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Fin de un mundo

Después de estar todo el verano soñando con Apocalipsis zombis, invasiones extraterrestres, ataques terroristas, guerras mundiales y fines del mundo varios, hoy he soñado que se me perdían las bandejas del desayuno y emprendía una búsqueda sin cuartel por las acequias de la huerta intentando encontrarlas. La sensación de angustia era terrible. Mi madre era quien las había perdido. ¿Por qué había sido tan descuidada? ¿Como iba a poder yo ahora seguir desayunando? El fin del mundo estaba cerca. Al menos, el fin de un mundo. Me he despertado sobresaltado y todavía estoy asimilándolo.

Textos, idiomas y más lecturas

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Por fin he podido acabar el texto sobre Xu Bing y su Background Story . Era de los últimos encargos que había recibido. El año pasado. Uno acepta estas cosas que vencen a los siete u ocho meses creyendo que nunca llegará el plazo. Pero al final siempre llega. Todo llega. Y llega siempre en el peor momento, cuando uno menos se lo espera o cuando uno quiere descansar o cuando uno está en otras cosas. Sea como sea, siempre te pilla con el paso cambiado. Y el caso es que al final uno aprende. Por que, si no, ¿de qué otro modo me iba a haber yo puesto a leer con intensidad sobre el arte chino contemporáneo? Ha sido una forma de ampliar horizontes. Y la obra me ha gustado. Muy inteligente. Y muy sutil su crítica de la tradición y de la banalización a la que la somete el mundo global y el discurso de la alteridad. En cualquier caso, una cosa hecha. Mesa limpia, libros colocados en sus estanterías –cada texto en el fondo es un viaje de los libros de la estantería a la mesa–, y a por lo sig...

Londres

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Una semana en Londres. Esas han sido mis vacaciones. Mis vacaciones de no hacer nada, digo. El resto del tiempo, aunque no tenga clase, sigo sin parar del todo escribiendo textos pendientes cuya fecha de entrega venció hace mucho tiempo. Muy pocas veces me he ido de viaje sin acabar lo que tenía que hacer. Por lo general, los veranos anteriores me angustiaba hasta el último momento. Y cuando entregaba las cosas pendientes y terminaba el trabajo, entonces me planteaba descansar. Este año ha sido diferente. Sabía que no iba a haber manera de terminarlo todo. Así que decidí irme in media res , con las cosas a la mitad. Y ha tenido su gracia. Ahora las retomo con más gana después de la semana de desconexión. Por alguna razón, Londres no me gustaba. No sé por qué, apenas había estado allí antes, pero tenía la sensación de que era una ciudad que me daba grima. Sin embargo, después de esta semana larga de relax, creo que me he enamorado de la ciudad. Casi, casi al nivel de París. Aunque s...

Más lecturas

Como dije en el post anterior, voy a dedicar una serie de entradas a documentar mis impresiones breves a las cosas que voy leyendo estos meses. Seguimos, pues. Leo  El país del miedo , de Isaac Rosa (Seix Barral). Por alguna razón, había ido dejando este libro hasta ahora. Las cosas que había leído de Rosa me habían convencido de que es uno de los escritores más sólidos de su generación. Parece mentira que sea tan joven. Otra maldita historia sobre la guerra civil me pareció una reflexión muy pertinente y lúcida sobre la memoria. Y La mano invisible  es también un libro que me fascina. Tanto la prosa, como el tratamiento y, especialmente, los temas que aborda Rosa me parecen de lo más interesante que se escribe actualmente en español. El país del miedo es quizá el libro más accesible de todos los suyos. Y creo que incluso el mejor escrito. Me gustaría escribir con esa prosa contenida, directa, reflexiva, que en ocasiones se introduce lo ensayístico. Es un libro muy inteligen...

Lecturas rápidas

Se acabaron los exámenes –trabajos, correcciones...– y apenas queda algo de burocracia universitaria por terminar. Guías docentes y poco más. Parece que, por fin, la cosa va volviendo a calmarse. Faltan textos por entregar –siempre hay algo que entregar; no conozco la sensación esa de no tener en el horizonte una cosa que hacer; probablemente es maravillosa–, pero he comenzado a tener algo más de tiempo para leer. Y he decidido leer por mero placer, sin la atención, ni la tensión, de estar pendiente para hacer una reseña. En Facebook y en Twitter voy dejando constancia de las cosas que me van gustando y las que me gustan menos. Pero como todo se pierde, y para que no se me olvide, voy a comenzar a subir aquí aunque sea en plan rápido, algunas de las impresiones de lo que voy leyendo. Impresiones que no pretenden ser más que eso, emociones subjetivas sin pretensión alguna. Creo que les pondré la etiqueta de "lecturas rápidas" Aquí van algunas –iré subiendo poco a poco más–: ...

(Des) hacer la imagen

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Aunque "me estoy quitando" del arte –es un decir– y quisiera centrarme algo más en la literatura durante los próximos años, es imposible dejarlo del todo. Dejar de escribir ensayo o crítica de arte me va a ser casi imposible. Y también muy difícil dejar de dar conferencias. Incluso dejar de comisariar exposiciones. Al final, por mucho que uno quiera moverse del sitio, hay lugares que son la toma de contacto con el mundo. Para mí, el arte es eso, el lugar de entrada y acceso a las cosas. Quizá por eso no pueda dejar del todo de hacer cosas, por mucho que me lo proponga. Y quizá por eso, en el fondo, por mucho que diga que quiero escribir narrativa y encerrarme, no encuentro la manera de decir que no a algunas propuestas que me van llegando. Una de ellas es el trabajo curatorial que hago como miembro del colectivo 1er Escalón , un pequeño grupo de tres amigos (con Isabel Durante y Ana García Alarcón) que me sirve para estar en contacto con la realidad del arte contemporáneo más...

Mañana por la mañana

–Oye, cuánto tiempo, ¿cómo vas? ¿Terminas ya de corregir exámenes o k ase? –Calla, calla, qué pesadilla, llevo prácticamente tres semanas que no hago otra cosa. –Pero tiene que dar gusto ver cómo han aprendido los chiquillos. –Hombre, chiquillos, chiquillos... algunos ya saben lo que se hace, y otros me doblan la edad. Y sí, está bien cuando ves que han aprendido, que todo ha servido al final de algo, pero qué monotonía, señor, qué cansino. Doscientos cincuenta exámenes, a una media de tres folios y pico por examen, con una letra ilegible... y en todos pone lo mismo, más o menos. –¿Y puedes ser objetivo? –Eso es imposible. Al menos en este tipo de exámenes de desarrollo. Depende de muchas cosas. No es ciencia. Yo lo único que sé es que no soy injusto con nadie poniéndole menos nota de la que se merece. Es posible que en algún caso dos exámenes iguales puedan tener uno más nota que otra –depende de tantas cosas, lo que has leído antes...–. Quizá uno tenga suerte y por alguna razón ...