15/1/16

Diario de Ithaca 14 (Preferiría no hacerlo)

[Emitido en Preferiría no hacerlo, programa literario de Aragón Radio. 4/1/16. Escuchar Podcast]

El primer día de 2016 lo paso leyendo la última novela de Chirbes, sin resacas e intentando recuperarme de los excesos de la semana. Paris-Austerlitz es una pequeña delicia. Triste y melancólica, pero llena de sinceridad. Es un Chirbes diferente, más cercano a sus primeras novelas, más íntimo, más sensible. En el amor también está la política.

El sábado por la mañana almuerzo con mis hermanos en la huerta. A las diez de la mañana apenas me cabe nada en el cuerpo. Sobre todo porque llego algo tocado por la mala crítica de Babelia. En las redes escribo que todas las lecturas son posibles y que en el fondo sobre gustos no hay nada escrito. Pero no puedo evitar que enerve la lectura que Orejudo hace del libro, especialmente sus alusiones a la ligereza con la que utilizo las ideas de Benjamin. Quizá otra cosa vale, pero Benjamin… Prefiero no pensar. Afortunadamente, otras críticas me alegran la mañana. Y los gintonics con mis hermanos acaban por dejarlo todo en una anécdota sin importancia. Pero Benjamin...., precisamente Benjamin.... Ay.

Por la noche, cena con los amigos de Raquel. Nos vamos temprano a la cama.

El domingo comemos en Cabo de Palos en casa de Diego y María Luisa. La excusa es que vienen Olga y Paco, de Candaya, a presentar Familias de Cereal, de Tomás Sánchez Bellocchio. El libro es una maravilla. Casi todos los cuentos tienen un altísimo nivel, pero hay tres especialmente brillantes, sobre todo el último, que leo con muchísima emoción y que me toca directamente.


Comemos un arroz caldero, hablamos de literatura y pasamos un día muy agradable. Hay pocas personas en el mundo que hablen con tanta pasión de los libros como Olga y Paco. Y su editorial, Candaya, es un monumento a esa pasión. La literatura es posible gracias a gente como ellos, que creen en lo que hace y que pone toda su vida en ello. Hablamos del libro de Tomás y también de la próxima novela de Leo, que ya está a punto de ver la luz.

El lunes por la mañana me entrevista Luis Alcázar en el Matinal de 7TV. Me maquillan y salgo al plató con gorra. Extrañamente no me pongo nervioso. La conversación fluye y hablamos incluso de la generación Morcilla. Me siento a gusto y muy cómodo. Cuando acabo llamo a mi vecina Julia y le pregunto que cómo ha salido. Me dice que muy bien, pero "nene, vas muy feo con la barba y la gorra, no se te ve esclarecío”.


Después de la entrevista preparo la presentación del libro. Como con Marta y parece que el pasado no haya pasado y el presente siga siendo continuo. Por la tarde, la presentación es un éxito. Son malas fechas, pero la sala se llena. Converso con Tomás sobre el libro y señalo algunas de las ideas centrales de sus cuentos: lo desfamiliar, la imagen, la tecnología, el vacío, lo intergeneracional y la relación con el arte y la creatividad en la mayoría de los personajes. Realmente me ha gustado el libro. Mucho. Y creo que se me nota mientras hablo.

Buscamos un sitio para cenar y está todo hasta arriba de gente. Acabamos en un lugar donde nos sirven la cerveza en jarras de vino. De nuevo, comida y amistad en torno a los libros. Aunque sólo fuera por estos momentos la literatura merecería la pena.

Tomamos la última en el Secreto y nos vamos temprano a casa. Al día siguiente hay que comprar los reyes.

A medio día Elisa me entrevista en el Café del Arco y se nos van dos horas en la conversación. Siento que ya no me queda nada nuevo por decir y que comienzo a repetirme. Llego a casa con el roscón debajo del brazo y en cuanto lo abro comienzo a comer prácticamente hasta que se acaba. Le ponen algún tipo de droga que produce en mí un comportamiento compulsivo.

Por la noche vemos The Irrational Man. Es la mejor de las últimas de Woody Allen. Cuando la película acaba, llegan los Reyes Magos. Aunque en otros lugares la tradición es que lleguen por la mañana del día de Reyes, en mi casa siempre llegaban la noche antes. Y yo no puedo esperar. Me traen un dron. Lo había pedido todos los años, pero Raquel siempre me decía que era una tontería. Este año he debido de ser más bueno de la cuenta, o quizá a fuerza de ser pesado he logrado convencerla. Cuando abro la caja, doy un salto de alegría. Soy como un niño, lo sé. Me pongo inmediatamente a montarlo y me doy cuenta de que le falta la batería. Mañana no podré volarlo ni salir con los demás niños al parque. No importa, puedo esperar. Comienzo a leer la biografía de Ibrahimovic que también me han traído. El primer capítulo es una obra maestra. Y la última frase, me recuerda que hay cosas que perviven en nosotros por mucho que hayamos cambiado: “puedes sacar a un niño del gueto, pero nunca sacarás al gueto del él”.