26/12/07

Inteligencia narrativa

Ricardo Menéndez Salmón, Gritar. Madrid, Lengua de Trapo, 2007. 128 págs.


No hace tanto que en este lugar comenté La ofensa, la última novela de Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971). En aquella crítica, entre otras cosas, decía que esa novela era el comienzo de la consolidación de la trayectoria de este joven autor, que se situaba en un lugar de enunciación privilegiado en el panorama de las letras españolas. También aludí en aquella ocasión a una característica escritura inteligente y culta, una prosa ágil pero meditada, plagada de referencias culturales, en el límite muchas veces del ensayo o la filosofía, lugar, por cierto, del cual proviene el autor. Pues bien, se podría decir que todas esos comentarios, especialmente aquellos que tenían que ver con la versatilidad e inteligencia narrativa vuelven a ser puestos en obra en Gritar, una colección de nueve cuentos que contribuyen a aumentar la sensación de que Menéndez Salmón ha emprendido una carrera imparable a la conquista de la “alta” literatura.

En esta ocasión, el autor se aleja de la ataraxia descriptiva que desplegaba en ‘La ofensa’, y se implica de modo directo en las historias narradas, llegando en ocasiones a crear personajes que cuestionan la frontera entre autor, escritor y protagonista de la acción. Aunque cada cuento presenta una historia y un mundo diferente, y difícilmente se puede encontrar un denominador común a todos ellos, sí que es posible encontrar un elemento que parece hilvanar la colección, y es la presencia en todos estos nueve mundos de un elemento extraño irrumpe y perturba la rutina de lo establecido. Rutinas que, a partir de la irrupción de lo ajeno, se desarrollan hacia los territorios más insospechados, pero siempre con los pies en la tierra y, lo más interesante, volviendo en todo momento al punto de partida de “una cierta normalidad”. Se podría decir que de alguna manera estos cuentos normalizan la extrañeza. Y esa normalización tiene que ver mucho con la escritura cercana de Menéndez Salmón, uno de los aspectos que más llama la atención de sus textos. Una prosa que produce y provoca una tremenda sensación de intimidad que hace que cualquier extrañeza de la narración sea asumida por el lector como algo propio de la acción. Hay una sensación de potencialidad del lenguaje, de condensación de las palabras, de sutileza y medida en cada frase, que produce una cercanía entre lector y texto.

Aunque todos los cuentos son de una calidad encomiable, destaca por encima de todos el que da título al libro, ‘Gritar’. Un cuento que nos habla de la necesidad de desahogarnos, de buscar un sitio para sacar fuera nuestras tensiones y problemas. Pero también, y sobre todo, ‘Gritar’ se refiere a la imposibilidad del lenguaje para decirlo todo, pues hay cosas que no pueden ser dichas, y que es mejor gritarlas. En ocasiones sólo es posible gritar, pues el grito, además de ser una fractura del lenguaje, hace surgir en un mismo acto los miedos, deseos o pasiones que no es posible transmitir con palabras. Y cuando uno se acostumbra a gritar, cualquier lenguaje codificado le resulta demasiado estrecho para habitarlo, así que tiene que seguir gritando, y ya no puede parar.

[Publicado en El faro de las letras, Murcia, 7/12/07]