29/5/14

Presente continuo (Semana del 9 al 15 de mayo)

VIERNES 9  / Cansancio
Por la mañana, clase de en filosofía. Es la última en la que entra materia. La das con el turbo puesto y durante tres horas seguidas hablas del neodadaísmo, del minimal, del pop, del land art y del conceptual. Tres horas de reflexión sobre la neovanguardia en las que ni siquiera los dejas respirar. Y tú, aunque nadie lo advierta, estás medio muerto. La noche anterior apenas dormiste y te tienes que agarrar a la silla en más de una ocasión para no perder pie. Al terminar, vuelves a casa, te tiras sobre la cama y te quedas ahí. Ni siquiera tienes fuerza para comer. Por la tarde, escribes el “Presente continuo” y comienzas a corregir trabajos. Cuando acabas, sales hacia Murcia para cenar con A. y H. Hace un tiempo estas cenas eran mucho más frecuentes. Los conociste en la universidad privada. Y la amistad aún se mantiene. Y también la admiración intelectual. Aprendes cada vez que estás a su lado.

La noche esta vez no se alarga y vuelves temprano a casa, con tiempo para leer algo antes de irte a la cama.

SÁBADO 10 / Euro-risión
Te levantas temprano y escribes. Quisieras haber salido a correr, pero al final te quedas delante del ordenador toda la mañana. Por la tarde sigues allí. Y por la noche, aunque querrías continuar escribiendo, en un momento de debilidad te enganchas al Festival de Eurovisión. Recuerdas que era un acontecimiento especial en casa cuando eras niño. Todo se paralizaba. Ahora sólo puedes resistirlo gracias a Twitter. Es como verlo con amigos. El humor lo hace todo más soportable. “Tira más una barba que dos polacas”. Ese tuit es tu éxito de la noche.

DOMINGO 11 / Calor y placer
Comienzas a pasar a limpio fragmentos de la novela. Hay frases que se mantienen, pero eres consciente de que aún falta mucho por hacer. Se cocina a fuego lento. A finales de la mañana por fin consigues correr. Llevabas más de una semana sin hacerlo y el cuerpo ya lo notaba. Acabas acalorado. Por la tarde, el calor continúa en Nueva Condomina. Ves el Murcia a pleno sol, en la grada lateral. Pero merece la pena. Es grandioso. Disfrutas como hacía mucho tiempo que no lo hacías en el campo. Vuelves de nuevo al Paraíso.

LUNES 12 / Correr y escribir
Pasas toda la mañana corrigiendo trabajos. A las doce y media, reunión del jurado del Rendibú. Es rápido. Luego, comida agradable. Aprendes de literatura y tomas referencias de libros para comprar. Conoces de forma más cercana a G. Es un escritor de verdad. Se lo toma en serio. Te hace sentirte más escritor. Al llegar, sales a correr. A la vuelta, ves el nuevo episodio de Juego de Tronos. Lees La novela de la no-ideología, de David Becerra, y aprendes bastante sobre literatura y política. No te duermes en toda la noche, excitado aún por la carrera. Juras no volver a correr después de las ocho.

MARTES 13 / Odio
La noticia fue ayer. Mataron a Isabel Carrasco. No entiendes que haya gente que defienda un asesinato. Tienes serias desconfianzas en el género humano. Observas el odio y el sinsentido de todo. Las redes se convierten en lugares intransitables.

Por la mañana, clase sobre el retorno de lo real y la memoria. También es casi la última. La das excesivamente rápido y comienza a invadirte la melancolía por ir acabando. Te ha gustado la experiencia de este año.

Por la tarde, preparas la conferencia y la maleta para el viaje del día siguiente. Miras el tiempo en Suecia y no sabes qué llevarte. Llenas la maleta de porsiacasos. Te vas a la cama más tarde la cuenta.

