Estos días apenas tengo tiempo de nada, ni siquiera de escribir aquí. El estrés va a acabar conmigo. El problema es que hay demasiadas cosas distintas que hacer. Cuando estás haciendo algo, estás con la cabeza en el otro lugar. Así no sólo no se disfruta con el trabajo, sino que, además, no se hace bien del todo. Y lo peor es que llegan los despistes. Hace unos meses, si no recuerdo mal, escribí un post en el que decía que estaba perdiendo la memoria. Pero ahora esto es peor. Ayer me sorprendí andando por la calle con el casco de la moto puesto. La gente me miraba extrañada, y yo creía que era porque no me había afeitado en una semana. Sólo cuando comencé a sudar, intuí que había algo sobre mi cabeza que no estaba bien del todo. Lo más triste del asunto es que parece ser contagioso: esta mañana he visto Raquel (en adelante, mrs. womahn), justo después de desayunar, metiendo la tostadora en el frigorífico. No sé cómo acabaremos. Mientras las confusiones sean con objetos, bien va. Lo peo...