Fascismo acústico
A las cuatro de la mañana del miércoles pasado escribiste un
estado de Facebook cagándote en los muertos del ocupante de la habitación de al
lado del motel de New Jersey en el que pasabas la noche con R. Al día siguiente
salía su avión de regreso a España y queríais descansar para que el viaje no se
hiciera demasiado pesado. Pero no hubo manera. La televisión de la habitación
contigua sonaba a todo volumen y así era imposible dormir. El sitio era algo
chungo, así que decidiste no hacer nada y esperar a que la apagaran. Pero conforme
avanzaba la noche y la televisión seguía sonando, el cabreo iba en aumento
hasta llegar la desesperación, hasta llegar a escribir “si tuvieras un arma te
plantabas allí y le volabas la tapa de los sesos”, hasta llegar a pensarlo
seriamente.
Es algo que no aguantas, el fascismo acústico, que la gente te haga escuchar sus mierdas, que le importe un bledo si molestan o no. Eso lo que te va a tocar todo el año. Tus vecinos de casa también son de esos que les gusta poner la música a todo volumen. No la pones tú y tienes que tragarte lo suyo. Poner la música a todo volumen es una forma de decir claramente que te importa una mierda todo lo demás, que se jodan los otros. Poner la música a todo volumen es una manera de restregar tu polla por la cara a los vecinos, de penetrar sus oídos, de violar su intimidad. Es, en una palabra, ser incivilizado. Joder al personal.
Creías que en España la gente era ruidosa –la imagen típica de
los murcianos gritando en los museos, o los andaluces montando jaleo–. Pero no
way. Estos americanos también dan por culo. Y mucho. Especialmente los
estudiantes. Imaginas que luego serán serios en los exámenes, pero ahora no hay
huevos a aguantar sus gritos y voceríos. Vas por la calle y parece esto una
jungla. La noche los transforma. La luna los convierte en grito. Sus borracheras
son más ruidosas que las vuestras. De lejos. Hay algo de totalitario en ese
hacer ruido y montar escándalo. Es un tipo de invasión. A veces no son
necesarios los tanques ni las armas de fuego. Y la resistencia a eso es muy
jodida. Cabe ponerles flamenquito a toda pastilla, contraatacar con Melendi. Pero
la guerra que se puede iniciar entonces es demasiado sangrienta. Dios dirá.
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