Un mes

Hace tiempo que no escribo nada aquí. Llevo unas semanas bloqueado. Me cuesta trabajo incluso escribir e-mails. Comienzo este post y siento ya en esta línea la resistencia del lenguaje. Intento vencerla. Puntuar. Volver a hacerlo. Ganar así tres frases y parapetarme en la inercia, en la forma curva de la escritura que se mueve hacia delante sin saber muy bien cómo. 

Salto de párrafo y parece que siento un pequeño alivio. Últimamente sólo puedo escribir en cuadernos. Ahí, es cierto, no ceso de hacerlo. Escribir, por primera vez, para mí mismo. Me obliga la psicóloga a la que, desde hace varios meses, estoy visitando. Escríbelo para ti. Nárrate el mundo. Dale sentido a lo que te pasa. Cuéntate historias para afrontar la realidad. Invéntante un relato en el que las cosas sucedan por alguna razón. Un cuento donde los momentos tirados a la basura puedan ser reciclados y aprovechados. Un futuro en el que este dolor algún día te pueda ser útil. 

Con esos relatos, lleno cuadernos que nunca mostraré. Una escritura secreta, como el pensamiento. Unas páginas para aclararme. Cartas que nunca llegarán a su destino.

Y, mientras tanto, estos días vivo en una especie de limbo extraño. Todo está a punto de suceder. Es la inquietud del portero ante el lanzamiento del penalti. Es el momento previo al comienzo de la acción. El 2 de mayo se publica El dolor de los demás, la novela en la que he estado trabajando durante los últimos años. Estoy inquieto, nervioso, expectante. Ilusionado, pero lleno de temores. Es lo más importante que jamás he escrito. El libro que siempre me ha rondado la cabeza y el que nunca creía que iba a poder escribir. Quizá el libro por el que un día me convertí en escritor. La historia que se esconde detrás de las demás. La verdad detrás de la ficción.



Falta un mes y ya no puedo aguantar más. Ya está todo a punto. La última corrección. La portada. Los textos de cubierta. Todo ya en plataforma de salida. Y yo, ansioso, sigo con las pesadillas. Y con la incertidumbre por cómo se recibirá, por cómo una historia tan íntima podrá ser leída como literatura, por cómo afectará a las personas que quiero. 

Apenas un mes. Y no puedo hacer nada. Sólo esperar. Y escribir entradas como esta. Sin pensar demasiado. Dejando que las manos se muevan sobre el teclado. Que las frases se sucedan una detrás de otra. Como en una partida de dominó. Sin demasiado sentido. Sólo como prueba de escritura. De que aún puedo mover las letras. De que todavía puedo levantar frases. Y, con suerte, llegar al final. Acabar este último párrafo. Y, quién sabe, quizá comenzar de nuevo.

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