29/4/13

Diez libros imprescindibles

Hace unas semanas, dentro de la sección "los diez de...", la revista electrónica Paisajes eléctricos que, por cierto, cada día merece más la pena– me sugirió escribir la lista de mis diez libros favoritos. Se me ocurrió esta. Luego, más tarde, me vinieron a la cabeza otros muchos que no están aquí, algunos fundamentales: El libro del desasosiego, Viaje al fin de la noche, o mis libros de juventud, La historia interminable, El lobo estepario o Gertrudis –que, por cierto, situé en otra lista, para numerocero–. Tampoco están los libros de filosofía y ensayo, que me han construido como sujeto más que estos aún. Pienso en los de Benjamin, Bataille, Barthes, Cioran, Foucault, Lacan o Derrida. Pero elegir es siempre dejar fuera cosas. Mil cosas. Elegir es siempre equivocarse. Y aquí os dejo mi propuesta de equivocación. Imagino que hoy me equivocaría de otro modo.

1. Molloy, de Samuel Beckett

Quizá Beckett sea el más grande de todos. Y no sabría con qué quedarme de su obra. La trilogía del innombrable (MolloyMalone muereEl innombrable) te cambia para siempre. Pero también todo lo demás. Los relatos, la poesía, el teatro. No sería el mismo sin haber leído a Beckett. Sus obsesiones, su escritura compulsiva, su universo asfixiante… transforma tu visión del mundo para siempre.

2. El malogrado, de Thomas Bernhard

Bernhard se comió mi vida durante un tiempo. Era lo único que leía. Y no diré que casi me lleva al suicidio, pero sí a la depresión. Odié el mundo casi tanto como él. El malogrado es la obra que más me conmovió. La historia de un fracaso y la imposibilidad de alcanzar la genialidad. Las variaciones Goldberg y la interpretación de Glenn Gould, que aparecen como leitmotiv en el libro, fueron mi banda sonora durante varios años y todavía siguen resonando cuando me acuerdo de ciertos momentos duros de mi pasado. Quizá es el libro que me tatuaría.
3. La ciénaga definitiva, de Giorgio Manganelli
Durante un tiempo también viví obsesionado por Manganelli. Sus textos son extraños, perversos, inquietantes y alegóricos. La ciénaga definitiva es su última obra antes de morir. Algo se mueve por dentro después de entrar en la mente surrealista de Manganelli. Las emociones del caballo y el caballero entrando en ese universo oscuro del que ya no es posible volver me dejaron pensando mucho tiempo.
4. El Aleph, de Jorge Luis Borges
Borges, por supuesto. Qué sería de nosotros sin Borges. Sus cuentos son la inteligencia hecha palabra. Es el más lúcido, el más cerebral, el más listo de todos. Quedé atrapado para siempre en sus bibliotecas, en sus mapas, en sus juegos de espejos, en el laberinto de su literatura. Nadie que pretenda ser escritor puede dejar de leer a Borges. Y cada vez su obra se hace más pertinente y necesaria para entender el presente.
5. Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino
Calvino es también Borges. Y casi diría que lo encuentro más cercano. Sus relatos son deliciosos. Y también sus novelas. Un escritor imprescindible. Si una noche de invierno un viajero fue para mí un descubrimiento. Un libro que me hablaba directamente, que se dirigía a mí como lector. Un juego autorreferencial que cambió mi visión de la literatura. Todavía recuerdo la emoción que sentí al abrir aquellas páginas. Desde entonces se han hecho muchos experimentos posmodernos metaliterarios, pero ninguno lo supera.
6. Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas
Este libro fue mi entrada en el mundo de Vila-Matas. El mundo de los escritores que dejan de escribir y los individuos que viven obsesionados con desaparecer. Un mundo del que ya me sería imposible salir. De Vila-Matas me gusta todo. Pero a este libro le tengo especial cariño porque fue mi umbral de acceso al “I would prefer not to”.
7. Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago
Saramago me suele cansar. Su moralina a veces me exaspera. Pero Ensayo sobre la ceguera es un libro brillante. Una historia sobre los lugares a los que puede llegar la miseria humana que acaba llenándote de preguntas y que te persigue mucho más allá de las páginas del libro. Alta literatura, desde luego.
8. La invención de la soledad, de Paul Auster
Soy fan de Paul Auster. Me gusta todo, hasta lo más reciente. Pero si tuviera que quedarme con un libro suyo, sin duda ese sería La invención de la soledad, un libro bellísimo sobre la muerte del padre, sobre la memoria y sobre la necesidad de escribir y contar historias antes de que todo se olvide para siempre. Obra maestra.
9. Ruido de fondo, de Don DeLillo
DeLillo es el gran escritor americano contemporáneo. El más grande de todos ellos (más que Roth, que Auster, que Pynchon incluso), el más inteligente, el más incisivo, el que de verdad ha sabido plasmar qué hay detrás de la sociedad de nuestros días. Y Ruido de fondo nos habla de algo que está a punto de suceder, del miedo, de la amenaza constante de la catástrofe. Después de leer esta obra, uno ya no deja de percibir que lo terrible está a punto de suceder en cualquier momento. ¡Premio Nobel ya para DeLillo!
10. Aprender a rezar en la era de la técnica, de Gonçalo Tavares
Pocos escritores escriben mejor que Tavares. Toda su obra merece que uno se ponga de rodillas. Pero este último libro es una obra maestra absoluta. Una reflexión sobre los orígenes de la sociedad en la que vivimos, sobre las consecuencias de la racionalización extrema de la modernidad. Una escritura filosófica. Un maestro contemporáneo. No soy yo mucho de mitificar a los escritores, pero Tavares es quizá hoy el único al que le besaría las manos.

