forclusión

Y nadie quiso nunca más volver a decir su nombre. Yo, en cambio, a veces se lo susurro al oído. Así sabe que al menos alguien recuerda que la muerte no queda tan lejos.

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Indecisión

¿Por qué has dejado de escribir?, pregunta el hombre de gris. Yo no sé qué responderle. Entonces me levanto del fango, hago como que estoy vivo, me siento frente al ordenador y escribo estas líneas. Perfecto, dice el hombre de gris, no queda ya nada en tu mente digno de ser contado. Vuelve al lugar donde te escondes. Nadie irá allí a buscarte.

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22/10/07

Todo lo que no he escrito

El otro día, volviendo de Londres, el avión hizo un extraño giro y comenzó a caer en picado hacia al mar. Fue sólo un instante, pero lo suficientemente intenso para que se me pasaran por la mente toda serie de cosas. Sin embargo, y me pesa reconocerlo, no pensé en mi mujer, en mi madre, en mi amante o en mis dos hijos pequeños. Lo único que se me vino a la cabeza es que, al morir, mi obra literaria iba a quedar inconclusa, que apenas había escrito nada y que me quedaban muchas cosas por hacer.

Dicen que antes de morir, transcurre frente a uno toda la historia de su vida. Pero a mi mente no se acercó nada de lo que había vivido. En cambio, sí lo hicieron todas las historias que podía haber escrito, una tras otra, desarrolladas y estructuradas perfectamente. Cientos, quizá miles de historias, algunas de las cuales me habrían hecho seguro pasar a la posteridad. Me vi desbordado por todo aquello mientras el avión parecía caer sin control hacia el océano. La gente chillaba, rezaba e intentaba encontrar un medio de despedirse de sus seres queridos. Yo, sin embargo, buscaba lápiz y papel. Quería dejar constancia de esas historias que pasaban de modo cada vez más veloz por mi mente. Milagrosamente, entre el ajetreo pude encontrar el moleskine negro y un bolígrafo azul. Y como pude, con letra casi ininteligible, comencé a escribir lo que tenía ante mí. Pero era imposible, y desistí. El flujo eran tan rápido que hubiera necesitado varios años para trasladar al papel lo que me pasaba por la cabeza. Además, el avión se iba a estrellar. Así que tuve que sintetizar todo aquello de alguna manera. Y escribí entonces el más corto de mis cuentos, el más breve y al mismo tiempo el más intenso. El cuento por el que todos me tendrían que recordar, el que condensaba toda mi obra literaria. Apenas seis palabras antes de morir: “todo lo que no he escrito”.

Desafortunadamente el avión recuperó altura y todo volvió a la normalidad. Y con la normalidad se esfumaron también todas las historias. Ahora lo que escribí ya no tiene sentido. Y mi carrera de escritor diría que tampoco. No pude morir dejando mi obra acabada, condensada en aquellas seis palabras. Ahora estoy condenado a escribir todo lo que no he escrito. Pero no sé cómo hacerlo. Sólo de vez en cuando regresa a mí alguna historia de aquel día. Pero ya no aparece como una novela densa y estructurada, sino como un breve cuento que, como este, tengo que cazar al vuelo antes de que vuelva a desaparecer.

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20/10/07

Soy persona

Encuentro como puedo un wifi libre en Karlsruhe. Parece mentira que un centro de arte y tecnología como el ZKM no tenga una red en condiciones. Lo único importante es que ahora ya soy persona. Después de mi intervención en el congresos, vuelvo a la normalidad. Me pongo cardiaco cada vez que tengo que hablar en inglés. Y ante un público como este aún más. Pero parece que la cosa ha ido bien. Por lo que se ve, he conseguido indignar a todos los anglohablantes, desde Hans Belting a la comisaria del Guggenheim. Y eso no está mal. He hecho una crítica muy dura de eso que nos quieren vender como el arte global, y una defensa del español como lengua académica, que no ha gustado demasiado por estos lugares. Mientras decía que nos estaban dando gato por liebre, los comisarios orientales me miraban con los ojos inyectados en sangre, como si se les estuviera descubriendo el negocio que hay bajo este sistema global de las artes.

