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Sólo palabras

Regresas al blog. Otra vez. Así, de golpe, sin mucho que decir. Lo haces en segunda persona, y con la intención esta vez de no desfallecer tan rápido como las anteriores.

No recapitulas. En los últimos meses han sucedido demasiadas cosas. Todas ellas quedan fuera de campo. La vida es también eso. Esas elipsis, esos momentos que suceden y que no siempre tienen por qué ser contados.

¿Por qué regresas ahora? Tal vez porque estos días has echado de menos el blog y el diario. La escritura sin pretensiones. Las pinceladas rápidas sobre la realidad.

En unas semanas verá la luz en la editorial Fórcola Aquí y ahora, el diario que fuiste publicando en la web de Eñe mientras escribías El dolor de los demás. Al leerlo estos días para corregirlo, has sentido nostalgia del tiempo en que escribías todos los días y dejabas constancia del presente. Es un tiempo lleno, consciente, sentido a través de la palabra. Un tiempo has vuelto a vivir gracias a la literatura.

Por eso, también aquí y ahora, vuelves a comenzar. Ya no sabes si es un diario, o si tan sólo son apuntes dispersos. Pero lo haces. Es la pulsión de la escritura, que resurge y no la puedes censurar.

Quizá también sea que estás comenzado a esbozar de nuevo otra novela. Y que, por alguna razón, necesitas el escape de este tipo de escritura en el límite del automatismo. Escribir y observar cómo las líneas crecen y se convierten en párrafos, mientras las palabras se resisten a salir en la novela que planificas. Tal vez comienzas a escribir ahora para mostrarles el camino, para indicarles que no es tan difícil, que sólo consiste en aparecer, en dejarse ver. Al fin y al cabo son sólo palabras.

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