Rendirse

Y, entonces, te rindes. Últimamente parece que es lo único que sabes hacer. Desistir, soltar, antes de que todo estalle. Es lo que también has hecho con el texto en el que has estado trabajando estas semanas. Después de varias moratorias, después de la insistencia, de la planificación, después de todo. No has podido llegar. Sientes que necesitarías un año entero para poder hacerlo. Por alguna razón, ahora todo se te atraganta. Estás lento. Difuso. Has perdido la destreza para escribir artículos académicos. 

Escribes un mail y dices que no. Que lo has intentado pero que no has podido. Te quedas fuera del reader sobre arte y migración en el que están todos los expertos. Un libro importante.

Has estado escribiendo textos por compromiso durante los últimos meses. Entregando uno y comenzando el siguiente. Cubriendo todas aquellas cosas a las que no supiste decir que no. Y posponiendo este texto, quizá el más importante, para más adelante. Porque lo otro era inmediato. Y había que acabarlo. Hacerlo como fuera. Y esto ya llegaría. Pero luego llega y no puedes hacerlo. Porque a veces escribes textos como churros. Pero hay otros que no. Otros que o los haces bien o mejor no los hagas. Otros para los que necesitas tiempo. Tiempo y fuerza. Y ahora no tienes ninguna de las dos cosas. Quizá aún menos la segunda. Estás desfondado. La novela que has terminado te ha dejado exhausto. Aunque la novela no tiene la culpa. O, al menos, no toda. Son sobre todo los demás compromisos. Los textículos que apartan de lo importante. 

Y ahora no puedes llegar a nada. Necesitas finalizar con la sensación de ser un Sísifo de la escritura. Cerrar una cosa para ponerte con la otra. Y así constantemente. Por eso has renunciado a cinco textos esta semana. Algunos más importantes que otros. A todos te habías comprometido. Pero no tienes fuerzas para afrontar ninguno. 

Estás vacío. Y para recuperar las fuerzas quizá la única solución sea rendirse. Parar. Frenar. Dejar de hacer. Lo escribes para recordarlo. Lo escribes para intentar grabarlo en tu cabeza. Como un mensaje. Un mantra. Dejar de hacer, dejar de hacer. Decir no, decir no, decir no. 

Y también saber rendirse. Y asumir las consecuencias. Saber perder. A eso es a lo que estás aprendiendo. Aunque duela. Aunque nunca se pueda entender del todo. 

Comentarios

Chexpirit ha dicho que…
Y ser un Bartleby victorioso

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