23/3/13

Compartir la alegría

Una de las cosas que siempre salen en la conversación cuando se habla del escritor contemporáneo es la cuestión de la promoción, o la autopromoción. ¿Debe el autor promocionarse o debería dedicarse, en lugar de eso, a escribir libros y dejarse de tonterías? Planteada así, claro, uno no tiene demasiadas dudas –no debería tenerlas– en quedarse con la segunda opción: el escritor tiene que escribir. Por supuesto, faltaría más. El problema es que el escritor, aparte de escritor, es también persona, y tiene sus inquietudes y le gusta hablar de su obra, y es cansino y pesado, y narcisista, y mil cosas más. Si no, en lugar de publicar, se guardaría sus escritos para sí mismo y no los compartiría con nadie. Pero cuando hablamos de un escritor, no sólo lo hacemos de alguien que escribe sino, especialmente, de alguien que publica –en una editorial, en un fanzine, en un blog o en su muro de Facebook–. Creo que ambas cosas van de la mano. Escribir y publicar.

El escritor es alguien que tiene algo que decir –o que cree tener, y no me meto ahora en si ese algo es mejor o peor– y que quiere decirlo, compartirlo, comunicarlo. La escritura es un acto de comunicación. Por lo general hemos creado la ficción de que ese acto va solo en una dirección: del escritor al lector. Y que el escritor es –o debe ser– un creador puro, que una vez escrita su obra, la abandone, la deje de lado y le dé igual lo que pase con ella. No creo que eso haya sido así nunca. En la actualidad tenemos muchas herramientas de retroalimentación. Las redes sociales son quizá la más útil e inmediata. Pero en el pasado también había otras muchas. Las cartas, las conversaciones, los debates... Los libros vuelven una y otra vez a su autor, para ser cuestionados, debatidos... El escritor siente curiosidad por las reacciones, le gusta escuchar, quiere saber qué se opina de aquello que ha escrito. No me creo del todo el arquetipo de escritor que se mete en su jaula de cristal y pasa absolutamente de lo que el lector tenga que decir, ese escritor que solo escribe, que no le importa nadie ni nada. Quizá ese sea el artista puro, no lo sé. Pero desde luego no es alguien con el que uno pueda hablar. Ni él quiere hablar con nadie, porque nunca escuchará.

Digo todo esto, lo escribo, lo publico, porque estos días comienzo a darme cuenta de lo mucho que me importa y me interesa lo que los lectores dicen de Intento de escapada. Me había pasado menos con otras cosas que he escrito, sobre todo con los ensayos. Pero esta vez... no sé por qué oscura razón me obsesiona saber qué tal va la cosa. Por eso de vez en cuando bicheo en Twitter y Facebook, pregunto a mis amigos y les doy el porsaco para ver qué les ha parecido la cosa. Y sobre todo para hablar, para dialogar. No diré que estoy obsesionado, pero casi. Tengo una gran expectación por ver cómo está siendo recibida, qué cosas gustan más, qué otras menos, en qué se está de acuerdo o en desacuerdo, qué debates puede suscitar... Y sobre todo, cada vez que sale algo, me gusta compartirlo: compartir mi alegría, mi perplejidad o mis inquietudes. Y, aparte de comentarlo con mis amigos más cercanos con una cerveza o un café, me da por poner alguna de estas cosas en Facebook o en Twitter, que es la manera de compartirlo con los amigos más lejanos, o simplemente con los contactos. Y aquí entramos en un terreno que últimamente me tiene bastante preocupado: ¿hasta qué punto se tiene que cortar uno en poner las noticias o las cosas buenas que le van pasando en su muro de Facebook, en su perfil de Twitter o en su blog?