MIÉRCOLES 14 / Viajar y leer
Te levantas a las cinco para llegar con tiempo a Alicante. El avión que te va a dejar en Copenhague es de los más estrechos en los que has montado. Allí, sin apenas espacio para pasar las páginas, no levantas la vista de Alabanza, la última novela de Alberto Olmos, y la acabas de un tirón. Te ha ido gustando más conforme avanzaba. La segunda parte, la que recuerda la vida de pueblo, la has leído con toda la nostalgia del mundo. Está llena de imágenes en las que te reconoces. Y la tercera, la que examina el fin de la literatura y las dificultades de la relación de pareja, también está muy cerca de las cosas que quieres escribir. Eso te pasó también con Ejército enemigo, su anterior novela, que el tono se aproximaba algo a lo que estabas escribiendo en aquel momento. Recuerdas cuando la leíste. Acababas de regresar de Estados Unidos y alguien te la acercó a la estación de tren. La devoraste con pasión en las cuatro horas de Talgo entre Madrid y Murcia. Esta te ha costado algo más. Crees que es mejor novela, aunque no te ha enganchado tanto como la anterior. Probablemente sea porque la tercera persona es más disuasoria que la primera. Y que la novela es más compleja. O que tú estás más cansado. O vete a saber.

Llegas a Copenhague y te recibe C., que te ha invitado a la Universidad de Lund a un seminario sobre literatura y crítica social en la España contemporánea. Los estudiantes han leído algunas novelas “de la crisis” publicadas en el último año, entre ellas la tuya. Es curioso –y paradójico, y, en cierto modo, triste– que tenga que ser una universidad sueca la que proponga un curso así. Y que la mayoría de los autores que aparecen en el programa de la asignatura (Isaac Rosa, Pablo Gutiérrez, Javier Moreno…) ni siquiera existan en la mente de muchos de los profesores de literatura de la universidad española, que, como en otros muchos campos, suele mirar más hacia el pasado que hacia el presente.

Te alojas en Malmö, en una habitación austera que está medio camino entre las películas de Bergman y el estilo Ikea. Por la tarde, C. te enseña la ciudad. Camináis entre parques y llegáis junto al mar. El Turning Torso de Santiago Calatrava da a la ciudad un aire de modernidad. Es lo único vertical que percibes. El resto de la ciudad parece que se expande a lo ancho. Y esa es la misma sensación que tienes al caminar, la de expansión y horizontalidad. Es como si el tiempo se moviera de un modo diferente. Después, visitáis un momento Lund y os sentáis en un café mientras el sol brilla con fuerza. Habláis de literatura, alcohol y tabaco. C. lo ha leído todo. Y su español es perfecto. Tras la cena, te entra el sueño y apenas te da tiempo a repasar el Power Point con las imágenes para el día siguiente. Te duermes casi sin darte cuenta.

JUEVES 15 / Experiencia
Amanece antes de las cinco y la luz que entra por la venta te despierta. Desayunas temprano en un café junto a la casa y envías unos cuantos e-mails. A las ocho salís para Lund en tren. Hoy no hace frío.

El seminario es de nueve a doce. Al principio piensas que es demasiado tiempo y que probablemente te va a sobrar la mitad. Pero enseguida te das cuenta de que podríais estar tres días seguidos hablando y aún quedarían temas de discusión. Te preguntan sobre literatura y política, sobre la literatura de la crisis, sobre tu novela, sobre mil cosas… Percibes unas ganas y un interés entre los estudiantes como hacía tiempo que no percibías en España. Quizá por eso sientes que podrías estar hablando tres días sin parar. Te contagian el entusiasmo. Al acabar las tres horas, firmas algunos libros, incluso el de la biblioteca de la universidad. Te preguntan también por tu blog, por lo que pones en Twitter y hasta por el “Presente continuo”. Te hace gracia que te tomen en serio. Y vuelves a sentir responsabilidad por lo que escribes en esos lugares. Pero, como siempre, enseguida se te pasa.

Tras la comida, conferencias sobre las relaciones entre arte y literatura en la contemporaneidad. Te sientes cómodo mientras hablas –el hecho de poder hacerlo en español te da la vida– y acabas contento. Es como una clase en la universidad. Todo es tremendamente agradable. Y el tiempo se pasa volando.


Después, tomáis unas cervezas todos juntos y seguís hablando de todo un poco. Cine, literatura y también fútbol, que al final siempre acaba apareciendo en las conversaciones. Continuáis en la cena, también con muchos de los estudiantes del curso. Conforme avanza la noche, y el número de cervezas, el grupo se va reduciendo poco a poco. A la una y pico volvéis a Malmö y regresas a tu habitación. Te duermes con una extraña sensación de felicidad, de trabajo hecho, de mundo conocido, de paz momentánea, de experiencia del presente como algo que está aquí y ahora y que te ha sido regalado. No puedes pedir más.