12 comentarios:

Dr. Diable dijo...

Coincidimos en los libros de juventud. Estoy contigo: Gertrudis es, para mí, la mejor novela de Hesse con diferencia. Y no me cansaré de repetir que La historia interminable fue el Harry Potter de nuestra generación.

Apunto el de Manganelli. No lo conocía.

Por cierto, felicidades por la novela.

Saludos y suerte.

mahn dijo...

Muchas gracias por tu comentario. Siempre me cuesta reivindicar Gertrudis, que suele pasar desapercibida entre Siddharta y El lobo estepario. Pero a mí me marcó.

Y gracias por la enhorabuena de la novela. Estoy contento con cómo va yendo la cosa. Y eso que a Tongoy no le ha gustado nada el intento.

Saludos

Tarquin Winot dijo...

Jodó, que tristeza. Ninguno ha pasado por mis manos, salvo el de Paul Auster. Tengo el de Saramago en la lista de espera, pero del resto, ni el eco. Apuntados quedan.

Jenn Díaz dijo...

¡Ah! ¡Tú eres el "Cuaderno[...]duelo" que recomendó Menéndez Salmón! Me bajé el primer capítulo cuando salió y me dije que lo compraría pero no lo compré al final y ahora entro aquí y lo veo y me acuerdo. Tendré que ponerme en serio ya, entonces.

Sacra. dijo...

El link de paisajes eléctricos no lleva sólo a la primera página de la web, no encuentro la lista.

Las listas son siempre muy personales y generalmente poco útiles, excepto para que alguien descubra algo que no conocía... pero para mí obedecen más a esa manía mercantil y competitiva de "los mejores".

Saramago hasta Todos los nombres, que me pareció muy bonita... Pero unir la fea palabra "moralina" a Saramago, perdona, pero es no conocerlo o confundirlo... claro que hoy día, y según que ambientes, cualquier referencia al bien y el mal está muy mal considerada, con lo guay y provechoso que es no tener moral alguna.

mahn dijo...

Estimado Tarquin Winot. Afortunadamente hay tantos libros que cada lista es siempre un descubrimiento, porque uno tiene relaciones afectivas con los libros que son personales e intransferibles.

mahn dijo...

Querida Jenn, sí, soy el cuadernista del duelo. Aquellas palabras de Menéndez Salmón me hicieron muy feliz. El libro en cuestión se parece poco o nada a la novela. Tiene un tono muy grave y totalmente diferente, aunque yo le sigo teniendo mucho cariño, sobre todo por lo que representa.

Saludos generacionales.

mahn dijo...

Y Sacra querida, ya he arreglado el link. De todos modos, era el link al texto del post, nada más. Son los mismos libros.

Lo de la moralina de Saramago no es ni bueno ni malo, sino que a veces a mí me cansa esa voz constante del narrador diciéndome lo que es bueno o lo que es malo, apuntando con el dedo. Pero aun así me parece un gran escritor. De hecho, he puesto uno de sus libros aquí y me he dejado fuera a otros tantísimos escritores. Eso quiere decir mucho.

Pedro Jesús Teruel dijo...

Y Enrique Vila-Matas recomienda tu "Intento de escapada" entre las obras de jóvenes promesas ("El día de todo el mundo", El país 30/04/2013, p. 40): bonita coincidencia. ¡Enhorabuena!

Anónimo dijo...

Ah, entonces no entendí lo del primer link, (lo siento, no veo bien y se me escapan preposiciones y artículos) creí que era la lista de la revista, ahora sales doblemente...

Psss, creo que no hemos leído al mismo Saramago, aunque yo me reconozco "devoted" de Saramago, era un señor muy agradable ¿sabes?, pertenecía a una generación muy correcta, muy civilizada, caballerosa aún en la humildad de los orígenes. Por eso, entre otras cosas, su literatura es tan peculiar, porque empezó a escribir novela a los 60, después de pasarse la vida escribiendo eso que llaman literatura fragmentaria.
Hay tantas cosas que no se han dicho de Saramago.

S.

Krust dijo...

Toda lista de este tipo siempre es una cuestión muy personal, así que no (ha) lugar a la crítica de las que confeccionan otros lectores...
Ando transitando por el último tercio de "La trama nupcial" de Eugenides, me está gustando mucho, pero lo que quería comentarte, sin contar nada del argumento, es la relación tan personal que tiene Madeleine con esos libros de filosofía y ensayo que comentas en el primer párrafo, especialmente Barthes y Derrida, por si te interesa la sugerencia.

Saludos.-

mahn dijo...

Muy buenas, Krust. Estoy leyendo ese libro. Casi lo tengo acabado. Y me está gustando muchísimo. Gracias, en cualquier caso, por la sugerencia.