El título del encuentro era "Dónde es el arte contemporáneo?". Y mi intervención estaba situada en una sección titulada "Nuevos desarrollos del arte en Latinoamérica". Es decir, que la cosa prometía ya desde el principio. Pero al final no ha habido posibilidad de discutir. Y eso no ha estado mal del todo. Mi conferencia era la última, y después, Peter Weibel inauguraba exposición. Así que no ha habido posibilidad de réplica. Sin duda, algo ha quedado, aunque sea la indignación.

De todos modos, y fuera de estos desvaríos artísticos, de lo que tengo gana ya es de centrarme un poco y volver a Murcia durante una temporada. La verdad es que he encadenado una serie de viajes que me tienen ya casi desorientado. Entre viaje y viaje, necesito tiempo para recuperarme. Tiempo que no tengo, y que no sé si podré encontrar. De momento, voy a dormir, que ya va siendo hora.

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16/10/07

Vaya semanita

Esta es una semana de aupa. Después de la experiencia londinense, ayer parlamenté sobre Paul Auster y la muerte en el ciclo Lecturas sobre la Muerte, que organiza la Sociedad de Filosofía. Hoy, mañana y pasado, tenemos el Seminario de Judy Chicago en el CENDEAC. Y el jueves salgo para Karlsruhe a seguir parlamentando en un encuentro sobre arte y globalización en el ZKM. Con este ajetreo lo que no sé es cómo sigo engordando. Será porque como a deshoras (y no dejo de comer a horas).

14/10/07

Sublimación

Al ver que ya nada tenía remedio, hizo de tripas corazón y se comió todo el amor que sentía por ella.

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Come Back 2

Por cierto: La vida privada de Martin Frost, lo último de Paul Auster me dejó más que frío. No sé cómo será la película, pero el guión es flojo, flojillo. Quizá para un corto de no más de 15 minutos podría dar, pero no más. Uno tiene la sensación de que la historia (una tontería de las grandes) se alarga innecesariamente. Admiro profundamente a Auster. Leo absolutamente todo lo que publica. Me parece alguien que tiene mucho que decir. Pero aquí, y mucho más que en Viajes por el Scriptorium (que a los austerianos creo que nos gustó), se advierte un agotamiento difícil de sacar adelante. Le deseo, en cualquier caso, la mejor de las suertes con la película, aunque intuyo que no calará demasiado. Yo, de todos modos, ardo en deseos de verla. El universo del escritor me sigue fascinando.

Come Back

Regreso de Londres con ocho horas de retraso, las rodillas rotas (no voléis con Flymonarch si superáis el 1'20 de estatura) y el estómago destrozado (no se os ocurra comer en St. John's).

Frieze
no tiene nada que ver con Arco. Está a años luz. Allí uno tiene la sensación de estar viendo el arte en tiempo real. Además, es abarcable. Es un buen espejo para mirarse. Yo salí con la sensación de que todavía hay cosas interesantes en el mundo del arte. No tuve (al menos no demasiado) ese déjà vu que me asalta todos los años en Arco.

Luego, en la Tate pude ver la intervención de Doris Salcedo en la Sala de Turbinas. Sencillamente impresionante. Doris Salcedo es una de las artistas más serias del panorama actual, y lo que ha hecho allí (una serie de grietas en el suelo) me ha sorprendido muy gratamente. Todo lo contrario de la expo de Mathew Barney en la Serpentine Gallery, decepcionante a más no poder.

Aunque apenas he tenido tiempo de ver nada, sí he podido sacar unos minutos para dejar temblando mi bolsillo en librerias varias. No he comprado demasiados libros, menos de veinte, pero las libras valen lo suyo.

Lo mejor del viaje fue, como casi siempre, la gente. Los amigos encontrados y los nuevos conocidos. En ese sentido, sobre todo, las ocho horas de Gatwick y las dos horas y media de estrecho confinamiento han sido más que productivas.

