14/4/13

Momentos de felicidad

Queridos amigos, tengo esto abandonado. La verdad es que la semana ha sido de vértigo. Os cuento algo. Con el colectivo 1er Escalón inauguramos en Madrid el pasado día 6 la exposición Tecnologías de lo sublime, una cosita muy pequeña en la galería Cámara oscura, dentro del evento Jugada a 3 Bandas. Sin tiempo para respirar, llegué el domingo a casa para cambiar las maletas y salir para Barcelona. Allí, por fin, iba a conocer a Herralde y a la gente de Anagrama. No os imagináis la ilusión que me hizo. Rueda de prensa por la mañana y presentación por la tarde. Las dos cosas en La Central. Hablamos de libros, pero sobre todo de arte. Quizá más de arte que de literatura. Es lo que tiene escribir una novela sobre arte, que al final el tema acaba siendo el protagonista de todas las charlas. Iván de la Nuez, el presentador, estuvo muy bien, y debatimos sobre las fronteras del arte social. Aunque lo verdaderamente importante del lunes por la noche fue encontrarme con muchos amigos que hacía tiempo que no veía. Al final, las presentaciones y este tipo de actos sólo tienen ese sentido: servir de excusa para juntarse un rato.

Afortunadamente, la noche no se alargó demasiado. Mi cuerpo no daba para mucho después de los días en Madrid, donde sí que lo di todo, y, sobre todo, al día siguiente –martes– tenía que estar en pie a las seis para tomar un avión para Murcia, donde tenía la presentación esa misma tarde. Aunque lo que más nervioso me ponía era que iba a viajar con Herralde. Primero en avión, y luego en mi coche desde Alicante a Murcia. De no conocerlo de nada, iba a pasar a estar demasiado tiempo con él, así de sopetón. Me imponía un poco la situación, para qué negarlo. Afortunadamente hubo feeling y la cosa salió bien –o al menos, esa fue mi apreciación–. Aprendí muchísimo, escuché mil historias y me sentí un privilegiado. Igual que en el paseo que después dimos por Murcia. Toda una experiencia que, por momentos, me recordaba a la de Marcos con Montes, salvando las distancias, claro está. Por la tarde, en la presentación, no pude ser más feliz. Mientras estaba en la mesa, entre Paco Jarauta y Herralde, y viendo frente a mí a tantos y tantos amigos, deseé que se parara el tiempo. Me habría gustado expandir para siempre ese momento. Un sueño hecho realidad. Absolutamente. Miraba a Raquel, en la primera fila, y le decía con la mirada que todos los esfuerzos y las noches insomnes estaban teniendo su momento de recompensa. Sabía que iba a ser un momento, que al día siguiente habría que volver a corregir trabajos, dar clase, entregar mil cosas... volver a la rutina. Lo tenía claro. Pero en ese momento sentí que no había nada antes ni después, que todo era puro presente. Y fue entonces cuando pude disfrutar como un crío. Igual que también disfruté y aprendí durante la cena, también rodeado de amigos. Fue una velada memorable. Se habló de literatura, esta vez sí. Y de más cosas. Y sentí que había muchas, muchísimas cosas que aprender, que apenas sé nada, que todo esto no ha hecho más que empezar, que es ahora cuando comienza todo. Quizá por eso, cuando llegué a casa, a horas impropias, y en estado lamentable, antes de acostarme, antes siquiera de beber agua, cogí el cuaderno y comencé a escribir las primeras frases de la siguiente novela. Porque eso es lo que me había enseñado aquella noche. Que amaba la literatura, que amaba los libros, y que estaba muy a gusto entre la gente que también amaba esas cosas.

Al día siguiente, todo volvió a su cauce. Y en esta semana apenas he tenido un segundo de descanso para evocar esos momentos bellos y emocionantes. Solo ahora, en este post que escribo casi sin pensar, sin pararme un segundo a revisar nada, vuelvo a imaginar todo esto. Y me vuelvo a emocionar unos minutos, como en esos maravillosos instantes de felicidad.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

FELICIDADES
ME ALEGRO POR TI, POR LA LITERATURA Y POR EL ARTE.

mAURICIO

Anónimo dijo...

Sí, estuvo bien.

Aún a fuerza de parecer pesada vuelvo a sugerir que haya copia de la novela en la biblioteca regional de Murcia. Ya no se aceptan desideratas, supongo que será la crisis, así que no hay manera de pedirla.

Sí, ya sé, al autor le gusta ser "comprado", pero, al fin y al cabo, el autor no se va a hacer precisamente rico con la venta de ejemplares... los derechos son poquita cosa, es más la satisfacción, entre otras cosas la satisfacción de ser leído, para qué escribe uno si no.

Sacra.

Leandro Llamas dijo...

No desprecies la rutina del día siguiente. Al paso que vas, puede que llegues a echarla de menos. Enhorabuena