7/10/07

La extimidad del abismo

Exploradores del abismo es un libro de Enrique Vila-Matas. Decir esto, ciertamente, no es mucho. O quizá sí, según se mire. Y es que un buen número de críticas y comentarios recientes parecen situar este retorno del autor catalán al cuento como una suerte de brecha en el coherente y compacto ciclo narrativo de compuesto por sus últimas obras. Sin embargo, como el propio Vila-Matas afirma, este es, si no su libro más genuino, sí al menos uno de los más vilamatianos.

A mi modo de ver, más que como una ruptura, Exploradores del abismo puede ser entendido como una vuelta de tuerca más al largo y profundo proceso de deconstrucción efectuado por Vila-Matas en la ficción contemporánea. Una vuelta de tuerca operada ahora desde el cuento, si bien no creo que podamos hablar de un regreso sin más a este género. La clave es que Vila-Matas no vuelve al cuento, sino que el cuento vuelve a Vila-Matas. A Vila-Matas en tanto que autor en sentido barthesiano, es decir, como productor de discursividad. Los cuentos de este libro están creados desde el edificio narrativo construido por el autor. No están fuera de las paredes del Doctor Pasavento o del Mal de Montano, no son una exterioridad, sino que constituyen más bien una “habitación”, un planta más, quizá un rellano. Un espacio para seguir mirando hacia arriba, y no sólo hacia atrás, como podría intuirse de las propias palabras del autor, que dice sentirse heredero y guardián del legado de un Vila-Matas ‘autre’.

Pululan por este libro personajes extraños. Personajes convalecientes, preocupados por los vacíos interiores y exteriores. Personajes que de algún modo están impregnados y constituidos por la discursividad del autor, de una presencia abismal que, como un Dios que vive en la casa de al lado, amenaza y atenaza las acciones y el pensamiento. Son sujetos sujetados. Sujetados por el abismo. Un abismo que los constituye, pero que al mismo tiempo los pone en marcha hacia otro lugar. Un abismo que, en cierto modo, se presenta bajo el rostro de aquello que Lacan llamara extimidad. Y en varios sentidos. En primer lugar, como algo que está al mismo tiempo dentro y fuera. Todos los personajes persiguen un vacío que nunca acaba de llenarse. Algo que nunca se consigue porque es parte de la propia estructura del sujeto, porque se halla inscrito –a veces de modo literal– en el propio cuerpo. Son, pues, personajes abisales, que buscan el abismo, pero que son abismo en sí.

El otro sentido de la extimidad tiene que ver con la identidad de los personajes y el modo en el cual son habitados por Vila-Matas. De alguna manera, las intimidades a las que nos vemos confrontados son construidas desde fuera, desde una exterioridad que configura el interior. Es el propio autor, diluido y expandido, el que se muestra en estos exploradores. Un autor que ahora es más que nunca múltiple. La intención de desaparecer mostrada en obras anteriores parece confirmarse aquí. La escritura, como diría Deleuze, como una pérdida del rostro, como una disolución del yo, que, sin embargo, acontece en cada historia, en cada frustración, en cada imposibilidad.

Pero más allá de estos desvaríos filosóficos pseudoparanoides, lo que conviene tener claro es que ‘Exploradores del abismo’ es un libro, como cabía esperar, magistral. Un libro de Enrique Vila-Matas. Diecinueve intervenciones donde la cita, el microrrelato, el ensayo y el cuento ‘degenerado’ constituyen un universo fronterizo, incómodo y por momentos desolador. Aunque no todas las intervenciones tienen la misma fuerza –o al menos no la comunican del mismo modo–, algunos relatos casi poseen el estatus de obra insuperable. Pienso por ejemplo en ‘Porque ella no lo pidió’, el relato sobre la artista Sophie Calle y su perversión de la identidad y la voluntad, donde Vila-Matas vuelve a fracturar cualquier distancia entre ficción y realidad. Distancia que está puesta en suspenso incluso en aquellos cuentos más cercanos a lo fantástico o a lo increíble. La realidad, el más potencial de los abismos, bordea la ficción en todo momento. Y eso hace que uno tenga una sensación de intranquilidad durante la lectura. Una sensación de familiaridad extraña, siniestra, en el sentido freudiano del término. Y es que quizá el abismo esté más cerca de lo que cabría esperar.

[Publicado en El faro de las letras, Murcia, 28-9-2007]

5 comentarios:

sushi de anguila dijo...

Chapeau, como siempre. Ardo en deseos, MAHN, de leer un día no muy lejano la seguramente apasionante y rendida crítica que escribirá Enrique Vila-Matas sobre 'El libro de los durmientes'. Título cargado, por otra parte, de reminiscencias a lo George A. Romero. Lo del guacamole y el magret de canard sigue en pie pa cuando se tercie. Espero que a la foto de Cioran le queden dos telediarios. Pa ver a ese feo corrupio me pones la de mi musa Ana Ivanovic, que el tenis (la esgrima incruenta del siglo XX) también es cultura contemporánea ¿O no?

G. dijo...

¿Otra vuelta de tuerca?

http://www.elpais.com/articulo/cataluna/largo/adios/Sophie/Calle/elpepuespcat/20071007elpcat_2/Tes

Anónimo dijo...

Querido mahn, gracias por seguir predicando el envangelio vila-matiano. Somos muchos los discípulos de esta religión, cada vez más.

Ángel dijo...

Por culpa de gracias a Vila-Matas, este verano no he podido leerme el odioso ladrillo de Juan Manuel de Prada que tenía previsto endosarme por aquello de ser él quien es.

Le debo una a Bartleby, a la infinitud de París, al coadjutor Halfon y a su ángel.

João Ventura dijo...

También desde este lugar al sur de Portugal, voy predicando el evangillo vilamatesiano y cuando puede cultivo el arte de la intertextualidad, y en mi más reciente post sobre Vila-Matas, hay intertextiuialidad con tu excelente cronica sobre los Exploradores. Si pudieras pasa por mi en O Que Cai dos Dias.