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11/10/07

Frieze

Salgo hacia Londres con la intención de ver Frieze, el ARCO inglés (eso sí, con algo más de glamour y conciencia real de lo que es el mundo del arte). Pero lo importante es que, por primera vez en mucho tiempo, me dejo el ordenador en casa. Son sólo tres días, pero aún así es algo inaudito. Como diría Andrés Montes, algo está cambiando Salinas. Ya me reservo para la vuelta eso de ¡la vida puede ser maravillosa!

PD. Me llevo como equipaje de mano La vida privada de Martin Frost, el guion con el que dicen que Paul Auster ha dado el patinazo del siglo. Ya veremos.

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10/10/07

Hace tiempo que me fui

Hace tiempo que me fui. A veces regreso a buscarme. Entro a mi casa, me siento frente a mi mesa, copulo con mi mujer. Pero al mirarme al espejo, compruebo que hace tiempo que me fui.

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9/10/07

En condiciones

Termino, como siempre, a la carrera, el texto sobre Mabel Martínez para el Centro Puertas de Castilla. Siete páginas, pero me hubiese gustado escribir más. Y sobre todo, mejor. Mabel es amiga, y además su obra me parece interesante. Pero, como siempre ocurre en estos casos, uno va con la lengua fuera y no puede hacer nada en condiciones. Al menos en las condiciones ideales de trabajo. Ya me voy acostumbrando (qué remedio) a este sistema, pero también tengo gana algún día de disponer del tiempo (sobre todo psíquico, de concentración) suficiente.
Pienso a veces ingenuamente en cometer un delito y que me encarcelen. Allí, una vez acostumbrado a la sodomización, podría escribir con tranquilidad.

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8/10/07

Series de poderes

Entre texto y texto, mientras tomaba algo de aire para recuperarme, ayer acabé de ver la primera temporada de Héroes. Esta noche me pondré al día con la nueva, que ya lleva tres capítulos. Creo que lo he dicho en más de una ocasión: las series son uno de los lugares en los que la narrativa visual puede transformarse para sobrevivir. Perdidos, Prison Break o Héroes han sido (y siguen siendo) tres interesantes experiencias en este sentido. Es lo único que veo en la tele. Perdón, lo único de la tele que veo, porque lo visiono en el ordenador, calentito de Internet. La pantalla de la tele se ha quedado para el telediario, y a veces ni eso.

Con Héroes ha vuelto ha salir mi lado infantil y soñador. Y por las noches vuelvo a soñar que vuelo y que tengo poderes extraordinarios. Invisibilidad, telequinesia, parar el tiempo... nunca sé qué elegir. La invisibilidad me haría cumplir mi sueño de voyeur fisgón, y ver las intimidades de los demás. Lo de parar el tiempo siempre me ha fascinado. Y ahora, con esta sobrecarga de trabajo, me vendría de perlas. Podría terminar todo a tiempo y que no vencieran los plazos. Tendría incluso tiempo para leer con sosiego y tranquilidad. Pero sin duda pienso que, si tuviera que elegir, me quedaría con la telequinesia. Y ahí me sale mi alma de gandul. Eso de mover las cosas sin levantarse de la silla es el poder que siempre he anhelado. Con el mando a distancia se dio un gran paso, pero aún queda mucho por andar.

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7/10/07

La extimidad del abismo

Exploradores del abismo es un libro de Enrique Vila-Matas. Decir esto, ciertamente, no es mucho. O quizá sí, según se mire. Y es que un buen número de críticas y comentarios recientes parecen situar este retorno del autor catalán al cuento como una suerte de brecha en el coherente y compacto ciclo narrativo de compuesto por sus últimas obras. Sin embargo, como el propio Vila-Matas afirma, este es, si no su libro más genuino, sí al menos uno de los más vilamatianos.

