9/12/13

Presente Continuo 14 (29 noviembre - 5 diciembre)

[Diario personal publicado semanalmente en La Opinion de Murcia]

VIERNES 29
Nostalgia del paraíso
Despiertas con fiebre, mocos y dolor de cabeza. El resfriado ha ido a más. No deberías haber salido la noche anterior. Buscas el paracetamol y te lo tomas como si fueras un adicto, creyendo en el milagro absoluto. Intentas escribir, pero de nuevo no puedes. La cabeza no te lo permite. Así que te quedas navegando un rato por la red y, casi por casualidad, acabas siguiendo en directo el final de Canal 9, retransmitido en la tele y en streaming. Sientes que estás contemplando algo histórico, el apagado de una tele con la que has crecido. Recuerdas perfectamente el día en que tu primo L. subió al tejado para girar la antena hasta pillase la señal de ese nuevo canal en el que ponían los dibujos de los que todos hablaban, Bola de drac. Ése fue un día feliz. Teníais un canal más. Y durante un tiempo tu mundo se organizó en torno a la programación de Canal 9. No sabías nada entonces de intrigas políticas, manipulaciones y otras cosas vergonzosas que estaban detrás de aquello que tú simplemente disfrutabas. Y quizá por eso cuando hoy ves el fundido en negro te da un vuelco el corazón. Por supuesto, piensas en toda la gente que se va a la calle, en cómo pagan unos por los errores de otros… en muchas cosas. Pero sabes que si el apagado te pone melancólico es en el fondo por otra cosa. Es porque, a pesar de todo, Canal 9 te sigue sonando a infancia, a paraíso, a felicidad.

Por la tarde sigues en pijama y bata de casa. Y te das cuenta de algo extraño: hoy es el día de las librerías y no has comprado ningún libro, precisamente tú, que no puedes pasar por la puerta de una librería sin entrar a curiosear. Así que para homenajear a esos lugares en los que te gustaría vivir para siempre, reemprendes la lectura de Librerías, el libro de Jordi Carrión que quedó finalista en último Premio Anagrama de Ensayo. Es un texto emotivo y lleno de conocimiento. Te reconoces en muchas de las reflexiones sobre el significado de los libros y las librerías. Reconoces la pasión. Y la compartes. Y sabes que si algún día llega el fin del mundo es muy posible –por pura probabilidad– que te pille dentro de una librería.

SÁBADO 30
En construcción
Nuevo espacio artístico en Murcia. AB9. Desde el colectivo curatorial 1er Escalón –que componéis I., A. y tú– habéis preparado una actividad para inaugurar el espacio, En construcción. Los artistas que habéis seleccionado (Sergio Porlán, Tatiana Abellán, Rosell Meseguer, María José Climent y Eduardo Pérez Salguero) muestran las cosas que están haciendo ahora y hablan acerca de su obra y sus modos de crear arte. No es exactamente una exposición de tesis, sino más bien un espacio de contacto entre artistas y público. Estáis todo el día allí, desde las once de la mañana hasta la noche, y no para de venir gente. Los artistas han sido muy generosos, y sobre todo M.A., de ArtNueve, que es la verdadera promotora del espacio. Acabáis satisfechos porque os dais cuenta de que estos lugares son necesarios. Son espacios de relación, la excusa perfecta para reunirse a charlar de cualquier cosa a partir de las obras de arte.

Después ves el Madrid con L., D. y M.L. mientras tomáis unos negronis en El Parlamento Bar y habláis de literatura. A pesar del resfriado se te abre el apetito. Tras la cena, sigues un poco más con L. y te tomas la última en el Pura Vida. Ron con Sprite. Te lo bebes como si fuera agua. Pero estás incómodo. Te huele la ropa a fritanga del sitio en el que habéis cenado. Es algo que no puedes soportar. Prefieres el olor a sudor o a cualquier otra cosa. Pero no ése. Sientes que todo el bar te está oliendo y acabas yéndote enseguida.

DOMINGO 1
Lo inasumible
De la siesta te despierta un mensaje de R.: “ Dice P. que te diga que se ha muerto Pepe Clemente”. Te quedas unos segundos sin saber cómo reaccionar. La luz está apagada y sigues sin tener muy claro dónde estás. Antes de que te despiertes del todo y comiences a pensar, suena el teléfono. Miras el número y ves “José Clemente”. Enseguida intuyes que es alguien que te va a comunicar la noticia. Pero por unas décimas de segundo –mínimas, pero reales– te imaginas a Pepe al otro lado. Y no sabes si contestar. Pero lo haces. Es su secretaria. Le dices que ya te estás enterado y aprovechas para preguntarle a qué tanatorio lo van a llevar.

