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Reclusión

Después de una semana tranquila, mañana por la mañana salgo hacia Burgos para hacer un curso de inmersión lingüística. Es una semana de reclusión hablando inglés a todas horas. Una terapia de choque para zotes como yo. Espero que sirva de algo, al menos de algo más que el auto inglés on the road. De todos modos, lo que no sé es si tendré tiempo de escribir algún post desde allí. Por si acaso, me despido hasta el próximo sábado. Supongo que a la vuelta habrá experiencias interesantes que contar. Y si no, pues haré lo de siempre, me las inventaré. Diré que me torturaban y sodomizaban día y noche hasta hacerme aprender de memoria todos los phrasal verbs, sin excepción.

En el nombre del padre

Cinco años de la muerte de mi padre. Aunque es imposible olvidar, a veces es necesario hacer esfuerzos por recordar. Marcar el día, mirar hacia atrás, dejarse atrapar por la nostalgia, o lo que es lo mismo: conmemorar.

Violencia e indiferencia

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Hoy es noticia la impasividad ante la muerte. En una playa italiana, unos bañistas siguen a lo suyo mientras los cadáveres de dos niñas gitanas permanecen en la arena tapados por una manta. La noticia se ha vendido como la actitud despectiva de los italianos ante la inmigración. Pero creo que la indiferencia ante la muerte y la violencia no tiene en este caso nada que ver con la raza de las fallecidas. La indiferencia es ante el dolor del otro, sea quien sea. Hemos desarrollado una capacidad inigualable para distanciarnos de la catástrofe. La saturación de imágenes a la que estamos expuestos todos los días es sin duda la causante de esta actitud de los turistas italianos. Frente a ellos no tenían dos niñas, sino dos imágenes. La pantalla no es sólo un dispositivo material de plasma, sino que es el filtro mediante el cual nos acercamos al mundo. Todos los días nos asaltan en la televisión imágenes de guerras, terrorismo, asesinatos y desastres. Imágenes crueles de una violencia insopo...

El animal moribundo

Para compensar un poco, y no caer en la desidia total, leo algo de Philip Roth, El animal moribundo , la novela que ha inspirado Elegy, la última película de Isabel Coixet, protagonizada por Ben Kinsley y Penélope Cruz . No he visto la película, pero dudo mucho que pueda transmitir de algún modo la intensidad reflexiva que aparece a lo largo de todo el libro. La historia de Consuelo, la alumna de la que se enamora un profesor de Crítica Aplicada de más de sesenta años es, pienso, tan sólo una excusa para presentar con una lucidez y crueldad extrema el funcionamiento del deseo masculino en todas sus variantes. Rompiendo con lo políticamente correcto, Roth da en la clave del modo en el que pensamos muchos hombres, y del camino largo y estéril que muchas veces supone la sublimación de los impulsos. La sabiduría sobre la vida adulta y la desnudez de la escritura de Roth contribuyen de modo magistral a presentar el lado oscuro del deseo, ese reverso que muchos nos esforzamos en ocultar, per...

Pereza y resistencia

Llevo casi todo el fin de semana en casa sin hacer nada productivo, durmiendo, leyendo libros light por puro placer y haciendo zapping. Necesitaba profundizar en el noble arte de tocarme los huevos, adentrarme en la metafísica de la pereza. Y es curioso, cuesta demasiado quitarse de encima la culpa por no hacer absolutamente nada. Parece como si uno estuviese haciendo algo malo. Y es que la pereza sigue siendo pecado. Lo es para la Iglesia (uno de los siete capitales), pero sobre todo lo es para nuestra hiperactiva sociedad contemporánea, una sociedad que ha sustituido la pereza por el ocio. Un ocio que, a diferencia de la pasividad de la pereza, es implica actividad y se ha convertido prácticamente en un trabajo no remunerado. Se nos insta a hacer miles de cosas en nuestro tiempo de ocio. Cosas, por supuesto, que van de la mano del consumo (no en vano el ocio se ha convertido en uno de los sectores fuertes de las economías avanzadas). Por eso aún la pereza es un pecado. Porque el per...

La décima sinfonía

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En dos tardes me meto en el cuerpo La décima sinfonía , una novela de Joseph Gelinek sobre la supuestamente desaparecida décima sinfonía de Beethoven. No es tan mala como me había imaginado. Es más, he aprendido una barbaridad. Y sobre todo se me ha despertado de nuevo el gusanillo de la musicología. Aparecen, por supuesto, los masones y los Iluminati de rigor, algo que en los últimos tiempos se ha convertido en un ingrediente indispensable para toda novela de misterio. Además, el autor firma la obra con pseudónimo, algo que también aumenta el misterio y el enigma de la novela. Como digo, el libro no llega a estar del todo mal, lo cual no quiere decir que lo recomiende. Quizá me he sumergido en estas lecturas rápidas con más estómago del que imaginaba. Escribir un thriller (un buen thriller) es mucho más difícil de lo que habitualmente uno piensa. Se requiere oficio y planificación. Eso hace que la mayoría acabe en desastre. Aquí al menos se mantiene la cordura, y, aunque haya algunos...

Vampiros

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Acabo mi primera lectura chorra del verano, Ya estamos muertos , de Charlie Huston (Alianza), una novela de vampiros neoyorkinos contemporáneos. Prácticamente me la ventilé entera ayer en el tren Madrid-Murcia y me ha parecido más que entretenida. Lo más interesante, sin lugar a dudas, es la visión que el autor nos da de los vampiros, que en lugar de ser villanos de ultratumba vinculados con lo paranormal , son ahora víctimas de una enfermedad, de un virus que los transforma en seres atormentados y condenados al mundo de la noche. Ahora los vampiros se organizan en sociedades y tienen una forma de vida ética y civilizada, incluso con asociaciones de gays y lesbianas. Como digo, me ha parecido una novela correcta y, teniendo en cuenta que no hay que pedirle peras al olmo, puede servir de buena introducción a la novela de ficción contemporánea, donde los verdaderamente monstruosos son los humanos, que, por cierto, son los únicos que creen en fantasmas y entidades oscuras, ya que los...