A mi modo de ver, más que como una ruptura, Exploradores del abismo puede ser entendido como una vuelta de tuerca más al largo y profundo proceso de deconstrucción efectuado por Vila-Matas en la ficción contemporánea. Una vuelta de tuerca operada ahora desde el cuento, si bien no creo que podamos hablar de un regreso sin más a este género. La clave es que Vila-Matas no vuelve al cuento, sino que el cuento vuelve a Vila-Matas. A Vila-Matas en tanto que autor en sentido barthesiano, es decir, como productor de discursividad. Los cuentos de este libro están creados desde el edificio narrativo construido por el autor. No están fuera de las paredes del Doctor Pasavento o del Mal de Montano, no son una exterioridad, sino que constituyen más bien una “habitación”, un planta más, quizá un rellano. Un espacio para seguir mirando hacia arriba, y no sólo hacia atrás, como podría intuirse de las propias palabras del autor, que dice sentirse heredero y guardián del legado de un Vila-Matas ‘autre’.

Pululan por este libro personajes extraños. Personajes convalecientes, preocupados por los vacíos interiores y exteriores. Personajes que de algún modo están impregnados y constituidos por la discursividad del autor, de una presencia abismal que, como un Dios que vive en la casa de al lado, amenaza y atenaza las acciones y el pensamiento. Son sujetos sujetados. Sujetados por el abismo. Un abismo que los constituye, pero que al mismo tiempo los pone en marcha hacia otro lugar. Un abismo que, en cierto modo, se presenta bajo el rostro de aquello que Lacan llamara extimidad. Y en varios sentidos. En primer lugar, como algo que está al mismo tiempo dentro y fuera. Todos los personajes persiguen un vacío que nunca acaba de llenarse. Algo que nunca se consigue porque es parte de la propia estructura del sujeto, porque se halla inscrito –a veces de modo literal– en el propio cuerpo. Son, pues, personajes abisales, que buscan el abismo, pero que son abismo en sí.

El otro sentido de la extimidad tiene que ver con la identidad de los personajes y el modo en el cual son habitados por Vila-Matas. De alguna manera, las intimidades a las que nos vemos confrontados son construidas desde fuera, desde una exterioridad que configura el interior. Es el propio autor, diluido y expandido, el que se muestra en estos exploradores. Un autor que ahora es más que nunca múltiple. La intención de desaparecer mostrada en obras anteriores parece confirmarse aquí. La escritura, como diría Deleuze, como una pérdida del rostro, como una disolución del yo, que, sin embargo, acontece en cada historia, en cada frustración, en cada imposibilidad.

Pero más allá de estos desvaríos filosóficos pseudoparanoides, lo que conviene tener claro es que ‘Exploradores del abismo’ es un libro, como cabía esperar, magistral. Un libro de Enrique Vila-Matas. Diecinueve intervenciones donde la cita, el microrrelato, el ensayo y el cuento ‘degenerado’ constituyen un universo fronterizo, incómodo y por momentos desolador. Aunque no todas las intervenciones tienen la misma fuerza –o al menos no la comunican del mismo modo–, algunos relatos casi poseen el estatus de obra insuperable. Pienso por ejemplo en ‘Porque ella no lo pidió’, el relato sobre la artista Sophie Calle y su perversión de la identidad y la voluntad, donde Vila-Matas vuelve a fracturar cualquier distancia entre ficción y realidad. Distancia que está puesta en suspenso incluso en aquellos cuentos más cercanos a lo fantástico o a lo increíble. La realidad, el más potencial de los abismos, bordea la ficción en todo momento. Y eso hace que uno tenga una sensación de intranquilidad durante la lectura. Una sensación de familiaridad extraña, siniestra, en el sentido freudiano del término. Y es que quizá el abismo esté más cerca de lo que cabría esperar.

[Publicado en El faro de las letras, Murcia, 28-9-2007]

6/10/07

Gente vil

El presidente de cierta universidad ha vuelto a hacer de las suyas. De nuevo, y como siempre, de modo rastrero y vil, ha herido a mis amigos. Lleva tiempo haciéndolo. No contento con echarlos de la universidad, los persigue allá donde van, con la única intención de hundirlos y machacarlos. Una actitud digna de un indeseable, de alguien que, aparte de perder el juicio, ha perdido todo sentido de la moralidad y de la ética. La actitud de un ser malvado. Persecución y venganza parecen ser los únicos términos que entiende. Curiosa versión de la caridad cristiana y del perdón que tanto predica.

