15/1/07

Bernhard

Termino de leer El imitador de voces, de Thomas Bernhard. Una decepción. Era de las pocas cosas que me faltaba por leer de lo traducido (magistralmente) al español. Una selección de microficciones y acontecimientos. Bernhard en estado puro. Pero por alguna razón, no me ha punzado como todo lo demás. Salvo algún que otro relato, no he encontrado lo que buscaba. No me he podido meter en el libro o, mejor, el libro no me ha podido "someter". Y ésa, creo, ha sido la decepción. Porque Bernhard somete, en el sentido corporal del término (soma), te aprisiona, te "sujeta" y te lleva donde quiere. Hoy tengo claro que mi Bernhard no es el de las distancias cortas, sino el de fondo, el Berhard que no te suelta, que no da tregua. El Bernhard de Helada, el de Maestros Antiguos y, sobre todo, el de El malogrado. Con estas obras me aprisionó y se quedó para nunca más volver a partir. Desde el momento en que las leí ya nunca más fui yo. Me fagocitó. Y toda mi vida comenzó a recubrirse de un manto bernhardiano. Como muestra, os dejo un relato, publicado en la revista Antaria, que forma parte de un próximo libro para el que, por cierto, busco editor, El padre de Thomas Bernhard.

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