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7/3/13

Cinco años

Hoy hace cinco años. Cinco años. Ya. A las ocho de la mañana recibí una llamada y el tiempo se frenó. Tardé tiempo en asumirlo. Tuve incluso que escribir un libro para poder hacerme cargo de lo que significaba perder una madre. Y el libro me ayudó. A partir de ese momento pude ponerle palabras a la tristeza y cercar un poco la melancolía.

Ahora pienso que el libro era demasiado pesimista. Concluía con una nada absoluta. Del cuerpo no queda nada, su huella comienza a borrarse de las cosas, al final todo desaparece... Hoy, pasados cinco años, me doy cuenta de que el proceso de desaparición no ha tenido lugar. Todo lo contrario. Lo que comenzó a irse permanece con nosotros. El cuerpo ha desaparecido, sí. Las cosas han dejado de oler a ella, es cierto. En el espejo ya no reverbera la huella de su mirada, lo sé. Y sin embargo, siento cada día que algo permanece y se hace cada vez más fuerte. Sueño con ella muchas semanas, la recuerdo la mayor parte de los días en algún momento. Y eso ya no me produce tristeza, al menos no como antes. Me gustaría que estuviera aquí para poder enseñarle mi libro y cualquier noticia en los periódicos –era mi mejor archivera; recortaba cualquier cosa que salía en los medios y la guardaba como si fuera un tesoro–, habría sido muy feliz y habría llorado emocionada en la boda de su única nieta, con su embarazo, con el nacimiento de sus bisnietos... con la cosas que siguen ocurriendo aunque uno se vaya. Por supuesto, me habría gustado que estuviera aquí. Pero sabemos que hay cosas imposibles. Que uno se tiene que ir en algún momento. Que todos se van. Que todos nos iremos.

Lo que he aprendido en este tiempo es que, también, todos nos quedamos un poco. Y con el tiempo, la pena por la pérdida se convierte en una media sonrisa. Una sonrisa extraña que uno no sabe muy bien cómo definir. Piensas "cómo le habría gustado a mi madre esto", o "mi madre decía...", y mueves el labio hacia un lado, comienzas una sonrisa que no acaba de aflorar, que es la mitad de la satisfacción porque esconde la melancolía. Una sonrisa triste que, sin embargo, no deja de ser sonrisa. Una sonrisa que sólo puede serlo si uno es consciente de que algo queda, de que todo no se ha perdido para siempre.

En Cuaderno [...] duelo, al contemplar la desaparición del cuerpo, escribí:

Durante un momento, está el cuerpo. Es poco, pero es algo. Un lugar. El cuerpo sin vida, inerte, falaz. Es poco, pero algo hay. Un hogar cerrado, clausurado. Un origen desvanecido.
Durante un momento, el cuerpo es lo que queda. En el cuerpo está todo, aunque ya no quede nada, aunque sea sólo un cuerpo.
Luego, el cuerpo deja de estar. Y entonces llega la nada. Y la nada no es nada más que nada. Ausencia pura. Inasible, intangible, inimaginable.
Luego, algo más tarde, el cuerpo que ya no era nada deja de ser del todo. Y sólo queda la nada. La nada donde está el todo.
Y es el todo el que nos abruma. El todo de la nada… que revienta la memoria y hace trizas las palabras.
Cinco años después, aunque el cuerpo ya no esté, aunque el todo de la nada hiciera trizas las palabras, pienso que esa nada se ha convertido en algo. Y estoy seguro de que incluso si me arrancaran los recuerdos como si fueran jirones de piel, no conseguirían sacarme de dentro la huella de mi madre.


3 comentarios:

Maura dijo...

Creo que existen diferentes tipos de perdidas; de personas que dejan de hacer parte de nuestra vida dejando un vacio que llena muchas partes de nuestro ser, imborrables porque a ellos tambien,en parte, debemos lo que somos.
Es curioso como esta sonrisa que un dia fue llanto nos conecte al recuerdo en algunos momentos; me pasa bastante a menudo y nunca habia reflexionado sobre el tiempo de metabolismo que convierte un sentimiento en otro.
Siento mucho su perdida, gracias por compartir ese sentimiento de manera tan sencilla y eficaz.

Anónimo dijo...

Esa huella es imborrable, es el abrazo más cálido que existe y la emoción más honda, es tuya para siempre y te acompaña hasta en los momentos más oscuros, esos recuerdos son tuyos, esos momentazos no nos los quita nadie...

M.

E V-M dijo...

He perdido tu e-mail o, lo que es lo mismo, no lo localizo.
Escríbeme, voy leyendo con interés tu novela, no he podido avanzar en los ultimos días a causa de un trabajo que lo ha interrumpido todo.

Mi amigo Lake está hoy en Murcia.

V-M