A veces pienso que soy muy cansino subiendo fotos de la novela que la gente me envía, de cómo está en las librerías, de los entornos en los que la están leyendo, o poniendo enlaces a entrevistas, a reseñas, retuiteando tweets de gente que habla sobre el libro... no sé, quizá a más de uno eso le pueda parecer una tontería, o, peor, un acto de vanidad y narcisismo, de autopromoción o autobombo. Probablemente no escape de ser eso del todo. A todos nos gusta enseñar nuestras cosas. Pero yo lo veo de otro modo, como una manera de compartir. Aunque por supuesto ya sabemos que los amigos de Facebook no son todos amigos –que hay muchos contactos profesionales, que hay incluso gente que sólo está para curiosear a los demás, o gente con la que no te tomarías nunca una copa pero que paradójicamente ahí los tienes, controlando–; aunque no son todos amigos, es cierto, sí que hay muchos que lo son, y muchos a los que aprecias sinceramente. Muchos que, de tenerlos cerca, cuando algo bueno aparece en algún lugar, cuando algo te interesa, se lo comentarías en plan: "oye, mira qué chulo esto que me ha llegado, qué contento estoy", o "vaya puta mierda esto, cómo me toca las narices". Quizá es por esos por los que uno sube cosas a Facebook o Twitter –al menos yo lo hago por esos–. Y sabes que a esos no les va a molestar que pongas las cosas que te alegran, sino que, todo lo contrario, si son amigos, se van a alegrar con tu alegría, igual que se entristecerán con tu tristeza. Si en muchas ocasiones he compartido mi tristeza, mis dificultades con la novela, los rechazos editoriales, los silencios, el tiempo de escritura, los desvelos... ahora es tiempo de compartir también los frutos que eso ha dado, compartir la alegría y la emoción. Pienso que no sólo hay que hacer partícipe a los demás de tus miserias, sino también de tus alegrías. Y a mí todo esto –la novela– me alegra mucho, muchísimo. Estoy feliz. Y me apetece transmitirlo a los demás. Así de tonto soy. No tengo remedio.

7 comentarios:

Maura dijo...

No hay nada mas bonito que ver un artista que quiere dialogar sobre su obra con su publico, es una doble forma de entregarse; primero compartiendo y despues estando abierto a las criticas y los consejos. el hecho de compartir esta emociòn demuestra que la obra es parte de usted, no solamente un producto comercial o simple dilecto literario.

BruxBrunnie ((B.G.E)) dijo...

Me resulta bastante llamativo el hecho de sentirme de alguna manera-extraña,lo sé-conectado a tu blog, o tal vez a ti mismo...supongo que es lo que sucede cuando las casualidades-tema que ya he visto que a ti también te llama-, se convierten en correspondencias, al más puro estilo baudelariano; mi afiliaciín a tu blog es posterior a ningún conocimiento por mi parte de tu novela, sin embargo hete aquí la primera casualidad: mi blog es LA ESCAPADA, tu novela INTENTO DE ESCAPADA;la segunda sería el tema de LA MADRE AUSENTE, a mí me ha sucedido lo mismo, pero más recientemente (y yo acabo de terminar un poemario -al que le faltan un par de pinceladas-que también ha sido una terapia para superarlo); la tercera es una entrada tuya-con posterioridad cercana por parte de una tuya-en la que abordamos el tema de la escritura-yo de la poesía y tu de tu novela-a través de la recreación de un diálogo-tú con tu madre, yo en un bar-cuarta:contabas que naciste como escritor en Francia, si no recuerdo mal, en un hotel-yo nací en francia... y esta última entrada en la que tratas el tema de la escritura-tu desde la perspectiva de quien ya publica, yo desde la perspectiva de quien aún no lo ha logrado... En fin, por todo esto y porque me parece que estás en lo correcto con tus tantos desvelos te escribo esto y te dejo tan sólo una reflexión para que no caigas en el feo clasismo de los "publicantes", Kafka jamás mostró su obra más que a un-que yo sepa- amigo a quién se la entregó para que la quemara, ¿no es esto una prueba de lo nido que se hallaba a sus escritos puesto que era incapaz de destruirlos él mismo?-y nunca publicó;Emily Dickinson se encerró en su jaula de cristal, como tú dices y sólo a su muerte fue que se descubrieron CUARENTA cuadernos con unas ochocientas cuartetas pertenecientes a su total abandono del mundo entragada a su poesía, es decir, tampoco publicó;y ahora piensa en todo aquel que publicó en su vida con pseudónimo forzando una dicotomía en entre la persona real, el que va a por el pan-quien sabe si un don nadie-y el escritor que publica su obra... ¿me dirías que ellos no eran escritores, qué dirías que eran en esos momentos en los que cojían sus plumas totalmente dispuestos a elevar sus escritos a la categoría de arte?En la edad media, las obras eran obras en sí mismas y no importaba el autor, un romance era él un romance, no un escrito de tal o cual persona, esto vino después, junto con los derechos y las compras y las ventas... no digo que uno no se sienta ligado a lo que escribe, sobre todo si lo hace con una voluntad creativa y una visión más o menos artística-más que menos-de lo que esté haciendo.Escritor es aquel que escribe- con voluntad y consciencia artística mientras lo hace-porque LO NECESITA, o como dice Virginia Woolf en Orlando, porque se le ha metido dentro el gusano literario, el enfermo litario, ése es según mi punto de vista el auténtico escritor-suceda lo que suceda con su obra-y lo demás, una simple apariencia, un hecho circunstancial, puro egotismo o habilidad de mercenarios...
Pd: no entiendas esto como lo que no es, tan sólo es mi opinión y que sepas, que desde un pueblecito de Santander, yo ya he hecho mi encargo de INTENTO DE ESCAPA, para leerlo en cuanto tenga tiempo, porque sí, ya te lo he dicho, con todas tus "neurillas", yo creo que estás en lo correcto. BRUX

Anónimo dijo...

