10/5/14

Presente continuo (25 abril - 1 mayo)

VIERNES 25 / Fuera de tiempo
Te levantas tarde, más de la cuenta. Anoche apenas pudiste dormir. Has tenido sueños extraños. De nuevo, invasión extraterreste y abducciones en el dormitorio. Algún día tendrías que psicoanalizarte. Algo dentro de ti no funciona como debe. Con dolor de cabeza, vuelves al texto sobre Madame Bovary. Se te ha enquistado, pero empiezas a ver poco a poco el final. Un día más y habrás conseguido acabarlo.

Llegan varios libros por correo. No quisieras despistarte, pero te quedas varias horas leyendo Los mecanismos de la ficción, de James Wood, que también tiene algún capítulo sobre Flaubert. Descubres cosas que no sabías sobre el estilo indirecto libre.

Por la tarde, regresa R. de su semana de campamento con los alumnos. Viene cansada, pero contenta. La casa vuelve a estar llena. Terminas de escribir el “Presente continuo”. Lo envías casi fuera de tiempo.

SÁBADO 26 / Escalas de la memoria
Dedicas la mañana al texto y logras acabarlo. Te has pasado una semana en el deadline. Están cerrando el libro y te dicen que no saben si al final van a tener tiempo de integrarlo. Casi un mes de trabajo para nada, piensas. Afortunadamente, les gusta y deciden parar las máquinas para traducirlo y maquetarlo.

Por la tarde, vas a recoger el coche a la casa de tu hermano. Lo tienes allí desde el domingo pasado. Ocho kilómetros corriendo por la mota del río. Al llegar, decides adentrarte por carriles por los que no pasabas desde tu infancia. Allí jugabas con tu amigo S. Os subíais a los limoneros y echabais la tarde simulando que aquello era una especie de casa en el bosque, os revolcabais en la hierba como si fuera era una colchoneta y os metíais con linternas por las acequias entubadas creyendo que eráis exploradores en los subsuelos de una gran ciudad. Ahora todo aquello se ha perdido. S. ya no está –aún no comprendes que muriera así; algún día escribirás sobre todo aquello, quizá aún no lo has asumido del todo–, y las cosas son mucho más pequeñas que las recordabas. Todo es diminuto. Ahora tu perspectiva es diferente. Has crecido. Eres más grande. Miras desde arriba aquello que antes veías a ras de suelo. Pero no es sólo eso, no. Las cosas son más grandes en los recuerdos. La memoria aumenta la escala del mundo. No te quitas las sensaciones durante todo el día. Nostalgia del paraíso.

Por la noche, cenas con R. en un japonés y luego os dais una vuelta tranquila por Murcia. Volvéis y os acostáis a leer en la cama, uno junto al otro. La felicidad es también eso. Estar. 

DOMINGO 27 / Bocadillo
Vuelves a la novela. Intentas continuar, pero no estás inspirado. Piensas que quizá haya llegado el momento de pasar a ordenador lo que llevas escrito en los cuadernos. Y comienzas a hacerlo poco a poco. Algunas cosas funcionan, otras no. Sensación agridulce. Hay mucha broza que vas a tener que quitar. Pero algunos párrafos sí que se mantienen. Queda mucho por hacer. No vas a tardar menos de un año en acabar esto, seguro.

Por la tarde, revisas los proyectos de Lab que mañana tienes que evaluar. Más de tres horas seguidas para poder verlo todo con detenimiento. Cuando acabas, sales para Nueva Condomina a ver al Murcia. Te gustan los partidos a las nueve de la noche porque puedes cenar en el campo. Pocas cosas saben mejor que un bocadillo en la grada. Pasa como en el autobús, el tren o el avión, incluso en el cine. La comida tiene un sabor diferente. El bocadillo de salchichón sabe a infancia. A paraíso. Una pena que a tu Murcia se le escapen los tres puntos.

LUNES 28 / Houellebecq
Escribes por la mañana. Pasas a ordenador más de treinta páginas. Mejores sensaciones que ayer. Cuanto más avanzas, más cerca estás del tono que buscas.

