Encontrar un hogar
Miércoles 5 - Domingo 9
Te levantas temprano y haces café. Agua sucia marrón. Vas a
echar de menos tu Nespresso. Desayunáis y salís rumbo a Cornell. Tienes que
notificar tu llegada a la Oficina de Internacionales (ISSO). Llegáis sudorosos
después de subir varias cuestas. Le habías contado a R. que Ithaca era una
montaña rusa, pero ha tenido que venir aquí para experimentarlo. Tienes que volver a
acostumbrarte. De momento, paras a la mitad para tomar aire y seguir subiendo.
Coméis en una de las cafeterías de Cornell y tomáis un autobús
al centro comercial para comprar un móvil americano. Necesitas eso y también
internet en casa. Vais pillando redes wifi por los bares como si fuera el maná.
Por la noche, lees y te entra el sueño antes de tiempo.
Al día siguiente, tras varios intentos, consigues hacerte la
cuenta bancaria para que la universidad pueda pagarte. Después, vas a la ciudad y contratas internet
para la casa. El trámite es fácil. Y el servicio de Time Warner Cable no puede
ser más rápido. De regreso coméis un pancake con sirope en un Diner que parece
sacado de una película. Es el momento en que lo cinematográfico aparece con más
fuerza. Esta vez, por alguna razón, quizá porque no estás solo, la sensación de
estar en una película parece haberse esfumado. Y solo vuelve en algunos
momentos concretos.
Por la noche, al fin, consigues instalar internet. Tener
wifi en casa es convertirlo en un hogar. Sólo a partir de ese momento comienzas
realmente a habitar con tranquilidad el lugar. Wifi y móvil: ahora ya estás
comunicado, aunque sea para no comunicarte.
Acabas de leer Risa en
la oscuridad y te da la sensación de que, en muchos aspectos, es un
precedente del trabajo con las emociones y los celos que tienen lugar en Lolita. Nabokov la escribió en ruso en
los años treinta y luego la tradujo. Aunque la acción está situada en Berlín a
principios de siglo, no puedes dejar de imaginártelo todo como si sucediera en
Estados Unidos en los años cincuenta. Hay autores que son modernos incluso
antes de ser modernos.
Coméis una ensalada en el Terrace. Vas descubriéndole a R.
los lugares que frecuentabas la otra vez. Al llegar a casa, contratas Netflix y
casi sin solución de continuidad comenzáis a ver House of Cards. Tenías muchas ganas de ver esa serie. Y no te
defrauda. Inmediatamente te enamoras de Frank Underwood. Es un personaje odioso
y al mismo tiempo fabuloso. La alusión directa al espectador que hace Frank
cada dos por tres te hace cómplice de sus fechorías y sientes una incomodidad
que imaginas que irá creciendo durante la serie. Lo quieres y lo odias.
El domingo lo pasas descansando. Lees prácticamente de un
tirón La chica del tren. Es el
thriller de estas vacaciones. Insustancial, pero ameno. Se pasa rápido y ya
sabes qué tiene ese libro del que habla tanta gente. Nada, que es adictivo,
pero no hay en él ni una sola idea, ni una escena, ni un diálogo, ni una
emoción que reverbere después de llegar al punto final.
me alegra saber que estáis ya instalados y consiguiendo que la casa sea un hogar.Os deseo lo mejor. Un abrazo de vuestro amigo. Fernando.
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