No sé dónde leí hace poco que antes había mucho menos información sobre el artista, al menos cuando este publicaba o enseñaba su obra. Estaba la obra y lo que uno leía, veía o escuchaba en ella... las biografías y circunstancias venían después... todo era distinto.
Ahora no, ahora puedes tener la obra y todos los "mejunges" biográficos que quieras al mismo tiempo... la pregunta era ¿esto es bueno?
No lo sé.

Yo, si no le importa, la sacaré de alguna biblioteca ¿ha regalado ya ejemplares por las bibliotecas de la tierra?
EL otro día la ví debajo de un libro sobre el nuevo papa, creo que no es mala compañía.

Sacra

mahn dijo...

Voy por partes:

B. G. E.
Muchas gracias por tu comentario. Qué curiosas las coincidencias que comentas. Familiares y extrañas al mismo tiempo. Casualidades que son casi azares objetivos, que decían los surrealistas. Me encanta que se produzcan estas cosas.

Sobre tu comentario: estoy algo de acuerdo con lo que dices. De hecho, en mi post llego a decir que quizá esos que escriben para sí mismos sean realmente los verdaderos artistas, quizá esa sea la escritura pura. Pero creo que incluso en ellos hay un imaginario social latente, el del "artista recluido", genial, que no quiere compartir su creación, que está operando a nivel inconsciente. Cuando hablamos de escritor o de artista en el mundo moderno, lo estamos haciendo también de roles y posiciones de lugar construidas culturalmente. Hay toda una serie de conceptos, ideas, imaginarios... que giran en torno a la figura del escritor que no se las puede quitar de encima ni el escritor primerizo –que ansía convertirse en esa figura– ni el escritor consagrado –que quiere recluirse y escribir más allá de las cámaras–.
De todos modos, lo que quería enfatizar en el post era que la escritura es, por definición, un acto de comunicación, algo que se produce para ser compartido, para establecer un diálogo, como el habla –aunque, por supuesto, tengan regímenes diferentes–. Y que a mí, como escritor, me encanta conocer lo que se dice de lo que he escrito, porque mi intención no es sólo decir lo que pienso, sino producir una comunicación, comenzar un diálogo. Necesito saber si el mensaje llega, cómo llega, si se queda a medio... Y eso me hará transformar lo siguiente que tenga que decir. No creo en la autenticidad y en las voces puras incontaminadas.

De todas maneras, esa es una postura como otra. Así que muchas gracias por expresar la tuya. Y mucha suerte con tu escritura. Perseverancia y paciencia.

mahn dijo...

Y Sacra:
No sé si es mejor o peor saber del artista o del escritor. Lo que sí sé es que es diferente. Y a mí me interesa conocer lo que queda fuera de la obra, los desvelos... para poder observar que la obra es tan sólo una creación artificial y que hay muchas cosas que la rodean.
Una de las intenciones de este blog, de hecho, es mostrar las cosas que rodean a mis textos publicados, tanto los académicos como los de ficción. Cosas que muchas veces tienen la misma entidad e importancia que aquello que finalmente llega a las páginas.
No sé si eso es bueno o malo, pero para mí es inevitable hacerlo.

Anónimo dijo...

Bienaventurados aquellos que no han de recorrer 57kmtrs para tener acceso a un buena biblioteca.
Bienaventurados aquellos que no han de gastarse 4´30e en la ida y
4´30e en la vuelta más el mismo importe para devolverlos.
Bienaventurados los que tienen coche sin depender de horarios y pueden manternerlo...
Porque de ellos será el Reino de los Textos.

(Evangelios Apócrifos)

Anónimo dijo...

Estimado Miguel Ángel ya me he comprado tu primera novela me ha costado dieciséis euros en fnac, ha sido emocionante y ya he empezado a leerla, empieza bastante bien, quiero decir que motiva a seguir leyendo desde las primeras páginas, eso es bueno, te preguntas de qué irá esta historia, y sigues, un poco fuerte también lo digo por..... pero bien, ¿te acuerdas de Letal? -Miguel Bosé en Tacones lejanos- también tenía un lunar en el glande....no, claro no es lo mismo. Bueno pues nada, genial ya te pediré una dedicatoria cuando te vea. Mucha Suerte. Saludos.


M.