Al volver a saber de esto, inmediatamente he tenido que escribir esta microficción:

"El domador descorrió el velo y mostró la bestia a los asistentes. Damas y caballeros, amigos y enemigos, he aquí un hombre malvado. Contémplenlo y absténganse de escupir en su rostro. No merece nuestra saliva".

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5/10/07

Novela

Llevo unos días de aupa, de un lado para otro, cargando con las agujetas esgrimeras y acabando textos a la carrera, sin apenas tiempo ni para decir lo saturado que estoy. Esta noche, hablando sobre la necesidad de escribir a deshoras para llegar a cumplir plazos, el maestro Shushi de anguila me ha comentado que Idefonso Falcones, el autor de La catedral del mar, escribió su novela levantándose todos los días una hora antes. Robando horas al día. Así salió, es lo primero que he pensado. Pero luego de camino a casa me ha ido surgiendo el gusanillo y he tomado una determinación para emprender mi novela, que la voy posponiendo día tras día. He pensado que la única manera de obligarme es ir publicándola online, capítulo a capítulo, o fragmento a fragmento. De esa manera, irá creciendo poco a poco, y también, de modo progresivo, podré ir viendo si va o no por buen camino.

Mi problema mayor es la impaciencia. Soy incapaz de emprender proyectos a demasiado largo plazo. Ponerme ahora con una novela y publicarla al acabarla implicaría mucho tiempo en blanco. Meses, quizá años. Sin embargo, la publicación fragmentaria en un blog cambia mucho las cosas. Deja de ser un trabajo a largo plazo, para convertirse en algo casi inmediato. Así que lo que haré, cuando saque un minuto para hacerlo, es crear un blog e ir subiendo capítulos poco a poco. El título de la novela ya lo di en otra ocasión, y ahora me cercioro: El libro de los durmientes.

1/10/07

El noble arte

Vuelve la esgrima. Primer día del nuevo curso. Pedro Merencio, el cubano más rápido a este lado del Segura, nos ha preparado una buena bienvenida: festival de sentadillas y marchares por doquier. Me duelen hasta las pestañas. No estoy para nadie. Los muslos se me caen a trozos. Y los brazos los he perdido a media clase. De hecho, y gracias a la habilidad aprendida de Héroes, escribo ahora con la mente, lo único que aguanta con vida esta noche. No quiero pensar en mañana.

Uno de mis más ilustres comentaristas decía que esperaba que, a pesar del colapso de trabajo de estos meses, supiera decidir bien entre la pluma y la espada. Y la verdad es que, por mucha saturación que tenga, no pienso desistir del noble arte del hierro. Sé que nunca llegaré demasiado lejos. Pero, por primera vez en mi vida, no me importa lo más mínimo. Y es que -lo he escrito ya más de una vez- pocas cosas me divierten tanto como la esgrima. Concentración, intuición, simulación, seducción... empuñar la espada te conecta con algo más allá de la estricta racionalidad, pero también más acá de la pura animalidad. Un punto a medio camino entre el instinto y la razón. Un lugar que merce la pena ser habitado y experimentado. Y eso aunque hoy, como digo, esté hecho fosfatina y aún no tenga claro si podré arrastrarme hacia la cama o directamente me tendré que quedar tirado en el suelo del despacho, desparramado junto a los libros, pero satisfecho.

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30/9/07

Doscientos

Nueve meses después, "no(ha)lugar" cumple doscientos posts. No sé cuál será el equivalente en años humanos, pero es posible que sea algo semejante a la primera adolescencia. Una época de cambios, en cualquier caso. Cambios que también han llegado a mi vida profesional. Una nueva etapa, más ilusionante si cabe, pero también más compleja.

