Ir al contenido principal

Segunda edición

Cuando comencé a escribir El dolor de los demás, no podía suponer que esa novela acabaría llegando a los lectores. Estaba convencido de que tenía que escribir lo que estaba escribiendo, pero dudaba mucho de que eso que estaba escribiendo fuera lo que los lectores querían leer. Sin embargo, por alguna extraña razón, aquellas palabras escritas en la intimidad casi a vuelo rasante, han ido poco a poco calando en muchas personas. Nunca me había pasado nada parecido con un libro. Nunca me habían escrito mensajes tan emocionantes para darme las gracias por escribir una historia, tampoco nadie se había acercado con los ojos llorosos a saludarme o a abrazarme por lo que las cosas que el libro había despertado.

Todo esto me llena de alegría y, en cierto modo, también me desborda. Muchas veces ni siquiera sé qué decir. Soy yo quien debe dar las gracias a quien lee con tanto cariño esta historia, dar las gracias a quien ha escuchado eso que tanto tiempo había estado guardando para mí. Sin la lectura, la escritura no tiene sentido alguno. Escribir es abrir la posibilidad a una conversación que no se produce si no acaba llegando a quien –incluso sin saberlo– ya la espera. Son los lectores los que hacen los libros, los que acaban las historias, y los que hacen que todo lo escrito merezca la pena.

Con este libro me están pasando cosas extraordinarias, respuestas emocionantes que jamás había podido imaginar. Y, de un tiempo a esta parte, también observo con curiosidad otro fenómeno. A una serie de lectores (afortunadamente para mí, muchos menos) les repele la novela: les asquea, les cabrea profundamente. Lo expresan en las redes: la novela no es para tanto, demasiado ego, falsa, maniquea, machista, vulgar, sin interés, una buena historia desaprovechada... Y yo, aunque no comparta ni esté de acuerdo con la mayoría de sus comentarios, los respeto y tengo que agradecer el tiempo que han dedicado a leer el libro y también el que se han tomado para criticarlo y compartir sus impresiones.

En cierto modo, me alegra que la novela no deje indiferente, que emocione o que indigne. De todos modos, algún día habrá que escribir lo que duelen las malas críticas y cómo se clavan en el alma. Y decir a las claras que un sábado cualquiera, después de una crítica buenísima en Babelia y ABC Cultural, una estrella en Goodreads o un comentario negativo en Instagram te amargan el día y te acuestas pensando sólo en por qué a esa persona anónima no lo habrá gustado la novela o cuál es la razón de un cabreo tan grande ante lo que has escrito. Eso es así, y quien diga lo contrario miente: las comentarios negativos duelen más que alegran las críticas buenas. Será que siempre nos quedamos con lo malo.

Pero esto no va de lo malo, sino todo lo contrario. Va de la felicidad inmensa de saber que eso has escrito en soledad, al final, es leído en comunidad, que esa historia que antes sólo estaba en tu mente, se convierte en tema de conversación. Va de, por una vez, pararse un minuto y sentir la alegría profunda de haber logrado que un pasado enquistado y un libro que no veía el modo de salir haya acabo llegando.  Va de dar las gracias a todos los que han leído El dolor de los demás y han hecho posible esta segunda edición.



Comentarios

  1. "(...) Veinte años era un siglo. El siglo pasado, en efecto. Una distancia insalvable"...(...) Al mismo tiempo: "Un movimiento mínimo. Un instante de realidad. Un destello de justicia. La parte del otro lado, la del dolor de los demás".

    Miguel Angel Hernández: "Un historiador que entiende el pasado como algo vivo, no clausurado, que afecta al presente y opera en nuestro tiempo. de ahí la necesidad de hacer Historia, de escribir visualmente, rescatar y revivir el pasado, sacar a la luz traerlo al presente para hacerlo efectivo y afectivo..."

    Criticar es fácil, cuando no se conoce, y no se empatiza con los objetivos y anhelos del autor a la hora de poner en practica y dar a conocer su obra. Una critica constructiva, viene fundamentada y no suposicionada o malintencionada, máxime, cuando se trata de un autor, como Miguel A. Hernández, que fundamenta, investiga, estructura y planifica su historia, con muchas horas de trabajo, sudor y lagrimas.

    Seamos honestos, con nosotros mismos y demos el merito al autor que la obra merece, no tanto ya por su contenido, si no por todo lo que conlleva su producción, y desarrollo. Y no hagamos de la critica fácil, una forma de menosprecio mediocre, que poco tiene que ver con el verdadero significado humano y literario de la obra.

    Cuando el éxito de los demás, (no ya su dolor) es motivo de envidia destructiva y malsana, reflexionamos que, el afecto, la honestidad, la realidad y la verdad, es algo que no todo el mundo expresa de la misma forma.

    Vive, disfruta y siente el instante presente de la vida con el amor que la sostiene, y con toda su belleza y esplendor.

    ResponderEliminar
  2. Mi más sincera ehnorabuena por esa segunda edición de tu nueva novela, te la mereces, por tu estupendo trabajo, y que lo disfrutes mucho. Un abrazo Miguel Angel!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario