2/4/14

Presente Continuo (21 - 27 marzo)

[Diario personal publicado cada domingo en La Opinión de Murcia

VIERNES 21 / Cuadrado negro
Te levantas con tierra en los ojos. La noche anterior, después de Loopoesía, hiciste el mal. Apenas has dormido y tienes tres horas seguidas de clase que intentas sobrellevar como puedes. En ese estado hablas de la abstracción. Te adentras en Kandinsky, Mondrian y especialmente en Malevich. Uno de los momentos que más deseas de esta asignatura es llegar al célebre “Cuadrado negro”. Hoy lo tienes que explicar casi sin tiempo. Te gustaría detenerte como la obra se merece y ahondar en lo que significó realmente. Hace casi cien años, en 1915, un icono desnudo condensaba el fin de una concepción del arte y la vida y el comienzo de una nueva era. En tu tesis dedicaste varios meses vida a estudiar cómo el cuadrado condensaba un mar de significados. Algo de eso escribiste aquí. Y ahora –pasa siempre, no es ninguna novedad– tienes que aguantar el clásico “esto también lo puedo hacer yo”. Una afirmación a la que siempre respondes con resignación: “sí, hijo, sí, ahora que lo has visto, cien años después”.



Acabas la clase exhausto y con dolor de cabeza, como si hubieras estado en una especie de combate de boxeo.

A mediodía, R. y tú tenéis comida con N. y P. Os conocisteis por Twitter hace algo más de un año y desde entonces quedáis para comer de vez en cuando –menos de vez en cuando que os gustaría, la verdad–. Aunque estás reventado, en cuanto te sientas en la terraza del Pura Cepa y te tomas la primera cerveza te entra el hambre y se te van todos los dolores. La comida es agradable y habláis, como siempre, de películas, libros y especialmente de series. El vino es excepcional. Y algo que te maravilla es el modo en el que el propietario os aconseja sobre qué comer y qué beber. Es una cosa que siempre te ha fascinado: la profesionalidad en todos los sentidos, el que uno sepa y disfrute con su trabajo. Eso te hace tener esperanza en el mundo, confiar en que hay gente que sabe de lo suyo, que conoce su territorio y que es capaz de conducir a los demás a través de él.
Después de la comida, tomáis el último gin-tonic en el Cuenta-Vinos. Te sabe a gloria. Estás tan a gusto que escribes al periódico para pedir una moratoria para el “Presente continuo”. Mañana lo envío si es posible, dices. No, mejor hoy, te contestan. Así que apuras y te vas a casa a escribir rápidamente el texto. Lo esbozas y sales para el fisioterapeuta. Tienes la última sesión. Mientras la fisio hunde sus garras en la carne de tu espalda habláis de Juego de Tronos y de otras series. Eso te distrae algo del dolor.

Llegas a casa con el tiempo justo para terminar de escribir el texto y enviarlo al periódico. En estado hipnótico post-fisio no sabes siquiera lo que sale. Envías lo que tienes. Esperas no haber cometido muchas erratas. Cuando son las once de la noche tu cuerpo ya no puede más y caes rendido a la cama. 

SÁBADO 22 / Violencia
Esta vez te levantas tarde. Es el primer sábado en tiempo que no tienes nada que enviar con urgencia. Y te demoras en el desayuno, en la lectura de la prensa y en el repaso a los canales de la tele –te quedas, como te ha pasado en más de una ocasión, hipnotizado en el proceso de zapping–. Cuando te vienes a dar cuenta ya es casi la hora de comer y lo único que has hecho ha sido perder tiempo. Lo piensas un momento y te parece necesario hacerlo de vez en cuando: echar una mañana a perder, no hacer nada, al menos nada productivo.

Por la tarde vas a Nueva Condomina a ver el Murcia. Llegas con el partido comenzado. Pierde tu equipo, aunque lo da todo y su comportamiento es irreprochable. Junto a ti hay un energúmeno que no para de increpar al juez de línea. Para no escucharlo, pones al máximo el volumen de tus auriculares. Pero la pila de la radio se agota y tienes que aguantar hasta el fin del partido a él y a otros que no cesan de insultar. Es lo que no te gusta del fútbol: la irracionalidad, la falta de sentido común, la violencia que a veces hace aflorar en los espectadores. Por supuesto, también está la afectividad, el sentido de comunidad, lo sublime de algunos momentos. Allí se dan cita emociones cercanas a la barbarie, excitación sin destilar. Y es que en el fondo también somos eso: bestias que han aprendido a hablar. Temes encontrarte con esa que late dentro de ti y que por lo general sueles mantener a raya.

Cuando llegas a casa, las noticias de las revueltas en las que ha acabado el 22M. Las marchas por la dignidad han terminado indignamente por la culpa de unos pocos. Unos miserables que logran arruinar –afortunadamente para el gobierno, porque es la excusa perfecta para deslegitimar las reivindicaciones– el impacto de una protesta pacífica y absolutamente necesaria. Y es que la noticia deja de ser la gran movilización y se convierte en la gran confrontación. Hay muchas cosas que no comprendes, pero, desde luego, la violencia –en cualquiera de sus manifestaciones– es aquello a lo que nunca llegarás a dar sentido alguno. Es algo que está más allá de tu capacidad de comprender el mundo. Y sabes que en ocasiones es necesaria, que las batallas no se ganan con pétalos de rosa, que hay cosas que no se consiguen si no es por la fuerza, que uno tiene que defenderse como puede. Lo sabes. Pero te incomoda y te produce mucha inquietud. Te pone nervioso. Te hace dudar de todo, perder pie, poner en cuestión cualquier certidumbre

Por la noche, te encierras en tu habitación a escribir. Avanzas poco a poco, pero avanzas. Lo sientes, lo percibes. La historia va cobrando vida. No importa ya el tiempo que tardes en darle forma. Sabes que ahí, debajo de las letras, camuflada entre las palabras, está la historia que tienes en la cabeza. Quizá no ha llegado al papel del todo, pero sabes que algo está sucediendo. Y eso te hace feliz.

DOMINGO 23 / Memoria y olvido
Muere Suárez. A medio telediario. Es curioso como todos tenían las necrológicas preparadas. Ahora todo el mundo sabe mucho de Suárez, y de la Transición. Todos saben de todo. Tú no tienes una percepción especial. Reconoces su papel en la Transición. Por lo que has leído, sabes de su centralidad. Pero hay muchas cosas que no se hicieron bien en aquellos momentos que ahora se venden como algo modélico. El pacto de olvido hizo que no tuviera lugar la labor de duelo necesaria para simbolizar lo ocurrido durante el franquismo. Es ahora, en estos momentos, cuando parece necesario revisar, volver a mirar, volver a recordar. Y no deja de ser irónico que una enfermedad como el Alzheimer, que afecta a la memoria, sea la que haya acabado minando a Suárez.

Siempre te han parecido peligrosas las entronizaciones, la visión del otro como héroe. Porque cuando hay héroes siempre se presupone que hay malvados. Cuando hay héroes, las historias se convierten en historias de buenos y malos. Las cosas son siempre más complejas. La historia hay que contarla de otra manera.

Las redes sociales se llenan de opiniones y noticias sobre Suárez. Ya casi nada habla de lo ayer, de las marchas por la Dignidad. La actualidad manda. Y esa misma actualidad hace que a las ocho y media la gente deje de tuitear sobre Suárez y comience a hacerlo sobre el “clásico”. El fútbol toma las redes y todas las conversaciones. Es curioso ver cómo los temas cambian y fluctúan como si fuera una gran conversación entre millones de personas. Durante dos horas, todo se paraliza para sólo hablar de fútbol. Pierde el Madrid. Que sea justo o injusto no te preocupa. El concepto “injusticia” aplicado al fútbol es algo que siempre te ha hecho mucha gracia.

Después del partido vuelves a la novela. Apagas la wifi y escribes hasta bien entrada la madrugada. Se te hacen más de las dos. Te acuestas con la historia en la cabeza. Sueñas con lo que ocurre en la novela. Poco a poco los personajes te van poseyendo. Es como un virus que se adueña de tu organismo. Y a ti te gustaría que no se fuera nunca de allí.

LUNES 24 / Otras memorias
Te levantas muy temprano y sales a correr antes de desayunar. Hoy tienes la mañana llena de reuniones. Eso sí que te hace sentir que desperdicias el tiempo. Eso, y las cuestiones burocráticas que te van a tener entretenido casi toda la semana. Tienes que hacer la memoria del proyecto de investigación del Ministerio. Recordar todo lo que ha hecho el equipo de investigación y justificarlo. Ahí se te van a ir tres días o más. Entre eso y las clases está claro que esta semana no escribirás una sola línea de la novela. La historia y los personajes que te habían poseído comienzan a desvanecerse.

MARTES 25 / Clases sin fin
Clase de Historia del arte por la mañana. Arte de acción. Acabas ya con la obra de Abramovic y te adentras en la de otros artistas que ponen su cuerpo al límite y que trabajan sobre la enfermedad. Hablas sobre Bob Flanagan y Ron Athey, y cuando lo haces –como siempre– no puedes evitar tener un momento “Intento de escapada”. Es curioso cómo la ficción ha logrado adueñarse de tu realidad.

Por la tarde, dos horas y media de crítica de arte en Bellas Artes. Rosalind Krauss y el concepto de “índice”. Para explicarlo te remontas hasta los fundamentos de la imagen cristiana. Se te va la clase haciendo mapas y líneas de ida y venida. La pizarra queda casi como si fueran los restos de una batalla. Haces una foto y la subes a las redes sociales. Un selfie docente.

Cuando llegas a casa, el cuello comienza a dolerte de nuevo. No con intensidad. Es un eco, como si te estuviera diciendo: cuidado, aquí estoy, baja el ritmo o volveré para angustiarte. Te duermes a medio capítulo de True Detective.  

MIÉRCOLES 26 / El amor y la escritura
Clase en Filosofía sobre el dadaísmo. Mientras en las trincheras, durante la Primera Guerra Mundial, la gente se mataba defiendo grandes ideales, los dadaístas llegaban a la conclusión de que no hay ninguna idea por la que merezca la pena matar o morir. “Si hay que ir, se va; pero ir pa’ná es tontería.” Puro nihilismo.

Por la noche, antes de acostarte comienzas a leer el último libro de Marina Sanmartín, El amor que nos vuelve malvados. Te bebes casi la mitad de libro en apenas una hora de lectura intensa. La locura, la depresión, el trauma, la memoria, y sobre todo el desamor, o ese amor extraño que nos convierte en seres que no creíamos que éramos transitan por las páginas de esta intensa novela llena de reflexiones lúcidas y contundentes. Reflexiones sobre cómo todo lo que uno creía inamovible se va al traste en el momento menos pensado. Tomas notas y apuntes, porque tu novela tiene mucho que ver con esto. Y el libro de Marina te sirve de ejemplo para ver cómo solucionar argumentos o cómo expresar emociones. Ya no puedes leer un libro sin activar la mirada de escritor. El lector inocente hace tiempo que desapareció.


JUEVES 27 / Ilusiones
Clase sobre arte y género en Historia del Arte. Estás espeso porque no has dormido bien. Después, con el tiempo justo para llegar al Campus de Espinardo, crítica de arte en Bellas Artes. Ahí estás mejor y más suelto.

Por la tarde inauguráis con 1er Escalón En estado físico, una selección de vídeo de artistas canarios que reflexiona sobre el cuerpo. Es la primera de las acciones que vais a llevar a cabo en AB9. El espacio ha quedado genial. Está un lugar privilegiado de Murcia. Y tiene unas posibilidades tremendas. Piensas en el futuro y te emocionas. A veces las cosas salen adelante. Con ganas, esfuerzo e ilusión todavía es posible. La clave es no quedarse quieto. Y la gente con la que trabajas sólo conoce el movimiento. No puedes estar mejor acompañado. La noche se alarga celebrando la amistad.

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