Después de doscientos posts, y después de los cambios, en los últimos días, estoy pensando qué hacer con el blog. Ahora que tengo alumnos, no sé cuál puede ser su reacción a las cosas que cuento aquí. Muchos no se enterarán, eso es seguro. Pero creo que otros muchos sí caerán aquí, aunque sea por casualidad. No tengo miedo, sino curiosidad. A mí me habría resultado bastante chocante poder acceder a ciertos aspectos de la vida de algún profesor. Pero me tuve que contentar con los cotilleos de los pasillos.

Una de las cosas que pienso estos días es hacer el blog aún más exhibicionista. Exponer aún más mi intimidad. Es decir, exponerla realmente. Y no sólo escribir cuántas veces me masturbo al día (o a la semana), si uso el vibrador que compré en Amsterdam o si me gusta que me muerdan los testículos. Eso quizá sea lo de menos, al menos para mí. Lo que pienso es si debería ser realmente sincero y escribir aquí a quien apuñalo cuando se da vuelta, a quien miento, a quien odio, a quien amo, a quien venero, a quien mataría o por quién perdería el miedo a morir.

Pienso estos días si escribir aquí todo lo que pasa por mi cabeza. Y una y otra vez me convenzo de que no es buena idea. Así que seguiré fingiendo. Fingiendo ser este personaje atormentado que viste de negro, este escritor angustiado y melancólico que, a veces, se hace el gracioso. Seguiré perdiendo el rostro y diluyéndome en estas letras. Seguiré siendo otro. O lo que es lo mismo: seguiré escribiendo.

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27/9/07

Tareas pendientes

Me pongo a mirar la lista de tareas pendientes y casi me da un síncope. Necesitas un plan, me dicen. Y yo me pongo manos a la obra. Como siempre he hecho, configuro horarios imposibles de cumplir, con apenas horas de sueño y sin un sólo minuto para vivir. Y ni aún así me cabe todo. Y ahora con las clases, ni hablamos. Digo yo que habrá que prepararlas. Y es el primer año de 4 asignaturas. Voy a tener que renunciar a cosas que me gustan, y también a cosas que sería importante hacer. Pero algo tengo que dejarme o me temo que perderé la cabeza. Ya veremos. He comprado un recipiente por si acaso.

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26/9/07

Apariencias

En el fondo, allí no se estaba nada mal. El problema era, como siempre, la superficie. Y que nadie se atrevía a subirse a aquella cruz.

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Escritura desiderativa

El trabajo me sobrepasa. Hoy no he tenido apenas un minuto de respiro. Sin embargo, durante todo el día, las ideas iban y venían con una rapidez pasmosa. Se me han ocurrido varios cuentos, una novela, un libro de ensayos y hasta unos cuantos poemas. Y todo eso mientras viajaba en la moto de un lugar a otro, mientras hacía como que escuchaba a quien me hablaba, y mientras en el retrete tomaba un respiro (no demasiado profundo). Siempre me ocurre igual, cuando más acelerado estoy, más creativo me vuelvo. No puedo hacer nada con el sosiego y la calma. Necesito este no parar para crear. Sin embargo, no encuentro el tiempo para sentarme en condiciones. Más que nunca, en estos momentos, me doy cuenta que la escritura es un acto de deseo, y que el deseo se acrecenta con la imposibilidad.

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24/9/07

Perder el rostro

Retiro mi foto del perfil del blog. Durante mi estancia en Amsterdam, conocí a una guapa gaditana que hacía una tesis sobre los diarios de Virginia Wolf. Hablando sobre la escritura y la intimidad, me recordó la idea de Deleuze: "escribir, perder el rostro". Desde entonces, la idea me ha seguido rondando la cabeza. Hasta que me ha hecho perderla, al menos en parte. Por eso ahora pierdo mi rostro y se lo cedo a Cioran. Y me recuerdo también una cita magistral:
El pesimista debe inventarse cada día nuevas razones de existir: es una víctima del 'sentido' de la vida.

Empezando

Primer día de clase. Buenas sensaciones. Después de más de un año en blanco, parece que no se me ha dado tan mal.