Hablas con M. y quedáis para ir juntos. Ya fuisteis hace unas semanas al hospital y ahora volvéis a pasar el mal trago. Es un momento difícil. Sabes lo que es porque lo has experimentado más de una vez. En ese mismo tanatorio velaste hace años a tu padre. Por eso aprietas los dientes y los puños cuando ves a los hijos de Pepe y cuando hablas con su mujer. Y se te cortan las palabras. Y no sabes qué decir. Y tan solo miras. Y tocas. Y abrazas. Y acabas diciendo que mucha fuerza y que mucho coraje para lo que queda. Porque lo queda no es fácil. El tiempo cura algo, pero no todo. Hay heridas que no cierran nunca. Lo sabes bien. Nunca podemos acostumbrarnos a la muerte del otro. Nada es más natural y, sin embargo, no hay nada más difícil de asumir.

LUNES 2
Ficción necesaria
En el entierro te da tiempo a pensar muchas cosas. El tanatorio está lleno. Puedes advertir el amor y el dolor. Pepe confió en ti para escribir una columna semanal y jamás tocó una coma. Tuviste libertad absoluta. Y eso que muchas veces lo que escribías chocaba con la ideología del periódico. Recuerdas con especial cariño las “cenas” de Navidad en la redacción. Parecía una familia. Y él, una especie de padre bonachón satisfecho de congregar a todos junto a una gran mesa llena de pasteles de carne, empanadas, saladitos, vino y cerveza.

En el entierro el cura habla de vida eterna, de resurrección, de felicidad en la muerte. Lo has oído tantas veces… Aun así eres consciente de que en estos momentos es reconfortante. Es una ficción. Pero una ficción necesaria. Un barniz que cubre lo más terrible, una manera de dar sentido a algo que, de otro modo, es absolutamente inadmisible: el hecho de que todo esto se apague para siempre cuando uno menos se lo espera.  

MARTES 3
Lugares para escribir
Pasas toda la mañana en la universidad recibiendo doctorandos y alumnos que quieren hablar contigo. Pareces un médico en la consulta. Pero en lugar de medicamentos recetas libros. Prescripción bibliográfica. Los libros son siempre la mejor medicina.

Querías haber escrito algo, pero el tiempo se te ha pasado sin poder hacer nada de provecho. Es lo que ocurre cada vez que estás en el despacho de la universidad. Nunca –aunque no tengas alumnos que recibir– has podido trabajar a gusto en un despacho. Por alguna razón, sólo puedes escribir en pijama o en chándal. No puedes concentrarte, ni siquiera para leer. Te pasa igual en las bibliotecas. Necesitas soledad. No hay lugar como tu habitación oscura, tus trastos y tus rutinas. Es como un templo. Un espacio sagrado en el que tú eres el sumo sacerdote.

MIÉRCOLES 4
Parar el tiempo
Es el cumpleaños de R. Tres años más que tú. El tiempo pasa rápido, pero ella sigue pareciendo una niña. Al menos a ti te lo parece. Quizá sea porque nunca vemos envejecer a quienes tenemos a nuestro lado. Sólo envejecen los demás, los que viven de puertas para afuera. Los nuestros siempre se mantienen igual. El hogar, la familia, es un lugar en el que el tiempo se detiene. O eso al menos es lo que a veces creemos, aunque sepamos que es mentira. De nuevo, otra ficción necesaria.

Por la tarde, das una conferencia sobre zombis en Cartagena. Recuperas algo que ya hiciste y vuelves a reflexionar sobre esa figura central del imaginario contemporáneo. En los últimos días te ha sorprendido el siniestro parecido que guardan las imágenes de los zombis de Guerra Mundial Z intentando saltar el muro de Jerusalén con las imágenes de los inmigrantes saltando la valla de Melilla. Subes a tu blog esas dos imágenes. Las asociaciones entre ellas son tantas y tan perversas que te quedas sin palabras. Prometes reflexionar con más detenimiento acerca de todo esto.

JUEVES
Volver a empezar
Llevas varios días dándole vueltas a la necesidad de cambiar el punto de vista de tu novela. Has estado escribiendo mentalmente y has visto que así no vas por buen camino. Por fin, esta mañana te levantas temprano y te pones a escribir. Comienzas de nuevo y tiras a la basura las cien páginas que llevabas escritas. A veces es mejor empezar otra vez antes que seguir perdiéndose. Tanto trabajo… para nada. O no, piensas mejor. No ha sido trabajar en balde. Ahora sabes cosas que no sabías al principio. Hay un camino que antes no existía. En ocasiones uno tiene que escribir demasiado para llegar a saber lo que quiere escribir.