11/9/13

Esperar la voz y perder la historia

Decir que esto está abandonado es decir poco. Las últimas semanas han sido intensas, en muchos sentidos. Me encerré a preparar una conferencia que tenía en Turku y a intentar que mi inglés fuese un poquito mejor que el de Ana Botella. No sé si lo conseguí. Tampoco me dieron los juegos a mí. Pero creo que al final los finlandeses me entendieron. Estuve cinco días allí. Tres en Turku y dos en Helsinki. Y fue una gran experiencia. He vuelto con ganas. Siempre me pasa lo mismo. Cada vez que voy de congreso regreso con las baterías cargadas y con ganas de hacer cosas. Sin embargo, esta vez las voy a intentar frenar. Ya lo he dicho aquí, quiero ponerme con la narrativa y dejarme un tiempo el ensayo y la crítica de arte. Por eso estoy rechazando la mayoría de las cosas que llegan. Lo siento, de verdad, por aquellos a los que les he dicho que no. Me encantaría seguir escribiendo en catálogos, y continuar con textos de opinión sobre arte, o escribir más artículos sobre arte. Pero en este momento creo que tengo la cabeza en otro lugar. No paro de leer novelas. Si acaso, algún ensayo aislado. Es como una droga. No puedo parar de hacerlo. Siento que me falta tanto por leer. Clásicos. Muchísimos. Y mis contemporáneos. Muchos más.

Y por supuesto, junto a leer, escribir. Necesito centrarme ya de una vez en lo nuevo. Lo he comenzado varias veces y vuelto otras tantas al punto de partida. Busco el tono, la voz, la manera de contarlo. Pero no lo encuentro. Tengo la historia. Sé lo que ocurre. Sé, incluso, cómo acaba. La última frase. La tengo grabada a fuego en la mente. Pero tengo que buscar el modo de llegar a ella. Y no sé cómo hacerlo. Emborrono folios sin cesar intentando dar con la manera precisa de contar las cosas. Pero siento que falta algo. A veces me adentro varias páginas. Y enseguida me pierdo, o veo que he llegado a un callejón sin salida.

Es extraño. Tener la historia y no encontrar la voz. Extraño y problemático. Sobre todo porque sé que en cuanto encuentre la voz y el tono, la historia cambiará. Porque la voz y el tono traen con ellas la historia. Y la historia es lo único que tengo. Así que en esas estoy. Esperando la voz y temiendo perder la historia. Son las cosas de la escritura.

1 comentario:

M dijo...

Me ha gustado mucho el último párrafo, sobre todo porque me he visto reflejado en él. Yo tengo le esquema de la historia, también sé qué va a ocurrir en (digamos) cada capítulo, y también tengo el final. Pero me falla la manera de contarlo. Para ser mi primer libro me está costando la vida misma.
Te he cogido prestado el fragmento que te menciono para mi estado de FB de hoy. Eso sí, mencionando la fuente ;-) Espero que no te importe.
¡Ánimo! Solo necesitamos respirar y resetear para que las palabras surjan.

Un abrazo.