A las cinco, reunión del jurado del Lab. Sale todo más fácil de lo que esperabas y te da tiempo a llegar a Molina de Segura para escuchar a Michel Houellebecq, que interviene en el ciclo “Escritores en su tinta”. Allí es todo muy extraño. El mero hecho de encontrar a Houellebecq tan cerca es algo siniestro. El tipo es lúcido y está por la labor de charlar con los lectores y responder a las preguntas. Pero el acto va a ralentí y, entre las dificultades con la traducción, algunas preguntas fuera de tono y que todo esto está pasando precisamente con Houellebecq –el escritor maldito–, acabas sufriendo más que otra cosa. Cuando te acercas a que te firme el libro, apenas te mira y tan solo estampa su firma. Ni siquiera un “Pour Miguel”. Está cansado y quiere salir a fumar. Lo comprendes. Pero a veces la amabilidad es una virtud necesaria. Regresas a casa con mal cuerpo. Tienes la sensación de haber sido un fan molesto. Hay escritores a los que es mejor simplemente leerlos.  

MARTES 29 / Muchas clases
Vuelta a las clases. En Últimas tendencias te adentras en las cuestiones de género y hablas del proceso de “amariconamiento del arte”. Lo consigues decir con toda la seriedad del mundo, aunque estás espeso y la clase no sale excesivamente bien. Después, tutoría de tesis de más de una hora. Llegas a casa con el tiempo justo de comer y salir rápido para Espinardo a la clase de Crítica de Arte. Hoy, criterios críticos: por qué una obra es mejor que otra. En el arte contemporáneo no todo vale. Hay criterios. Difusos, es cierto. Pero los hay. Coherencia, pertinencia, apuesta significativa y conocimiento de la tradición. Eso es lo que debe tener una obra para ser buena. Eso es lo que debe manejar un crítico de arte para saberlo. Sin tiempo para respirar, coges la moto y bajas al Campus de la Merced para la última clase del máster. Organización de Exposiciones. Hablas de la ética del comisario de arte. Es necesario frenar y limitar la omnipotencia del comisario, dices. Y reflexionas sobre cómo un buen comisario debería hacerse preguntas éticas todo el tiempo: sobre la institución, sobre la obra, sobre el público y sobre sí mismo. Al acabar la clase, ves el Bayern-Madrid en el Parlamento. Lo ves con L. , J. y P. Cervezas, pasteles de carne y dos negronis. No das crédito al partidazo. Ni en sueños. Regresas a casa contento y algo mareado. Ni siquiera lees antes de dormir.

MIÉRCOLES 30 / Ilusión
Creías que esta mañana ibas a estar muerto, pero a las siete de la mañana ya estás corriendo por la mota del río y te sientes pletórico. Te duchas y vas a clase en Filosofía. Hoy hablas de los realismos del siglo XX, y de los artistas que no están dentro de ninguna vanguardia. Te demoras algo en Balthus y en Hopper, dos artistas que te gustan especialmente. Media hora después, subes a Bellas Artes para volver a dar la clase de los criterios críticos al grupo de la mañana. Son muy poquitos y la das en el despacho en torno a una mesa. Te sientes cómodo y muy a gusto con ellos. Notas el interés y las ganas. Y te contagian.

Por la tarde, das una charla en el taller de H. sobre escritura creativa. Hablas de tu literatura y lees algún cuento. De nuevo, te sientes tremendamente a gusto entre gente llena de ganas de aprender. Te tomas una cerveza con ellos y sientes su entusiasmo. Al terminar, sales para Murcia y llegas para ver la segunda parte del Chelsea-Atlético de Madrid. Te alegras por el resultado. Después, cenas con J. y más tarde os encontráis con L. Prometes no pasarte esta noche. Pero no eres capaz de cumplir tu promesa y la cosa se alarga demasiado. En el Pura Vida, J. te saca en peso del bar dos veces. Nadie nunca te ha podido levantar. No quieres imaginar el dolor de espalda de J.

JUEVES 1 / Secretos
Te levantas tarde y con una resaca de mil demonios. Hasta el medio día no consigues hacer nada. Lees un poco de Alabanza y sientes que no tienes la cabeza para muchas complejidades. Sin embargo, antes de la siesta, vuelves a tener sexo brutal con R. Se ha roto la cama de las embestidas. Hay que cambiar el somier. Tu cabeza explota.


Por la tarde, te reúnes con J. para la beca Fundación Newcastle. Es complicado. Pero lográis hacerlo en menos tiempo del que creíais. La Fundación es maravillosa. Una casa de muñecas convertida en sala de exposiciones. Una muestra de que se pueden hacer proyectos a pequeña escala. Y sobre todo de que menor tamaño puede significar mayor ilusión. Después, quedas con A. para hablar sobre la universidad. Se te pasa el tiempo volando. A las diez y media llegas con un Kebab a casa. No te sienta bien. Te acuestas enseguida y vuelves a tener pesadillas. Te levantas a media noche sobresaltado. Ni siquiera le quieres contar a R. qué has soñado. Hay cosas que jamás querrías compartir.

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