16/7/13

Lecturas rápidas

Se acabaron los exámenes –trabajos, correcciones...– y apenas queda algo de burocracia universitaria por terminar. Guías docentes y poco más. Parece que, por fin, la cosa va volviendo a calmarse. Faltan textos por entregar –siempre hay algo que entregar; no conozco la sensación esa de no tener en el horizonte una cosa que hacer; probablemente es maravillosa–, pero he comenzado a tener algo más de tiempo para leer. Y he decidido leer por mero placer, sin la atención, ni la tensión, de estar pendiente para hacer una reseña. En Facebook y en Twitter voy dejando constancia de las cosas que me van gustando y las que me gustan menos. Pero como todo se pierde, y para que no se me olvide, voy a comenzar a subir aquí aunque sea en plan rápido, algunas de las impresiones de lo que voy leyendo. Impresiones que no pretenden ser más que eso, emociones subjetivas sin pretensión alguna. Creo que les pondré la etiqueta de "lecturas rápidas"

Aquí van algunas –iré subiendo poco a poco más–:

-En la orilla, de Rafael Chirbes (Anagrama). Creo que es de las mejores novelas que he leído en muchísimo tiempo. Confieso que no había entrado en Chirbes y que incluso me parecía exagerado todo el revuelo que se había montado en torno a esta novela. Pero fue abrirla y quedarme absolutamente prendado de lo que pude leer. La voz de Chirbes es la de un grande la literatura. Y En la orilla es la crónica no sólo de la crisis, sino de la España moderna, de esa modernidad más allá de la ciudad y la tecnología, de esa modernidad que es una pervivencia del pasado, de las cosas que se resisten a cambiar. Es una cartografía también de la condición humana. Una obra imprescindible para entender nuestro presente, y lo que somos. Me ha recordado mucho a Thomas Bernhard, no sé por qué. Quizá por su mala leche. Por su visión a contrapelo del mundo que le ha tocado habitar. Tengo claro que a partir de ahora tendré que entrar en Chirbes con más detenimiento. Ha ganado un lector para siempre.

Moo Park, de Gabriel Josipovici (Cómplices editorial). La he devorado porque habla de la escritura, de lo que significa escribir, del placer de pasear, de cómo pensar... Es casi un libro de duelo por un tiempo que ya se va. El lamento de uno de los últimos elementos de la cultura moderna. Porque Josipovici, como Jack Toledano (el protagonista de la novela), es un moderno. Alguien que no entiende lo que pasa con los nuevos tiempos posmodernos y que prefiere escribir a máquina y pasear. El libro, de hecho, es la memoria de los paseos de Toledano con su amigo mientras le cuenta cómo va el libro que está escribiendo. Y a partir de ahí va surgiendo un monólogo casi continuo sobre todos los aspectos del mundo contemporáneo. Especialmente sobre literatura. Ha sido una experiencia muy enriquecedora. Aunque puedo entender que para muchos pueda resultar cansino por momentos. Sobre todo hay algo –y esto también está en Chirbes en algún momento– que yo no acabo de entender del todo: el abuso del punto y seguido. En toda la novela no hay un punto y aparte. Es un párrafo seguido. Esto es algo que siempre me ha disgustado de ciertos escritores –incluso de los que más me fascinan, como Beckett y Bernhard–, esa desconsideración con el lector. Puedo comprender que tiene un sentido narrativo, de continuidad, vanguardista, experimental... pero desde mi punto de vista es una dificultad gratuita que en la mayoría de las ocasiones no aporta demasiado. Al menos, a mí. Sería que soy demasiado posmoderno y estoy muy acostumbrado al fragmento y al párrafo corto.

Las escaleras de Chambord, de Pascal Quignard (Galaxia Gutenberg). No me ha gustado nada. De hecho, al final he tenido que acelerar y leerlo casi por compromiso. Tiene momentos y páginas muy poéticas, pero me parece deslavazado, sin sentido y lleno de tópicos burgueses. Cuenta un mundo de marqueses y ricos que no me interesa, pero además lo hace de un modo tan viejuno y ñoño que es difícil empatizar con él. Y eso que Quignard es de los escritores que más en consideración tengo. Butes (Sexto Piso) me parece una obra magistral. Y algunos de sus ensayos (El odio a la música, El sexo y el espanto...) son también obras maestras. Quizá sea mejor ensayista que novelista. Y es que con sus novelas siempre tengo la sensación de fracaso. Es un mundo muy relamido con el que nunca llego a empatizar. Un mundo de sentimientos que cambian bruscamente. Un mundo demasiado francés para mí. Aun así, seguiré comprando todas las novelas de Quignard, e intentándolo una y otra vez con cada una de ellas. Una frase, un párrafo o una imagen pueden ser suficientes para justificar varias horas de lectura.

4 comentarios:

Leandro Llamas dijo...

Soy enemigo de la lectura rápida. Lo cual no quiere decir que sea un lector especialmente atento, ni reflexivo, ni que retenga conceptos, ideas o fragmentos brillantes, qué va. Más bien lo contrario. Sólo soy un lector lento. Conscientemente lento. Leo menos, pero disfruto más, eso es todo.

De todas formas, te agradezco las orientaciones, como siempre. Leeré la primera. La segunda... ya veremos. Y la tercera, ni de coña; por si no tuviera bastante con mis muchos prejuicios frente a los escritores franceses, sólo me faltaba tu impresión. Mala impresión, por lo que veo.

Una discrepancia: yo tampoco la conozco, pero creo que la sensación de tener en el horizonte una cosa que hacer no debe tener nada de maravillosa. No te dejes engañar por las falsas impresiones que nos dejan los dientes de sierra del trabajo.

Y en cuanto a los signos de puntuación... buf, eso sí que da para un ensayo. Me reconozco maniático en esa materia. No obstante, prefiero una modernidad experimental que un desastre rayano en el analfabetismo. Y con alguno me he encontrado donde menos lo esperaba, puedes creerme.

Mike dijo...

¿Es el primero que lees de Chirbes? Sigue entonces con Crematorio, que también te va a encantar.

Eduardo Laporte dijo...

Habla que leer a Pascal Quignard, de todas formas. Últimamente me topo a menudo con él.

S dijo...

"no conozco la sensación esa de no tener en el horizonte una cosa que hacer"

No la quieras conocer, es horrible, supongo que solo les debe ser soportable a los vagos por naturaleza.