Siempre he tenido una relación contradictoria con la docencia. Lo mío es leer y escribir, y me cuesta horrores tener que hablar en público. Disfruto mucho más encerrado en la habitación que frente a los demás. Pero, al mismo tiempo, con la docencia (cuando sucede de verdad) hay una extraña satisfacción por el conocimiento transmito que no es igual a la de la escritura. La escritura pone en suspenso la recepción. Es un futuro, un deseo (aunque se goza al escribirla). Pero la comunicación oral produce la recepción al instante. La sensación de estar comunicando, de transmitir es mucho más acentuada que con la escritura. Es posible ver el efecto del conocimiento en el otro, en sus ojos brillantes y en su cara de sorpresa.

Creo que siempre he dicho que no me gusta dar clase. Pero confieso que es una pose. Me encanta. En el fondo, disfruto muchísimo. Eso sí, cuando hablo de lo que me gusta y tengo la sensación de que el conocimiento se transmite realmente. "Hacer saber", mostrar caminos, alumbrar zonas oscuras... quizá sea una de las tareas más dignas que aún hoy se nos puede encomendar.

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23/9/07

Acabado

Fin de partida. Llego a casa por fin después de dos semanas. Tenía ya ganas. Dos semanas es un tiempo incómodo para estar de viaje: demasiado para un viaje, y apenas nada para una estancia. Además, aquí me estaba esperando womahn con el primer episodio de la tercera temporada de Prison Break. Episodio que vimos nada más llegar, eso sí, tras los correspondientes arrumacos, caricias y cosas de las que me he visto privado estos días holandeses.

Al llegar a casa, reflexiono sobre estos días. Días de trabajo duro, pero también de expansión, en todos los sentidos. He conocido a gente muy especial. Personas que me han planteado nuevos desafíos y nuevas maneras de afrontar las cosas. En cierto modo, esta experiencia ha sido realmente esencial. Espero repetirla algún día. De momento, parece que la exposición, con su respectivo Encuentro, va a viajar a lo largo del año que viene a Belfast y Oslo. No he estado en ninguno de los dos sitios, así que la ilusión es doble.

Ahora, frente al ordenador, veo que lo que me espera no es moco de pavo. Trabajo para veinte, que tengo que hacer como pueda. Lo más ilusionante es que mañana comienzan las clases. No he tenido tiempo de preparar nada. Espero que no se me note demasiado. De todos modos, es el primer día. Entre presentaciones, sentaciones y postsentaciones supongo que se irá el tiempo.

20/9/07

Acabando

Esto va llegando a su fin. Dos días más. Y yo, reventado pero feliz. Después de unos días de intenso trabajo, saco unos segundo para escribir. Ayer inauguración de la exposición 2Move. Éxito de público y crítica. La verdad (y no es por nada) es que ha quedado la mar de bien. Mejor que en Murcia. El espacio que hemos utilizado (3 plantas del museo) ha permitido un montaje por secciones, con muchas menos piezas por sala, cosa que viene muy bien para no saturar al visitante con todo a la vez.

Ayer exposición, y hoy las dos intervenciones. La verdad es que estaba algo nervioso por tener que hablar en inglés. Pero al final ha salido. Sí. Salir ha salido. Cómo, ya es otra cosa. Me han dicho que se ha entendido todo. Ahora, no sé cómo habrá sonado. Conforme me iba oyendo, me daba la sensación de que aquello no tenía ni pies ni cabeza, y que nadie se iba a enterar de nada. Y creo que algo de eso ha tenido que haber, porque después de la conferencia todos me han felicitado. Decían que era una cosa muy compleja, y no sabían si lo habían captado todo en su densidad. Eso sí, el inglés perfecto. Pero yo les he visto las caras. Aquello ha tenido que ser un disparate lingüístico. Luego, me han invitado a dar otra igual en Weimar. En inglés, me ha aclarado la chica. ¿Porque en alemán no te atreverás? Seguramente, tal y como ha ido la cosa, me ha visto dispuesto a todo. Ha observado que mi sentido del ridículo desapareció hace algún tiempo.

De todos modos, ha sido un día duro. Mantener la concentración durante dos horas ha sido difícil. Para celebrarlo: coffeshop y hierbas legales, al menos en este país.