13/5/08

Paréntesis

Hay días en los que desaparezco del mundo. Apago el móvil, desconecto el teléfono fijo, bajo las persianas y me cierro sobre mí unas horas.  Son momentos en los que hasta el lenguaje necesita tomarse un descanso. Dejo de hablar, de actuar e incluso de pensar. Sólo intento dejar que las cosas fluyan, sentir que el mundo discurre sin que yo esté en él. Luego abro los ojos y veo que todo sigue igual. Mil llamadas perdidas, doscientos mensajes al móvil diciendo que me necesitaban y no me encontraban. Pero nada terrible ha sucedido. El mundo continúa su camino. Y yo he podido sentirlo por unos instantes.

3 comentarios:

taun dijo...

Tu si que sabes mahn.

La vida de jubilata de mi padre no tiene nada que envidiarte.

Sólo digo una cosa dijo...

No sé si es más gustazo la demora de lo inminente o el paréntesis con persiana echada.

Saludos!!!

Antonio Rentero dijo...

A veces yo tb incurro en esas ausencias de manera activa y gozosa.

Es como una leve muerte que nos permite una modesta resurrección.

Reconozco que tres de los momentos más felices y plácidos que recuerdo sucedieron en medio de esos lapsos espaciotemporales.

Creo que tenemos demasiado ruído y ajetreo alrededor y de vez en cuando ser anacoreta en horas sueltas es más que una opción una necesidad.

Le tengo echado el ojo a una alejada cueva con vistas, orientación mediodía, todo exterior...